domingo, 11 de septiembre de 2011

CRISTIANISMO POSITIVO ¿MITO O REALIDAD?


Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de la mentira.
Jesús hacia los judíos (Juan 8:44)

El gobierno del Tercer Reich implementó un proyecto para la promoción de un cristianismo positivo, es decir, un cristianismo exento y expurgado de influencias semíticas, contrapuesto al cristianismo negativo (es decir, el judeocristianismo de raíces filosemíticas). Ya en su Programa de 25 puntos el NSDAP se adscribía a esta filosofía teológica pero respetando la práctica de todas las demás confesiones no cristianas que no representaran un peligro para la integridad nacional.

La pregunta que surge es ¿existe un cristianismo exento de influencias judías? ¿Es eso siquiera concebible?

Podría analizarse a lo largo de la historia la postura que han tenido la Iglesia Católica y las iglesias protestantes, así como el mismísimo Martín Lutero, respecto a los judíos como pueblo, pero resultaría alargarse demasiado. El “antisemitismo”[1] de la Iglesia Católica y de toda iglesia protestante previo al nacionalismo racial blanco es un antisemitismo meramente religioso. La expulsión de los judíos de España por edicto real, similar a la que se dio en muchos países de Europa, la persecución de los judíos por parte de la Inquisición y las medidas adoptadas por la Iglesia para combatir a los judaizantes todas eran medidas meramente religiosas. El judío converso pasaba automáticamente a dejar de ser perseguido. Pero el filósofo judío medieval Maimónides, considerado uno de los más importantes e influyentes filósofos dentro del judaísmo post-talmúdico, ya había establecido que la conversión falsa y pública mientras se mantenía la práctica secreta y clandestina del judaísmo era válida (y poco después él mismo se “convirtió” al Islam). Estas medidas eclesiásticas, algo ingenuas, que veían al judío como un grupo religioso y no racial, permitieron el surgimiento del “criptojudío” es decir, del judío converso solo en apariencia pero que mantenía sus prácticas en privado. Ejemplos de tétricas figuras que se han aprovechado de esto fueron el primer ministro británico Benjamin Disraeli de la Casa Rothschild, Cristóbal Colón, Michel de Nostradamus y quizás el mismo Tomás de Torquemada, cuyas aparente conversiones les permitieron acumular grandes cantidades de poder político directa o indirectamente.

Por ello, no es hasta el surgimiento del despertar racialista en el siglo XIX que podemos hablar de un verdadero cristianismo positivo, como lo definían los nazis. El surgimiento del romanticismo y del nacionalismo en el siglo XIX y los diferentes movimientos filosóficos, artísticos, literarios y políticos que derivaron de ellos junto al enfoque científico que se venía desarrollando en estas épocas, provocó una nueva consciencia racial y nacional diferente y que hasta entonces estaba dormida por el cristianismo universalizador. Ahora el judío era visto, ya no como un grupo religioso, sino como un pueblo o nación que, consecuentemente, no tendría cabida entre las naciones étnicamente homogéneas que buscaban formar los nacionalistas. Así vemos surgir a Wagner, Nietzsche, Chamberlain, Gobineau, Maurras, Evola y una larga lista de pensadores nacionalistas que sería imposible recontar aquí. Muchos de estos despertares nacionalistas se vieron seguidos por la consciencia racialista apoyada por investigaciones científicas sobre las diferencias de las razas por sabios como Gobineau y Chamberlain[2]. Como nos explica Chamberlain precisamente sobre este tema:

Si no se produce pronto entre nosotros un renacimiento vigoroso, si no conseguimos librar nuestro cristianismo de los oropeles extranjeros que arrastran consigo, si no logramos crear una religión tan exactamente adaptada a la esencia particular de nuestro tipo germánico, entonces preparémonos a ver surgir de las sombras del futuro un segundo Inocencio III, con un nuevo Concilio de Letrán, preparémonos a ver cómo se reavivan las hogueras de la Inquisición.

Una de las organizaciones que surgió de este movimiento nacional-racialista mundial fue el Ku Klux Klan en los Estados Unidos. Formado originalmente como una organización guerrillera que buscaba proteger a los ciudadanos blancos de la derrotada Confederación de las represalias de los vencedores. Luego evolucionó hacia un movimiento que buscaba preservar la división cultural entre las diferentes etnias que cohabitaban Estados Unidos, defender la moral y los valores tradicionales y funcionaban como una hermandad. El Ku Klux Klan solo admitía personas blancas, gentiles (no judíos) y cristianos protestantes (aunque luego se abrió a los católicos). Si bien el KKK podría considerarse una de estas manifestaciones del nacionalismo racial blanco, tenía un tinte eminentemente cristiano. Alguna vez el KKK fue un verdadero Imperio Invisible y tuvo gran poder, especialmente en el sur, al punto de lograr la elección de muchos gobernadores, senadores y autoridades locales. Víctima de una campaña mediática y propagandística protagonizada por medios sionistas, el KKK fue mostrado como una organización terrorista y malévola y se volvió un clásico “villano de cuento” dentro de los clichés hollywoodenses casi tanto como el posterior villano “nazi”.

