miércoles, 30 de noviembre de 2011

La máquina de matar: el Che Guevara, de Agitador Comunista a Marca Capitalista




La máquina de matar: el Che Guevara, de Agitador Comunista a Marca Capitalista

El Che Guevara, quien hizo tanto (¿o tan poco?) por destruir al capitalismo, es en la actualidad la quintaesencia de una marca capitalista. Su semblante adorna jarros de café, caperuzas, encendedores, llaveros, billeteras, gorras de béisbol, tocados, bandadas, musculosas, camisetas deportivas, carteras finas, jeans de denim, té de hierbas, y por supuesto esas omnipresentes remeras con la fotografía, tomada por Alberto Korda, del galán socialista luciendo su boina durante los primeros años de la revolución, en el instante en que el Che de casualidad se introdujo en el visor del fotógrafo-y en la imagen que, treinta y ocho años después de su muerte, constituye aún el logotipo del revolucionario (¿o del capitalista?) "chic". Sean O''Hagan sostuvo en The Observer que existe incluso un jabón en polvo con el eslogan "El Che lava más blanco."
Los productos del Che son comercializados por grandes corporaciones y por pequeñas empresas, tales como la Burlington Coat Factory, la cual difundió un comercial televisivo presentando a un joven en pantalones de fajina luciendo una remera del Che, o la Flamingo''s Boutique en Union City, Nueva Jersey, cuyo propietario respondió a la furia de los exiliados cubanos locales con este argumento devastador: "Yo vendo lo que la gente desea comprar." Los revolucionarios también se unieron a este frenesí de productos-desde "The Che Store", que vende provisiones, hasta el sitio que atiende "todas sus necesidades revolucionarias" en Internet, y el escritor italiano Gianni Minà, quien le vendió a Robert Redford los derechos cinematográficos del diario del Che sobre su juvenil viaje alrededor de América del Sur en el año 1952 a cambio de poder acceder al rodaje del film Diarios de Motocicleta y de que Minà pudiese producir su propio documental. Para no mencionar a Alberto Granado, quien acompañó al Che en su viaje de juventud y ahora asesora documentalistas, y que se quejaba hace poco en Madrid, según el diario El País, ante un Rioja y un magret de pato, de que el embargo estadounidense contra Cuba le dificulta el cobro de los derechos de autor. Para llevar a la ironía más lejos: el edificio en el cual nació Guevara en la ciudad de Rosario, Argentina, un espléndido inmueble de comienzos del siglo veinte sito en la esquina de las calles Urquiza y Entre Ríos, se encontraba hasta hace poco ocupado por la administradora de fondos de jubilaciones y pensiones privada Máxima AFJP, una hija de la privatización de la seguridad social argentina en la década de 1990.
La metamorfosis del Che Guevara en una marca capitalista no es nueva, pero la marca viene experimentando un renacimiento-un renacimiento especialmente destacable, dado que el mismo tiene lugar años después del colapso político e ideológico de todo lo que Guevara representaba. Esta suerte inesperada se debe sustancialmente a Diarios de Motocicleta, la película producida por Robert Redford y dirigida por Walter Salles. (Es una de las tres películas más importantes sobre el Che ya realizadas o actualmente en rodaje en los últimos dos años; las otras dos han sido dirigidas por Josh Evans y Steven Soderbergh.) Hermosamente rodada en paisajes que claramente han eludido los efectos erosivos de la polución capitalista, el film exhibe al joven en un viaje de auto-descubrimiento a medida que su conciencia social en ciernes tropieza con la explotación social y económica, lo que va preparando el terreno para la reinvención del hombre a quien Sartre llamara alguna vez el ser humano más completo de nuestra era.
Pero para ser más preciso, el actual renacimiento del Che se inició en 1997, en el trigésimo aniversario de su muerte, cuando cinco biografías abrumaron las librerías y sus restos fueron descubiertos cerca de una pista de aterrizaje en el aeropuerto de Vallegrande, en Bolivia, después de que un general boliviano retirado, en una revelación espectacularmente oportuna, indicara la ubicación exacta. El aniversario volvió a centrar la atención en la famosa fotografía de Freddy Alborta del cadáver del Che tendido sobre una mesa, escorzado, muerto y romántico, luciendo como Cristo en un cuadro de Mantegna.
Es usual que los seguidores de un culto no conozcan la verdadera historia de su héroe. (Muchos rastafaris renunciarían a Haile Selassie si tuviesen alguna idea de quien fue en realidad.) No sorprende que los seguidores contemporáneos de Guevara, sus nuevos admiradores post-comunistas, también se engañen a sí mismos al aferrarse a un mito-excepto los jóvenes argentinos que corean una expresión de rima perfecta: "Tengo una remera del Che y no sé por qué."
Considérese a algunos de los individuos que recientemente han blandido o invocado el retrato de Guevara como un emblema de justicia y rebelión contra el abuso de poder. En el Líbano, unos manifestantes que protestaban en contra de Siria ante la tumba del ex primer ministro Rafiq Hariri portaban la imagen del Che. Thierry Henry, un jugador de fútbol francés que juega para el Arsenal, en Inglaterra, se apareció en una importante velada de gala organizada por la FIFA, el organismo del fútbol mundial, vistiendo una remera roja y negra del Che. En una reciente reseña publicada en The New York Times sobre Land of the Dead de George A. Romero, Manohla Dargis destacaba que "el mayor impacto aquí puede ser el de la transformación de un zombi negro en un virtuoso líder revolucionario," y agregó: "Creo que el Che en verdad vive, después de todo."
El héroe del fútbol Maradona ostentó el emblemático tatuaje del Che en su brazo derecho durante un viaje en el que se reunió con Hugo Chávez en Venezuela. En Stavropol, al sur de Rusia, unos manifestantes que reclamaban los pagos en efectivo de los beneficios del bienestar social tomaron la plaza central con banderas del Che. En San Francisco, City Lights Books, el legendario hogar de la literatura beat, invita a los visitantes a una sección dedicada a América Latina en la cual la mitad de los estantes se encuentra ocupada por libros del Che. José Luis Montoya, un oficial de policía mexicano que combate el crimen relacionado con las drogas en Mexicali luce una vincha del Che porque ella lo hace sentirse más fuerte. En el campo de refugiados de Dheisheh, en la margen occidental del río Jordán, los afiches del Che adornan un muro que le rinde tributo a la Intifada. Una revista dominical dedicada a la vida social en Sydney, Australia, enumera a los tres invitados ideales en una cena: Alvar Aalto, Richard Branson, y el Che Guevara. Leung Kwok-hung, el rebelde elegido a la junta legislativa de Hong Kong, desafía a Beijing al vestir una remera del Che. En Brasil, Frei Betto, consejero del Presidente Lula da Silva y encargado del programa de alto perfil "Hambre Cero," afirma que "deberíamos prestarle menos atención a Trotsky y mucha más al Che Guevara." Y lo más estupendo de todo, en la ceremonia de este año de los Premios de la Academia, Carlos Santana y Antonio Banderas interpretaron la canción principal del film Diarios de Motocicleta: Santana se presentó luciendo una remera del Che y un crucifijo. Las manifestaciones del nuevo culto del Che están por todas partes. Una vez más el mito está apasionando a individuos cuyas causas en su mayor parte representan exactamente lo opuesto de lo que era Guevara.

Ningún hombre carece de algunas cualidades atenuantes. En el caso del Che Guevara, esas cualidades pueden ayudarnos a medir el abismo que separa a la realidad del mito. Su honestidad (quiero decir: honestidad parcial) significa que dejó testimonio escrito de sus crueldades, incluido lo muy malo, aunque no lo peor. Su coraje-que Castro describió como "su manera, en los momentos difíciles y peligrosos, de hacer las cosas más difíciles y peligrosas"-significa que no vivió para asumir la plena responsabilidad por el infierno de Cuba. El mito puede decir tanto acerca de una época como la verdad. Y es así que gracias a los propios testimonios que el Che brinda de sus pensamientos y de sus actos, y gracias también a su prematura desaparición, podemos saber exactamente cuan engañados están muchos de nuestros contemporáneos respecto de muchas cosas.
Guevara puede haberse enamorado de su propia muerte, pero estaba mucho más enamorado de la muerte ajena. En abril de 1967, hablando por experiencia, resumió su idea homicida de la justicia en su "Mensaje a la Tricontinental": "El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar". Sus primeros escritos se encuentran también sazonados con esta violencia retórica e ideológica. A pesar de que su ex novia Chichina Ferreyra duda de que la versión original de los diarios de su viaje en motocicleta contenga la observación de "siento que mis orificios nasales se dilatan al saborear el amargo olor de la pólvora y de la sangre del enemigo," Guevara compartió con Granado en esa temprana edad esta exclamación: "¿Revolución sin disparar un tiro? Estás loco." En otras ocasiones el joven bohemio parecía incapaz de distinguir entre la frivolidad de la muerte como un espectáculo y la tragedia de las victimas de una revolución. En una carta a su madre en 1954, escrita en Guatemala, donde fue testigo del derrocamiento del gobierno revolucionario de Jacobo Arbenz, escribió: "Aquí estuvo muy divertido con tiros, bombardeos, discursos y otros matices que cortaron la monotonía en que vivía".
La disposición de Guevara cuando viajaba con Castro desde México a Cuba a bordo del Granma es capturada en una frase de una carta a su esposa que redactó el 28 de enero de 1957, no mucho después de desembarcar, publicada en su libro Ernesto: Una Biografía del Che Guevara en Sierra Maestra: "Estoy en la manigua cubana, vivo y sediento de sangre". Esta mentalidad había sido reforzada por su convicción de que Arbenz había perdido el poder debido a que había fallado en ejecutar a sus potenciales enemigos. En una carta anterior a su ex novia Tita Infante había observado que "Si se hubieran producido esos fusilamientos, el gobierno hubiera conservado la posibilidad de devolver los golpes". No sorprende que durante la lucha armada contra Batista, y luego tras el ingreso triunfal en La Habana, Guevara asesinara o supervisara las ejecuciones en juicios sumarios de muchísimas personas-enemigos probados, meros sospechados y aquellos que se encontraban en el lugar equivocado en el momento equivocado.
En enero de 1957, tal como lo indica su diario desde la Sierra Maestra, Guevara le disparó a Eutimio Guerra porque sospechaba que aquel se encontraba pasando información: "Acabé con el problema dándole un tiro con una pistola del calibre 32 en la sien derecha, con orificio de salida en el temporal derecho...sus pertenencias pasaron a mi poder". Más tarde mató a tiros a Aristidio, un campesino que expresó el deseo de irse cuando los rebeldes siguieran su camino. Mientras se preguntaba si esta victima en particular "era en verdad lo suficientemente culpable como para merecer la muerte," no vaciló en ordenar la muerte de Echevarría, el hermano de uno de sus camaradas, en razón de crímenes no especificados: "Tenía que pagar el precio." En otros momentos simularía ejecuciones sin llevarlas a cabo, como un método de tortura psicológica.
Luis Guardia y Pedro Corzo, dos investigadores que se encuentran trabajando en Florida en un documental sobre Guevara, han obtenido el testimonio de Jaime Costa Vázquez, un ex comandante del ejército revolucionario conocido como "El Catalán," quien sostiene que muchas de las ejecuciones atribuidas a Ramiro Valdés (futuro ministro del interior de Cuba) fueron responsabilidad directa de Guevara, debido a que Valdés se encontraba bajo sus ordenes en las montañas. "Ante la duda, mátalo" fueron las instrucciones del Che. En vísperas de la victoria, según Costa, el Che ordenó la ejecución de un par de docenas de personas en Santa Clara, en Cuba central, hacia donde había marchado su columna como parte de un asalto final contra la isla. Algunos de ellos fueron muertos en un hotel, como ha escrito Marcelo Fernándes-Zayas, otro ex revolucionario que después se convertiría en periodista (agregando que entre los ejecutados había campesinos conocidos como casquitos que se habían unido al ejército simplemente para escapar del desempleo).
Pero la "fría máquina de matar" no dio muestra de todo su rigor hasta que, inmediatamente después del colapso del régimen de Batista, Castro lo pusiera a cargo de la prisión de La Cabaña. (Castro tenía un buen ojo clínico para escoger a la persona perfecta para proteger a la revolución contra la infección.) San Carlos de La Cabaña es una fortaleza de piedra que fue utilizada para defender a La Habana contra los piratas ingleses en el siglo dieciocho; más tarde se convirtió en un cuartel militar. De una manera que evoca al escalofriante Lavrenti Beria, Guevara presidió durante la primera mitad de 1959 uno de los periodos más oscuros de la revolución. José Vilasuso, abogado y profesor en la Universidad Interamericana de Bayamón en Puerto Rico, quien pertenecía al grupo encargado del proceso judicial sumario en La Cabaña, me dijo recientemente que
"El Che dirigió la Comisión Depuradora. El proceso se regía por la ley de la sierra: tribunal militar de hecho y no jurídico, y el Che nos recomendaba guiarnos por la convicción. Esto es: "Sabemos que todos son unos asesinos, luego proceder radicalmente es lo revolucionario". Miguel Duque Estrada era mi jefe inmediato. Mi función era de instructor. Es decir legalizar profesionalmente la causa y pasarla al ministerio fiscal, sin juicio propio alguno. Se fusilaba de lunes a viernes. Las ejecuciones se llevaban a cabo de madrugada, poco después de dictar sentencia y declarar sin lugar (de oficio) la apelación. La noche más siniestra que recuerdo se ejecutaron siete hombres".
Javier Arzuaga, el capellán vasco que les brindaba consuelo a aquellos condenados a morir y que presenció personalmente docenas de ejecuciones, habló conmigo recientemente desde su casa en Puerto Rico. Ex sacerdote católico de setenta y cinco años de edad, quien se describe como "más cercano a Leonardo Boff y a la Teología de la Liberación que al ex cardenal Cardinal Ratzinger," Arzuaga recuerda que
"La cárcel de La Cabaña se mantuvo llena a rebosar. Sobre 800 hombres hacinados en un espacio pensado para no más de 300: militares batistianos o miembros de algunos de los cuerpos de la policía, algunos "chivatos", periodistas, empresarios o comerciantes. El juez no tenía por qué ser hombre de leyes; sí, en cambio, pertenecer al ejército rebelde, al igual que los compañeros que ocupaban con él la mesa del tribunal. Casi todas las vistas de apelación estuvieron presididas por el Che Guevara. No recuerdo ningún caso cuya sentencia fuera revocada en esas vistas. Todos los días yo visitaba la "galera de la muerte", donde permanecían los prisioneros desde que eran sentenciados a muerte. Corrió la voz de que yo hipnotizaba a los condenados antes de salir para el paredón y que por eso se daban tan fáciles las cosas, sin escenas desagradables, y el Che Guevara dio orden de que nadie fuera conducido al paredón sin que yo estuviera presente. Yo asistí a 55 fusilamientos hasta el mes de mayo, cuando me fui. Eso no quiere decir que no se siguiera fusilando. Herman Marks era un americano, se decía que era prófugo de la justicia. Lo llamábamos "el carnicero" porque gozaba gritando "pelotón, atención, preparen, apunten, fuego". Conversé varias veces con el Che con el fin de interceder por determinadas personas. Recuerdo muy bien el caso de Ariel Lima que era menor de edad, pero fue inflexible. Lo mismo puedo decir de Fidel Castro, a quien acudí también en dos ocasiones con igual propósito. Sufrí un trauma. A finales de mayo me sentía mal y se me recomendó abandonar la parroquia de Casa Blanca, dentro de cuyos límites se encontraba La Cabaña y que yo había atendido en los últimos tres años. Me fui a México para un tratamiento. Cuando nos despedíamos, el Che Guevara me dijo que nos habíamos llevado bien, tratando los dos de sacar el otro de su campo para atraerlo al de uno. "Hemos fracasado los dos. Cuando nos quitemos las caretas que hemos llevado puestas, seremos enemigos frente a frente".
¿Cuánta gente fue asesinada en La Cabaña? Pedro Corzo ofrece una cifra de unos doscientos, similar a la proporcionada por Armando Lago, un profesor de economía retirado que ha compilado una lista de 179 nombres como parte de un estudio de ocho años sobre las ejecuciones en Cuba. Vilasuso me dijo que cuatrocientas personas fueron ejecutadas entre el mes de enero y fines de junio de 1959 (fecha en el que el Che dejó de estar a cargo de La Cabaña). Los cables secretos enviados por la Embajada de los Estados Unidos en La Habana al Departamento de Estado en Washington hablan de "más de 500." Según Jorge Castañeda, uno de los biógrafos de Guevara, un católico vasco simpatizante de la revolución, el fallecido Padre Iñaki de Aspiazú, hablaba de setecientas victimas. Félix Rodríguez, un agente de la CIA quien fue parte del equipo a cargo de la captura de Guevara en Bolivia, me dijo que él encaró al Che después de su captura respecto de "las dos mil y pico" ejecuciones por las que fue responsable durante su vida. "Dijo que todos eran agentes de la CIA y no se refirió a la cifra," recuerda Rodríguez. Las cifras más altas pueden incluir ejecuciones que tuvieron lugar en los meses posteriores a la fecha en que el Che dejó de estar a cargo de la prisión.
Lo cual nos trae de regreso a Carlos Santana y a su elegante indumentaria del Che. En una carta abierta publicada en El Nuevo Herald el 31 de marzo de este año, el gran músico de jazz Paquito D''Rivera reprochó a Santana su vestuario en la ceremonia de los Premios Oscar, y agregó: "Uno de esos cubanos fue mi primo Bebo, preso allí precisamente por ser cristiano. El me cuenta siempre con amargura cómo escuchaba desde su celda en la madrugada los fusilamientos sin juicio de mucho que morían gritando "¡Viva Cristo Rey!".

