lunes, 31 de octubre de 2011

El lobby judío del Pentágono





Roger Garaudy en "Los Mitos Fundacionales de la Política Israelí" dice que en noviembre de 1976 Nahum Goldmann, presidente del Congreso Judío Mundial, que vino a Washington a ver al Presidente y a sus consejeros Vance y Brzezinski, dio un consejo inesperado a la administración Carter: "Hacer añicos el lobby sionista en los Estados Unidos".

Goldmann había consagrado su vida al sionismo y había jugado un papel de primer orden en el "lobby" desde la época de Truman; ahora decía que su propia creación, la Conferencia de Presidentes, era una "fuerza destructiva" y un "obstáculo mayor" para la paz en Oriente Medio, agrega Garaudy.

Entre los integrantes más sobresalientes del lobby durante la administración de Bush hijo (nucleados alrededor de la figura señera de Donald Rumsfeld) sobresale el secretario adjunto de defensa, Paul Wolfowitz, para muchos el verdadero cerebro del Pentágono.

Otros miembros destacados del grupo eran Douglas Feith, el número tres en el Pentágono; Lewis "Scooter" Libby, un protegido de Wolfowitz que es jefe de gabinete del vicepresidente Dick Cheney; John R. Bolton, un ultraderechista que revista en el Departamento de Estado con la misión de "controlar" a Colin Powell, rival interno del lobby; y Elliott Abrams, a cargo de la política de Medio Oriente en el Consejo Nacional de Seguridad.

También eran integrantes destacados James Woolsey, ex director de la CIA, autor de la operación que intentó vincular a Saddam Hussein con el 11-S y con las cartas con ántrax en EE.UU; y Richard Perle, que renunció a su cargo de asesor del departamento de Defensa tras un escándalo empresarial.

Wolfowitz y Feith mantienen vinculaciones directas con el lobby israelí judío-estadounidense que opera tanto en Defensa como en el Complejo Industrial norteamericano.. Wolfowitz opera como contacto de la administración Bush con el Comité Estadounidense-Israelí de Asuntos Públicos (AIPAC, por sus siglas en inglés).

Feith fue galardonado por la Organización Sionista de EE.UU., donde, y a pesar de ser un funcionario estadounidense, es considerado como un "activista pro-Israel" más.

Durante la administración Clinton, sin cargo oficial, Feith preparó un plan estratégico para el Likud israelí en colaboración con Perle, en el cual se "recomendaba" al gobierno de Israel que abandonara el proceso de paz iniciado en Oslo, que recolonizara los territorios y aplastara al gobierno de Yasser Arafat con el poder militar.

Curiosamente la mayoría de estos expertos y tecnócratas que manejan las estructuras estratégicas del Pentágono nunca sirvieron en las fuerzas armadas, y son mirados con recelo y desconfianza por los militares de carrera del Pentágono, en su mayoría republicanos.

Provienen principalmente del lobby sionista de Israel, la derecha cristiana, los think-tanks, las fundaciones y los grandes consorcios mediáticos -diarios y cadenas televisivas y radiales- que integran la logia empresarial contratista del Complejo Militar Industrial.

Una vez que abandonan sus cargos en la administración estadounidense pasan a desempeñarse en los think-tanks (gabinetes estratégicos) como el American Enterprise Institute (AEI), y el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés), desde los cuales siguen operando ideas y negocios para el lobby desde la función privada.

El dinero para su financiación proviene de las megacorporaciones, petroleras, armamentistas, tecnológicas, financieras, que hacen negocios tanto con el Complejo Militar Industrial como con Wall Street, y también de fundaciones conservadoras al estilo de Bradley y Olin que utilizan las fortunas legadas a tal fin por magnates que ya dejaron este mundo.

Todas estas corporaciones son beneficiarias directas de las operaciones de conquista militar lanzadas por el Pentágno, y, como ya se comprobó en Irak, tras la obra devastadora de los tanques y misiles participan de los gigantescos negocios que les abre la "reconstrucción" de los países arrasados.

El lobby judío opera sobre los cuatro sectores claves del poder estadounidense: Defensa, el Complejo Militar Industrial, Wall Street y los medios de comunicación, vinculados a los consorcios armamentistas, petroleros, financieros y tecnológicos a través de infinitas redes y vasos comunicantes. (ver: Irak y el capitalismo militar de EEUU).

Tal es el caso de los diarios The Washigton Post, The New York Times y las principales agencias y cadenas radiales y televisivas de Estados Unidos.

Todo este complejo entramado de intereses capitalistas con los consorcios mediáticos está entrelazado por medio de fusiones, de accionistas y de estructuras societarias anónimas, o por el simple hecho de compartir los mismos directivos y accionistas.

