jueves, 15 de septiembre de 2011

ROBERT E. HOWARD: UN PROFETA DEL ARIANISMO

Publicado por primera vez en Nuevo Orden

ROBERT E. HOWARD: UN PROFETA DEL ARIANISMO

Para los NS y simpatizantes del nacionalismo ario, la obra del escritor Robert E. Howard es un deleite incomparable para los sentidos arios. Pocas obras literarias contienen simbolismos arios tan claros, tan severos y tan abiertos. Su glorificación de la Raza Aria y de su historia y cultura, es muy inusual en los medios todavía legales que distribuye el $istema. Veamos:
 Howard es el creador de valerosos personajes ariosóficos como Conan, Sonja y Kull. Siempre haciendo una idealización romántica del espíritu ario, observemos algunas de los ejemplos de esta prosa arianista.
 Howard constantemente aboga contra el mestizaje y por la gloria de la sangre y la raza:
Livia jamás había visto a un hombre  semejante, pero no se preocupó por saber a qué raza pertenecía. Le bastaba con que su piel fuera blanca.
-Eres un bárbaro como los otros. Sólo tu piel es blanca; pero tu alma es tan negra como la de ellos. ¡Poco te importa que un hombre de tu raza haya sufrido una muerte horrenda a manos de estos perros (negros africanos)..., y que yo sea su esclava!
-Aun cuando fueras vieja y fea como los buitres del infierno, te llevaría lejos de aquí y de Bajujh (un rey africano) simplemente por tu raza. Pero eres joven y hermosa, y he visto tantas mujerzuelas nativas (negras africanas) que estoy harto.
EL VALLE DE LAS MUJERES PERDIDAS

 Un hombre no es mejor ni peor de lo que son sus sentimientos hacia las mujeres de su sangre, lo cual es la única y auténtica prueba de conciencia racial.
Es sólo cuando ve al extranjero en posesión de una mujer de su sangre, o intentando
lograrla, cuando percibe la diferencia de la raza y el lazo. Así, yo, que había estrechado en mis brazos mujeres de muchas razas, que era hermano de sangre de un salvaje picto, enloquecí de furia ante la visión de un extraño poniéndole las manos encima a una mujer Aria.
Creo que fue el verla, esclava de una raza extraña, y la lenta ira que ello produjo, lo que primero me impulsó hacia ella. Pues las raíces del amor se hunden en el odio y la furia. Y su dulzura y amabilidad, tan poco familiares para mí, hicieron cristalizar esa primera y vaga sensación.

LOS CAMINANTES DEL WALHALLA


En ambos cuentos, Conan (el héroe del primero) y Hunwulf (el del segundo) se sienten indignados por observar mujeres blancas, arias, prisioneras de extranjeros pertenecientes a otras razas. La ira y la indignación ante la afrenta imperdonable del mestizaje racial, la castigaron con la muerte de los infractores de la otra raza.
Hay muchos simbolismos importantes en la obra de Howard. Por ejemplo, en muchos de los cuentos en narrador es un hombre ario que tiene una regresión a su vida pasada cuando era un guerrero ario. El hombre del presente suele ser un ser enfermizo, lisiado, ó bien, algún ario oprimido por alguien de otra raza. Es decir, un simbolismo de los arios modernos, que sufren de la opresión de otras razas (principalmente la judía) y que se encuentra aletargada, olvidando su pasado ancestral glorioso. Y en muchos casos estocada mortalmente por la enfermedad cultural.
Aunque no siempre simbólica, pues la literatura de Howard es abiertamente racista su descripción de los negros, y el evidente desprecio que siente por esta raza de subhumanos, no deja duda:
Sentado sobre un escabel de marfil, flanqueado por gigantes tocados con plumas y cubiertos con pieles de leopardo, había un personaje repulsivo, obeso y achaparrado, con aspecto maligno, que parecía un enorme sapo que apestaba como los pantanos podridos de la selva. El individuo tenía las rechonchas manos colocadas sobre el arco abultado de su vientre; su pescuezo era un rollo de grasa  que parecía proyectar su cilíndrica cabeza hacia adelante; sus ojos semejaban brasas ardientes y tenían una asombrosa vitalidad que contrastaba con la del resto de su grueso cuerpo, que daba la  sensación de indolencia.
Cuando la mirada de la muchacha se posó en aquella figura, sus miembros se pusieron en tensión y la vida volvió a latir frenéticamente en su cuerpo. El dolor fue sustituido por el odio, un odio tan intenso que a su vez se convirtió en dolor.
Pero si Bajujh, rey de Bakalah, sintió alguna molestia a causa de la concentración psíquica de su prisionera, lo cierto es que no lo demostró. Por el contrario, continuó atiborrando su boca de batracio con puñados de golosinas que le tendía en una bandeja una mujer arrodillada...
...lo único que respetaban esos salvajes era la violencia.