El ansia de poder del Che tenía otras maneras de expresarse además del asesinato. La contradicción entre su pasión por viajar-una especie de protesta contra las limitaciones del estado-nación-y su impulso por convertirse en un estado esclavizante en relación a otras personas es patético. Al escribir acerca de Pedro Valdivia, el conquistador de Chile, Guevara reflexionaba: "Pertenecía a esa clase especial de hombres a los que la especie produce de vez en cuando, en quienes un anhelo por el poder ilimitado es tan extremo que cualquier sufrimiento para lograrlo parece natural." Podría haber estado describiéndose así mismo. En cada etapa de su vida adulta, sus megalomanía se manifestaba en el impulso depredador por apoderarse de las vidas y de la propiedad de otras personas, y de abolir su libre voluntad.
En 1958, después de tomar la ciudad de Sancti Spiritus, Guevara intento sin éxito imponer una especie de sharia, regulando las relaciones entre los hombres y las mujeres, el uso del alcohol, y el juego informal, un puritanismo que no caracterizaba precisamente su propia forma de vida. Les ordenó también a sus hombres que asaltaran bancos, una decisión que justificó en una carta a Enrique Oltuski, un subordinado, en noviembre de ese año: "Las masas que luchan están de acuerdo con asaltar a los bancos porque ninguno de ellos tiene un centavo en los mismos." Esta idea de la revolución como una licencia para reasignar la propiedad según le conviniese condujo al puritano marxista a apoderarse de la mansión de un emigrante tras el triunfo de la revolución.
El impulso de desposeer a los demás de su propiedad y de reclamar la propiedad del territorio de otros fue central a la política opresiva de Guevara. En sus memorias, el líder egipcio Gamal Abdel Nasser cuenta que Guevara le preguntó cuántas personas habían abandonado su país debido a la reforma agraria. Cuando Nasser replicó que ninguna, el Che contestó enojado que la manera de medir la profundidad del cambio es a través del número de individuos "que sienten que no hay lugar para ellos en la nueva sociedad." Este instinto depredador alcanzó un apoteosis en 1965, cuando empezó a hablar, como Dios, acerca del "Hombre Nuevo" que él y su revolución crearían.
La obsesión del Che con el control colectivista lo llevó a colaborar en la formación del aparato de seguridad que fue establecido para subyugar a seis millones y medio de cubanos. A comienzos de 1959, una serie de reuniones secretas tuvo lugar en Tarará, cerca de La Habana, en la mansión a la cual el Che temporalmente se retiró para recuperarse de una enfermedad. Allí fue donde los líderes principales, incluido Castro, diseñaron al estado policíaco cubano. Ramiro Valdés, subordinado del Che durante la guerra de guerrillas, fue puesto al mando del G-2, un cuerpo inspirado en la Cheka. Angel Ciutah, un veterano de la Guerra Civil española enviado por los soviéticos que había estado muy cerca de Ramón Mercader, el asesino de Trotsky, y que más tarde entablaría amistad con el Che, desempeñó un papel fundamental en la organización del sistema, junto con Luis Alberto Lavandeira, quien había servido al jefe en La Cabaña. El propio Guevara se hizo cargo del G-6, el grupo al que se le encomendó el adoctrinamiento ideológico de las fuerzas armadas. La invasión respaldada por los EE.UU. de Bahía de Cochinos en abril de 1961 se convirtió en la ocasión perfecta para consolidar al nuevo estado policíaco, con el acorralamiento de decenas de miles de cubanos y una nueva serie de ejecuciones. Como el mismo Guevara le expresó al embajador soviético Sergei Kudriavtsev, los contrarrevolucionarios nunca "volverían a levantar su cabeza."
"Contrarrevolucionario" es el término que se le aplicaba a cualquiera que se apartara del dogma. Era el equivalente comunista de "hereje." Los campos de concentración eran una forma en la cual el poder dogmático era empleado para suprimir el disenso. La historia le atribuye al general español Valeriano Weyler, el capitán general de Cuba a finales del siglo diecinueve, haber empleado por vez primera a la palabra "concentración" para describir la política de cercar a las masas de potenciales opositores-en su caso a los simpatizantes del movimiento independentista cubano-con alambre de púas y empalizadas. Qué irónico (y apropiado) que los revolucionarios de Cuba más de medio siglo después continuasen con esta tradición local. Al principio, la revolución movilizó a voluntarios para construir escuelas y para trabajar en los puertos, plantaciones, y fábricas-todas ellas exquisitas oportunidades fotográficas para el Che el estibador, el Che el cortador de caña, el Che el fabricante de telas. No pasó mucho tiempo antes de que el trabajo voluntario se volviese un poco menos voluntario: el primer campamento de trabajos forzados, Guanahacabibes, fue establecido en Cuba occidental hacia el final de 1960. Así es como el Che explicaba la función desempeñada por este método de confinamiento: "A Guanahacabibes se manda a la gente que no debe ir a la cárcel , la gente que ha cometido faltas a la moral revolucionaria de mayor o menor grado...es trabajo duro, no trabajo bestial".
Este campamento fue el precursor del confinamiento sistemático, a partir de 1965 en la provincia de Camagüey, de disidentes, homosexuales, victimas del SIDA, católicos, Testigos de Jehová, sacerdotes afro-cubanos, y otras “escorias” por el estilo, bajo la bandera de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP). Hacinados en autobuses y camiones, los "desadaptados" serían transportados a punta de pistola a los campos de concentración organizados sobre la base del modelo de Guanahacabibes. Algunos nunca regresarían; otros serían violados, golpeados, o mutilados; y la mayoría quedarían traumatizados de por vida, como el sobrecogedor documental de Néstor Almendros Conducta Impropia se lo mostrara al mundo un par de décadas atrás.
De esta manera, la revista Time parece haber errado en agosto de 1960 cuando describió a la división del trabajo de la revolución con una nota de tapa presentando al Che Guevara como el "cerebro," a Fidel Castro como el "corazón" y a Raúl Castro como el "puño." Pero la percepción revelaba el papel crucial de Guevara en hacer de Cuba un bastión del totalitarismo. El Che era de alguna manera un candidato improbable para la pureza ideológica, dado su espíritu bohemio, pero durante los años de entrenamiento en México y en el periodo resultante de la lucha armada en Cuba emergió como el ideólogo comunista locamente enamorado de la Unión Soviética, en gran medida para molestia de Castro y de otros que eran esencialmente oportunistas dispuestos a utilizar cualquier medio necesario para ganar poder. Cuando los aspirantes a revolucionarios fueron arrestados en México en 1956, Guevara fue el único que admitió que era un comunista y que estaba estudiando ruso. (Habló abiertamente de su relación con Nikolai Leonov de la Embajada Soviética.) Durante la lucha armada en Cuba, forjó una férrea alianza con el Partido Socialista Popular (el partido comunista de la isla) y con Carlos Rafael Rodríguez, un jugador importante en la conversión del régimen de Castro al comunismo.

Esta fanática disposición convirtió al Che en una parte esencial de la "sovietización" de la revolución que se había jactado reiteradamente de su carácter independiente. Muy poco después de que los barbudos llegaran al poder, Guevara participó de negociaciones con Anastas Mikoyan, el vice primer ministro soviético, quien visitó Cuba. Le fue confiada la misión de promover las negociaciones soviético-cubanas durante una visita a Moscú a finales de 1960. (La misma fue parte de un largo viaje en el cual la Corea del Norte de Kim Il Sung fue el país que "más" le impresionó.) El segundo viaje a Rusia de Guevara, en agosto de 1962, fue aún más significativo, en razón de que el mismo selló el acuerdo para convertir a Cuba en una cabeza de playa nuclear soviética. Se reunió con Khrushchev en Yalta para finalizar los detalles sobre una operación que ya se había iniciado y que involucraba la introducción en la isla de cuarenta y dos misiles soviéticos, la mitad de los cuales estaban armados con ojivas nucleares, así como también lanzadores y unos cuarenta y dos mil soldados. Tras presionar a sus aliados soviéticos sobre el peligro de que los Estados Unidos pudiesen descubrir lo que estaba aconteciendo, Guevara obtuvo garantías de que la marina soviética intervendría-en otras palabras, de que Moscú estaba preparada para ir a la guerra.
Según la biografía de Guevara de Philippe Gavi, el revolucionario había alardeado que "su país se encuentra deseoso de arriesgarlo todo en una guerra atómica de inimaginable capacidad destructiva para defender un principio." Apenas después de finalizada la crisis de los misiles cubanos-cuando Khrushchev renegó de la promesa hecha en Yalta y negoció un acuerdo con los Estados Unidos a espaldas de Castro que incluía la remoción de los misiles estadounidenses de Turquía-Guevara dijo a un periódico comunista británico: "Si los cohetes hubiesen permanecido, los hubiésemos utilizado a todos y dirigido contra el mismo corazón de los Estados Unidos, incluida Nueva York, en nuestra defensa contra la agresión." Y un par de años más tarde, en las Naciones Unidas, fue leal a las formas: "Como marxistas hemos sostenido que la coexistencia pacífica entre las naciones no incluye a la coexistencia entre los explotadores y el explotado."

Guevara se distanció de la Unión Soviética en los últimos años de su vida. Lo hizo por las razones equivocadas, culpando a Moscú por ser demasiado blando ideológica y diplomáticamente, y hacer demasiadas concesiones-a diferencia de la China maoísta, a la cual llegó a ver como un refugio de la ortodoxia. En octubre de 1964, un memo escrito por Oleg Daroussenkov, un funcionario soviético cercano a él, cita a Guevara diciendo: "Les pedimos armas a los checoslovacos; y nos rechazaron. Luego se las pedimos a los chinos; dijeron que sí en pocos días, y ni siquiera nos cobraron, declarando que uno no le vende armas a un amigo." En realidad, Guevara se resintió por el hecho de que Moscú le estaba solicitando a otros miembros del bloque comunista, incluida Cuba, algo a cambio de su colosal ayuda y de su apoyo político. Su ataque final contra Moscú llegó en Argelia, en febrero de 1965, en una conferencia internacional en la que acusó a los soviéticos de adoptar la "ley del valor," es decir, el capitalismo. Su ruptura con los soviéticos, en síntesis, no fue un grito en favor de la independencia. Fue un alarido al estilo de Enver Hoxha en aras de la total subordinación de la realidad a la ciega ortodoxia ideológica.
El gran revolucionario tuvo una oportunidad de poner en práctica su visión económica - su idea de la justicia social- como director del Banco Nacional de Cuba y del Departamento de Industria del Instituto Nacional de la Reforma Agraria a fines de 1959, y, desde principios de 1961, como ministro de industria. El periodo en el cual Guevara estuvo a cargo de la mayor parte de la economía cubana atestiguó el cuasi colapso de la producción de azúcar, el fracaso de la industrialización y la introducción del racionamiento-todo esto en el que había sido uno de los cuatros países económicamente más exitosos de América Latina desde antes de la dictadura de Batista.
Su tarea como director del Banco Nacional, durante la cual imprimió billetes que llevaban la firma "Che," ha sido sintetizada por su asistente, Ernesto Betancourt: "Encontré en el Che una ignorancia absoluta de los principios más elementales de la economía". Los poderes de percepción de Guevara respecto de la economía mundial fueron muy bien expresados en 1961, durante una conferencia hemisférica celebrada en Uruguay, donde predijo una tasa de crecimiento para Cuba del 10 por ciento "sin el menor temor," y, para 1980, un ingreso per capita mayor que el de "los EE.UU. en la actualidad." En verdad, hacia 1997, el trigésimo aniversario de su muerte, los cubanos se encontraban bajo una dieta consistente en una ración de cinco libras de arroz y una libra de frijoles por mes; cuatro onzas de carne dos veces al año; cuatro onzas de pasta de soja por semana; y cuatro huevos por mes.
La reforma agraria le quitó tierra al rico, pero se la dio a los burócratas, no a los campesinos. (El decreto fue redactado en la casa del Che.) En el nombre de la diversificación, el área cultivada fue reducida y la mano de obra disponible distraída hacia otras actividades. El resultado fue que entre 1961 y 1963, la cosecha se redujo a la mitad: apenas unos 3,8 millones de toneladas métricas. ¿Se justificaba este sacrificio por el fomento de la industrialización cubana? Desdichadamente, Cuba carecía de materias primas para la industria pesada, y, como una consecuencia de la redistribución revolucionaria, no contaba con una moneda sólida con la cual adquirirlas-o incluso adquirir los productos básicos. Para 1961, Guevara estaba teniendo que dar explicaciones embarazosas a los trabajadores en la oficina: "Nuestros camaradas técnicos en las compañías han producido una pasta dental... tan buena como la anterior; limpia exactamente lo mismo, a pesar de que después de un tiempo se vuelve una piedra." Para 1963, todas las esperanzas de industrializar a Cuba fueron abandonadas, y la revolución aceptó su rol de proveedora colonial de azúcar al bloque soviético a cambio de petróleo para cubrir sus necesidades y para revenderlo a otros países. Durante las tres décadas siguientes, Cuba sobreviviría en base a un subsidio soviético de más o menos entre $65 mil millones y $100 mil millones.