El vínculo principal entre los think-tanks del Pentágono y el lobby, es el Instituto Judío de Asuntos de Seguridad Nacional (JINSA, por sus siglas en inglés) de Washington, que apoya al Likud, y que también emplea a muchos especialistas no-judíos en temas militares que realizan continuos viajes a Israel.

Conducidos por Cheney y Rumsfeld, muchos de ellos participaron de la creación de la OSP (Office of Special Plans), también conocida como la "agencia invisible", desde la cual se planificó la primera invasión a Iraq del padre de Bush, reinstalada en la Casa Blanca con la llegada de W.

Tras el ataque contra las Torres Gemelas y el Pentágono vieron el camino despejado para la nueva guerra de conquista de Irak y la implementación de un proyecto más ambicioso: las guerras preventivas como elemento decisivo de la política militar exterior norteamericana posterior a la Guerra Fría.

Las cruzadas contra el "eje del mal"

Las teorías conspirativas sobre Bin Laden y el "terrorismo amenazante" que sirvieron para justificar la invasión a Afganistán tras el 11-S, y luego la invasión a Irak, fueron elaboradas por el lobby judío en la OSP, en vinculación directa con el equipo conducido por la asesora en Seguridad Nacional de Bush, Condoleezza Rice, que compone junto con Cheney y Powell la primera línea de influencia en la Casa Blanca.

Desde allí el lobby construyó las principales teorías legitimadoras de la nueva invasión a Irak en base a informes falsos como lo fue, por ejemplo, la información provista a Bush sobre las armas químicas de Saddam, y sus presuntas vinculaciones con la organización Al Qaeda de Bin Laden.

Experiencia que le valió el mote de "fabrica de mentiras" con que se conoce a esta oficina invisible del lobby en el Pentágono.

al final de la  administración de Bush hijo, el lobby con su jefe, Donald Rumsfeld, incrementó su presión sobre la Casa Blanca para que ordene acciones militares puntuales contra Siria, básicamente bombardeos "selectivos" como los realizados en Irak antes de la invasión. (Ver: EEUU y una nueva escalada del "objetivo Siria")

La desmembración de Siria e Iraq en regiones determinadas, en base a criterios étnicos o religiosos, es un objetivo prioritario para Israel, y la primera etapa de este proceso pasa por la destrucción del poderío militar de dichos estados y de los grupos de resistencia islámicos que hoy desestabilizan la ocupación militar de Irak.

El lobby impulsa abiertamente la intervención militar en todo el mapa de Medio Oriente para eliminar "la amenaza árabe a Israel", y sostiene que Israel y Turquía son los únicos verdaderos Estados-naciones de la región y han estado pronosticando la desintegración de algunos Estados árabes desde la primera Guerra del Golfo.

Su "biblia" funcional se condensa en un documento del año 1996 titulado "Un cambio nítido: una nueva estrategia para asegurar el territorio nacional," escrito por el grupo JINSA para aconsejar al entonces primer ministro entrante israelí Benjamin Netanyahu.

Este documento abreva en las raíces de la "teoría de los bolos" del Oriente Medio, según la cual un golpe dirigido contra Irak podría derribar varios regímenes árabes del Medio Oriente.

La misma teoría la repiten ahora poniendo en el centro a Siria y a las organizaciones radicalizadas árabes que combaten a la ocupación militar de EE.UU. en Irak.

El Estado de Israel

Escribiendo sobre la financiación del Estado de Israel (fuente motriz del lobby judío del Pentágono) James Petras dijo que "los contribuyentes norteamericanos han venido sufragando la maquinaria militar israelí durante 35 años a razón de 3 billones de dólares por año concedidos en concepto de ayuda directa (más de 100 billones en total, y la cuenta sigue).

Aunque los judíos constituyen una minoría en cada uno de esos sectores -continua Petras- , disfrutaan de un poder e influencia desproporcionados porque están organizados, son activos y concentran toda su labor en una única cuestión: la política de los Estados Unidos en el Oriente Medio, y, de forma específica, en garantizar el apoyo militar, político y financiero masivo, incondicional e ininterrumpido de los Estados Unidos a Israel.

Judíos pro israelíes se hallan representados de forma desproporcionada en el mundo financiero, político, profesional, académico, inmobiliario, en el sector de los seguros y en los medios de comunicación de masas. Maniobrando desde sus puestos estratégicos en la estructura del poder, son capaces de influir en la política y censurar la circulación de cualquier voz disidente en los medios de comunicación y en el sistema político", agrega el pensador norteamericano.

El mayor vínculo entre los think-tanks conservadores y el lobby de Israel es el Instituto Judío de Asuntos de Seguridad Nacional (JINSA, por sus siglas en inglés) de Washington, que apoya al Likud, y que involucra a muchos expertos no-judíos de Defensa, quienes hacen constantes viajes a Israel en carácter de consultivos de los halcones de los gobiernos sionistas como el de Sharon.