Al servicio del gobierno estadounidense estaba el FBI, cuyo principal líder fue, hasta su muerte, J. Edgar Hoover, homosexual y masón de grado 33 quien se encargó de favorecer y ascender a los agentes que fueran masones y hasta creó espacios para realizar ritos masónicos dentro de las dependencias del FBI[3]. Esta agencia de policía política realizó diferentes operativos contra el KKK, la mayoría de ellos amañados y con la clásica incitación al delito de la Masonería, mismos que utilizaría para incriminar otros movimientos similares como los Hell’s Engels, Naciones Arias y la Liga Plateada. Esta persecución motivó al Ku Klux Klan a mostrar una imagen más moderada al público estadounidense. Los líderes del Klan (o de una de sus vertientes más bien organizadas, ya que ya no se puede hablar de un Klan unificado) invitaron al periodista Ron Laytner para que realizara un reportaje objetivo y que mostrara al verdadero Klan. La organización había demostrado que mucho de lo que decían era falso. No odiaban a los negros ni estaban a favor de la violencia, el Klan ya aceptaba la presencia negra en EE.UU. y estaban dispuestos a convivir con ellos. El contacto de Laytner, Louise Beam Jr., héroe condecorado de Vietnam, le dijo: "No se puede decir que el Klan no creyese en la supremacía de los blancos. Sí que lo creía. Pero eso ya es secundario. Yo, personalmente, me considero segregacionista. Sin embargo, no tengo prejuicios. Juzgo a cada hombre negro de forma individual, y a partir de ahí, tomo mi decisión personal sobre él".

Laytner descubrió que de los seis mil miembros que contaba el Klan, con sede en Texas, había policías, empresarios, militares y agentes federales, así como trabajadores humildes, y que no pretendían utilizar la violencia. También que el Ku Klux Klan se había convertido en un movimiento internacional con capítulos en diversos países de Europa como Italia y España, así como en Canadá y México (lo que demuestra que el Klan no era ni anticatólico ni antihispano como se había mencionado). Los esfuerzos del Klan por buscar la paz fueron mal recompensados. El FBI arrestó a varios de los miembros que se dieron a conocer, la policía despidió a otros, luego se realizaron investigaciones con detector de mentiras que llevó al despido de aquellos sospechosos de ser miembros clandestinos del Klan, y activistas negros tomaron represalias quemando las casas y comercios de muchos de los miembros que salieron a la luz[4].

Así como los integrantes del Ku Klux Klan no vieron problema alguno en ser devotos cristianos y al mismo tiempo denunciar a la Judería Internacional o Sinagoga de Satanás como un peligro para la humanidad, algo parecido puede decirse de diferentes autores católicos.

Hugo Wast, considerado uno de los mejores escritores de la historia argentina, quien ganó varios premios nacionales e internacionales y ocupó importantes cargos públicos en la Argentina, era un devoto católico así como antisemita y anticomunista. Wast veía una relación intrínseca entre el comunismo ateo internacional y el judaísmo, considerando al segundo padre del primero y su principal impulsor global, al tiempo que abogaba por la defensa de los valores católicos argentinos y la educación religiosa optativa. Fue autor de libros abiertamente antisionistas como El Kahal (donde denuncia la existencia de un gobierno mundial judío) y 666 donde reinterpreta el Apocalipsis como la guerra entre el comunismo judeomarxista mundial contra la civilización católica. El que el comunismo sea una estrategia de la Sinagoga de Satanás podemos comprobarlo con la carta enviada por Karl Marx a su rabino Baruch Levi donde Marx explica:

En esta nueva organización de la Humanidad, los hijos de Israel, esparcidos por todos los rincones de la Tierra... se convertirán, en todas partes, sin oposición alguna, en la clase dirigente, sobre todo si consiguen colocar a las masas obreras bajo su control exclusivo. Los Gobiernos de las naciones integrantes de la futura República universal caerán, sin esfuerzo, en las manos de los israelitas, gracias a la victoria del proletariado. La propiedad privada podrá, entonces, ser suprimida por los gobernantes de raza judía que administrarán, en todas partes, los fondos públicos.
Así se realizará la promesa del Talmud según la cual, cuando llegue el tiempo del Mesías, los judíos poseerán los bienes de todos los pueblos de la Tierra.
[...] El pueblo judío, considerado colectivamente, será su propio Mesías. Su reino sobre el Universo se obtendrá por la unificación de las otras razas humanas, la supresión de las fronteras y de las monarquías, que son el baluarte del particularismo, y el establecimiento de una República universal que reconozca los derechos de los ciudadanos judíos.
Así, los valores cristianos quedaban completamente enfrentados al comunismo ateo internacional de origen judío. Uno de los brazos del ateísmo es, sin duda, el darwinismo que contraviene las creencias cristianas más elementales. Dicha filosofía es origen de Charles Darwin quien era masón y tenía un abuelo judío por parte de madre. La blasfemia darwinista fue entusiastamente promovida por las organizaciones masónicas y por el Illuminati abuelo de Darwin, Erasmus Darwin y es una tuerca más en el anticristiano Nuevo Orden Secular.