Habiendo fracasado como héroe de la justicia social, ¿merece Guevara un lugar en los libros de historia como un genio de la guerra de guerrillas? Su mayor logro militar en la lucha contra Batista-la toma de la ciudad de Santa Clara después de emboscar un tren con pesados refuerzos-es seriamente cuestionado. Numerosos testimonios indican que el conductor del tren se rindió de antemano, acaso tras aceptar sobornos. (Gutiérrez Menoyo, quien dirigía un grupo guerrillero diferente en esa área, está entre aquellos que han criticado la historia oficial de Cuba sobre la victoria de Guevara.) Inmediatamente después del triunfo de la revolución, Guevara organizó ejércitos guerrilleros en Nicaragua, la República Dominicana, Panamá, y Haití-todos los cuales fueron aplastados. En 1964, envió al revolucionario argentino Jorge Ricardo Masetti a su muerte al persuadirlo de que montase un ataque contra su país natal desde Bolivia, justo después de que la democracia representativa había sido restablecida en la Argentina.
Particularmente desastrosa fue la expedición al Congo en 1965. Guevara se alió con dos rebeldes-Pierre Mulele en el oeste y Laurent Kabila en el este-contra el desagradable gobierno congoleño, el cual era sostenido por los Estados Unido, por mercenarios sudafricanos y exiliados cubanos. Mulele había tomado posesión de Stanleyville antes de ser repelido. Durante su reinado de terror, tal como lo ha escrito V.S. Naipaul, asesinó a todos aquellos que podían leer y a todos los que vestían una corbata. Respecto del otro aliado de Guevara, Laurent Kabila, se trataba meramente de un perezoso y un corrupto por aquel entonces; pero el mundo descubriría en los años 90 que también él era una máquina de matar. En cualquier caso, Guevara se pasó gran parte de 1965 ayudando a los rebeldes en el este antes de abandonar el país de manera ignominiosa. Poco tiempo después, Mobutu llegó al poder e instaló una tiranía de décadas. (En los países latinoamericanos, de Argentina al Perú, las revoluciones inspiradas en el Che tuvieron el mismo resultado practico de reforzar el militarismo brutal durante muchos años.)
En Bolivia, el Che fue nuevamente derrotado, y por última vez. Malinterpretó la situación local. Una reforma agraria había tenido lugar unos años antes; el gobierno había respetado muchas de las instituciones de las comunidades campesinas; y el ejército era cercano a los Estados Unidos a pesar de su nacionalismo. "Las masas campesinas no nos ayudan en absoluto" fue la melancólica conclusión de Guevara en su diario boliviano. Aún peor, Mario Monje, el líder comunista local, quien no tenía estómago para una guerra de guerrillas tras haber sido humillado en los comicios, condujo a Guevara hacia una ubicación vulnerable en el sudeste del país. Las circunstancias de la captura del Che en la quebrada del Yuro, poco después de reunirse con el intelectual francés Régis Debray y el pintor argentino Ciro Bustos, ambos arrestados cuando abandonaban el campamento, fueron, como gran parte de la expedición boliviana, cosa de aficionados.
Guevara fue ciertamente audaz y corajudo, y rápido para organizar la vida en base a principios militares en los territorios bajo su control, pero no era un General Giap. Su libro La Guerra de Guerrillas enseña que las fuerzas populares pueden vencer a un ejército, que no es necesario aguardar a que se den las condiciones necesarias ya que un foco insurreccional puede provocarlos, y que el combate debe tener lugar principalmente en el campo. (En su receta para la guerra de guerrillas, reserva también para las mujeres el rol de cocineras y enfermeras.) Sin embargo, el ejército de Batista no era un ejército sino un corrupto manojo de matones carente de motivación y sin mucha organización; los focos guerrilleros, con la excepción de Nicaragua, terminaron todos en cenizas para los foquistas, y América Latina se ha vuelto urbana en un 70 por ciento en estas últimas cuatro décadas. Al respecto, también, el Che Guevara fue un cruel alucinado.
En las últimas décadas del siglo diecinueve, Argentina tenía la segunda tasa de crecimiento más grande del mundo. Hacia la década de 1890, el ingreso real de los trabajadores argentinos era superior al de los trabajadores suizos, alemanes, y franceses. Para 1928, ese país ocupaba el duodécimo lugar en el mundo en cuanto a su PBI per capita. Ese logro, que las siguientes generaciones arruinarían, se debió en gran medida a Juan Bautista Alberdi.
Al igual que Guevara, a Alberdi le gustaba viajar: caminó a través de las pampas y de los desiertos de norte a sur a los catorce años de edad, rumbo a Buenos Aires. Como Guevara, Alberdi se oponía a un tirano, Juan Manuel Rosas. Igual que Guevara, Alberdi tuvo la oportunidad de influir sobre un líder revolucionario en el poder-Justo José de Urquiza, quien derrocó a Rosas en 1852. Como Guevara, Alberdi representó al nuevo gobierno en giras mundiales, y murió en el exterior. Pero a diferencia del viejo y nuevo predilecto de la izquierda, Alberdi nunca mató una mosca. Su libro, Bases y puntos de partida para la organización de la República Argentina, fue la base de la Constitución de 1853 que limitó el Estado, abrió el comercio, alentó la inmigración y aseguró los derechos de propiedad, inaugurando de ese modo un periodo de setenta años de asombrosa prosperidad. No se entremetió en los asuntos de otras naciones, oponiéndose a la guerra de su país contra Paraguay. Su semblante no adorna el abdomen de Mike Tyson.

Este trabajo fue originalmente publicado en inglés por la revista The New Republic bajo el titulo de The Killing Machine: Che Guevara, from Communist Firebrand to Capitalist Brand, en sus ediciones del 11 y 18 de julio de 2005.
 
 

Joe Vialls - Rusia Lista Para Vaporizar al Estado Judío




Rusia lista para vaporizar al Estado Judío

por  J o e   V i a l l s  
28 Octubre 2003

Primera Parte

…Y luego patear a Norteamérica fuera de los
yacimientos petrolíferos del hemisferio Oriental


   "Cuando el fin venga finalmente para Israel, todo ocurrirá en microsegundos. Volando más rápido que las balas de un rifle, los Sunburn se dirigirán a Tel Aviv y Haifa a dos veces la velocidad del sonido, detonando en una deslumbrante y blanca llamarada de 200 Kilotones diseñada para transformar toda vegetación, animal y mineral en calor y luz al instante.

   Durante la Guerra Fría de los años sesenta, la única cosa que detuvo a los psicópatas rusos o norteamericanos de tomar el mundo entero fue la doctrina de la Destrucción Mutua Asegurada [MAD], donde un ICBM (Misil Balístico Inter Continental) múltiple lanzado por Norteamérica sobre Rusia o viceversa, llevaría automáticamente a una respuesta "Doomsday" (Día del Juicio Final) de la nación bajo ataque. La destrucción mutua de Norteamérica y Rusia estaba garantizada por ello, provocando casi treinta años de desconocida paz y quietud, causada solamente por el miedo nuclear mutuo.

   Hace aproximadamente un mes, Rusia invocó discretamente de nuevo el MAD, pero esta vez en el Medio Oriente, en respuesta directa a las histéricas amenazas israelitas de atacar nuclearmente a Irán con misiles norteamericanos tipo Harpoon, lanzados desde submarinos. Silenciosamente y con el mínimo de alboroto, Rusia desplegó sus más avanzados misiles nucleares tácticos y personal necesario en Siria y en Irán, enviando así una señal diplomática inequívoca de que si Israel ataca a Teherán o a Damasco con armas nucleares, Rusia podría en respuesta al instante y anónimamente vaporizar el Estado judío.

   Ésta no es una amenaza vaga o exagerada. El tipo del proyectil ruso desplegado en Siria e Irán es el P270 Moskit [Mosquito], conocido en los círculos de la OTAN como el SS-N-22 "Sunburn", descrito hace un tiempo por la representante Dana Rohrabacher como "el misil ruso anti navíos más peligroso de la flota rusa y ahora en la flota china".

   La versión de este misil transportado por naves es lanzada desde un set de cuatro tubos montados en cubierta, pero desde que Rohrabacher hizo sus comentarios, Rusia ha adaptado el "Sunburn" para lanzamiento sumergido desde submarinos, lanzamiento aéreo desde los Sukhoi 27 y lanzamiento individual desde superficie montados en camiones modificados. Hoy día, los expertos occidentales de defensa inequívocamente clasifican todas las versiones del Sunburn como "los misiles más peligrosos en el mundo."

   Para ver exactamente cómo los Zionists nos guían a este punto de llamaradas nucleares, es necesario remontarse unos años atrás, para descubrir cómo el Estado judío gestionó la adquisición de las alemanas y sofisticadas plataformas de lanzamiento desde submarinos y el misil nuclear norteamericano Harpoon, permitiendo así que un manojo de dementes psicópatas religiosos en Tel Aviv llevaran al Medio Oriente y quizás al mundo entero, al borde mismo de la guerra termonuclear.

   Alrededor de 1989 Israel estaba intentando reemplazar su obsoleta flota submarina del tipo Gal, gimoteando al mismo tiempo que no tenía los fondos para hacerlo. Predeciblemente quizás, el Estado judío estaba buscando una mano tendida. No habiendo podido extraer estos artículos de los grandes boletos de regalos de Norteamérica, en 1991 Israel volvió su vista a Alemania, en deuda moral perpetua con el sionismo debido al brillante manejo de la altamente exitosa Industria del Holocausto.

   Después de un patético y corto período de muñequeo sionista en Berlín, Alemania estuvo de acuerdo en construír y proporcionar los primeros dos submarinos de la clase Dolphin gratis y extender un préstamo a Israel por un tercero. Naturalmente este préstamo nunca fue reembolsado, significando así, que los contribuyentes alemanes habían, sin saberlo, formado completamente la flota submarina israelita, diseñada de fábrica para lanzar misiles con cargas nucleares desde los tubos de torpedo especialmente diseñados.

   Obtener los mortales misiles Harpoon norteamericanos fue relativamente fácil. Durante décadas los contribuyentes norteamericanos, sin saber, han proporcionado suficiente munición "para gastar" al Estado judío para aplastar al pueblo Palestino en su propio país, y el misil Harpoon está clasificado como munición para gastar. Lo cual significa que el Harpoon cae dentro de la misma categoría genérica que las balas de fusiles y granadas de mano, por lo cual Washington continuó adelante y le regaló al Estado judío más de cincuenta misiles Harpoon con capacidad nuclear.

   Las ojivas nucleares para estos proyectiles pueden no ser norteamericanas, sino hechas en casa, producto de Dimona (Centro Nuclear de Israel), pero no importando el origen, Israel tenía que dar a conocer que la capacidad nuclear era real. Para eso, ningún punto es importante en una amenaza nuclear si no se puede apoyarla con músculo nuclear real. Esto se logró al dejar fluír a gotas la información, a través de recursos de alto perfil de los medios de comunicación israelitas, que inicialmente empastaron la información por Internet. Esto completó la fase uno del ejercicio la cual, entonces, tuvo que ser seguida rápidamente por una declaración casi-oficial de negación absoluta. Piensen cuidadosamente sobre esto, amigos, piensen muy cuidadosamente sobre esto.

   Si Damasco o Teherán se convirtieran de pronto en luz y calor, los israelitas serían acusados inmediatamente, en primer lugar debido a sus amenazas del alto-perfil dadas a conocer a gotas y en segundo lugar debido a su conocido odio a cualquier cosa remotamente relacionada con el Islam o con los Árabes. No tendríamos que esperar mucho para escuchar esta "registrada" declaración de negación, la cual fue emitida menos de 24 horas después de la amenaza inicial.

   Está por demás asegurado que los Harpoon norteamericano-israelíes son nucleares y que los sionistas tienen toda la intención de usarlos en Teherán y Damasco si creen que pueden escapar de ellos. Las personas peligrosas hacen cosas peligrosas en tiempos peligrosos y no hay nada más peligroso que un atado de fanáticos religiosos con sus espaldas al mediterráneo, enfrentando la destrucción inminente de Sión. La economía israelí está en jirones, los emigrantes judíos están huyendo de Israel en manadas y el principal apoyo sionista [Norteamérica] se está quedando rápidamente sin dinero efectivo y armas gratis.

   Rusia ha tenido conocimiento de todos los avances de los planes nucleares de Israel por varios meses y la única pregunta que el Kremlin enfrentaba era qué disuasivo se podría usar de su enorme arsenal nuclear para desplegarlo en el Medio Oriente. Al mismo tiempo, Rusia estaba igualmente determinada a enviar una señal muy fuerte a Norteamérica: señal que estaba también diseñada para hacer pensar mucho y profundamente a los cruzados sionistas antes de que ellos tomaran alguna acción más agresiva contra las ex repúblicas soviéticas y Corea del Norte.

La opción del disuasivo para el Medio Oriente era fácil, porque los rusos ya sabían del temor de los norteamericanos por el SS-N-22 que la Armada norteamericana había intentado comprar de la Armada rusa en septiembre del 1995. En una carta el Vicealmirante Bowes escribió al Comandante en jefe ruso, Almirante Gromov: "Aprecio la oportunidad de llevar a usted el interés de la Armada de Estados Unidos de adquirir todas las variantes del misil Anti-navío supersónico nave-nave, SS-N-22 'Sunburn' para pruebas y evaluación". El temor desnudo de Norteamérica quedó de manifiesto ante esta imparable arma, pero los rusos predeciblemente se negaron a venderla.

   Si los israelíes deciden atacar nuclearmente a Teherán o Damasco, existen sólo pequeñas dudas en que algunos de sus misiles Harpoon llegarán a su blanco, aunque esto sólo sea probablemente el elemento de sorpresa. El Harpoon norteamericano-israelí todavía es vulnerable a los sistemas defensivos porque es un proyectil subsónico relativamente viejo, impulsado por una pequeña máquina Teledyne turbofan. Detectable por el radar, volando relativamente alto, a alrededor de 300 pies de altitud,y con un rango de sólo 65 millas, el Harpoon puede ser destruído por uno de los sistemas diferentes de puntos de defensa. Pero independientemente de estas notables limitaciones y como previamente se declaró, algunos alcanzarían sus blancos en Damasco o Teherán. Y eso, señoras y señores, será cuando las reales pirotecnias comenzarán. Dentro de segundos se retirarán los cubridores de varios camiones rampas, dispersos en lugares ocultos actualmente, revelando así el metal sin brillo de los tubos de lanzamiento de los Sunburn.

   Mientras tanto las patas estabilizadoras hidráulicas se afianzarán en tierra y los tubos de lanzamiento se elevarán hasta la posición de disparo, los especialistas rusos de artillería confirmarán las coordenadas designadas del blanco, previamente programadas; entonces entregarán el control de disparo al comando central de fuego, reteniendo así la autoridad la unidad "hombre muerto" para disparar desde allí si es completamente necesario.

   Cada Sunburn será disparado desde su lanzador cabalgando en la cola candente de un cohete propulsor, mientras su ramjet especial se enciende en etapas para amortiguar el envión. Entonces rápidamente descenderá a una altitud de crucero indetectable de aproximadamente 60 pies, y cada proyectil acelerará a Mach 2.2 [1.520 mph] en menos de 30 segundos, con un tiempo del vuelo total de Damasco a Tel Aviv de alrededor de tres minutos.

   Cuando finalmente alcance su blanco en Israel, todo será destruído en microsegundos.