EL VALLE DE LAS MUJERES PERDIDAS


Sin embargo, es posible que Howard utilice simbolismos particulares para describir otras razas. Por ejemplo, al mencionar una raza malévola de seres humanos con características reptiloides, es muy probable que haga una sesgada referencia a los judíos:
En el relato de “EL REINO DE LAS SOMBRAS”, EL Rey Kull, nacido en la Atlántida, gobierna sobre la poderosa ciudad de Valusia, donde los verdaderos gobernantes secretos son hombres-serpientes que manipulan a los nobles, y asesinan a los reyes para ejercer ellos el poder, cubriendo sus cabezas de serpiente con la magia para que parezcan humanas.

—La política es un asunto complejo y monstruoso en el seno de los Siete Imperios —prosiguió Brule—. Hay verdaderos hombres que saben que entre ellos se deslizan los espías de la Serpiente y los hombres que están aliados con la Serpiente, como el barón Kaanuub de Blaal, y, sin embargo, ningún hombre intenta desenmascarar a los sospechosos por miedo a que su venganza se abata sobre él. Ningún hombre confía en su vecino y los verdaderos hombres de estado no se atreven a hablar entre ellos de algo que ocupa el pensamiento de todos. Si pudieran estar seguros, si un hombreserpiente o un complot pudiera ser desenmascarado ante todos ellos, el poderío de la Serpiente se desmoronaría en pedazos sin tardanza, pues todos se aliarían y harían causa común para cazar a los traidores.
—Los reyes han reinado en Valusia como verdaderos hombres —susurró el picto—. Sin embargo, si han muerto en el campo de batalla, lo han hecho como serpientes... como aquel que cayó atravesado por la lanza de Diente de León, sobre las rojas arenas, cuando los isleños asaltamos los Siete Imperios.
¿Cómo es eso posible, rey Kull? ¡Aquellos reyes habían nacido de mujeres y habían vivido como hombres! Y la verdad era que... los verdaderos reyes murieron asesinados en secreto... Como tú habrías sido asesinado esta misma noche... y los sacerdotes de la Serpiente te habrían suplantado, reinando también con el aspecto de hombres.
Kull juró entre dientes.
EL REINO DE LAS SOMBRAS
 En el relato titulado “LOS HIJOS DE LA NOCHE” Howard menciona a una recurrente especie de humanos deformes, parecidos a reptiles monstruosos, cuya sed de sangre y realización de sacrificios humanos habían exfoliado a los pueblos arios y pictos por eras enteras. El desprecio hacia estos seres es terrible. El personaje de Ketrick, resulta ser un humano moderno que tiene sangre de estos seres monstruosos:

...Y déjenme que les hable de Ketrick. Cada uno de los seis era de la misma ascendencia... es decir, bretón o americano de ascendencia británica. Por británica, incluyo a todos los habitantes naturales de las Islas Británicas. Representábamos varias corrientes de sangre celta e inglesa pero, básicamente, esas corrientes eran la misma. Excepto Ketrick: ese hombre siempre me pareció extrañamente ajeno. Sólo en sus ojos aparecía externamente la diferencia.
Eran de una especie de ámbar, casi amarillo, y ligeramente oblicuos. A veces, cuando le mirabas a la cara desde ciertos ángulos, parecían sesgados como los de un chino.
Otros, aparte de mí, habían notado tal rasgo, tan inusual en un hombre de pura descendencia anglosajona. Los mitos usuales adscribiendo sus ojos rasgados a cierta influencia prenatal habían sido rebatidos, y recuerdo que el profesor Hendrik Booler señaló una vez que Ketrick era indudablemente un atavismo, representando una reversión del tipo a cierto borroso y distante antepasado de sangre mongola... una especie de rara regresión, ya que nadie de su familia mostraba tales rasgos.
Pero Ketrick procede de la rama galesa de los Cetric de Sussex, y su linaje está inscrito en el Libro de los Pares. Allí puede leerse la línea de sus antepasados que se extiende sin ninguna interrupción hasta los días de Canuto. Ni la más ligera señal de mezcla mongoloide aparece en la genealogía y, ¿cómo podía darse tal mezcla en la vieja Inglaterra sajona? Pues Ketrick es la forma moderna de Cedric, y aunque esa rama huyó a Gales antes de la invasión de los daneses, sus herederos varones se casaron tozudamente con familias inglesas de las marcas fronterizas, y sigue siendo un puro linaje de los poderoso Cedric de Sussex... casi sajón puro. En cuanto al hombre mismo, este defecto de sus ojos, si puede llamársele defecto, es su única anormalidad, excepto un ligero y ocasional tartamudeo....surgió un enjambre, una repugnante turbamulta, como sucios reptiles que emergen retorciéndose de la oscuridad, y se quedaron inmóviles, pestañeando bajo la luz del sol como las criaturas nocturnas que eran.
...Cuando percibí las abominables mutilaciones, sentí que se me enfermaba el alma. Y alrededor de ellos se apiñaban las... cosas. En cierto modo eran humanas, aunque no las consideré tales. Eran bajas y fornidas, con anchas cabezas demasiado grandes para sus flacos cuerpos. Su cabellera era enmarañada y lacia, sus rostros anchos y cuadrados, con narices chatas, ojos horriblemente sesgados, una delgada apertura por boca y orejas puntiagudas. Llevaban pieles de animal, como yo, pero esas pieles estaban trabajadas toscamente. Portaban arcos pequeños y flechas con punta de pedernal, cuchillos de pedernal y garrotes. Y conversaban en un lenguaje tan horrible como ellos, un lenguaje siseante y reptilesco que me llenó de temor y repugnancia.
Oh, les odié mientras estaba allí tendido; mi cerebro ardía con una furia al rojo blanco. Y recordé.

 

...En respuesta les aparté violentamente, y con un solo y apagado gruñido de odio me lancésobre Ketrick. Cogido totalmente por sorpresa no tuvo oportunidad de defenderse. Mis manos se cerraron en su garganta y nos estrellamos los dos en un diván, convirtiéndolo en ruinas.