Naturalmente que la lista de católicos ilustres que fueron abiertamente críticos al Judaísmo Internacional la Sinagoga de Satanás es muy extensa, así mismo pueden mencionarse muchos destacados Nacionalsocialistas del Tercer Reich que fueron católicos devotos entre ellos Paul de Lagarde, Joseph Goebbles, Heinrich Himmler y el propio Adolf Hitler[5], lo cierto es que valdría más mencionar que el máximo jerarca de la Iglesia Católica durante la Segunda Guerra Mundial, el Papa Pío XII, simpatizaba con Hitler y la causa nacionalsocialista.

Según el escritor británico católico John Cornwell en su libro “El Papa de Hitler” mediante la investigación de documentos del Vaticano, el Papa Pío XII alguna vez dijo: Los judíos eran responsables de su destino, Dios los había elegido, pero ellos negaron y mataron a Cristo. Y cegados por su sueño de triunfo mundial y éxito materialista se merecían la ruina material y espiritual que se habían echado sobre sí mismos[6]

Asegura Cornwell que Pío XII veía a Hitler como una esperanza para salvar al mundo de la amenaza del comunismo ateo que promovía la URSS y, tras la guerra, solicitó a los Aliados que no enviaran soldados negros a Italia ya que estaban violando mujeres blancas.

Diferentes movimientos católicos se opusieron fervorosamente al blasfemo congreso judeomasónico que representó el Concilio Vaticano II e iniciado por el masón Juan XXIII y continuado por el masón Pablo VI, que según Pier Carpi, ambos fueron electos por cardenales masones al servicio del B’nai B’rith. El Concilio Vaticano II cimentó las bases más repugnantes del universalismo (representado en el ecumenismo), de la contra-tradición, del socialismo dentro de la Iglesia (que llevaría a disparates como la Teología de Liberación) y puso a la Iglesia al servicio de la Masonería y del Judaísmo mundial o Sinagoga de Satanás. Disconformes con esta blasfemia de la Iglesia algunos grupos se rebelaron (pero no se separaron, ya que siguen siendo católicos) creando sus propias asociaciones adeptas al sedevacantismo, es decir, la postura teológica de que ante la renuncia al cristianismo por haberse vuelto masones y herejes, todos los papas posteriores a Juan XIII son ilegítimos y la sede de Roma está vacante.

El brasileño Plinio Corrêa de Oliveira, católico devoto y feroz antisemita, fundaría Tradición, Familia y Propiedad como organización laica católica conservadora que defendía los valores que eran puestos en peligro por el comunismo internacional y sus aliados, como la marxista Teología de Liberación y la socialista Iglesia Joven de Chile, entre otros. Fue cercana al obispo Marcel Lefebvre de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. mientras que TFP no rompió con Roma, pero es crítica de la jerarquía católica post-Vaticano II, la FSSPX si tuvo una ruptura, Lefebvre fue excomulgado así como los obispos que ordenó. Lefebvre apeló la decisión y, al ser ignorada su apelación, consideró que la misma estaba suspendida y continuó ejerciendo con plenas potestades apostólicas. Si bien Benedicto XVI levantó la excomunión e intentó la reconciliación, y actualmente se considera que los católicos pueden participar de las misas realizadas por obispos y sacerdotes de la FSSPX con plena y absoluta comunión con la Iglesia, la fraternidad no ha sido plenamente reintegrada. El líder de la FSSPX, Richard Williamson, representó un escándalo internacional por su negación del Holocausto, lo que le valió ser expulsado de Argentina y tener orden de arresto en algunos países por atreverse a negar el dogma ficticio del Holocausto y su negocio financiero. Dijo Williamson:

Antisemitismo... Si el antisemitismo es malo, entonces está en contra de la verdad. Pero si algo es verdad, no es malo. La palabra antisemitismo no me interesa. La palabra es muy peligrosa (...) No es una cuestión de cómo llamarlo, sino de la verdad histórica. La verdad histórica se basa en evidencias, no en emociones.