   Volando más rápidamente que las balas de un fusil, Sunburn se acercará a Tel Aviv y Haifa a dos veces la velocidad del sonido, detonando en un blanco flash deslumbrante de llamaradas de 200 Kilotones diseñadas para transformar al instante vegetales, animales y minerales en calor y luz.
   Si yo fuese un general israelita que enfrenta esta respuesta "día del juicio final" en mi esposa, mi familia y mi sinagoga, no lanzaría ningún Harpoon, pero entonces no sería un fanático religioso obsesionado con asesinar musulmanes y robar sus tierras. Desgraciadamente, leer las mentes de lunáticos certificados es del todo imposible, por ello lo mejor que yo puedo sugerir es que quizás los israelíes lanzarán sus misiles y quizás ellos no quieren hacerlo.

   Lo peor de todo para los sionistas sobrevive en Washington y Nueva York, y es que si los rusos son obligados a lanzar su contragolpe contra Israel, será ciento por ciento negable. A diferencia de Israel y sus públicas amenazas de atacar nuclearmente a Irán, Rusia no ha amenazado a nadie en absoluto. Ya que Sunburn vuela debajo del horizonte, no puede detectarse o ser registrado por el radar y un agujero de 200-kilotones en el medio de Tel Aviv no entregará ninguna pista. Muy probablemente los rusos copiarán a los norteamericanos y culparán a un "estado malvado" de ficción como Irán, Pakistán o Corea del Norte.

   Los Sunburn desplegados en Siria e Irán no son los únicos que les causan, actualmente, repetidas pesadillas a los sionistas. Aunque los rusos se negaron a vender el SS-N-22s al Vice Almirante Bowes en 1995, ellos mas tarde hicieron una venta pública por más de 100 Sunburn a los chinos, que los montaron en fragatas y corbetas que estacionaron cerca de Taiwán. Así, en el 2001, ambas Flotas del Pacífico, rusas y chinas, estaban totalmente provistas con más de 200 Sunburn, todos y cada uno de ellos fácilmente capaces de hundir un portaaviones norteamericano.

¿Qué está pasando en Rusia?




Estos últimos días los medios de comunicación están hablando mucho sobre la actualidad en Rusia. El motivo ha sido el enfrentamiento entre el presidente ruso Vladimir Putin y uno de los oligarcas más influyentes en ese país, Mijail Jodorkovsky. Los medios de comunicación están presentando el asunto como una disputa más de las muchas que hay entre un Gobierno y un empresario demasiado poderoso que mete sus narices en política, pero en el caso ruso, hay algo más que eso.

Para entender lo que está pasando en Rusia hay que dar un salto atrás en el tiempo. Vayamos a finales del siglo diecinueve, cuando el movimiento comunista estaba en plena ebullición en la Rusia zarista. Prácticamente todos los miembros del movimiento eran judíos, llegando un comando terrorista judío a asesinar al zar Alejandro II en un atentado. Los judíos intentan justificar esta elevada proporción de sus miembros entre el movimiento comunista como una "reacción defensiva" contra la política antisemita de los zares. Por supuesto, si se les pregunta el motivo por el cual los zares hacían políticas antisemitas, los judíos se encogen de hombros."No lo sabemos", te dirán, "seguramente los zares eran unos locos fanáticos que odiaban a los judíos sin motivo. Era odio irracional".

Desde luego los zares, como el resto de los gobernantes europeos, tenían motivos para ser antisemitas, y todavía más cuando descubrieron a los judíos como promotores y líderes del Comunismo. Y no fue una reacción defensiva debido a que el Zar se portara mal con ellos. En Alemania el Kaiser estaba siendo muy amable con los judíos en esa misma época y la proporción de judíos en el Comunismo alemán era parecida a la que había en Rusia. El Comunismo fue un plan cuidadosamente ideado por el Judaismo para, con la ayuda de la escoria Gentil, hacerse con el poder en toda Europa, no sólo en Rusia. 

No voy a empezar a citar todas las pruebas de esto, en Internet hay material de sobra para el que le interese. Simplemente citaré que los primeros teóricos comunistas, Karl Marx, Engels, Moses Hess y Lassalle, eran judíos, que los banqueros que financiaron la Revolución Rusa, Warburg, Schiff, Kunh, Loeb y Co y el resto, eran judíos, que los principales jefes comunistas alemanes, Kautsky, Haase, Luxemburgo, Liebneckt,etc. eran judíos y que los principales líderes comunistas rusos, Lenin, Troski, Kamenev, Zinoviev, Rikov...también lo eran (en el caso de Lenin era sólo medio judío)

Aprovechando el caos producido por la Primera Guerra Mundial, los comunistas alemanes y rusos intentaron hacerse con el poder en sus respectivos paises. Los primeros fracasaron, pero los segundos consiguieron su objetivo, tras una guerra civil, convirtiéndose Lenin en el líder indiscutible. Un judío, Victor Ashberg, se convirtió en presidente del primer banco soviético. Otro judío, Trotsky, creó el Ejercito Rojo. Al morir Lenin, se formó un Gobierno de tres personas: Zinoviev(judío), Kamenev(judío) y Stalin. La condición de judío de Stalin no está demostrada aunque hay numerosos indicios de ello, a pesar de su supuesto antisemitismo. Stalin se convirtió en el dictador absoluto de la URSS y, con la ayuda de su principal colaborador, el judío Lazar Kaganovich, masacró a millones y millones de rusos y ucranianos, matándolos de hambre, en campos de concentración o directamente ejecutándolos.

Tras la Segunda Guerra Mundial el Comunismo se extendió por media Europa, la represión continuó siendo dura, aunque menos que en la época de Stalin. En los años setenta los judíos empezaron a darse cuenta de que el fin del Comunismo estaba cerca. La deuda de la URSS con Occidente subió de 9.300 millones de dólares en 1971 a 68.700 en 1979. En ese periodo, su "enemigo" los Estados Unidos acudió tres veces en ayuda de la URSS para salvarla de la bancarrota, prestándole dinero sin interés para comprar trigo y que los rusos no se murieran de hambre. Finalmente decidieron acabar con la farsa. El Comunismo ya había hecho su trabajo. Ya había exterminado a toda la élite de Europa del Este. Ya había arruinado a sus paises. Ya había mantenido dividida a Europa durante bastante tiempo. Ya había provocado caos y revueltas en Europa Occidental. Ya había esparcido su igualitarismo, su antirracismo, su odio antiblanco, su pacifismo, sus drogas, su sexo libre y el resto de su veneno ideológico por todas partes. Los judíos ya le habían sacado todo su jugo al Comunismo y decidieron prescindir de él, convirtiéndose en lo que habían sido siempre, es decir, en grandes capitalistas.

Cuando vieron que la caida del Muro de Berlín era inminente, los judíos en Rusia empezaron a tomar posiciones. De la noche a la mañana, pasaron de partidarios del Comunismo a partidarios de la democracia capitalista, empezando a preparar el proceso de "privatizaciones". Este proceso fue dirigido por dos economistas judíos, Jeffrey Sachs y Yegor Gaidar. Sus medidas económicas provocaron una inflación salvaje en Rusia, provocando la ruina de millones de rusos blancos. Mediante la inflación, el rublo (la moneda rusa) perdió todo su valor, pero su valor respecto al dólar seguía siendo el mismo, así que los rusos empezaron a convertir sus rublos en dólares, provocando la entrada de capital extranjero. Con este proceso, emergieron una serie de oscuros peronajes, conocidos como "oligarcas" que se pusieron en primera linea para recoger las riquezas rusas. Tras las privatizaciones, doce hombres se hicieron con el setenta por ciento de las enormes riquezas naturales de Rusia(gas, petroleo, minerales...). 

De esos doce hombres ocho son judíos. Ellos son Boris Berezovsky, Vladimir Gusinsky, Mikhail Jhodorkovsky, Vitali Malkin, Mikhail Friedman, Alexander Smolensky, Roman Abramovich y Anatoly Chubais. Ocho de doce, ¡¡el sesenta y seis por ciento, en un país donde los judíos son sólo el dos por ciento de la población!! Y no sólo lograron eso. También consiguieron poner a un títere suyo, Boris Yeltsin, como presidente del país, de la misma manera que habían puesto a otro títere suyo, Bill Clinton, en la Casa Blanca. Boris Yeltsin les permitió también dedicarse a la Banca y a los medios de comunicación, llegando los judíos a tener un monopolio absoluto en esas dos materias en los años noventa. También controlan el crimen organizado de ese país, siendo Boris Berezovsky el auténtico Padrino de la mafia "rusa".

Mientras estos doce jerarcas nadan en la abundancia, el pueblo Blanco de Rusia se hunde en la pobreza. Los demógrafos de la ONU han declarado que si la actual situación no se corrige, la población de Rusia y Ucrania habrá descendido un 40% en el año 2.050. Muchos quieren emigrar. Aquí podríamos haberles ayudado pero ya hemos traido a nuestros "hermanos" árabes, mestizos y negros así que ya no hay sitio para los rusos. Bellas muchachas rusas se ven empujadas a la prostitución en Europa Occidental y en Israel, país donde la esclavitud sexual es legal, siempre que la mujer no sea judía. El sueldo medio diario de un ruso en su país es de menos de mil pesetas, bastante menos de lo que cobran en Europa los "pobrecitos" inmigrantes.

El Judaismo internacional está preocupado de que la pobreza de los rusos, unida al control judío del país, provoque una situación parecida a la que tuvo lugar en Alemania en los años veinte, es decir, una reacción brutal contra los judíos. Es difícil prever si algo así puede ocurrir en Rusia, sobre todo teniendo los judíos el monopolio absoluto de los medios de comunicación en ese país, pero es posible que con la llegada del nuevo Presidente ruso las cosas puedan cambiar.

Vladimir Putin demostró desde el principio que no iba a seguir la misma línea de su predecesor. En poco tiempo, ha conseguido echar del país a dos de los jerarcas judíos más poderosos, Boris Berezovsky y Vladimir Gussinsky y ahora ha puesto contra las cuerdas a otro de ellos, Mijail Jodorkovsky. Este oligarca era el dueño de Yukos, la cuarta petrolera del mundo y financia a la oposición política a Putin. El Gobierno ruso le acusa de evasión fiscal y estafa por valor de mil millones de dólares. La petrolera ha reaccionado poniendo al frente a otro judío, Simon Kukes, que tiene asegurada la inmunidad por tener nacionalidad norteamericana.

La pregunta clave en todo este asunto es la siguiente: ¿es realmente Putin un auténtico nacionalista ruso que defiende los intereses de su país y quiere librarlo de la influencia judía?. En primer lugar, hay que decir que ningún medio de comunicación español, europeo o americano se plantea esta pregunta. Ninguno de ellos se refiere a Berezovsky, Gussinsky, Jodorkovsky y el resto como "judios". Siempre que les nombran se refieren a ellos como "rusos". Es difícil contestar a la pregunta, ya que Putin colaboró con judíos al comienzo de su mandato, incluso con el propio Berezovsky. También es poco probable que los Estados Unidos y la Unión Europea se lo permitan. Es posible que simplemente esté buscando aumentar su popularidad ante las próximas elecciones que han de celebrarse en Rusia. Los rusos, por supuesto, odian a estos oligarcas, aunque ignoro si conocen su condición de judíos. Es posible que Putin simplemente esté buscando votos, ya que su partido está muy igualado con el Partido Comunista Ruso en intención de voto. Así de mal están las cosas en Rusia que los rusos están volviendo a hacerse comunistas. Desde luego, el capitalismo no ha sido ninguna solución para ellos, sino para una minoría hostil que lleva chupándoles la sangre durante más de ochenta años.

¿Puede sacarse algo positivo de esta desgracia sin fin que está sufriendo el pueblo Blanco de Rusia? Yo creo que sí. Si las cosas continuan igual en Rusia, es inevitable que se produzca una reacción. Es inevitable que los rusos acaben dándose cuenta de qué es lo que les ha estado pasando durante el último siglo, de quiénes son los culpables. Por lo menos en otros países sí que se están empezando a dar cuenta de qué es lo que les pasa a los rusos. Se ha armado un buen escándalo en Alemania a raíz de la destitución de un general alemán llamado Reinhard Guenzel, que fue despedido tras elogiar un discurso del diputado conservador Martin Hohmann. El diputadó declaró: "El pueblo alemán ha pagado miles de millones por los crímenes del nazismo, me pregunto si los judíos no tienen también una página negra en su historia por la que responder. Hemos visto en qué medida y con qué continuidad los judíos imprimieron su sello en la revolución rusa. Estaría justificado preguntarse también por la responsabilidad de los judíos en los millones de muertes ocurridas en la primera fase de la revolución. Los judíos podrían ser considerados pueblo culpable por su amplia presencia tanto en la cúpula del movimiento revolucionario como en los pelotones de fusilamiento de las checas".

Por supuesto, a los judíos les ha faltado tiempo para ordenar al Ministro de Defensa alemán que destituya al general Guenzel por apoyar este discurso y me sorprende que el diputado que lo pronunció todavía no haya sido encerrado en la cárcel por "incitar al odio". Los judíos han construido un inmenso edifico de mentiras y se ponen histéricos cada vez que alguien provoca una grieta por la que pueda escaparse la verdad. Pensad en lo que ha dicho el diputado alemán, los alemanes llevan pagando durante sesenta años miles de millones al Estado de Israel por el supuesto exterminio de seis millones de judíos durante la Segunda Guerra Mundial, una guerra que el Sionismo Internacional declaró a Alemania en 1.933. Ahora pensad en los millones de rusos y ucranianos que los judíos exterminaron en la antigua Unión Soviética, pensad en todos los sufrimientos que padecieron. No hay dinero en el mundo para compensarlos. Los judíos no sólo no les han pagado un solo céntimo a los rusos tras el derrumbe del Comunismo, sino que ahora los Jodorkovsky, Berezovsky y compañía siguen saqueándoles sin piedad.

Ahora vayamos al caso de Alemania. Al final de la Segunda Guerra Mundial, los bombardeos terroristas de los aliados contra la población civil causaron 600.000 muertos, 620.000 heridos, arrasaron más de dos millones de casas y destrozaron gravemente dos millones y medio más. Al acabar la guerra dieciséis millones de alemanes fueron expulsados de los territorios de Europa del Este en los que vivían, perdiendo todo lo que tenían. Más de dos millones de ellos murieron en el exilio. El saqueo de Alemania, entre valores confiscados, botín de las tropas de ocupación, expropiación de la flota, desmantelamiento de fábricas, etc., etc., ascendió a 670.000 millones de dólares, según cifras de la propia prensa aliada. Miles de patentes de invención fueron robadas a los alemanes por los Aliados. Al terminar la guerra, los rusos utilizaron como trabajadores forzosos a millones de soldados alemanes, prisioneros de guerra. Otro millón y medio de alemanes fueron encerrados en campos de concentración aliados. Los territorios alemanes de Prusia Oriental, Pomerania y Alta Silesia fueron entregados a Polonia y a la URSS tras la guerra. El valor del territorio y de las riquezas naturales de esas tierras era incalculable.

Por supuesto, fueron judíos los que dirigieron todo este proceso de saqueo masivo de Alemania y son los alemanes los que llevan pagando y humillándose ante los judíos durante sesenta años. Por suerte, parece que las cosas parecen empezar a cambiar. Ya no son sólo malvados y locos neonazis los que denuncian al Sionismo. Ahora ya empieza a ser gente importante, como el embajador francés en Inglaterra, el primer ministro de Malasia en la conferencia islámica mundial o un diputado alemán. Los judíos claman al cielo: "¿cómo se atreve un alemán, con todo los que nos han hecho sufrir, a decir eso de nosotros?. Tenemos que acabar con el racismo y con el antisemitismo".