Los vínculos mediáticos derechistas

Michael Lind, autor de "Made in Texas: George W Bush and the Southern Takeover of American Politics", dice que "los intelectuales del lobby cuentan con el apoyo de varios imperios mediáticos derechistas, con raíces -por extraño que parezca- en la Comunidad Británica de Naciones y en Corea del Sur. Rupert Murdoch difunde propaganda a través de su canal Fox Television. Su revista, dirigida por William Kristol, el antiguo jefe de equipo de Dan Quayle (vicepresidente, 1989-93), actúa como portavoz de los intelectuales de Defensa como Perle, Wolfowitz, Feith y Woolsey, así como del gobierno de Sharon.

The National Interest (del que fui editor ejecutivo, 1991-94) -prosigue Lind -es financiada ahora por Conrad Black, propietario del Jerusalem Post y del imperio Hollinger en Gran Bretaña y Canadá. Lo más extraño de todo es la red mediática centrada en el Washington Times - de propiedad del mesías surcoreano (y ex convicto), el reverendo Sun Myung Moon- que es propietario de la agencia noticiosa UPI. UPI es dirigida ahora por John O'Sullivan, el escritor de discursos de Margaret Thatcher que solía trabajar como editor para Conrad Black en Canadá.

A través de canales semejantes, el estilo sensacionalista del periodismo británico de derecha, así como su sustancia eurofóbica, han contaminado el movimiento conservador de EE.UU. Los ángulos neoconservadores del Pentágono fueron unidos en los años 90 por el Proyecto para un Nuevo Siglo Estadounidense (PNAC), dirigido por Kristol desde las oficinas del Weekly Standard, agrega el autor de "Made in Texas".

Durante la administración Clinton los tecnócratas del lobby escribieron y publicaron una serie de "cartas abiertas", a través de las cuales recomendaban a EE.UU. que invadiera y ocupara Irak y que apoyara las campañas militares de Israel contra los palestinos y sus organizaciones de resistencia.

Operación invasión

Refiriéndose al lobby Heinz Dieterich escribió que "durante el gobierno de Bill Clinton, la camarilla presionó al Presidente, para que "removiera al régimen de Sadam Hussein del poder", si fuese necesario por la fuerza, y que hiciera una política "más aseverativa" en Medio Oriente. En un reporte preelectoral del 2000, revelaron una premonición tan extraordinaria como sospechosa: afirmaron que esos cambios se darían lentamente, salvo que "hubiese un evento catastrófico y catalizador, como un nuevo Pearl Harbour".

Clinton no les hizo caso, pero el fraude electoral de Bush los puso en el poder y los atentados del 11 de septiembre les dieron su evento "catastrófico y catalizador", su "nuevo Pearl Harbour", con el cual iniciaron lo que suelen llamar entre sí, "La Cuarta Guerra Mundial".

Después de Afganistán -prosigue Dieterich-, el método de la invasión militar fue utilizado nuevamente en Irak, en marzo del 2003, para poner a Ahmed Chalaby, ex banquero criminal, refugiado en Estados Unidos, en el poder en Irak. En Georgia, de central importancia geoestratégica petrolera en la zona, Washington organizó una insurrección popular en noviembre del 2003 contra el corrupto estalinista Edward Shevanadze, para sustituirlo en enero del 2004 con un triunfo electoral del 86 por ciento, del abogado Mikhail Saakashvili, educado en Estados Unidos.

A estos éxitos, la camarilla agrega los siguientes "triunfos": la renuncia de Libia a sus proyectos de armas de destrucción masiva y la invitación a las petroleras estadounidenses, en diciembre del 2003, junto con sus negociaciones con Israel para reanudar las relaciones diplomáticas y su oferta de presionar a Irán, para que desista del desarrollo de armas nucleares. La nueva constitución de Afganistán y el compromiso de la OTAN, de priorizar su intervención en el país en el 2004", concluye Dieterich.

La era Bush

El grupo de funcionarios del lobby se apoderó de la administración Bush hijo por medio del vicepresidente Dick Cheney, una especie de tutor político de W., cuándo éste estaba a cargo de la transición presidencial (el período entre la elección en noviembre y el acceso al poder en enero).

Cheney, asesorado en las sombras por su socio y amigo el ex presidente George Bush, padre de W., se valió de esa circunstancia para colocar en la primera línea de administración republicana a los más reputados intelectuales y tecnócratas del lobby judío.

Desde ese espacio clave empezaron a construir las nuevas coordenadas de la política exterior del Imperio y diseñaron la nueva estrategia colonizadora del Estado norteamericano: las guerras preventivas contra el "eje del mal", plasmadas en el papel por la halcona negra Condoleezza Rice. (Ver: La halcona negra del Imperio)

El jefe de los "blandos", o las "palomas", de la Casa Blanca, el Secretario de Estado Colin Powell -otro funcionario de la más íntima confiiianza de la familia Bush- fue rodeado por la red derechista "dura" de Cheney, integrada en sus primeras líneas por Wolfowitz, Perle, Feith, Bolton y Libby.

