viernes, 16 de septiembre de 2011

LAS MONARQUÍAS EUROPEAS Y LA INFILTRACIÓN JUDAICA



Publicado por primera vez en Templo de los Dioses

La dinastía merovingia que rigió el Imperio franco por muchos años fue, según algunos estudiosos del ocultismo, una dinastía iniciática y solar, conocedora de arcanos misterios orientales. Fundada por el bravo guerrero germánico Meroveo (hijo de un dios marino y una mujer humana, según la leyenda), los merovingios eran una dinastía aria, de origen germano, defensora de la tradición heroica como la menciona Evola en sus tratados.

Fueron los merovingios reyes de los francos y su basto imperio hasta que fueron derrocados por un sirviente, un plebeyo, el mayordomo Carlos Martel de donde proviene el término “carolingio” quien usurpó el poder gradualmente, convirtiéndose en el verdadero titular del poder, siendo el hijo de Carlos Martel, Pipino el Breve, el primero en destronar al monarca merovingio y asumir el poder formalmente, dando nacimiento a una pútrida dinastía plebeyista, lunar y anti-viril. No es de extrañar entonces que la investidura usurpadora de Pipino como rey de los francos fue reconocida y apoyada por el Papa de aquel entonces (servidor siniestro del Demiurgo) Esteban II y que luego Pipino se reuniera con un judío llamado Makhir David, descendiente de la Casa de David y heredero al trono de Israel, a quien Pipino le concede muchos títulos como Duque de Toulouse, Conde de Narbona y Príncipe de los judíos, casando a su propia hermana Auda Martel con Makhir a quien rebautizan como Teodorico I, de esta manera estará por siempre ligada la sangre carolingia con la judía y a partir de este momento la dinastía judía davídica encontrará la forma de enquistarse en las más altas esferas del poder europeo; la Nobleza [1].

Pipino asistió al Papa en su lucha contra los germanos lombardos liderados por Astolfo quienes se rebelaron contra el papado demiúrgico, pero sin éxito, pues fueron derrotados por la nueva dinastía judeo-franca carolingia. Pipino sería sucedido por su hijo Carlomagno, quien es bien conocido y la sangre judía se dispersaría mediante una serie de matrimonios por conveniencia entre la nobleza del Sacro Imperio Romano-Germano.

Esto nos lleva a los Capetos, otro hito en la historia.

Hugo Capeto, fundador de la dinastía, Duque de París casado con la carolingia Adelaida de Poitou, derrota y desplaza del poder a la familia de su esposa, los carolingios. De esta nueva dinastía capético-carolingia descienden los Borbones que gobiernan España y Luxemburgo (y gobernaron Francia hasta la Revolución) y por línea materna los Windsor de Inglaterra.

Al igual que los carolingios, los judíos Capeto iniciaron una intrincada Red de matrimonios por conveniencia que les permitió colocarse en el la realeza de casi toda Europa, gobernando Francia, España y Portugal, entre otros muchos reinos y feudos, siendo hasta la fecha los actuales Rey Juan Carlos I de Borbón en España e Isabel II de Windsor en Inglaterra descendientes de los Capeto y, por ende, de los Carolingios (judíos). Lo cual significa que tienen sangre judía (y esto es notable en algunos de sus rasgos faciales).

Algunas monarquías europeas fueron excepción. La dinastía bonapartista fundada por el fervoroso antisemita Napoleón Bonaparte es un ejemplo, y la dinastía Romanov en Rusia directa descendiente del primer Zar Iván IV el Terrible es otro, ambas sin embargo cayeron en desgracia. Bonaparte fue derrotado, entre otras cosas, por la decidida ayuda prestada por los adinerados usureros judíos los Rothschild y, el caso más trágico, Nicolas II, último Zar de Rusia, fue masacrado junto a su esposa, hijas y único hijo por los bolcheviques a las órdenes del judío Vladimir Lenin y otros líderes revolucionarios de origen hebreo. 

Esta ascendencia nos demuestra que la mayoría de las monarquías europeas a partir de su vínculo capeto-carolingio son de sangre judía. Si a esto le sumamos la Judeomasonería  a la cual pertenecen muchos de estas figuras (como el Príncipe Carlos de Inglaterra y el Rey Juan Carlos de España) es notable entonces que gran parte de la monarquía europea responde, consciente o inconscientemente, a los comandos del Sanedrín Invisible, el Gobierno Mundial Sionista y que, además, los judíos fueron capaces de ingeniárselas para colocarse a sí mismos en los más altos lugares de la nobleza europea.



[1] Joaquín Javaloys, Historia 16, marzo de 1999, año XXIII, número 275, páginas 8 y sucesivas. Quien a su vez cita como fuentes, entre otros, a Arthur J. Zuckerman, A Jews Princedom in Feudal France, 768-900. Columbia University Press, 1972. Y a Peter Berling, Le sang des rois. Éd. J. C. Lattès, 1997.

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