Evidentemente, cuando los judíos dicen eso a lo que se están refiriendo es que "tenemos que acabar con aquellos que pueden explicar la verdad a la gente". Ellos son conscientes de que han construido un edificio de mentiras: la mentira del multiculturalismo, la mentira del igualitarismo, todas las mentiras de la Segunda Guerra Mundial, etc. y tienen miedo de que si alguien hace caer una de sus mentiras, luego caerá otra y luego otra y otra más, hasta que se derrumbe el edificio entero. Por eso han hecho sus leyes "contra el odio", por eso no quieren que nadie sepa cómo controlan Hollywood, a la prensa y al Gobierno americano, por eso no quieren que nadie sepa su papel en la Revolución Rusa y así los libros de texto seguirán diciendo que la Revolución fue la revuelta de los pobres contra los ricos y seguirán refiríendose a Lenin, Trotski y al resto como rusos, no como judíos y por eso no quieren que nadie sepa que los actuales oligarcas que controlan Rusia son judíos.

Yo creo que es inevitable que el edificio se derrumbe. Estamos empezando a ver los síntomas. El conflicto Israel-Palestina y la guerra de Iraq han abierto los ojos a mucha gente. Internet también es un arma importante. Políticos importantes empiezan a hacer declaraciones políticamente incorrectas. Partidos nacionalistas aumentan su poder por toda Europa e incluso los alemanes están empezando a despertar de la pesadilla. Esperemos que los rusos hagan lo mismo lo antes posible.

M.R.


martes, 29 de noviembre de 2011

David Lane - KD REBELDE (Novela)



La novela que presentamos a continuación, KD Rebelde, escrita por el genial líder espiritual wotanista estadounidense David Lane, y luchador del nacionalismo blanco mundial, es un verdadero deleite para el intelecto y un manifiesto político bien endulzado por una bella prosa. Esta novela trata sobre la creación y manejo de un territorio por parte de los odinistas blancos de Estados Unidos, alejados de otras razas y religiones enemigas.

Para cualquier pagano nórdico folkish que cree que el odinismo o wotanismo es una religión étnica nativa y exclusiva de los pueblos germánicos, donde no deben ser admitidos negros, judíos, homosexuales y otros elementos ajenos de la sociedad tradicional vikinga, pues esto es un insulto al señor dios Wotan y demás dioses germanos, la idea de crear un Estado autónomo y soberano, y los consejos que da para sus sostenimiento, son realmente maravillosos.

Más polémica aún es la promoción que hace Lane de la poligamia, algo muy tradicional entre los antiguos vikingos y germanos, y que fue dejada de lado tras el ingreso del cristianismo judaico. Mientras la poligamia garantizaba la pervivencia de la raza y la proliferación de la estirpe, la moral falsa cristiana de origen judío mermó la población racial blanca al reducir su cantidad de hijos debido a la poligamia, que es antinatural, generando diversos males sociales. El hombre está genéticamente predispuesto a la poligamia y por eso se da el adulterio, la infidelidad y otros flagelos sociales, incluyendo madres solteras, hijos extramaritales y similares casos que la moral judeocristiana no ha logrado combatir, pues va contra la naturaleza humana. La captura de mujeres blancas es, también, esencial en una guerra abierta y era vista con naturalidad en la antigüedad como lo era la captura de alimentos y recursos, naturalmente esto no es una apología a la violencia o el secuestro, sino un escenario hipotético dentro de un contexto militar de supervivencia.

Algún día KD Rebelde será al wotanismo y la raza blanca lo que “El Estado Judío” de Theodore Herzl es al judaísmo y la raza hebrea.

KD Rebelde 

David Lane
Prefacio
«Cuando las leyes de los hombres decretan la muerte de tu raza, entonces las leyes de la naturaleza decretan tu rebelión»
--La 10ª réplica.


«La vida de una raza reside en los vientres de sus mujeres. Una raza cuyos hombres no luchan por conservar a sus mujeres está destinada a perecer.»
--Los preceptos.



«Desde tiempo inmemorial los excluídos por el poder han levantado ejércitos con promesas de pillaje, de venganza, y de mujeres.»
--David Lane























Introducción



Estamos a comienzos del siglo XXI, dentro de las fronteras de los antiguos Estados Unidos de América. Generaciones de propaganda sobre «lo oscuro es bello», el incesante fomento del emparejamiento interracial, y programas anti-blancos combinados con una incesante demonización del «malvado macho blanco», han logrado el efecto deseado: las mujeres blancas en edad de procrear o más jóvenes y no emparejadas con no-blancos, constituyen menos del uno por ciento de la población mundial.

Durante décadas y décadas, América había negado a la raza blanca la posesión de sus propias naciones, sus escuelas, organizaciones, y todo lo necesario para su supervivencia racial, a la vez que con fervor fanático fomentaba y presionaba en pro de la mezcla racial.

La aprobación de las "Leyes de la Armonía", que concedían grandes dádivas en efectivo a todas las parejas interraciales con mujer blanca, fueron, para muchos varones blancos desposeídos, la gota que colmó el vaso. Varios miles de ellos, jóvenes la mayoría, emigraron a las Montañas Rocosas de Colorado.

Hacia la época de los sucesos que aquí se narran, estos rebeldes habían consolidado un débil control sobre algunas zonas de Colorado Occidental, Utah, Idaho, Montana y Wyoming. Los rebeldes llaman a estas zonas «Kinsland», y usan las iniciales KD como apelativo abreviado del ejército de guerrilleros de los "Kinsland Defenders", los Defensores de Kinsland.

En vano suplicaron al menguante número de jóvenes blancas que se les unieran, pero con muy pocas excepciones sus angustiosas súplicas eran desdeñosamente rechazadas con las inconscientes consignas del sistema: racista, sexista, intolerante!

Así pues, y puesto que los dos requisitos primordiales para la supervivencia de una raza son territorio y mujeres de cría, la historia se repetía a sí misma.

Unos doce siglos antes, un grupo de arios migró a Escandinavia para escapar de aquella tiránica y universalista religión extranjera de Roma y Judea, negadora de razas. Sólo así podrían conservar viva la suya. Desde Escandinavia salían 'de vikingos', incursionando la ocupada Europa en busca de compañeras, y de las cosas necesarias para la vida.

Los 'kinslanders' del siglo XXI siguieron el ejemplo de sus heróicos antepasados.

La mayoría de los kinslanders eran wotanistas, también llamados odinistas, con una forma de hablar que refleja la religión indígena de la raza blanca en palabras como Midgard (la Tierra), Valhalla (la mansión de los héroes), Noms (la diosa del destino), Hijos de Muspell (la tribu religioso-racial que gobierna el mundo y que ha sentenciado a muerte a la raza blanca), y Skraelings (los no-blancos).

Esta crónica narra un periodo de tiempo en la vida de un grupo de amigos de Kinsland.







Capitulo 1 - Primer día


(El night club)

Las luces del ruidoso club nocturno fueron atenuándose, excepto las que iluminaban el escenario. «Y ahora --proclamó una voz incorpórea-- el 'Palace' se siente orgulloso de presentaros la función principal de la noche, ¡el espectáculo más erótico jamás presenciado por meros mortales!»

Dos jóvenes impactantemente bellas aparecieron sobre el escenario: una rubia escultural, que el locutor presentó como Candy, y una cimbreante morena, de pelo castaño oscuro, llamada Heather. Su vestuario también era un alegre cambio respecto a la cutre y oropelada lencería que llevaban las deprimentes estripers, Skraelings la mayoría, que habían estado botando y chocando entre sí en las actuaciones anteriores.

Faldas de tenis que justamente llegaban a la unión de sus elegantes piernas, unos 'tops' sin mangas anudados al cuello y conjuntados con la faldas, que dejaban ver sus lisos y esbeltos vientres, a la vez que unos calcetinillos cortos y zapatillas deportivas resaltaban su fresco y juvenil aspecto. Daban la impresión de dos saludables chicas casi adolescentes, listas para una excursión deportiva. Otros quizá encontrarían sus encantos evocadores de las animadoras de instituto, dejando vislumbrar sus ágiles miembros y sus florecientes misterios femeninos. La dicotomía entre modestia y tentación era irresistiblemente provocativa.

La audiencia estalló en un tumultuoso aplauso, vulgar, ensordecedor, que empequeñecía a todos los anteriores. Sin embargo la reacción de aquellos dos hombres que se sentaban casi al fondo del humoso club, parecía ser casi de compromiso, la justa para evitar llamar la atención.

Si arriesgaban sus vidas en el interior del territorio del Sistema no era solo por ver un espectáculo de estriptis. El más joven de los dos era bajo y fornido, recién afeitado, vestía vaqueros y camisa deportiva, y aparentaba unos veinticinco. En respuesta al estruendoso aplauso se inclinó acercándose hacia su compañero, comentando:

--Parece que las mujeres blancas siguen siendo las criaturas más deseadas de Midgard, ¿eh, Trebor?

Trebor, un tipo flaco como un látigo, unos quince años mayor, con barba esmeradamente recortada, replicó:

--Sí, las pocas que quedan.

Conforme remitía el estridente alboroto, pudo comenzar a oírse el sonido de una música sensual. Las dos chicas del escenario, a un brazo de distancia una frente a la otra, comenzaron a contonearse al ritmo de la música, en una provocativa danza sexual. No se podían comparar sus innegables y descarados encantos: iguales en belleza, pero con complementadas diferencias, formaban la combinación ideal para el erotismo visual.

La voluptuosa Candy era el epítome de clásica belleza nórdica. Sus largas y lustrosas trenzas, del color del trigo amarillo y maduro, ondeaban libremente alrededor de sus hombros. Su esbelta cintura acentuaba la equilibrada simetría de sus caderas y sus pechos. Su piel dorada, y las perfectamente geométricas curvas de sus pantorrillas y del interior de sus muslos irradiaban ese efecto que hace que a los hombres literalmente les duela de necesidad y de deseo. Era una Afrodita, diosa del amor, el sexo y la lujuria lasciva, reencarnada en su carne, renacida para ordenar, ejecutar y orquestar los primordiales ritos de fertilidad paganos.

Y si Candy era la esencia de Afrodita, entonces Heather era una Virgen Vestal. Su corto cabello castaño envolvía una cara delicada. Una linda nariz y unos expresivos ojos proclamaban su recatada modestia. Su fina figura evocaba la núbil forma de una ninfa, recién pasada la pubertad. Cada una de sus exquisitas pulgadas declaraban la pasión de su primer despertar sexual. Era la inocencia aún infantil, temerosa pero ansiosa, una irresistible invitación al rapto y la desfloración.

Mirándose profundamente a los ojos, la curvilínea pareja comenzó a flirtear. Con las manos íntimamente apoyadas en la cadera de la otra, ejecutaban con sugerentes oscilaciones la primordial canción de sirena de la invitación y consumación de la sensual carnalidad. Siguiendo la música, fueron parodiando ese intemporal juego amatorio del dominio y la sumisión, de seductora y seducida, de cazador y presa, que provoca y subyace bajo la intensa excitación sexual. Realzando la fantasía con el atractivo de lo ilícito, la diosa rubia se reveló como la predadora sexual. Sus manos vagaban sobre los contornos de suave terciopelo de los desnudos costados y espalda de Heather, luego se extraviaban por todas partes, como por casualidad, accidentalmente, rozándola ligeramente sobre los pechos o la cintura

Los impertinentes dedos iban socavando las inhibiciones, manteniendo la pretensión de inocencia.

La liviana Heather interpretaba intachablemente su papel, afectando inseguridad, titubeando si dar la bienvenida o resistirse a las tentadoras y placenteras caricias en otro tiempo prohibidas con alguien de su mismo sexo. Temblaba de ávida pero aprensiva expectación, aguardando intrusiones crecientemente íntimas en el santuario de su anatomía femenina. Como un pájaro delicado y exótico, hipnotizado por una ondulante cobra, era la encantadora imagen de la inocencia, sometida al inmodesto abuso de confianza y la impúdica violación del debido decoro de una doncella.

El joven sentado junto a Trebor preguntó:

--¿Crees que son lesbianas de verdad?

--No, Eric, lo dudaría muchísimo --declaró Trebor.

--Estoy de acuerdo --dijo Eric--, ¿pero porqué estás tan seguro?

Trebor reflexionó un momento, luego expuso:

--Los hombres están programados por la naturaleza para ser unos mirones. El cuerpo de una mujer hermosa, ejecutando esa coreografía primitiva de la excitación y la tentación sexual, es el afrodisíaco más poderoso. Pero los hombres también están programados para sentir celos de otros machos. Así que dos mujeres bailando juntas, sin la amenaza de otro macho, duplican el efecto erótico. A estas chicas les pagan para complacer a una audiencia masculina. A su edad dudo que tengan demasiadas inhibiciones, éso para empezar, pero si las tienen, seguramente las superarán con alguna droga. Te apuesto los ahorros de mi vida a que solo están fingiendo.

--Eso es justamente lo que suponía --asintió Eric, y luego bromeó:-- ¿Qué ahorros de una vida?

Trebor se limitó a responder con un gruñido. No obstante, la pregunta de Eric era más que razonable. Era más que conocido que Trebor donaba casi todo el producto de sus correrías por el territorio del Sistema a las familias necesitadas de Kinsland. Así que era muy dudoso que tuviera ningunos ahorros significativos. Hasta la fecha, al contrario que otros veteranos de KD que ya habían capturado a una esposa, o esposas en plural, Trebor nunca le había quitado tiempo a sus actividades guerrilleras por el placer de una compañía femenina. En vez de éso, incluso mientras estaban hablando, los ojos de Trebor no dejaban de recorrer la estancia, y el joven seguía su ejemplo.

Fingiendo interés en el espectáculo, estudiaban circunspectamente a la muchedumbre, confiando en localizar al propietario, un tal Sidney (Sid) Cohen. Los simpatizantes del KD en la zona de Denver habían señalado a Sid Cohen como posible objetivo de pillaje y justa venganza. Además del Porno Palace, Cohen era propietario de una cadena de tiendas y espectáculos pornográficos. Fuentes fiables habían informado de que Sid era además un importante distribuidor de cocaína que usaba la droga para procurarse y controlar su establo de bailarinas de estriptís. Dado que las estrellas de los establos de Sid eran mujeres blancas, era un objetivo lógico para un justo desquite. Experiencias pasadas habían demostrado que los hombres como Cohen por lo general guardaban en sus casas importantes sumas en efectivo, ocultas a los recaudadores de hacienda. Invariablemente, estos pervertidos podían ser "persuadidos" para revelar la ubicación de su dinero, y la combinación de su caja fuerte si era necesaria.

No parecía que Cohen estuviera en el club en estos momentos, así que el dúo de vengadores se recostó disponiéndose a esperar hasta la hora de cierre.

--¿Qué porcentaje de estos tipos dirías que son blancos? --preguntó Eric a su camarada.

Trebor lo consideró un momento, luego replicó:

--Quizá un veinte por ciento.

--Eso es lo que calculaba yo --asintió el joven, añadiendo--. Esta audiencia seguramente es un reflejo de la América del siglo XXI: un ochenta por ciento de 'negros', mejicanos, orientales, y mestizos.