Sobre Powell y sus "palomas" descansa la política exterior de la Casa Blanca que los halcones del lobby boicotean permanentemente, acusando al ex general negro de "pro-europeo y claudicante al Consejo de Seguridad de la ONU".

En esa "interna" oscilante, cuyos personajes centrales son Rumsfeld y Powell, se alimenta toda la política exterior de Estados Unidos y sus intervenciones militares por el mundo.

El lobby se aprovechó -se dice que con conocimiento de su padre- de la ignorancia e inexperiencia del fanático cristiano de derecha, George W. Bush.

Carente del brillante curriculum de inteligencia que ostenta su padre, el ex presidente y ex director de la CIA, George W. fue cooptado rápidamente por el lobby de fundamentalistas que abreva tanto en la derecha cristiana del Pentágono como en la derecha judía del Estado de Israel.

Convertido en una especie de "sionista cristiano" W. Bush orientó sus acciones y decisiones a partir de la influencia de tres personajes centrales: Dick Cheney, Condoleezza Rice y Colin Powell.

El lobby y Donald Rumsfeld, que mantiene relaciones de tipo inestable con Bush hijo, fue monitoreado y a menudo descalificado por Colin Powell y los militares "profesionales" del Pentágono encabezado por el general Richards Myers.

A este sector se sumaron ex funcionarios de la administración de Papá Bush, como Baker, Scowcroft y Lawrence Eagleburgeq que el año pasado advirtieron públicamente contra una invasión de Irak sin la autorización del Congreso y de la ONU.

Si bien W. Bush trazó su política exterior a partir del departamento de Estado conducido por Powell, el lobby infiltró sus posiciones a través de Condoleezza Rice y del vicepresidente Dick Cheney con conocimiento directo del padre del presidente de Estados Unidos.

Durante el conflicto suscitado entre Cuba y algunos países latinoamericanos con EE.UU. a raíz de declaraciones de los funcionarios anticastristas de la administración Bush, fue Condoleezza Rice y no Powell quien salió a dar la posición oficial mediante declaraciones realizadas en la Casa Blanca.

Y esto tiene una lectura directa: el lobby derechista judío es totalmente funcional a las estrategias de la derecha fundamentalista cristiana de los anticastristas en Latinoamérica.

Ambas líneas se potencian y se retroalimentan en las decisiones de la Casa Blanca para América Latina.

El derrocamiento del presidente Hugo Chávez en Venezuela, las operaciones militares contra Siria y la preparación de la invasión a Irán, son algunas de las "tareas pendientes" que los tanques de pensamiento del lobby judío tienen encarpetadas y listas para la acción.
 


Traición en las alturas: sionistas del Pentágono, AIPAC e Israel


La investigación del FBI sobre agentes del espionaje israelí en el Pentágono forma parte de una lucha importante entre sionistas prominentes del Pentágono y el aparato de seguridad estadounidense. Desde que el régimen de Bush llegó al poder ha habido una violenta guerra política y de organización entre los sionistas del Pentágono y sus colaboradores militaristas, por una parte, y los militares profesionales y el aparato de inteligencia, por la otra. Este conflicto se ha manifestado en una serie de asuntos mayores que incluyen la guerra en el Oriente Medio, los motivos aducidos para la guerra, la relación entre Israel y EEUU, la estrategia para el imperio, así como asuntos tácticos como el tamaño de la fuerza militar que se necesita para las guerras coloniales y la naturaleza de la ocupación colonial. Desde el 11/09/2001 hasta la invasión de Irak, los sionistas del Pentágono y los militaristas civiles tuvieron ventaja: Marginaron a la CIA y establecieron sus propios servicios de inteligencia para “cocinar los datos”, lograron imponer la doctrina de guerras secuenciales, empezando por Afganistán e Irak y proyectaron guerras contra Irán, Siria, Líbano, Arabia Saudita y otros países musulmanes. Los sionistas del Pentágono aumentaron el poder de Israel en el Oriente Medio y promovieron su colonización expansionista de Palestina, a costa de soldados estadounidenses, gastos de presupuesto insoportables y objeciones de la CIA.

Los aparatos militar y de seguridad estadounidenses se han vengado. Primero desenmascarando las mentiras sionistas sobre las armas de destrucción masiva de Irak, después exponiendo el papel de cliente sionista de Ahmed Chalabi como agente doble de Irán, seguido por una investigación de dos años sobre sionistas del Pentágono que pasan documentos a la inteligencia militar israelí y a la policía secreta, el Mossad.