-¡Estúpidos! -grité- ¡Dejadme ir! ¡Dejadme cumplir mi deber como hombre de la tribu!
¡Locos, ciegos! Nada me importa el mísero golpe que me propinó... él y los suyos me los dieron más fuertes en eras pasadas. Estúpidos, está señalado con la marca de la bestia... el reptil...¡la carroña que exterminarnos siglos ha! ¡He de aplastarla, pisotearla, librar la limpia tierra de su maldita contaminación! carroña acechando en esas lúgubres colinas, que habían superado su tiempo y su era. En los días de Aryara apenas eran humanos. ¿Qué debió hacer un millar de años de retroceso con esa simiente?
¿Qué abominable forma se deslizó en el castillo Ketrick una noche olvidada, o se alzó de la oscuridad para aferrar alguna mujer del linaje, arrastrándola a las colinas?
La mente se aparta de tal imagen. Pero esto sé: debieron quedar sobrevivientes de esa abominable era de reptiles cuando los Ketrick fueron a Gales. Quizás aún queden. Pero este sustituto, este engendro de la oscuridad, este horror que lleva el noble nombre de Ketrick, sobre él se halla la marca de la serpiente, y no habrá descanso para mí hasta que sea destruido. Ahora que le conozco por lo que es, contamina el aire limpio y deja el fango de la serpiente sobre la verde tierra. El sonido de su voz siseante y tartamuda me llena de un horror que me eriza la piel y la visión de sus ojos rasgados me inspira la locura.
Pues vengo de una raza real, y un ser tal es un continuo insulto y una amenaza, como una serpiente debajo del pie. La mía es una raza regia, aunque ahora se haya degradado y caiga en la decadencia por la mezcla continua con razas conquistadas. Las oleadas de sangre ajena han teñido de negro mi pelo y han oscurecido mi piel, pero aún tengo la estatura señorial y los ojos azules de un rey ario.
Y como mis antepasados... como yo, Aryara, destruí a la canalla que se retorcía bajo nuestros talones, así yo, John O'Donnel, exterminaré a esa criatura reptilesca, el monstruo surgido de la mancha de serpiente que tanto tiempo durmió sin ser detectado en limpias venas sajonas, el vestigio que las cosas-serpiente dejaron para macular a los Hijos de Aryan. Dicen que el golpe recibido afectó mi mente; sé que no hizo sino abrirme los ojos. Mi antiguo enemigo camina a menudo en solitario por los páramos, atraído, aunque quizá lo ignore, por impulsos ancestrales. Y en uno de esos paseos solitarios le encontraré, y cuando le encuentre romperé su sucio cuello con mis manos al igual que yo, Aryara, rompí los cuellos de las sucias criaturas nocturnas hace mucho, mucho tiempo.
Entonces pueden llevárseme y romper mi cuello al final de una soga si quieren. No estoyciego, si mis amigos lo están. Y ante los ojos del viejo dios ario, si no ante los ojos velados de los hombres, habré sido fiel a mi tribu.