--Sí, y los medios de comunicación siguen llamándoles minorías --bufó Trebor.

Mientras hablaban, la acción sobre el escenario aumentaba de intensidad. Al antiguo y comprobado estilo de su sexo, Heater presentaba una simbólica resistencia a las intrusiones amorosas de Candy, sabiendo instintivamente que los favores femeninos obtenidos con demasiada facilidad rara vez se atesoran muy profundamente.

Estas sutilezas estaban fuera del alcance de la compresión de los zafios espectadores, que no obstante respondían con salvaje aprobación al drama que se desarrollaba ante ellos.

Siempre era Candy la agresora, la que iniciaba cada nuevo paso para desvelar las femeninas intimidades. La coquetos y abochornados contoneos del flexible cuerpo de Heather traicionaban su creciente urgencia por probar la melosa fruta de los placeres prohibidos. Cada una procedía a ir desvistiendo a la otra con artística elegancia. Los pícaros pechos de Heather, aunque menos prominentes que los orbes de la pechugona Candy, estaban proporcionados a la perfección con su esbelta figura, y eran igual de impresionantes. Sus respingones pezones se proyectaban excitados desde sus tentadoras areolas, suplicando silenciosamente que los tocaran, probaran y saborearan.

El efecto de tal increíble belleza, realzado por su duplicidad, revelado ahora en toda su esplendorosa gloria, era tan excitante de pura y primitiva lujuria que el público gemía colectivamente de deseo y admiración. Eric aprovechó un momento de relativa quietud para comentar.

--Es lo mejor que he visto en mi vida.

--Y confiemos en que sea la última de estas actuaciones suyas aquí --refunfuñó Trebor.

--Pero si has dicho que no hacían más que fingir --protestó Eric, suponiendo que el comentario de Trebor significaba que las expectativas de vida de las dos chicas acababan de acortarse a unas horas como mucho.

--Y están fingiendo. Hablaba de estas chicas blancas exhibiendo sus dones a los Skraelings.

La conversación dejó a Eric aún más inseguro sobre las intenciones de Trebor. En el pasado su camarada había sido absolutamente implacable en el exterminio de los machos blancos traidores a su raza, pero se había mostrado compasivo hacia las mujeres blancas extraviadas a menos que su traición fuera excepcionalmente flagrante. A las mujeres descarriadas había que capturarlas, llevarlas a Kinsland, reeducarlas y embarazarlas. De hecho, tal era en estos momentos el procedimiento estándar del KD.

Sobre el escenario el repertorio de las chicas había cambiado, para delicia de los vulgares espectadores, desde la sutil y sugerente seducción hasta una cruda obscenidad. Heather había abandonado hasta la última pizca de modestia, la última pretensión de sus inhibiciones. Cabalgando la pasión sellaba su propia depravación, incitando a la rubia mujer fatal a abusar de su contorsionado cuerpo, provocándola con embestidas de pelvis y coquetos remeneos de su perfecto trasero.

Candy exploraba cada pulgada de los prisioneros encantos de la morena con manos ahora desprovistas de cualquier ternura. Estaba más cerca de la violación que del amor. Sus ansiosas manos violaban los anteriormente recatados encantos de la chica tomándose las libertades más indecentemente intrusivas. Enseguida el exquisito cuerpo de la morena se retorcía en un aparente delirio, puntuado con gemidos de éxtasis, y concluyendo con los involuntarios espasmos de un intenso orgasmo.

El espectáculo se había terminado. Las chicas se separaron y saludaron al público con la mano, en respuesta al atronador aplauso. La gente arrojaba una cascada de billetes arrugados sobre el escenario.

Mientras las chicas recogían el dinero y sus ropas, un hombre bajo de mediana edad, de pelo rizado y estropajoso, saltó al escenario.

--Ése es Cohen --dijo Trebor. El amenazante tono de su voz era casi palpable.

Con un micrófono de mano, Cohen exhortó al público a que dedicaran otro aplauso a las chicas. Por fin, él y ellas salieron del escenario, hacia lo que parecía ser un camerino. Las luces recuperaron su luminosidad y los gorilones porteros comenzaron a apresurar a los clientes a que fueran saliendo.

....

(Esperando a Sid)

Eric y Trebor se mezclaron con la muchedumbre y luego deambularon indiferentemente hacia su coche. Hacía algo menos de dos horas que habían entrado y maniobrado el inocuo sedán de 4 puertas y color oscuro que usaban hasta un hueco al fondo del aparcamiento del "Porno Palace" de Sid. Habían elegido un sitio que les permitiera tener una buena vista tanto de la entrada principal del edificio como de la lateral.

Como siempre que los KD operaban en territorio del Sistema, conducían un coche robado y llevaban en el maletero un surtido de placas de matrícula afanadas. Desde que comenzaron a instalarse sistemas de identificación informáticos en casi todos los vehículos policiales, ningún miembro de la resistencia se atrevía a pasar ni siquiera por un control rutinario de las autoridades. Robaban vehículos del tipo que menos llamara la atención, se aseguraban de que los faros, las luces traseras, las de freno y los intermitentes funcionaran bien, y respetaban todas las señales de tráfico.

En las raras ocasiones en que a pesar de todo a un soldado de los KD le hacían señales de que que parara, fuera con sirenas, luces o por megáfono, la única opción era combatir. El procedimiento estándar era parar de inmediato, saltar fuera con el rifle de asalto, y neutralizar totalmente al enemigo, para a continuación o bien cambiar las matrículas, o bien abandonar el vehículo. No tenía ningún sentido intentar correr más que las radios o los helicópteros.

En los asientos traseros, debajo de una manta, había dos mochilas con raciones de emergencia, agua y botiquines de primera ayuda, por si acaso era necesario abandonar el vehículo. También ocultos bajo la manta había dos rifles de calibre 308 y chalecos antibalas. Los chalecos tenían bolsillos a medida para cargadores de munición extra, tanto para los rifles como para las pistolas de 9mm que los incursionadores del KD ocultaban en el cuerpo.

Trebor desbloqueó la puerta del conductor mientras Eric usaba su propia llave para entrar por el lado del copiloto. Todos los miembros de una misión debían llevar siempre llaves de todos los vehículos, por si acaso debían separarse, o por si moría el conductor. Como siempre, la luz interior estaba desconectada para permitir entrar y salir por la noche sin ser vistos. Tras ponerse los chalecos bajo la vestimenta exterior se relajaron, afectando ése curioso aire de aparente despreocupación tan común entre los combatientes veteranos, pero sus ojos vigilantes seguían siempre alerta por aparecía la policía, por si surgía cualquier cosa inusual, y especialmente por si Sid Cohen salía de su hortera club nocturno. Eric, a pesar de su juvenil apariencia, había participado en numerosas incursiones durante los últimos seis años. El aspecto de su compañero era igualmente engañoso. Vestido en anchos pantalones grises y un jersey azul, fácilmente podía pasar por un doctor o por un profesor de instituto. En realidad era uno de los más temidos y respetados defensores del KD de toda Kinsland. Experto en varias de las más útiles disciplinas y artes marciales, y absolutamente implacable con sus enemigos, sus hazañas eran legendarias.

Eric aún seguía intrigado sobre las intenciones de Trebor para Candy y Heather. Mientras pasaban el rato esperando a Cohen, que sin duda estaría contando las ganancias de la noche, abordó el tema de forma tangencial.

--Si tenemos que impedir que esas chicas vuelvan a actuar, ¿como vamos a conseguir su dirección? --preguntó.

--Mr. Cohen nos la dirá.

Cuando el tema era el rey del porno, el ominoso tono en la voz de Trebor no disminuía ni un ápice. Unos cuantos años antes, Eric se habría estremecido pensando en lo que le aguardaba a Sid Cohen en las próximas horas, pero a estas alturas estaba acostumbrado a cuál era el destino de sus enemigos.

--¿Y cuanto tengamos la dirección de las chicas? --insistió Eric.

--Entonces no aseguraremos de que no exhiban nunca más sus encantos a los Skraelings.

--Vale, ¿cómo, maldita sea? --Eric sabía que Trebor se estaba haciendo el lerdo a propósito, era su manera de tomar el pelo al camarada más joven. La pregunta era, ¿iban a capturar a las chicas, o a ejecutarlas?

Trebor fingió ponderar la cuestión durante interminables momentos, luego opinó:

--Tengo que reconocer que esas dos podrían hacerme algunos bebés muy guapos.

--¡Fantástico! --se entusiasmó Eric--. Ya era hora de que cumplieras con tus deberes reproductivos.

Eric no tenía ningún interés en la pareja para sí mismo, porque tenía el corazón puesto en una chica de instituto que Trebor había acordado ayudarle a capturar para él. Los informantes del KD la habían seleccionado como posible candidata. Era una chica bonita, desgraciadamente convertida en una bruja por el veneno universalista. Sus profesores, padres, los medios y todas las influencias de su vida le habían enseñado que estaba muy bien, que era incluso preferible para la chicas blancas salir y emparejarse con los Skraelings. Debía ser salvada de su propia locura antes de que fuera demasiado tarde.

....

(La presa hace aparición)

Hacia las dos y cuarto, 15 minutos más tarde de la hora de cierre prescrita por las leyes de Colorado para los establecimientos que sirven bebidas alcohólicas, el aparcamiento había quedado vacío, excepto el coche de los comandos del KD y una ostentosa limusina aparcada justo delante de la entrada lateral del Palace. Casi enseguida la puerta se abrió y emergió una mole de hombre, un bruto de origen racial indefinido, seguido de Sidney y, para sorpresa de los incursioneadores, de Candy y Heather. El enorme hombre, a quien Eric enseguida apodó «el monstruo», era aparentemente el chófer y guardaespaldas. Abrió deferentemente las puertas traseras a los otros tres, y luego ocupó su sitio en el asiento del conductor.

Para los hombres del KD Sidney tenía un aspecto ridículo, como un vanidoso pavo real, con pantalones ajustados, camisa abierta y abundante y chillona joyería adornando su regordete cuerpo. Las chicas por su parte, a esa distancia, parecían quinceañeras, vestidas en vaqueros de diseño y blusas de seda.

La limusina arrancó hacia Federal Boulevard y se dirigió al sur, pasando junto a sórdidos bares, moteles cutres y todo ese feo miasma de las ciudades americanas de principios del siglo XXI. Los comandos lo siguieron a media manzana de distancia. Mantener a la vista a su presa sin ser detectados tendría su intríngulis, pero dado que sus contactos de la zona de Denver no habían sido capaces de localizar, en la oficina del Registro del condado de Denver, ninguna residencia privada escriturada a nombre de Sidney Cohen, no tenían más remedio que seguirle.

En la 6ª Avenida la limusina giró al oeste, y luego al sur en Wadsworth.

--Ah --murmuró Trebor--, al condado de Jefferson. Los Dioses están con nosotros.

El condado de Jefferson se extendía muchas millas al oeste de Denver, siempre hacia las montañas. El camino de vuelta a casa sería relativamente sencillo.

Eric se figuró, tras el comentario de Trebor, que iba ser una noche larga. A pesar de la meticulosa planificación que Trebor hacía de sus incursiones guerrilleras, también parecía creer en los presagios. Si decía que los Dioses estaban con ellos, entonces es que probablemente lo estaban. O quizá simplemente era que la fortuna favorecía a los osados.

Entretanto, en la limusina, no todo era felicidad. Aunque era el día de paga para las chicas, lo que significaba que les darían su provisión semanal de cocaína y varios cientos de dólares en efectivo, su jornada laboral no había terminado. Aun les quedaba la sesión privada que Sidney les exigía en los días de paga, una vez a la semana.

Sidney tampoco estaba del todo feliz, aunque tenía muchas ganas de someter a sus vicios a las dos chicas blancas. El club no había estado lleno a tope, y los ingresos disminuían. Culpaba a las dos chicas, que para conseguir mejores pagas se resistían y no consentían en repetir en público las actuaciones más viciosas que les exigía en sus sesiones privadas, entre ellas el sexo oral y penetraciones con órganos masculinos simulados. Bueno esta noche -se prometió a sí mismo- iban a pagar por su obstinación, o se acabaron los bonitos polvos blancos. Su deporte favorito era azotar mujeres desnudas mientras estaban atadas e indefensas en posturas totalmente expuestas.

(La mansión de Sid)

El 'monstruo' giró hacia el exclusivo barrio de Green Gables. Para estas fechas, a últimos de abril, las inmaculadas praderas de césped estaban empezando a ponerse verdes, conforme la tardía primavera iba llegando a los altos de la ciudad. Mansiones palaciegas en enormes predios se alzaban a cien yardas una de la otra, separadas por árboles, arbustos y verjas privadas, convirtiendo cada residencia en una especie de feudo aislado. La limusina giró hacia una larga pista de entrada, delimitada por arbustos. Al cuarteto, cada uno ensimismado en sus propios pensamientos, ni tan siquiera se le ocurrió echar una mirada a sus espaldas, donde un discreto sedan atravesaba tranquilamente la entrada. Ni tampoco vieron cómo el coche paraba apartado unas cuantas yardas fuera de la pista, oculto de la vista tras los matorrales.

--Este coche barato da demasiado el cante --fue el primer comentario de Trebor.

--¿Por qué no salgo y hago un reconocimiento a pie? Tú ve a algún sitio y vuelve en quince minutos --sugirió Eric.

Estuvieron de acuerdo. Eric desapareció tras los arbustos y Trebor se dirigió hacia una zona más inocua. Esto le dió tiempo a reflexionar.

Era el saber que la belleza de la mujer aria blanca podría quizá muy pronto desaparecer para siempre de la tierra, lo que le impulsaba a combatir. Y aún así, a pesar de todo lo que había hecho para preservar su imagen, llevaba catorce años sin disfrutar de los favores de una mujer. Sobre Candy y Heather no se hacía ninguna ilusión. Dado lo notablemente hermosas que eran, serían un buen material de cría, pero poco más, al menos hasta después de un largo periodo de reeducación y disciplina.

Las últimas jóvenes blancas que quedaban en territorio del Sistema vivían en un lujo hedonista, ni tan siquiera soñado por un monarca británico de hace dos siglos. Drogas, coches, papeles televisivos, dinero y adulación, todo se volcaba en sus regazos mientras las invenciones del hombre blanco, desde lavadoras a hornos microondas eliminaban la necesidad del trabajo. Las mujeres no renunciarían voluntariamente a tales placeres y lujos, sin importar cuán ansiosamente pudieran suplicárselo los hombres blancos. Este era el motivo de que los secuestros fueran su único recurso. Indudablemente esta pareja estaría incluso más malcriada y sería más egoísta que la mayoría. Tendría que ser severo e inflexible con su reeducación y disciplina, algo que no estaba en su naturaleza con las mujeres. Y aún así, no podía soportar la idea de que esta belleza genética no se propagara. Suspiró profundamente y se dirigió de vuelta a encontrarse con Eric.

Justo antes de la pista de entrada a la casa de Cohen, Eric le hizo señas de que se agachara.

--Sí, los Dioses están con nosotros --dijo entusiasmado--. Es una casa enorme tipo rancho, con un garaje anexo para cuatro coches. El 'monstruo' comenzaba a salir hace cinco minutos, pero ha tenido un fatal accidente --Eric dió unos golpecitos a su cuchillo sonriendo ampliamente, y Trebor se rió apagadamente. Eric continuó--. En el piso de arriba tienen las luces apagadas pero he oído música por las ventanas. Hay un poco de luz, parece que viene del hueco de la escalera del sótano. Ningún perro. Hay un sistema de alarma antirrobo. El patio trasero está rodeado de una verja para privacidad. ¡Vamos a hacerlo!