Por supuesto que movimientos nacionalistas anticomunistas (no necesariamente antijudíos) de identidad católica han surgido en muchos países, como el nacionalismo católico de Argentina al que pertenecieron Julio Meinvielle, Leonardo Castellani, Jordán Bruno Genta, Carlos Alberto Sacheri y Hugo Wast, el nacionalismo católico de Chile al que pertenecieron Osvaldo Lira, Juan Antonio Widow, Jorge González von Marées y Carlos Keller, el rexismo en Bélgica al que pertenecieron León Degrelle, Norbert Wallez y el creador de Tintín, Hergé y, por supuesto, el mismo Nacionalcatolicismo de España que impregnó casi totalmente la nación durante los gobiernos del falangismo y del franquismo y que por falta de espacio resultaría muy difícil extenderse sobre ellos.  

El Cristianismo Positivo promovido por el Tercer Reich tenía como meta limpiar al cristianismo de influencias judías. Esta tarea se le encargó a grandes pensadores que colaboraron con el esfuerzo como el filósofo Houston Stewart Chamberlain y el teólogo Paul de Lagarde. La tarea no era tan difícil, bastaba con usar el sentido común y la teología cristiana tradicional. Reducir la influencia del Antiguo Testamento, totalmente caduco ante el nuevo pacto que genera el Nuevo Testamento y enfatizar el origen no judío de Jesús. Que Jesús no era judío es algo tan lógico por el simple hecho de que el término judío es el gentilicio del nativo de Judea, y Jesús nació en Galilea que, según Joaquín Bochaca, era una colonia de celtas, griegos y otros arios. De todas maneras Jesús sería, según el cristianismo, Hijo de Dios y por ende no pertenecería a ninguna etnia identificable.

De los doce apóstoles once eran galileos, solo Judas Iscariote era de Judea, es decir, judío, al igual que Caifás y el Sanedrín, por lo que la culpa por el deicidio no se la podían quitar fácilmente los judíos. Sobre si estos eran el “pueblo elegido” nuevamente la lógica más elemental de la teología cristiana eliminaba este postulado; la teoría del Reemplazo o supersesionismo.

Como una teoría básica de la Iglesia Católica y de muchas iglesias protestantes, el supersesionismo postula con razón que Jesús trajo un nuevo pacto, rompiendo la vieja Alianza con Israel. Así, el Pueblo Elegido de Dios eran los cristianos y NO los judíos. Es por esto que el sionismo cristiano es blasfemo. Que grupos cristianos apoyen el establecimiento del Estado de Israel y el dominio de este país pirata sobre Jerusalén es negar completamente la Biblia, el Nuevo Testamento y la gracia de Dios sobre los cristianos, así como el sacrificio de Jesús para el perdón de los pecados, pues el sionismo cristiano implícitamente establece la sacrílega postura de que los judíos siguen siendo el pueblo elegido de Dios. Aún más, las profecías del Apocalipsis dejan claro que Israel tendrá un protagonismo definitivo en el establecimiento del Reino del Anticristo o Nuevo Orden Mundial y que el Anticristo será judío y reconocido como el Mesías por estos. Apoyar el Estado de Israel mediante el sionismo cristiano es apoyar al mismísimo Satán y a la creación de su reino sobre la Tierra.

Otros autores cristianos consideran que un nuevo distanciamiento irreconciliable entre el cristianismo y el judaísmo que denota que ambas religiones son totalmente diferentes es que los judíos modernos siguen en su mayoría el Talmud, libro religioso rabínico post-cristiano e influenciado por el paganismo babilónico que se aleja completamente de los preceptos bíblicos y que es tenido por los judíos como más sagrado aún que la Torá. Si bien hay grupos judíos como los caraítas (rechazados por la Judería mundial) que no admiten el Talmud, lo cierto es que la basta mayoría de judíos son talmudistas y, por ende, su religión no tiene casi nada que ver con el cristianismo. Evidencia de lo incompatible que es el judaísmo talmúdico del cristianismo basta con leer algunos pasajes del Tamud:

·         "Al mejor de los no judíos, ¡matadlo!" (Aboda Zar, Thosephoth)
·         "El judío que derrame sangre de un Goyim ofrece a Dios un sacrificio agradable." (Sepher Or Israel)
·         "Está permitido tomar el cuerpo y la vida de un Gentil." (Sepher ikkarim III)
·         "Es la Ley matar a quien reniegue de la Torah y los Cristianos pertenecen a los detractores de la Torah." (Coschen hamischpat, Hagah)
·         "Un Gentil hereje puede ser asesinado de inmediato por tus propias manos." (Talmud Abodah Zara)
·         "Todo judío que derrame la sangre de no judíos, hace lo mismo que un sacrificio a Dios." (Bammidber raba y Jalkut)

Hasta aquí puede entenderse que es perfectamente viable ser cristiano (sea católico, protestante u ortodoxo) y ser, al mismo tiempo, opositor a los judíos y su influencia cultural y política mundial. Para ello no sería necesario cambiar de religión, basta con apegarse a las enseñanzas bíblicas, a la teología tradicional de las Iglesias y a la moral cristiana, como lo hicieron Hugo Wast, Paul de Lagarde, Heinrich Himmler, Pío XII y Adolf Hitler entre otros.

