sábado, 22 de octubre de 2011

Adrian Salbuchi, "El Factor Multiplicador Bancario".


El Factor Multiplicador Bancario
Por Adrian Salbuchi

(Fragmento extraído de “El Cerebro del Mundo. La Cara Oculta de la Globalización” del mismo autor, excelente libro de lectura obligada para todo Nacionalsocialista)
(...) A medida que los banqueros de la Edad Media fueron ampliando sus servicios a comerciantes, nobles y Estados, también fue creciendo la sofisticación de sus operaciones y la gama de los servicios que podían brindar. Por ejemplo, de nada servía que las riquezas que se les confiaba quedaran ociosas en sus bóvedas y cajas fuertes, especialmente cuando el incipiente crecimiento económico de la época reclamaba capital para financiar diversos emprendimientos. El instrumento natural viabilizador de estas financiaciones lo constituían los bancos que así comenzaron a prestar las riquezas que le fueran confiadas, a cambio de una prima o, mejor aún, de una tasa de interés sobre el monto prestado. 

Una porción de este interés se lo quedaba los bancos como su ganancia en la operación y otra parte la compartían con los dueños de las monedas, oro y plata que el banco guardaba en sus bóvedas, que así recibían una "rendimiento" sobre sus monedas de oro dado que el banco había movilizado esa riqueza estática y muerta en sus bóvedas, en algo dinámico y activo: un nuevo emprendimiento que algún entrepeneur se proponía realizar.

En verdad, el oro y la plata apenas si se movían físicamentede las bóvedas bancarias por cuanto, de la misma manera en que el dueño del oro aceptaba un certificado de depósito del banco, cuando éste realizaba un préstamo, el prestatario tampoco deseaba recibir oro, plata o monedas sino que se conformaba con recibir un certificado del banco, sabiendo que, debido al prestigio del banco emisor, el mismo sería aceptado universalmente como si se tratara de esas propias monedas de oro y plata que representaba.

Así, los bancos se transformaron en el instrumento de financiación de las más variadas operaciones y emprendimientos, convirtiéndose rápidamente en un elemento esencial de toda la actividad económica en las naciones occidentales. Pero, a medida que se realizaba este tipo de operaciones de tomar dinero, oro y plata para luego realizar operaciones de préstamo, con el tiempo los banqueros descubrieron algunos interesantes fenómenos.

En primer término, debido a la naturaleza crecientemente compleja de las relaciones económicas y a las cada vez mayores posibilidades de ahorro que aquellas permitían a algunos sectores de la población, si un banco disponía de depósitos en oro equivalentes a, digamos, 10.000 monedas por cada uno de sus 1.000 clientes, ello significaba que en sus bóvedas existía una gran concentración de riqueza consistente en 10.000.000 de monedas de oro. La contrapartida bancaria de estas 10.000.000 de monedas era simbolizada por todos los Certificados de Depósito emitidos y entregados a cada uno de esos clientes cuya sumatoria sería, precisamente, de 10.000.000 de monedas de oro: a modo de ejemplo, el banco emitía 1.000 certificados de 10.000 monedas cada uno.

…..a medida que se realizaban este tipo de operaciones de tomar dinero, oro y plata para luego realizar operaciones de préstamo, los banqueros descubrieron algunos fenómenos interesantes...