Hay más en juego que una guerra de empujones entre el grupo de ‘Israel Primero’ del Pentágono y sus adversarios en el ejército estadounidense, cuerpo diplomático y agencias de inteligencia. El asunto fundamental es la libertad del pueblo estadounidense para decidir o por lo menos influenciar a sus líderes políticos y sus funcionarios sin estar sujetos a la manipulación y el control por parte un gobierno extranjero (Israel) y sus agentes estratégicamente situados en puestos de poder.

Israel ha subvertido durante décadas la política exterior estadounidense para que sirviera a sus intereses por medio del poder organizado de importantes organizaciones judías en los EEUU. Lo que es nuevo en el caso actual de espionaje en el Pentágono es que, más que presionar desde fuera para conseguir políticas favorables a Israel, los leales a Israel están en altos cargos del gobierno tomando decisiones estratégicas sobre la política global de EEUU y proporcionando a sus tratantes israelíes documentos secretos que pertenecen a debates de alto nivel en la Casa Blanca sobre temas de guerra y paz. Hoy la política del Pentágono y el espionaje de AIPAC es especialmente peligrosa – porque lo que está en juego es una nueva guerra estadounidense y/o israelí contra Irán que encenderá todo el Oriente Medio.

El asunto del espionaje de alto nivel por parte de destacados estrategas políticos sionistas como Douglas Feith, Elliott Abrams, Paul Wolfowitz y otros del gobierno de Bush es la culminación de una larga serie de políticas estratégicas promovidas por AIPAC diseñadas para acrecentar las metas expansionistas israelíes en Oriente Medio.

Wolfowitz, Feith, Abrams, Perle, Rubin y compañía fueron los promotores más entusiastas de la guerra contra Irak. Trabajaron en estrecha colaboración con otros ideólogos sionistas, como el que escribía los discursos de Bush, David Frum, para promover la noción de “ejes del mal”, para implicarse en una sucesión de guerras contra regímenes musulmanes hostiles a la política colonial israelí en Palestina y más allá. Wolfowitz y Feith montaron la agencia ‘de inteligencia’ paralela (Oficina de Planificación Especial) dirigida por el correligionario sionista Abram Shulsky que usó a Chalabi para proporcionar datos falsos sobre Irak para precipitar dicha guerra. Un ejército de académicos y periodistas ideólogos del ‘Israel Primero’ escribieron, hablaron y actuaron para justificar el ataque estadounidense contra Irak como primera parte de una guerra regional para destruir a todos y cada uno de los regímenes críticos del expansionismo israelí. Cohen, Rubin, Kristol, Foxman, Ledeen y muchos otros proporcionaron propaganda “experta” sobre por qué los soldados de EEUU deberían matar y ser matados para que Israel fuera más grande. Reuniones y consultas casi diarias tuvieron lugar entre los prominentes funcionarios sionistas y jefes militares y de la inteligencia israelíes en las oficinas de Feith y otros sionistas. Las oficinas del Pentágono de Feith y Wolfowitz parecía que fueran un burdel de alto standing para funcionarios israelíes destacados. A juzgar por las políticas subsiguientes está claro que los sionistas del Pentágono recibieron sus instrucciones de sus contrapartes israelíes – a Israel se le dio mayor financiación, acceso ilimitado a los estrategas políticos de EEUU e información relativa a la política estadounidense en el Oriente Medio. Entretanto los oficiales del espionaje y el ejército estadounidense fueron marginados, sus objeciones a las posiciones israelíes eliminadas, su mera presencia vista como un obstáculo para la consciente visión de Sharon de un Israel Más Grande – compartiendo la dominación de Oriente Medio

Dado el alto nivel de colaboración estructural e integración de los sionistas del Pentágono de EEUU y las organizaciones judías estadounidenses con el estado israelí, las fronteras de lo que son las políticas e intereses de Estados Unidos y lo que son prerrogativas e intereses israelíes se difuminan. Desde la perspectiva de los sionistas del Pentágono y sus partidarios judíos organizados, es “natural” que EEUU gaste miles de millones para financiar el poder militar israelí y su expansión territorial. Es “natural” transferir documentos estratégicos del Pentágono al Estado israelí. Como indica Haaretz, “¿Por qué tendría que robar documentos Israel cuando puede buscar lo que quiera en reuniones oficiales?” La rutina del espionaje por medio de consultas oficiales entre israelíes y funcionarios sionistas de EEUU era de conocimiento público en toda la rama ejecutiva. Pero no le llamaban espionaje sino que la denominaban ‘intercambio de inteligencia’, sólo que los israelíes mandaban ‘desinformación’ a los sionistas del Pentágono para servir sus intereses mientras estos últimos pasaban la política real, posiciones y estrategias del gobierno de EEUU.