Ni el Ku Klux Klan ni la Fraternidad Sacerdotal San Pío X se alejan del cristianismo tradicional. Sus doctrinas desde en principio pertenecían a las iglesias convencionales y regulares. No tenían aún un esfuerzo como organización de desarrollar una teología expresamente racial que encontrara argumentos bíblicos para buscar una separación étnica o que viera, más allá del supersesionismo, que la Raza Blanca fue siempre el verdadero pueblo elegido. Esta surgiría con la Identidad Cristiana.

La Identidad Cristiana es una familia de iglesias cristianas racialistas mayormente circunscritas a Estados Unidos que postula que el Pueblo Elegido por Dios son los Arios y no los judíos. Esta es la doctrina oficial de una gran cantidad de iglesias directamente vinculadas a grupos supremacistas o nacionalistas blancos como Naciones Arias. Al igual que sus antecesores los angloisraelistas, pertenecen al movimiento sabático cristiano que busca apegarse a los preceptos hebreos del Antiguo Testamento, por ejemplo, usando nombres hebraicos como Yavéh en vez de Jehová o Yeshúa en vez de Jesús, así como celebrar como día santo el Sabbath y no el Domingo.

Para los miembros de Identidad Cristiana las profecías bíblicas que hablan de la supremacía de los Hijos de Israel se cumplieron en los Arios y no en los modernos judíos. Consideran además que el fin del mundo será una guerra racial. Dentro de Identidad Cristiana existen dos vertientes para explicar la naturaleza de los modernos judíos. Una de ellas es la de las dos semillas la cual cree que los judíos son descendientes de Caín quien es el primer asesino y de quien habrán heredado sus instintos violentos, pues además Caín era, según ellos, hijo de Eva quien fue embarazada por Satán en forma de Serpiente. Esta hipótesis se apoya en la idea –sostenida por diferentes teólogos- de que la fruta prohibida no era una fruta literal sino el sexo y que, cuando la Serpiente “le da la fruta prohibida a Eva” le enseña el sexo, luego Eva “le daría la fruta” a Adán, es decir, tendría sexo con él. Un apoyo bíblico a este  planteamiento para ellos es que tras cometer su pecado se cubrirían los genitales (es decir, el área pecadora) y no la boca. Para explicar la supervivencia de los cainitas (o descendientes de Caín) los partidarios de la teoría de las dos semillas aducen que cuando la Biblia menciona que el agua del diluvio cubrió la tierra utiliza la palabra Eretz que puede traducirse como país y no como mundo, siendo así el diluvio un asunto local (Gen. 7:20).

Los partidarios de la teoría de una sola semilla dentro de Identidad Cristiana tienen una visión más tradicional y creacionista. Consideran el diluvio algo literalmente universal y que pasó en toda la Tierra, y aseguran que los judíos modernos no son el pueblo elegido porque son descendientes de Esaú (uno de los hijos de Isaac que vendió su herencia por un plato de comida) mientras los arios serían los descendientes de Jacob (Genesis 25:29–34), o bien que los judíos modernos son todos descendientes de los jázaros, pueblo turcomongólico que se convirtió al judaísmo en la Edad Media.

Para la Identidad Cristiana solo los blancos tienen alma y son descendientes de Adán. Se adhieren a una teoría preadanista la cual dice que, según la Biblia, antes de Adán existieron animales antropoides con cierto grado de inteligencia. Bestias del campo capaces de vestir ropa y articular palabras (Gen. 1:25) y que estos animales serían los ancestros de los modernos negros, así como los que dejaron los fósiles de homínidos, neandertales, etc., mientras que Adán sería el primer ser totalmente humano y padre exclusivamente de la Raza Blanca.

Ya antes el debate sobre la poligenesia, es decir, sobre los diferentes orígenes de cada raza se había abierto pero principalmente entre paganos críticos a la teología cristiana. El último emperador romano pagano y neoplatónico Juliano el Apóstata había argumentado que era imposible que seres tan físicamente dispares como los africanos y los germanos tuvieran el mismo origen. Incluso el filósofo Voltaire dudó de esto mismo:

Es un asunto serio para ellos (los naturalistas) sobre si los africanos son descendientes de monos o si los monos descienden de ellos. Nuestros sabios han dicho que el hombre fue creado a la imagen de Dios. ¡Aquí tenemos una imagen bella del Divino Creador: una nariz chata y negra y casi sin inteligencia. Un tiempo dudoso será cuando estos animales aprendan a cultivar la tierra bien, embellecer sus casas y jardines y sepan el camino de las estrellas. (Ensayo sobre las costumbres y el espíritu de las naciones y las principales ocurrencias en la historia. 1756).