(Dentro)

Momentos después los dos silenciosos avatares de la venganza reptaban silenciosamente alrededor del exterior del enorme garaje. Trebor acarreaba un kit de acampada lleno de herramientas y medidores. Ambos iban armados con pistolas de 9mm y cuchillos afilados como navajas de afeitar.

Eric observó a través de las ventanas y alrededor del perímetro del patio mientras Trebor hacía su magia con el sistema de alarma. Había sido un antiguo instructor de electrónica en la universidad de Red Rocks, así que para el más veterano de ambos comandos el saltarse alarmas no era problema, solo requería tiempo y paciencia.

Veinte minutos más tarde, la pareja de arios estaba dentro de la casa, de pie en la cocina más grande que Eric hubiera visto aparte de en un centro comercial. La música, si es que uno podía llamar música a ese ruido primitivo, no estaba tan alta como le había parecido antes, pero seguía siendo suficiente para enmascarar cualquier ligero sonido que produjeran al moverse.

Como Eric había conjeturado, la poca luz que se veía venía de las escaleras de bajada al sótano. Fueron descendiendo pulgada a pulgada. Abajo, una puerta parcialmente abierta revelaba una opulencia decadente que sobrepasaba cualquier cosa que hubieran imaginado. Excepto un rincón donde había una zona abierta de duchas y bañeras comunales, todo el suelo de la gran habitación estaba cubierta por una alfombra blanca como la nieve, de espesísimo peluche. Espejos hasta el suelo intercalados con cuadros demasiado obscenos para poder llamarlos arte decoraban los muros, marrones donde no estaban cubiertos. El mueble central era una cama que debía haber sido fabricada a medida para sus orgías. Debía tener unos tres por tres metros cuadrados, con videocámaras montadas en sus postes en cada esquina. Ganchos de sujeción estratégicamente colocados por encima y alrededor, un estante sobre el cabecero lleno de látigos y juguetes sexuales, y en el techo sobre la cama, otro espejo más.

Los comandos del KD no sabían por supuesto nada de la promesa que Sid se había hecho de humillar a las chicas con lo último en sumisión. Ni sabían lo desesperadamente enganchadas que ellas estaban a su golosina nasal. Evidentemente, su adicción había sido suficiente para decidirlas a cooperar, pues ambas estaban desnudas, una de ellas atada a las sujeciones, la otra en acción. Y convirtiendo el espectáculo, de pervertido en ridículo, estaba a la vista el depravado Sidney, también desnudo, excepto por sus collares, brazaletes y anillos de oro, y con el barrigón colgándole encima de las piernillas. Él orquestaba la acción con un azote de varios lazos cortos.

Las chicas estaban demasiado colocadas como para darse cuenta de que Trebor y Eric se acercaban a la escena. Y Sidney, de espaldas a la puerta, demasiado absorto. El primer indicio que el propietario del Porn Palace tuvo del inminente desastre fue repentino y total. Con un patadón a toda velocidad al riñón derecho, Trebor propulsó al grotesco y degenerado mirón contra la cama, donde aterrizó atravesado sobre la espalda de Candy. Durante un momento hubo una atónito silencio, excepto por la música, junto con un angustiado gemido de Sidney.

Heather fue la primera en enfocar la vista sobre los intrusos del KD, dando un grito de pánico que rápidamente sofocó al ver que Eric le apuntaba con su 9mm.

--Nadie hace el menor sonido a menos que se le pregunte algo ¿entendido? --la voz de Eric no dejaba la menor duda en la mente de nadie de que era aconsejable obedecer.

Las chicas asintieron con la cabeza, pero el gimoteante Sidney no pareció haberse enterado de la orden. Trebor se subió a la cama y le dió al mal bicho un culatazo con la pistola en la nariz. Siguió un alarido de angustia y todo tipo de garantías de que la orden había sido totalmente comprendida.

Trebor agarró la cadena de oro que le rodeaba el cuello de un puñado y lo arrastró a tirones de la cama, sujetándole de pie a un brazo de distancia.

--Vale, lo primero es lo primero --comenzó--. Tú --posó la mirada en Candy--, desátala --gesticuló con la pistola hacia Heather--. Y tú --cada vez que hablaba recalcaba la palabra 'tú'-- ¿cómo apagamos esa condenado estrépito que llamáis música? --tironeó de las cadenas. El tambaleante Sidney señaló a un panel de control en la pared más cercana. Heather estaba ya liberada, y Trebor le apuntó con la pistola--. Apaga ese ruido.

Aterrada a pesar de lo colocada que iba, Heather se apresuró a obedecer. El silencio resultante magnificó el amenazante efecto de la voz de Trebor.

--Ahora vosotras dos sentaos aquí --movió la mano hacia el borde más cercano de la cama. Ambas obedecieron a toda prisa sin hacer el menor esfuerzo por cubrir su desnudez, ya fuera a causa del shock o por los efectos de la cocaína.

--Muy bien pues, Mr. Cohen, ¿donde está el dinero que has traído a casa? --Cohen comenzó a negar que hubiera traído ningún dinero a casa, pero le interrumpió un rodillazo que Trebor le asestó en la desnuda entrepierna, casi aplastándole los testículos. La repugnante criatura cayó al suelo yaciendo durante largos momentos, agarrándose las ingles mientras lloriqueaba.

--Se me agota la paciencia, Sidney --advirtió Trebor.

--Ahí dentro --jadeó el grasiento degenerado, apuntando a una puerta en el extremo opuesto del salón de juegos.

Sin decir palabra, Eric se acercó a zancadas a la puerta y desapareció de la vista. Un momento después volvió con un maletín que abrió encima de la cama. Dentro había unos dos o tres mil dólares en billetes, junto con algunos documentos.

--Sidney, Sidney, Sidney --canturreó Trebor--, estoy decepcionado contigo. Quería decir todo el dinero que has traído a casa.

--Éso es todo --jadeó Cohen en un último esfuerzo por conservar su mal ganada riqueza.

--Vale, si es a ésto a lo que quieres jugar --advirtió el implacable comando.

Varios dedos rotos, mucho dolor, y dos minutos, fueron suficiente incentivo para una cooperación total. Sidney reveló la ubicación de una caja fuerte oculta en el muro, en la misma habitación de la que Eric había recuperado el maletín. Y por supuesto, la combinación. Bajo el ojo vigilante de Trebor y de su pistola, los tres cautivos permanecieron absolutamente silenciosos mientras Eric iba a comprobar la veracidad de la confesión de Sidney. Minutos más tarde volvía diciendo:

--Síp, un auténtico botín.

Sin más preámbulos, Trebor enfundó la pistola, sacó el cuchillo y en un rápido movimiento le cortó a Cohen la garganta de oreja a oreja. La sangre brotó a borbotones de su seccionada vena yugular, salpicando en horrible abundancia por encima de las piernas y torsos desnudos de las atónitas chicas. Por acto reflejo se apartaron de un salto de su posiciones de sentadas, entrándoles arcadas a la vista de la sangre, una nueva experiencia para sus civilizados ojos.

Sin volver a echar ni una mirada al cuerpo aún estremecido de Sidney, los comandos del KD procedieron metódicamente con su trabajo cada uno haciendo lo suyo con un mínimo de diálogo. Eric sacó la funda de una almohada, volcó en ella el dinero el maletín y se fué a la otra habitación a llenarla con el contenido de la caja fuerte.

(Candy y Heather)

Trebor se volvió a la chicas.

--Id a lavaros toda esa sangre --señaló la ducha comunal.

Como sabe todo aquel que haya experimentado alguna situación de amenaza a su vida, la acción disminuye el miedo. Paralizadas por lo que habían visto, Candy y Heather recuperaron su coordinación mientras se dedicaban a la familiar rutina de ducharse.

Bajo el sonido del agua corriente, Candy susurró:

--¿Crees que van a matarnos?

--No, ¿por qué demonios iba a mandarnos duchar, solo para matarnos? --fue la lógica respuesta de Heather.

--¿A lo mejor quieren violarnos?

--Podría ser, éso es lo que menos me preocupa. Tampoco es como si fuéramos vírgenes o algo.

--A veces los violadores torturan y matan a las mujeres.

--¿Quieres callarte con tanto matar?, ¡me estas asustando! --la regañó Heather.

--Bueno, ¿pues qué sugieres tú que hagamos?

Con el pragmatismo de una experimentada mujer de mundo, Heather declaró:

--Lo que sugiero que nos los follemos hasta volverlos majaras, o lo que quieran hacer, como quieran, todo el rato que quieran, hasta que veamos alguna ocasión de escaparnos.

Una vez puestas de acuerdo en la estrategia, y acabadas de ducharse, ambas mujeres se aproximaron a Trebor, intentando ser tan sexys y seductoras como pueden serlo dos mujeres desnudas.

Sin embargo, si pensaban que sus encantos les permitirían controlar la situación, sus esperanzas se desvanecieron inesperadamente al serles bruscamente ordenado que se vistieran. Las desconcertadas mujeres se intercambiaron miradas de perplejidad mientras forcejeaban para meterse en sus ropas. Así que por fin parecía haber un hombre al que no podían manipular con ofrecimientos sexuales.

Eric volvió con una almohada llena de billetes.

--¿Crees que deberíamos echar una mirada por la casa a ver si hay algo de valor?

Trebor se miró el reloj, luego musitó en voz alta:

--Amanece en hora y media. Calcula algo más de una hora para la vuelta; qué demonios, date una vuelta de diez minutos. Yo les tengo el ojo echado a estas dos.

Eric subió dando saltos por los escalones, mientras las chicas exhalaban un suspiro de alivio. Al parecer no las iban a matar, después de todo.

Hasta ahora ninguno de los hombres había hablado a las chicas aparte de breves órdenes, una de las cuales había sido que guardaran silencio. Así que ninguna se atrevía a iniciar una conversación con su implacable captor. Permanecieron sentadas en la cama silenciosamente, confiando que el callado hombre diría algo que les revelara su destino, y al mismo tiempo aterradas de lo que sus palabras pudieran hacerles saber. Los al parecer interminables minutos de terrible suspense se arrastraron en un silencio absoluto, hasta que por fin Candy no pudo soportarlo más.

--¿Puedo preguntar una cosa? --aventuró tímidamente.

--Podría preguntar una cosa --corrigió Trebor su gramática. [*1]

--¿Podría? --repitió Candy, sintiéndose un poco como una escolar reprendida.

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· [*1] [NdT: --«Can/May I ask something?» Can=¿Puedo? May=¿Me da permiso?
Matiz intraducible a español.]
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--Vale, pero primero pasadme una de las sábanas de esa cama.

Mientras candy y Heather sacaban una sábana extragrande de la enorme cama, Trebor reflexionó que a veces una mujer tiene tan buen aspecto vestida como desvestida. Estas dos tenían una pinta igual de buena de una u otra forma.

Candy le dió la sábana y se sentó en una silla al otro lado de la cama. Trebor sacó el cuchillo de su vaina y comenzó cortar la sábana en tiras.

--¿Para qué es éso? --preguntó Candy.

--Para ataros.

--¿Supongo que eso significa que no nos vais a dejar marchar?

--Éso es.

--¿Váis a ir a algún sitio?

--Sí.

--No nos vais a matar, ¿verdad?

--No

Las breves respuestas de Trebor no aportaban demasiada seguridad. Candy intentó una nuevo método de acercamiento.

--¿Vais a hacer el amor con nosotras?

--No se puede hacer el amor a menos que uno esté enamorado --fue toda la réplica de Trebor.

Mientras Candy y Heather iban digiriendo ésto en sus cabezas, volvió Eric.

--No gran cosa que podamos usar, pero en el dormitorio tenía un revolver calibre 45 y cuatro cajas de munición.

--De acuerdo entonces --dijo Trebor--. Esto es lo que vamos a hacer. Yo conduciré, una chica se sienta delante conmigo, la otra detrás contigo. Con estas tiras atamos a las chicas una a la otra para que ninguna pueda saltar fuera si pillamos un semáforo en rojo --Trebor se dirigió a las chicas--. Habéis visto lo que le ha ocurrido a Sid. ¿Puedo dar por supuesto que no vais a hacer nada estúpido para que os pase lo mismo?

Estremeciéndose, ambas chicas prometieron cooperar.

Eric hizo que Heather acarreara la almohada llena de dinero y le agarró la fina muñeca con una mano mientras salían de casa. Trebor agarró de manera similar a la rubia. Recolocaron los trastos del asiento trasero, ataron una mujer a la otra y emprendieron el camino a casa.
(Camino a casa)

El cielo comenzaba apenas a clarear a sus espaldas cuando llegaron a la autopista de la 6ª Avenida, y giraron hacia el oeste.

Tras un abrupto desaire por intentar una nueva conversación, Candy y Heather permanecían silenciosas, ensimismadas en una temerosa contemplación de su futuro. Se les estaba pasando el efecto de la cocaína, y como de costumbre el resultado era una intensa paranoia.

En Golden alcanzaron la intersección con la Interestatal 70, se metieron por ella y comenzaron a ascender hacia las estribaciones [de las Rocosas]. De repente a Heather se le encendió la bombilla.

--¡Kinsland! --dijo jadeando en voz alta--. ¡Vosotros dos sois del KD!

El KD era tan conocido fuera como dentro de Kinsland, pero por supuesto [en el exterior] los medios de comunicación del sistema los demonizaban incesantemente. Fuera de Kinsland, todos los niños de América eran adoctrinados, desde su más tierna infancia, con espantosos cuentos sobre los secuestros, torturas, violaciones y asesinatos en masa que se cometían en Kinsland, y que por todas partes cometían los comandos del KD. Los KD eran los hombres del saco con los que las madres amenazaban a los niños desobedientes. Naturalmente, Candy y Heather se creían hasta la ultima palabra de propaganda del Sistema, así que ahora se sentían más aterrorizadas aún.

A unas veinte millas al oeste de Golden Trebor aminoró la marcha hasta un paso renqueante, y luego bajó con cuidado por una rampa de salida, regateando por entre los enormes socavones de lo que quedaba de superficie asfaltada.

El Sistema mantenía abiertas las principales interestatales que atravesaban Kinsland de Este a Oeste, aunque las cuadrillas de mantenimiento tenían que ir acompañadas de soldados armados y con vigilancia aérea.

Las rampas de entrada y salida hacía unos diez años que habían desistido de repararlas. Y las carreteras estatales y comarcales también estaban totalmente abandonadas. En la parte inferior de la rampa, Trebor giró al norte, aún conduciendo a unas diez o quince millas por hora, según estuviera la calzada.

Hacia las seis hasta las chicas estaban cansadas y éso que no llevaban despiertas más que desde el mediodía anterior. Trebor y Eric, que llevaban despiertos y en tensión veinticuatro horas seguidas, estaban que se dormían de pie.

--Tengo que ir al baño --se quejó Candy.

--Yo también --se apuntó Heather.

--Solo faltan unos pocos minutos más --les aseguraron.


(La cabaña)

Efectivamente, unos minutos después Trebor detuvo el coche, y bajó a mover unas malezas mañosamente dispuestas para ocultar unas rodadas de coche que salían de la carretera, giraban y se perdían de vista por entre el espeso bosque de pinos Ponderosa. Avanzaron saliendo de la carretera, pararon a recolocar de nuevo las malezas y cuidadosamente se pusieron en camino a través del espeso bosque. Al cabo de media milla apareció a la vista una cabaña de troncos, tan apretadamente acurrucada entre los enormes pinos que era invisible desde el aire, excepto quizá desde un helicóptero cuyo piloto supiera exactamente donde mirar.