La historia de los sionistas clave del Pentágono revela una pauta de deslealtad hacia los EEUU y de ayuda secreta a Israel. Harold Rhode y William Luti, ambos sionistas fanáticos de Pentágono a las órdenes de Feith, Wolfowitz e I. Lewis Libby han estado bajo investigación del FBI por pasar documentos a Israel. Rhode tuvo recientemente suspendido su pase de seguridad. Operativos de la CIA en Bagdad informaron que estaba constantemente informando a Israel por su teléfono móvil sobre planes de EEUU, despliegues militares, proyectos políticos, activos Iraquíes y mucha otra información confidencial. Michael Ledeen, otro influyente estratega político sionista que trabajó en el Pentágono, perdió su pase de seguridad después de ser acusado de pasar material clasificado a un ‘país extranjero (Israel)’. En 2001 Feith contrató a Ledeen para trabajar en la Oficina de Planes Especiales que manejaba documentos de alto secreto. El mismo Feith fue despedido en marzo de 1983 del Consejo Nacional de Seguridad por proporcionar a Israel datos clasificados. El FBI investigó a Wolfowitz por haber proporcionado documentos a Israel sobre una propuesta de venta de armas de EEUU a un país árabe.

Está claro que agentes israelíes, no simplemente ideólogos sionistas, infestan la cúpula del Pentágono. La cuestión no es meramente una cuestión de adoptar esta o aquella posición política a favor de Israel sino de trabajar sistemáticamente sobre una gama entera de asuntos para reforzar el poder israelí por encima de y en contra de los intereses imperiales estadounidenses.

Lo que sorprende no es la actual investigación sobre espías israelíes en el Pentágono sino por qué no han sido detenidos, acusados y sentenciados hace una década o dos.

El problema de la colaboración organizativa Americana Judía con el espionaje del Pentágono – es decir, el papel de AIPAC como cómplice en el actual caso de espionaje - no es excepcional. En sus libros, el antiguo agente del Mossad, Victor Ostrovsky (The Other Side of Deception, 1994), y Gordon Thomas y Martin Dillon (Robert Maxwell: Israel’s Superspy, 2002) describen como las fuerzas de seguridad israelíes han alistado a judíos sionistas extranjeros, a los que llaman sayanim, para servir como respaldo de partidarios y colaboradores en las operaciones israelíes en el exterior. AIPAC no es meramente un ‘lobby’ en pro de Israel sino un antiguo puesto de escucha y de recogida de información pública y gubernamental confidencial para Israel. A un nivel más ‘filosófico’ existe una creencia insidiosa muy extendida entre los líderes de las principales organizaciones judías como AIPAC de que la cuestión básica para todos los judíos es si la “política es buena para los judíos” - sucintamente definida para aludir al interés del Estado de Israel y sus gobernantes actuales. En el intento de “Defender Israel a toda costa” es muy probable que algunos de estos funcionarios sobrepasen la línea del espionaje en tiempo de guerra.

El Presidente Bush ha declarado que es un “Presidente de tiempo de guerra”- EEUU está implicado oficialmente en una guerra colonial de agresión contra el pueblo Iraquí. En estas circunstancias, el espionaje en tiempo de guerra es un delito capital… incluso si los agentes de espionaje son israelíes. No es de extrañar que la máquina de propaganda sionista e israelí esté trabajando sin descanso para socavar la investigación sobre el espionaje.

Después de que fuera anunciado por primera vez por la televisión CBS, el resto de los medios de comunicación dieron destacado espacio a las negaciones israelíes y de AIPAC. Lo que es más grave, la retransmisión de la CBS dañó deliberadamente la investigación del FBI sobre las conexiones entre el Pentágono y AIPAC en el espionaje. El FBI culpa a las revelaciones de CBS respecto a Franklin, cuando este último ya había confesado y estaba trabajando con la FEDS para implicar a AIPAC y a agentes israelíes. Los ideólogos sionistas en los medios de comunicación de EEUU y la prensa israelí tratan de quitar importancia al incidente – primero con las vehementes denegaciones y después reduciendo el caso de traición a una cuestión de intercambio rutinario de información por parte de un único funcionario Gentil “del nivel más bajo”, torpe pero fanáticamente en pro de Israel. Se olvidan de mencionar que fue contratado y dirigido por Douglas Feith y Paul Wolfowitz para que fuera su experto sobre Irán implicado profundamente en el manejo de documentos de alto secreto y en formular la política respecto a Irán.

Los funcionarios israelíes declaran que el Mossad y la inteligencia militar prometieron solemnemente dejar de espiar en los EEUU después del caso de Jonathan Pollard. “Nunca hemos espiado en EEUU desde…”, aducen. En realidad, más de 800 espías israelíes que se hacían pasar por estudiantes de ‘arte’ y turistas fueron expulsados después del 11-S y varios agentes del Mossad que se hacían pasar trabajadores de mudanzas en New Jersey y Tennessee fueron expulsados.