Los orígenes de Identidad Cristiana se encuentran en el israelismo británico (aunque hubo también un israelismo nórdico, holandés y francés) o angloisraelismo, una variante del cristianismo que aseguraba mediante muy rebuscadas evidencias históricas y lingüísticas que el Pueblo Elegido de Dios y descendientes de las diez tribus perdidas de Israel eran los europeos occidentales y sus descendientes, mayormente anglosajones y escandinavos, aunque algunas iglesias británicas redujeron el origen israelita exclusivamente a los anglosajones. Aducían, entre otras cosas, que las profecías bíblicas sobre los hijos de Abraham se cumplían en el Imperio Británico y que la familia real británica era descendiente de la Casa de David.

Debemos recordar, para empezar, que el término judío no es sinónimo de israelita. En el año 922 A.C. una rebelión de las tribus del norte llevó a una división del Reino de Israel que se convirtió en dos estados separados; el Reino de Israel en el norte con capital en Siquem y luego Samaria y el Reino de Judea en el sur con capital en Jerusalén. El Reino de Judea, como su nombre lo indica, se encontraba étnicamente conformado por las tribus de Judá y Benjamín, mientras que el norteño Reino de Israel por las restantes tribus cada una con su territorio (excepto la tribu de los levitas que eran sacerdotes y no tenían tierras aunque sí propiedades y recibían diezmos). Tras la invasión y el cautiverio por parte del Imperio Asirio, las diez tribus de Israel fueron al exilio y pasaron a ser tribus perdidas. Su mezcla con los invasores asirios fue considerada un crimen por la impureza que esto implicaba y de ahí que hasta la fecha de hoy los samaritanos (de la región norteña de Samaria) son considerados impuros por los judíos. El destino de las diez tribus perdidas ha sido un misterio (aunque ya existen evidencias científicas que aclaran un poco el asunto) pero en general se supone que esta fue la primera diáspora. En todo caso el término judío debe entenderse como referente a la tribu de Judá, de ahí que resulte extraño que los modernos judíos escogieran el nombre de Israel, y no de Judea (aunque Nueva Judea fue considerada por los sionistas) para el nombre de su estado. Actualmente existen grupos separatistas de judíos colonos ultraortodoxos que desean crear un estado separado llamado Estado de Judea[7].

Algunos pensadores, ya en el área del esoterismo, defienden esta teoría, entre ellos Luis Felipe Moyano quien asegura en sus escritos que los israelitas fueron el origen de las tribus de cimerios y escitas, que a su vez serían los ancestros de los celtas, y que los druidas, sacerdotes de los celtas, eran en realidad levitas. Miguel Serrano postula algo parecido aunque ligeramente diferente, para Serrano los celtas no son completamente hebreos ni los druidas eran originalmente rabinos, sino que durante un oscuro periodo de decadencia los celtas se vieron infiltrados por hebreos y que por ello nace el término Bretaña o Britain que según Serrano deriva de B’rith (palabra hebrea que significa pacto o alianza y que se encuentra en la masonería judía de B’nai B’rith o Hijos de la Alianza).

En términos generales el angloisraelismo coincidía con esta visión de los celtas como descendientes de los israelitas por intermedio de los escitas. Sin embargo el israelismo nórdico asociaba más bien a las tribus germanas con las israelitas, por ejemplo, los daneses serían supuestos descendientes de la tribu de Dan, asociación meramente etimológica. Otras tribus fueron también asociadas por ejemplo los noruegos con Neftalí, los finlandeses con Isacar y los islandeses con Benjamín. Los angloisraelitas de la Iglesia Mundial de Dios liderada por Herbert Armstrong tenían ideas aún más extrañas, como que los alemanes descendían de los asirios y los irlandeses de los cananeos y que, por ello, se repetía la historia en la interacción entre estos pueblos (Alemania como potencia rival de Inglaterra e Irlanda como el pueblo sometido a los británicos) si bien ninguno de estos postulados tiene asidero científico.

Igualmente han existido planteamientos pseudohistóricos que aseguran que los indígenas americanos, los irlandeses o los japoneses eran descendientes de las tribus de Israel sin validez científica, la verdad es que los modernos estudios genéticos invalidan completamente al angloisraelismo. Los análisis[8] demuestran que los judíos modernos están emparentados genéticamente con árabes y otros pueblos del Medio Oriente y no con los europeos. Tampoco hay evidencias lingüísticas ni arqueológicas que apoyen estas teorías[9]. Puede decirse por ello que tanto Armstrong y los angloisraelistas como Luis Felipe Moyano están equivocados; los celtas y los anglosajones no son descendientes de los hebreos. Más probable es que la postura de Serrano sea la correcta y que sí exista un sector importante (pero no mayoritario) de personas de ascendencia judía entre los británicos (y entre casi todos los pueblos de Occidente) que hayan llegado a altos cargos públicos, religiosos y políticos incluyendo a la mismísima Familia Real[10].