Ahora bien, la experiencia claramente demostraba que en cualquier momento, jamás se presentaba más de un 10% o 15%, a lo sumo, de los tenedores de Certificados de Depósito para reclamar y retirar sus monedas de oro. Ocurría que la mayoría de los depositantes prefería utilizar esos certificados en su poder como medio de pago para las diversas operaciones que realizaban con otros comerciantes. Éstos, a su vez, hacían lo mismo, generando así una amplia y relativamente lenta circulación de la vasta mayoría - entre el 85 y el 90 porciento - de aquellos Certificados de depósito, transformados, de hecho, en dinero circulante. Realizando simples cálculos actuariales, los bancos rápidamente comprendieron que solo les bastaría con retener un 10% del oro disponible en sus bóvedas para pagarle a aquellos tenedores de Certificados de Depósito que previsiblemente se presentarían "en ventanilla" para reclamar sus monedas de oro.
Ello significaba que, en promedio, el 90% del oro permanecía en las bóvedas sin ser reclamado y, por ende, sin uso alguno: "riqueza muerta", según hemos visto. Esto hizo que surgiera la práctica bancaria, revolucionaria por cierto, de emitir cantidades de Certificados de Depósito al portador por montos superiores al oro disponible en sus bóvedas. Enfatizamos este punto ya que conforma una de las claves de la banca moderna: la experiencia de décadas - y ya hoy, de siglos - demuestra que prácticamente jamás se presentan todos los tenedores a pedir devuelta el oro al que los Certificados de Depósito en su poder les da derecho.
De forma tal que si actuarialmente se sabe que jamás se presentan al banco emisor más de un 10% de los Certificados de Depósito para convertirlos en oro metálico, entonces, ¿porqué no dejar un 10% del oro en las bóvedas del banco, disponible - "líquido", por así decirlo - para hacer frente a esta parte minoritaria de la clientela que previsiblemente se presentará a reclamar lo suyo, y utilizar el 90% restante - o sea, 9.000.000 de monedas de oro - como si representaran, a su vez, un teórico 10% sobre el cual se pueden emitir nuevos Certificados de Depósito avalados por el Banco?

El factor clave reside en la previsión y exactitud del análisis actuarial que el banco realice sobre su cartera de clientes y, más importante aún, en la evaluación correcta del factor psicológico que la solidez, prestigio y seriedad del banco inspire en el mercado. Esto implica también realizar una acertada interpretación de la realidad político-social imperante, tanto dentro del país como en el mundo, y una inteligente previsión de sus potenciales crisis[i]. Ello podría permitir concluir que durante un plazo previsible - un año o dieciocho meses, por ejemplo - nada ocurrirá que pudiera hacer variar estos cálculos y previsiones.

Utilizando, entonces ese 90% de sus depósitos - o sea, 9.000.000 de monedas de oro en nuestro simplificado ejemplo - como si representara, a su vez, un 10% de "base" sobre la cual emitir nuevos certificados, el banco podrá entonces emitir Certificados de Depósito equivalentes a otras 90.000.000 de monedas de oro, sabiendo que siempre podrá pagar al 10% de los tenedores que probable y previsiblemente presenten sus Certificados "en ventanilla" para convertirlos en oro.

Certificados por un valor de 90.000.000 de monedas, de los cuales 9.000.000 (10%) se deberán mantener "líquidos" o disponibles en sus bóvedas, más los 10.000.000 originalmente prestados de los cuales, nuevamente un 10% (1.000.000), deberá mantener disponibles, totalizan así las 10.000.000 de monedas de oro realmente en sus bóvedas. Sin embargo, con esta manipulación financiera, el banco logra emitir Certificados por 100.000.000 de monedas, los cuales el banco procede a prestar a una amplia gama de prestatarios como si fueran dinero contante y sonante, y encima podrán cobrar un interés.

De este ejemplo muy simplificado, podemos concluir que, en la práctica, el sistema bancario logra generar dinero de la nada, a través del "factor multiplicador bancario" que se utiliza para generar líneas de crédito de la más diversa naturaleza, o para refinanciar deudas públicas y privadas, o controlar la expansión económica dentro de una economía. Como factor de direccionamiento, ordenamiento y control de las economías regionales, nacionales y de la propia economía global, este factor resulta clave pues la cantidad, el costo y los sectores hacia los cuales los bancos vuelcan estos préstamos y flujos de capital, se verá reflejado en la evolución de la economía en su conjunto.
El peligro implícito de este esquema se manifiesta cuando por alguna razón o crisis, todos los tenedores de certificados - o al menos una gran parte de ellos - deciden que desean recuperar sus monedas de oro, o sea cambiar sus Certificados de Depósito simbólicos por las monedas de oro reales que representa. Si ello ocurre y, del total de Certificados puestos en circulación, una proporción imprevista - digamos un 30%, 50% u 80% - se presentan "en ventanilla" para convertirlos en monedas de oro contante y sonante, el banco no tendrá forma alguna de hacer frente a esta demanda con sus propios recursos y si nadie viene a socorrerlo, entonces quiebra. Salvo que el tesoro público lo rescate, lo que significa que el quebranto del banco lo termina asumiendo la comunidad. 