La arrogancia del poder israelí entonces en EEUU, del cual se jactó públicamente Sharon, se basa en gran parte en el sencillo principio abrazado por todo sionista fanático trátese de académicos de la liga Ivy o de criminales neo-fascistas (como Elliot Abrams) es “Lo que es bueno para Israel es bueno para EEUU”. “Bueno para Israel” significa hoy guerras sangrientas de EEUU contra los adversarios de Israel, apoyo incondicional a la expansión y el pillaje israelí en Palestina y ahora espionaje en EEUU por el bien de Israel. Guiados por este eslogan es fácil de ver cómo todo aquello en EEUU que pudiera ser útil para la inteligencia israelí, sean documentos, directivas o debates estratégicos sobre grandes asuntos de tiempo de guerra que tienen lugar en la Casa Blanca, son objetos legítimos para su transmisión a la inteligencia israelí.

Antes que encarar la evidencia, los ideólogos sionistas se han dedicado a ataques ad hominem contra su agente de espionaje como meramente un funcionario de categoría media que no influía en la política. Pasan por alto el hecho de que era el ‘botones’ de sus jefes sionistas que sí verdaderamente hacen política y trabajan con los más altos escalones del estado israelí para ‘coordinar’ la política de EEUU de modo que se acomode a las necesidades de Israel. El poder de la máquina de propaganda Israelí-Sionista estadounidense es tan agobiante que el FBI tuvo que investigar durante 2 años, realizar interminables escuchas telefónicas, videos y fotos, entrevistar a docenas de funcionarios del gobierno y no del gobierno antes de que pudieran prepararse para presentar los cargos. A pesar de ser grabados y fotografiados en el acto de tomar documentos de alto secreto, los funcionarios de AIPAC lo niegan todo y después contratan una ringlera de abogados muy poderosos. Ya los medios de comunicación pro sionistas sugieren que el espionaje Sionista-AIPAC es realmente un caso de ‘manejo ineficiente de documentos sensibles’ – un caso de poner documentos de alto secreto en el buzón equivocado. ¡Talmente!

En menos de dos días los medios de comunicación pro Israel enterraron la historia, y fueron publicados una serie de ‘informes de noticias’ presentando las denegaciones de AIPAC, Israelí ridiculizando a su topo en el Pentágono como un idiota fanático (Haaretz) y lanzando un contraataque cuestionando los motivos de la investigación y el servicio de contraespionaje del FBI. Los medios publicaron historias de “personas enteradas” anónimas que hablaban supuestamente de que el FBI desestimaba los cargos de espionaje sustituyéndolos por cargos por “manejo ineficiente de un documento clasificado” o incluso que simplemente abandonaban el caso por completo. Aducen que el espía que entregó un documento clasificado a intereses israelíes no sabía que era un delito, un caso de error de juicio inocente y bienintencionado. Esta pieza de propaganda ha quedado completamente desacreditada cuando se reveló que el agente israelí (Franklin) confesó y ha estado cooperando con el FBI durante los pasados meses.

Nada captura tanto el poder y la penetrante y corrosiva influencia del aparato EEUU-Sionista sobre la política de EEUU como el silencio absoluto de ambos candidatos principales al encarar un lapso del alto nivel de seguridad y potencialmente dañando la investigación de espionaje. John Kerry, el candidato Demócrata a la zaga de Bush en las encuestas de sondeos rehúsa denunciar los ‘fallos de seguridad’ Sionistas del Pentágono a pesar de que la seguridad nacional figura en el centro de su campaña. La razón está muy clara: Kerry está atado a la máquina política sionista de AIPAC-Israel-Sionistas estadounidenses y está dispuesto a sacrificar la seguridad de EEUU por el voto sionista aún cuando encara el asunto del espionaje israelí en tiempo de guerra.

Los republicanos fueron un paso más allá – enviando a sus principales políticos a una extravagancia política de AIPAC organizada en Nueva York dos días después de que AIPAC fuera citado por el FBI como el intermediario israelí en el pase de documentos secretos. En ningún momento de la historia moderna reciente ningún gobernante ni partido de oposición han confraternizado en festividades públicas con una organización dedicada al espionaje exterior. La explicación es la situación política inaudita y única que existe hoy en EEUU – el poder extraordinario que un estado pequeño y económicamente dependiente ejercita sobre un estado imperial global por medio de sus agentes político-religiosos, organizados y ricos.

Si Israel puede conseguir lo que quiera de sus patriotas sionistas situados en puestos destacados del gobierno de EEUU, entonces ¿por qué se dedica al espionaje? Hay varias explicaciones.