Sobre la teoría de que los judíos modernos son mayormente descendientes de los jázaros, esta también ha sido totalmente descartada por la ciencia. Quien la postuló fue el académico judío húngaro Arthur Koestler, agresor de mujeres y violador en serie[11] autor del libro La treceava tribu, mediante el cual Koestler argumentaba que los judíos asquenazíes de Europa Oriental, como él, eran en realidad descendientes de los jázaros que se habían convertido al judaísmo pero que, salvo por los rabinos, no tenían ningún nexo sanguíneo con los hebreos. Serrano en su artículo Los judíos en el mundo de color considera que este es únicamente un esfuerzo desesperado de Koestler por renegar de su propia judeidad que odiaba y que le avergonzaba (y, de hecho, Koestler moriría suicidándose) pero que carecía de evidencias reales. Modernos estudios genéticos [12]demuestran que los judíos húngaros y de otros países circunvecinos tienen, en efecto, ADN judío igual que sus hermanos sefarditas, aunque sí se ha encontrado una preeminencia mayor de genes turcos entre los judíos húngaros y de la región de la antigua Jazaria que en otras comunidades. Es decir, sí hubo mestizaje con los jázaros pero los asquenazíes siguen siendo judíos. De la mezcolanza genética entre judíos, jázaros y europeos surgiría el temible mal de Tay-Sachs, enfermedad degenerativa que afecta mayormente a los judíos asquenazí y que en Estados Unidos 1 de cada 27 judíos padece.

Recientes estudios genéticos si confirman científicamente el destino de algunas de las tribus perdidas; los pashtum, el grupo étnico mayoritario de Afganistán y al que pertenecían los talibanes parecen ser descendientes de la tribu de Efraín[13], los judíos manashe de India que descienden de la tribu de Manasés y las salvajes tribus lemba[14] del África que además de conservar creencias monoteístas y prácticas judías (como la circuncisión) tienen una conexión genética comprobada[15].

Desde el cristianismo positivo del Tercer Reich que desaparecería junto con él, la religión más apropiada para los pueblos arios ha desvelado y preocupado a muchos líderes y movimientos del nacionalismo indoeuropeo racialista. Algunas versiones han sido realmente extrañas como el Cosmoteísmo de William Luther Pierce, el líder de la Alianza Nacional y autor de Los diarios de Turner. El Cosmoteísmo es una especie de religión panteísta con tufo New Age.

Ben Klassen funda en EE.UU. la Iglesia Mundial del Creador que luego tuvo que llamarse Movimiento Creatividad por asuntos de derechos de autor. Esta organización es atea y tiene entre sus preceptos que la Raza Blanca no debe creer en supersticiones irracionales o religiosas. El término “Creador” se refiere a la Raza Blanca, como creadora de toda la civilización y avance tecnológico del mundo y sus seguidores son llamados “creadores”. Los creadores tienen una visión totalmente racionalista, creen en la evolución darwinista y consideran que los blancos son el pináculo de la evolución, mientras al fondo están los negros apenas por encima de los chimpancés, y que los judíos son una amenaza por su poder mundial y que han intentado destruir a la Raza Blanca mediante diversas creaciones como el cristianismo y el comunismo. Siguiendo, lo que ellos dicen, son las leyes naturales buscan la preservación de la Raza Blanca y su liberación de sus enemigos, las razas oscuras. Aunque simpatizan con Hitler son críticos de muchos de los conceptos básicos del Nacionalsocialismo.

Pero la Creatividad tiene unos pocos seguidores y como movimiento casi no ha salido de Estados Unidos. Esto es debido a su ateísmo. El espíritu ario es espiritual por naturaleza y el Hombre Blanco siempre tiene una creencia en una realidad superior antimaterial y más elevada al plano físico que lo lleva hacia el misticismo y la espiritualidad. Ni el Cosmoteísmo ni el Movimiento Creatividad parecen calar fuertemente en el movimiento nacionalista ario, como si han tenido mejor acogida el cristianismo positivo, el nacionalismo católico, el paganismo ariosófico y el hitlerismo esotérico.

Tanto el wotanismo impulsado en Estados Unidos por David Lane como la proliferación de organizaciones esotéricas gnósticas en Latinoamérica seguidoras de figuras como Miguel Serrano, Karl Gottman, Luis Felipe Moyano y José María Herrou Aragón denotan un despertar de la espiritualidad aria y una popularización de estas corrientes místicas denotan que hay un hambre espiritual entre aquellos que se niegan a ser absorbidos por una marejada universalista, mestizante y judaizante.