Es en estos casos cuando se verifica de la manera más cruda la enorme diferencia que existe entre el dinero irreal - simbólico, digamos - y los valores reales que el mismo pretende representar. En nuestro anterior ejemplo, el banco emitió certificados por 100.000.000 de monedas de oro contra tan solo 10.000.000 de monedas de oro reales. O sea, los 10.000.000 correspondientes a sus tenencias más los 90.000.000 que emitió utilizando la cantidad de monedas que realmente se encuentran en sus bóvedas como punto de partida. Esta relación entre la emisión de certificados y las tenencias reales se conoce como "encaje bancario". En sus inicios, esta proporción - factor clave para cualquier banco - lo comenzó fijando cada banco según su propia experiencia; hoy en día, lo fija obligatoriamente el banco central de cada país en base a las características de la economía nacional y otros factores estructurales y estacionales. Este factor permite, a su vez, controlar los parámetros macroeconómicos de la economía, tales como el nivel de inflación y la expansión o contracción del crédito; o sea, permite "calentar" o "enfriar" la economía.

Resulta posible, entonces, comprender que si todos los tenedores de Certificados se presentaran a cobrar, el banco no podrá hacer frente a esa demanda con lo que deberá rápidamente cerrar sus puertas, dejando a sus depositantes sin su dinero. Así ocurrió con todas las así-llamadas corridas bancarias, como las de los Estados Unidos en 1907; la que afectó a Europa, Estados Unidos y al mundo entero en 1929 originando la Depresión; o las corridas bancarias en la Argentina en épocas recientes. Nuevamente, nos topamos con un importante factor psicológico: cuando los tenedores de certificados perciben que el banco emisor - sea privado o estatal - dejó de ser confiable, y a raíz de ello pretenden cambiar sus certificados por algún bien o instrumento con valor real, entonces se encuentran con la desagradable novedad de que el banco no dispone de los recursos suficientes para honrar todos esos certificados.
En rigor de verdad, jamás los tuvo porque el dinero con que opera - hoy en día representado por los diversos asentamientos contables de cuentas corrientes y certificados de depósito a término - no es dinero real sino dinero en gran parte creado de la nada. Y sobre el préstamo de este dinero creado de la nada, cobran intereses a la economía real de las empresas, los individuos y al propio Estado.
En nuestra época, este sistema se ha tornado altamente sofisticado, puesto que en siglos anteriores a ese 10% de tenedores de Certificados de Depósito que estadísticamente se presentaba al banco para reclamar lo suyo, realmente se les entregaban monedas de oro. Hoy en día, la función de las monedas de oro se ha visto reemplazada por billetes de papel moneda de curso legal que el banco entrega a cambio de un "cheque" que se presente en ventanilla, siendo el cheque equivalente al Certificado de Depósito. O sea, actualmente al tenedor del cheque se le entregan billetes del dinero nacional: dólares en los Estados Unidos, Euros en la Unión Europea, Francos en Suiza, Libras en Gran Bretaña y Pesos en la Argentina.

En el caso de la Argentina y debido a la Ley de Convertibilidad de 1991, si nos presentamos en nuestro banco con un cheque por, digamos, $ 100, el banco nos entregará billetes de curso legal por ese monto, con los que - en teoría al menos -, podremos ir a nuestro Banco Central y pedir que se convierta esos 100 pesos en 100 dólares estadounidenses. Luego, con esos 100 dólares podemos ir al Banco de la Reserva Federal en Washington para que ellos, a su vez, los conviertan en.....otros billetes dólar. En fin, todo el dinero del mundo es convertible, en última instancia, únicamente en......papel. Sirve de instrumento de intercambio, en tanto y en cuanto confiemos en su valor, lo que implica confiar en el poder, prestigio y seriedad de la entidad emisora, sea ésta pública o privada. 




[i] Nuevamente, el punto clave radica en prever y utilizar los diversos factores psicológicos que rigen entre la población y los mercados. Cualquier crisis social, guerra externa o guerra civil que rápidamente cambie los términos de las relaciones económicas o que precipiten a grandes cantidades de tenedores de Certificados de monedas de oro a reclamarlas como medida preventiva ante un futuro socialmente incierto, rápidamente tira por la borda toda previsión actuarial realizada por los bancos dentro de un marco de "normalidad" política, económica y social en un plazo futuro previsible.

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