EL PUEBLO DE LA OSCURIDAD


Las obras de Howard fueron convertidas en comics, donde destacaron principalmente Conan y Sonja.
Ahora bien, una serie de películas se han realizado con los personajes de Howard. Conan el Bárbaro y algunas otras del personaje crimmerio (protagonizadas por Arnold Schwarzenegger), Sonja la Guerrera, protagonizada por Brigette Nielsen y el mismo Schwarzenegger. Y Kull, protagonizada por el ex Hércules, Kevin Sorbo. Las películas no son malas en su mismas, pero no se aproximan realmente a la gloriosa prosa de Howard. Sin embargo, es importante destacar que el $istema no ha sido capaz de reprimir la prosa de nacionalismo y simbolismo ario de Howard. De forma similar a como tampoco lo pudo hacer con Tolkien.
Hay una serie de autores que presentan obras repletas de simbolismo esotérico ario, y de la sabiduría racial propia de los indoeuropeos. Es literatura en todo sentido NACIONALSOCIALISTA. Hablamos de las obras de J.R.R. Tolkien y sus magníficas sagas épicas que narran desde los orígenes mismos del Universo y la lucha cósmica entre Ilúvatar (Dios) y Morgoth (el Demiurgo), hasta las fuerzas arias de hombres blancos y elfos (hiperboreos) luchando contra las huestes de hombres orientales (semitas) y orcos (deformes subhumanos negros) al servicio del Demiurgo.
Otro gran autor ario es H.P. Lovecraft, cuya teología oscura y siniestra nos enseña las recónditas verdades del culto judío al Demiurgo. Otros escritores del círculo lovecraftiano (Poe, Blackwood, Derlteh, etc.), son fieles a esta revelación. No en vano Lovecraft era abiertamente racista, antisemita, antimasónico y xenofóbico.
Aquel Nacionalsocialista que no disfrute de la gloriosa literatura de Tolkien, Lovecraft y Howard está desperdiciando la oportunidad de sondear las entrañas mismas del alma aria y de la literatura arianista y Nacionalsocialista.
 Los dejo con la prosa evocadora del espíritu ario de Howard esperando que los arquetipos latentes en su sangre se despierten:
Hace tanto tiempo que el pueblo de amarilla cabellera moraba aún en Nordheim y se les llamaba no arios, sino Vanir pelirrojos y Aesir de dorada cabellera
Nunca he sido otra cosa que un hombre de esa raza inquieta que los hombres llamaron en tiempos Nordheim y más tarde Arios, y que hoy llaman con muchas designaciones y nombres. Su historia es mi historia, del primer gemido maullante de un cachorro de mono blanco y sin pelo en la desolación ártica; hasta el grito de muerte del último producto degenerado de la civilización definitiva, en alguna era del futuro borrosa e imposible de imaginar. Mi nombre ha sido Hialmar, Tyr, Bragi, Bran, Horsa, Eric y John. Recorrí con las manos ensangrentadas las calles abandonadas de Roma tras Brennus, el de la cabellera amarilla; vagué a través de las plantaciones arrasadas con Alarico y sus godos cuando las llamas de las villas que ardían iluminaban la tierra como el día y un imperio daba sus ultimas boqueadas bajo nuestros pies calzados con sandalias; vadeé, espada en mano, el espumeante oleaje desde la galera de Hengist para fundar los cimientos de Inglaterra en la sangre y el pillaje; cuando Leif el Afortunado avistó las grandes playas blancas de un mundo ignoto, yo estaba en pie a su lado en la cubierta de la nave-dragón, mi barba dorada volando al viento; y cuando Godofredo de Bouillon condujo a sus cruzados más allá de los muros de Jerusalén, yo estaba entre ellos con mi casco de acero y mi brigantina.
Pero no hablaré de ninguna de estas cosas. Os llevaré conmigo de vuelta a una era junto a la cual la de Brennus y Roma es como el ayer. Os llevaré de vuelta no meramente a través de siglos o milenios, sino de eras y edades oscuras ignoradas por el más atrevido de los filósofos.
¡Oh, lejos, lejos y más lejos os aventuraréis en la noche del Pasado antes de que ganéis las fronteras de mi raza, de ojos azules, de amarilla cabellera,

LOS CAMINANTES DEL VALHALLA


 Y Aryara... era uno de muchas tribus y muchas migraciones. No sólo el Pueblo de la Espada llegó o habitó en Inglaterra. El Pueblo del Río estuvo antes que nosotros y el Pueblo del Lobo vino después. Pero eran arios como nosotros, altos y rubios, de ojos claros. Luchamos contra ellos, por la razón de que las varias migraciones de arios siempre han luchado entre sí, al igual que los aqueos lucharon contra los dorios, al igual que celtas y germanos se cortaban mutuamente las gargantas; sí, al igual que los helenos y los persas, que fueron una vez un pueblo y de la misma migracion, se partieron de dos modos distintos en el largo viaje y siglos después se encontraron e inundaron Grecia y Asia Menor con sangre.
Entendedme ahora, todo esto no lo sé como Aryara. Yo, Aryara, nada sabía de esas
migraciones a escala mundial de mi raza. Sólo sabía que mi pueblo era de conquistadores, que un siglo antes mis antepasados habían morado en las grandes planicies, lejos al este, planicies que pululaban de un pueblo feroz, de cabellera amarilla y ojos claros, de viejas y nuevas migraciones que combatían salvaje e implacablemente según la vieja e ilógica costumbre del pueblo ario.
Con todo, este hecho es bien conocido: los arios se deterioran rápidamente en las vidas sedentarias y pacíficas. Su existencia adecuada es la nómada; cuando se establecen en una existencia agrícola, preparan el cambio de su caída; y cuando se encierran a si mismos con los muros de la ciudad, sellan su condena.
LO HIJOS DE LA NOCHE.

Matt Marshall

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