Sin embargo el paganismo y el esoterismo hitlerista serán, al menos por el futuro cercano, movimientos para pocos, para iniciados, para grupos reducidos, a menos que haya un cambio drástico en la consciencia racial europea aún mayor que el visto durante el surgimiento de los nacionalismos románticos del siglo XIX, lo que parece improbable (aunque no imposible). Aún así, por el futuro próximo, las masas europeas seguirán siendo cristianas y, como tales, la solución es el cristianismo positivo para iniciar una transición que libere al espíritu ario, gradualmente, del yugo del semitismo extranjero que le es cancerígeno, una infección como la que causa cualquier cuerpo extraño en la corriente sanguínea y que Europa (como Raza no como región geográfica) deberá librarse de él (por medios no violentos claro) o perecer.

Atacar al paganismo como “oscurantismo”[16] denota una profunda ignorancia, basta con leer a Evola o a Serrano para comprender la superioridad cultural y espiritual de los antiguos paganos respecto al mundo moderno, su heroísmo, sus ideales, sus civilizaciones muy avanzadas en ciencia, derecho, democracia, igualdad de las mujeres, etc. Cualquier pagano puede sentirse orgulloso de su herencia cultural. Paralelamente atacar a los cristianos o a la figura de Jesús y llamarlo “rabí” como hacen algunos NS paganos es otra muestra de ignorancia, que borra no solo la religiosidad católica de Hitler y la jerarquía del Tercer Reich, sino además ignora la realidad histórica de un Jesús galileo blanco contra un Sanedrín judío y, más esotéricamente, de una enseñanza solar como la que se ve en el Kristianismo original y el cristianismo positivo, mucho más cercana al wotanismo que al judaísmo.

Sin duda que lejos de dividir al movimiento nacionalista y racialista, las religiones deben aprender a convivir conjuntamente. El NS/NR en todas sus manifestaciones y los movimientos análogos, sea pagano, cristiano o ateo, debe coexistir porque se enfrenta a una lucha contra un Sistema gigantesco y monstruoso que amenaza con fagotizarlos a todos por igual. Es por esto que son totalmente condenables tanto las posturas de grupos e individuos NS/NR así como racialistas y nacionalistas cristianos que atacan a los paganos y viceversa. Estos ataques entre religiones resulta en beneficio para el Enemigo y en una distensión estúpida de recursos, energías y tiempo, así como daña la camaradería. ¿Debemos entender que al incurrir en estos fanatismos infantiles un NS católico se sentiría más hermano de un negro cristiano que de un ario pagano? ¿Y un NS pagano se sentiría más hermano de un judío wiccano que de un NS católico?

Indistintamente de la religión los Arios siempre son hermanos. ¡No lo olvidemos!


[1] Debe entender nuevamente la definición correcta de antisemitismo como una oposición a los valores, ideologías, costumbres, tradiciones y manifestaciones culturales de origen semítico. Por ello algunos preferimos seguir usando el viejo nombre de antisemita que antijudío pues el semitismo es únicamente un ideal cultural global, mientras que el judío es un ser humano, entre los que puede haber buenos y malos. Debe entenderse que, al igual que ser anticomunista es rechazar el comunismo y todo lo que conlleva, pero no necesariamente odiar o buscar la violencia hacia el comunista como persona, así el antisemitismo es rechazar la filosofía y cultura semítica, pero no necesariamente instigar al odio hacia las personas semitas.
[2] Es importante entender el nacionalismo y el racialismo en contexto. Nacionalismo es amar a su propia nación por sobre todas las demás y sentir un orgullo nacional, sin odiar o promover la violencia a otras naciones. Racialismo es lo mismo, solo que definido como el amor y el orgullo hacia su propia raza sin odiar o buscar enfrentamientos violentos con las otras razas. Aún así se sobreentiende que en casos extremos de guerra o agresiones hacia la amada raza o nación la defensa propia es legítima aunque siempre como último recurso.
[3] http://www.jesus-is-savior.com/False%20Religions/Wicca%20&%20Witchcraft/us_presidents_and_satanism.htm fuente fundamentalista cristiana pero que contiene referencias fiables.
[9] No es que deba confiarse ciegamente en la ciencia positivista ortodoxa al servicio del sistema y manejada por sionistas, bien sabemos que la ciencia también es sujeto de manipulación. Sin embargo, al menos en el caso de las investigaciones genéticas, estás deben ser verdaderas ya que son fácilmente replicables. Cualquier laboratorio privado y cualquier persona con recursos para financiar un estudio genético puede replicar las investigaciones oficiales que hasta ahora no han sido disputadas.
[10] Más creíble es la investigación genealógica que demuestra que la dinastía carolingia, de la cual descienden muchas de las realezas europeas modernas, se mezcló con la Casa de David y, por ende, con la monarquía hebrea.
[13] http://adversariometapolitico.wordpress.com/2011/01/20/¿son-los-taliban-de-origen-judio

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