La entrega en mano de documentos por Franklin se puede ver como un movimiento de ahorro de tiempo y mejora de la seguridad. Si lo descubren, los mentores de Franklin pueden simplemente negar estar implicados – estaba actuando por su cuenta, un argumento destacado en la prensa israelí. La idea de Franklin como una especie de ‘incontrolado’ no explica por qué le contrataron, le retuvieron y le encomendaron las tareas delicadas y fue alabado por los sionistas destacados (Feith, Wolfowitz, Ledeen y Abrams) hasta el momento en que fue descubierto. En segundo lugar el documento transferido proporcionaba a Israel información muy oportuna sobre un importante debate de alto nivel: La política de EEUU hacia Irán, más especialmente quien estaba a favor o en contra de un asalto militar contra Teherán. Esto permite a Israel planear su propia estrategia militar sabiendo de antemano la posible respuesta de Washington e instruir a sus más altos colaboradores del Pentágono sobre cómo preparar el terreno para la aceptación de la agresión israelí. Fundamentalmente Israel quería estar en el núcleo de decisión de la Casa Blanca en cada etapa de la estrategia política de Oriente Medio a través de Wolfowitz, Feith y compañía y por medio de informes documentados confidenciales que el Mossad podría analizar directamente. Había ‘necesidad’ de espiar, porque el Mossad no depende meramente de una fuente de información, ni opera solo con un vestigio. Tiene relaciones directas formales e ‘informales’ (de espionaje) con estrategas políticos ‘amistosos’ gubernamentales. Opera en muchos niveles, legales e ilegales, por medio de colaboradores sionistas así como de agentes exteriores, a través de agentes con pasaportes falsos y por medio de sionistas durmientes locales, que pueden ser activados para tareas específicas…

Conclusión:

Las investigaciones y evidencias son generalmente suficientes para proceder con las acusaciones, interrogatorios y persecución de los líderes y tratantes extranjeros en un caso importante de espionaje, especialmente en tiempo de guerra. Miles de inocentes del sur de Asia, Arabes y Musulmanes han sido detenidos y encarcelados con excusas más débiles (“sospechas”). Pero en el caso del espionaje israelí-AIPAC-Pentágono los procesos legales normales son inoperantes.

La cuestión del enjuiciamiento por espionaje depende del poder político - una lucha entre el Estado Israelí apoyado por los candidatos principales a la Presidencia y partidos, las máquinas políticas Sionistas-Americanas y sus acólitos en los medios de comunicación, por una parte y, por otra parte el FBI, el aparato profesional de inteligencia (CIA, DIA), el Fiscal del estado y su personal investigador y muy pocas voces políticas sueltas. Los denominados movimientos progresistas y críticos políticos están extrañamente silenciosos: Aún cuando se declaran en contra de la guerra, fallan en denunciar un caso de espionaje que está íntimamente relacionado con la próxima guerra de Oriente Medio – un ataque israelí contra Irán. ¿Por qué los judíos progresistas no denuncian el espionaje de AIPAC para promover una nueva guerra contra Irán? Una declaración firmada “No en nuestro nombre” los separaría claramente de estos agentes de guerras extranjeras. Tres días después de la denuncia inicial, los medios de comunicación han enterrado la historia. El FBI está demorando cualquier tipo de anuncios. El fiscal está bajo presión política, unilateral y tremenda. La falta de algún tipo de medio de comunicación hace de la república de EEUU un gigante impotente, atado con nudos por enanos maliciosos, incapaz de defenderse, incapaz de definir sus propios intereses políticos. El último informe del FBI nos dice que ese agente israelí confeso se preparaba para dirigir a las autoridades a sus contactos en el gobierno israelí cuando la CBS reventó el caso. ¿Estaba enterada la CBS del peligro para los servicios secretos israelíes y trataba de socavar la investigación? Sin duda se hará algún tipo de declaración oficial, quizás incluso se formulará una acusación contra el funcionario de categoría media por cargos secundarios y el FBI puede incluso atreverse a entrevistar a Wolfowitz y Feith respecto a lo que sabían de la red de espionaje, con consecuencias previsibles. Sin embargo si hubiera algo que vaya más allá de una entrevista, los medios sionistas cargarán con lo de “antisemitismo”, un “Segundo Caso Dreyfuss”, lo que probablemente acabará con la investigación actual.

La lucha ‘subterránea’ entre los sionistas del Pentágono y el aparato de seguridad de EEUU continuará. Si Bush sale reelegido, Wolfowitz probablemente se convertirá en Secretario de Defensa. Si sale elegido Kerry, el sionista en el armario, Richard Holbrooke, se hará cargo del Pentágono.

Los ciudadanos norteamericanos tendrán que enfrentarse a una grave pregunta: Si los servicios de seguridad son incapaces de defender nuestro país del espionaje en los puestos de altura – ¿Qué es lo que hay que hacer?

En cualquier caso nosotros nos enfrentamos a un inminente ataque militar contra Irán diseñado y promovido por los sionistas, que es probable que lleve a una conflagración general que sólo puede beneficiar a los neofascistas que dirigen el estado de Israel. Y ustedes tienen miedo de que les llamen antisemitas por oponerse al espionaje de Israel y a las guerras regionales.
 

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