--Bueno, ya podéis desataros, la letrina está ahí fuera, detrás de la cabaña. Y no se os ocurra escaparos. En veinte millas a la redonda no hay más que bosque, y osos, pumas y serpientes. Y en diez minutos os habríais perdido.

--¿Una letrina? --preguntó Heather dubitativa.

--Claro, dijiste que querías ir al baño.

--¡Oh! --comprendió de pronto la chica de ciudad del siglo 21--. Venga, Candy, tengo que ir.

Trebor y Eric sacaron algunas provisiones y mantas extra del maletero del coche y caminaron pesadamente hasta la puerta delantera de la cabaña, con sus rifles siempre listos en bandolera del hombro izquierdo. Dentro de la cabaña, que era la primera estación de una ruta por la que entraban y salían gente y provisiones de Kinsland, había una pila de catres plegables que bastaban como camas, un fogón de leña para cocinar y calentarse, y un surtido de diversos ropajes y otros artículos esenciales.

Eric miró por la ventana trasera para asegurarse de que las chicas no habían decidido escaparse. Candy estaba esperando fuera, a la puerta de la letrina de un solo ocupante. Trebor cogió un cubo y salió a por agua a un manantial cercano, mientras que Eric salió un momento a cortar algo de leña para hacer lumbre. Así que cuando unos minutos después las chicas abrieron indecisas la puerta trasera de la cabaña, la encontraron vacía.

--Bueno, ésto sí ha sido algo nuevo para mí, ¿y para tí? --dijo Candy refiriéndose a la letrina.

--Sí, para mí también. ¿Has visto cuantas telarañas? ¡Pensaba que me iban a picar en el culo!

Eric entró acarreando una brazada de leña. La volcó en la leñera anexa al horno y les dijo:

--Podríais hacer fuego y cocinar algo para desayunar, ¿por favor? Las provisiones están aquí --señaló una caja en la mesa de la cocina.

--Eehh, bueno, eehh, vale --tartamudeó Heather, sin ganas de admitir que no tenía ni la más ligera idea de por donde comenzar..

Entre las dos averiguaron cómo se quitaban las pesadas placas de metal que cubrían la cámara del fogón de leña.

--Supongo que la leña la metemos ahí dentro --susurró Candy.

Pero después de meterla, descubrieron no había manera de que las cerillas prendieran la leña.

Trebor entró con un cubo de agua fresca y observó divertido lo ineptas que eran.

--Venid aquí --les hizo señas y las llevó afuera--. Esto son agujas de pino, se ponen al fondo del horno, luego una capa de piñas, y luego encima de todo, la leña. Luego le dais fuego a las agujas. Y aseguraros de que la válvula de la chimenea esté abierta.

Entre las dos, las chicas de ciudad consiguieron llevar a cabo la tarea, sintiendo una desacostumbrada sensación de logro al escuchar el chisporroteo de las llamas.

--Y ahora a por la comida --dijo Heather volviendo a la realidad.

En la caja había huevos, leche en polvo, azúcar, sal, harina integral de trigo, frutas secas y algunos productos más de primera necesidad.

--Supongo que lo mejor sería preguntarles qué quieren, ¿hum? --preguntó Candy.

--Sí, supongo que sí, y probablemente cómo se cocina. Seguramente piensan que somos bastante estúpidas:

Fuera, Trebor y Eric estaban sujetando un hule de camuflaje por encima del coche. Candy se aventuró a hablar la primera.

--Eh, chicos, probablemente pensaréis que somos bastante tontas. Queríamos preguntaros qué queréis de desayuno, pero la verdad es que no sabemos cómo se cocina nada de nada.

--Pero podemos aprender --aventuró Heather, ansiosa de complacer, teniendo en cuenta el peligro en que estaban. Ambas chicas se imaginaban que sus vidas dependían de complacer a los comandos, y estaban dispuestas a hacer todo lo posible) por ser complacientes y acomodaticias.

--Ellas son tuyas [Ellas son asunto tuyo] --dijo Eric, y siguió atando la parte inferior del hule.

«Ellas son tuyas»: tres palabras que tanto para Candy como Heather implicaban muchísimo. Por su mente pasaron imágenes de harenes, de esclavas sexuales. O peor aún, de esclavas sin sexo. Como a todos los drogatas, lo que más pánico les daba era no poder encontrar un suministrador de cocaína. En cualquier caso, estaba claro que a quien tenían que complacer era a Trebor, el hombre mayor.

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· [NdT: «they belong to you»= «ellas son asunto tuyo», «son cosa tuya», «de tu responsabilidad», etc., pero el contexto requiere que se entienda literalmente: «te pertenecen, son tuyas».]

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--Bueno, Cocina Básica 101, supongo --refunfuñó Trebor, dirigiéndose a la cabaña, con sus cautivas en fila tras él.

Pronto el aroma de tortitas, huevos fritos y café recién hecho, realzado por aroma de la leña de pino ardiendo, llenaba la cabaña.


(La cierva y el cervatillo)

De repente Trebor se puso a hacer señas a sus neófitas cocineras.

--Mirad éso --dijo señalando afuera por la ventana.

A menos de veinte yardas de la puerta trasera estaban forrajeando una cierva y su cervatillo. Las chicas los observaron fijamente, obviamente encandiladas por algo que nunca antes habían visto.

--¿Cuánto tiempo tiene el bebé? --preguntó Candy.

--Oh, probablemente un par de meses --el cervatillo imitaba a su madre, y no comía más de unos pocos segundos antes de volver a vigilar la zona en busca de potenciales enemigos.

--¿Váis a cazarlos?, ¿o no os gusta la carne de ciervo?

--No cazamos nunca a las hembras, sobre todo si tienen pequeños, a menos que nos estemos muriendo de hambre. Las hembras de todas las especies son su mayor tesoro --replicó Trebor.

--Oh --dijo Heather, archivando la repuesta aparte en su computadora mental para digerirla más tarde.

--¿Éso vale también para las mujeres? --preguntó Candy ansiosa por confirmación de que el asesino de Sid Cohen no planeaba el mismo destino para ellas.

--Las buenas mujeres son tesoros, también --fue todo lo que dijo, enfatizando el 'buenas'.

Éso era un poco ambiguo, pero Candy decidió que fuera lo fuera que significara 'buenas', éso es lo que ella le iba a convencer a Trebor de que era.

Tampoco Heather se perdió el sutil significado del diálogo. Ni tampoco se olvidaba de que todas las mujeres están en competición con las demás. Tendría que ser por lo menos tan 'buena' como Candy.


(Propiedad de Trebor)

Ambas chicas estaban sorprendidas de lo bueno que estaba el desayuno, a pesar de la vajilla descascarillada, las tazas de hojalata y la llamémosla cubertería multiuso. Cuando acabaron de comer, Trebor mandó a Candy que ayudara a Eric a preparar los catres, aconsejando que todos necesitaban una siesta. Luego hizo que Heather cargara los platos sucios en una olla grande.

--Ven conmigo, te voy a enseñar el manantial --encabezó la marcha unas veinte yardas cuesta arriba por detrás de la cabaña.

Mientras Heather aclaraba concienzudamente la vajillería en el agua fría y clara, se aventuró a preguntar.

--¿Qué quería decir tu amigo cuando dijo «Ellas son tuyas»?

--«Ser de alguien» significa «ser de alguien». ¿Qué problema tienes con éso? --contestó, con un atisbo de hostilidad.

--Eeehh..., bueno, sólo que... suena un poco raro éso de poseer gente --Heather tenía sumo cuidado con sus palabras, pues no quería llevarle la contraria a su captor.

Trebor se lo explicó con cierto detalle:

--Sid Cohen te poseía, en cuerpo, alma y mente. Consolidó su posesión haciéndote adicta a la cocaína. Yo he matado a tu propietario y te he capturado, así que ahora tienes un nuevo propietario. Así es como se ha hecho durante millones de años. Considérate afortunada de que la mayoría de los arios tratan a sus mujeres con dignidad y respeto, si bien cuando se han ganado ese respeto. Si no, las disciplinan.

Heather se dió cuenta de que las palabra de Trebor tenían algo de verdad. No había pensado en ello como en «ser propiedad», pero Sidney ciertamente había controlado su vida. Aunque el sexo era para ella nada más que una forma de manipular a la gente, o de aprovecharse, o de disfrutar de un placer puramente físico, se daba cuenta de que Sid la había estado usando a ella más de lo que ella lo había usado a él. Incluso en estos momentos la preocupaba más la idea de poder verse privada de esos tentadores subidones de cocaína, que el abrupto secuestro que acababa de experimentar.

Mientras tanto, en la cabaña, Candy también andaba intentando sonsacarle algo de información a Eric. Ella también quería alguna aclaración sobre el comentario de Eric «Ellas son cosa tuya», así que le preguntó qué significaba.

--Exactamente lo que he dicho --fue su escueta réplica.

--¿Quieres decir que se supone que somos sus esclavas? --preguntó Candy.

--Supongo que acabaréis siendo sus esposas, aunque os queda mucho que demostrar y aprender. Pero por ahora 'esclavas' es una buena palabra.

--Oh --pensó en ello durante un momento, luego preguntó--. ¿Y cómo es que tú no quieres a una de nosotras? ¿Es que piensas que somos feas o algo?

--No, no sois feas, pero justo ahora tengo a otra chica en la cabeza. Además, hace mucho tiempo que iba siendo hora de que Trebor tuviera algunas compañeras.

--¿Es que todos los hombres de Kinsland tienen más de una esposa?

--La mayoría.

--¿Por qué?

--Para empezar, porque monogamia es sinónimo de castración y suicidio racial. Y para seguir, porque en Kinsland están los únicos hombres blancos buenos que quedan, así que tienen que procrear prolíficamente.

--La monogamia es castración --Candy estaba verdaderamente perpleja.

--El deseo sexual es la madre de la pasión guerrera, y la pasión guerrera es la madre de las naciones. Una raza que desee sobrevivir tiene que encender el deseo sexual de sus machos hasta un punto febril. Y nunca hay que envilecerlo, ni debilitarlo, ni desencaminarlo.

La conversación se interrumpió con la vuelta de Heather y Trebor.

Antes de tumbarse en los catres para una siesta de cuatro horas, Candy susurró a Heather:

--¡Chica, la de cosas que tengo que contarte!

--Yo también --fue la respuesta.

Ambas chicas echaban furtivas miradas a sus captores, especialmente a Trebor, notando su magra figura y su plano vientre. Candy había oído decir a menudo a Heather «Me encantan los hombres con un vientre plano», cuando ridiculizaba a Sid Cohen o a alguno de los tripudos espectadores que contemplaban su actuación en el Palace. Lo que las chicas no sabían, aunque admitiéndose a regañadientes el magnetismo sexual de su nuevo 'propietario', era que a través de todos los eones, las mujeres se han adaptado a sus captores, y habitualmente han acabado enamorándose de ellos. Es simplemente el reflejo de lo que pasa en toda la naturaleza, en la que la gallina, la leona, la yegua, o lo que sea, se someten al macho más fuerte, que se ha ganado en competición el derecho a procrear. Y tampoco sabían, aún, que los celos hacia una hermana esposa eran antinaturales e innecesarios.


(Una lección de wotanismo)

Unas cuantas horas más tarde, estaban otra vez en el coche, preparadas para reanudar el viaje.

Varias veces las chicas habían oído a alguno de los hombres referirse a alguien llamado Wotan, así que mientras viajaban lentamente hacia el noroeste, en un intento de darles coba, Heather preguntó:

--¿Quién es Wotan?

--Wotan es el dios principal de la religión indígena más común entre los hombres blancos --explicó Trebor.

--¿Qué es éso de 'indígena'?

--Significa propio de alguien por naturaleza, en este caso, es una religión que protege a la raza blanca.

--¿Y entonces cómo es que no había oído hablar de ella hasta ahora?

--¡Sí que has oído! Wednesday se llama así por Wotan, Thursday por su hijo Thor, Tuesday por su camarada Tyr, y Friday por la esposa de Wotan, Frigga.

Al ver que Eric se fijaba en un aeroplano del Sistema a gran altitud, Candy preguntó:

--¿No tenéis miedo de que os bombardeen?

--Ahora ya no. Solían bombardearnos a diario, pero ahora saben que si lo hacen nos infiltraremos en su territorio y mataremos a unos cuantos políticos peces gordos o a quien sea, así que estamos empatados. También solían dispararnos misiles, pero estaban dirigidos por calor, y no acertaban más que a nuestros fuegos de señuelo.

--¿Y habéis vivido así durante años?

Heather estaba asombrada, y quería saber porqué.

--Porque es el único sitio que queda para los hombres blancos. El gobierno americano ha exterminado casi por completo a nuestra raza.

--Mis profesores decían que el KD quería esclavizar al mundo entero.

--¿Cómo podríamos hacer éso, si no quedamos mas que unos pocos hombres blancos, y el gobierno tiene todos los aviones, las bombas y los misiles? Cuando lleguemos adonde tenemos los mapas y libros de referencia os enseñaré todas las mentiras que cuentan en América.


(Cerca de Mathewsville)

Durante horas fueron internándose más profundamente en el interior de las boscosas montañas. A menudo los hombres señalaban la fauna salvaje: ciervos, alces, mapaches, un puescoespín, incluso un oso negro. Los agrestes tierras, antaño explotadas, estaban recuperándose decididamente, bajo el cuidado de los amantes de la naturaleza Kinslander.

Un poco antes del crepúsculo, llegaron a lo que alguna vez debió haber sido un encantador pueblecito turístico. Ahora más de la mitad de los edificios estaban bombardeados y en ruinas.

--¿Qué ha ocurrido? --preguntó Candy.

--Un ataque de bombarderos del Sistema --fue la concisa respuesta de Trebor.

En el centro de lo que quedaba del pueblo, Trebor giró saliendo de la derruída autopista, y mientras cruzaban un puente de madera sobre un pequeño arroyo anunció:

--En unos cuantos minutos estamos en Mathewsville.

En el asiento trasero las chicas se miraron la una a la otra, y luego Candy preguntó:

--¿Hay gente en Mathewsville?

--Claro, es una comunidad Kinsland --les informó Trebor.

Hubo apresurados susurros en el asiento trasero, luego Candy preguntó:

--¿Podemos..., quiero decir, podríamos hablar contigo antes de llegar?

--Claro, hablad.

--Quiero decir a solas, ¿por favor? --intervino Heather--. ¡Por favor!

Loa hombres se miraron uno al otro, luego se encogieron de hombros como diciendo ¿por qué no? Trebor paró y aparcó a un lado de la primitiva calzada, y Eric salió del coche diciendo que se iría a dar un pequeño paseo.

--Vamos a estirar las piernas nosotros también --sugirió Trebor.

Salió del coche y se recostó contra la aleta frontal, con los brazos cruzados. Las chicas se le apretaron a ambos costados, todavía decididas a usar sus encantos sexuales para ganarse la complacencia del asesino.

--¿Vamos a quedarnos en Mathewsville? --preguntó Heather.

--Sí, al menos por algún tiempo.

--No irás a contarle a la gente lo que hacíamos en casa de Sid, ¿verdad? Por favor --añadió Candy--. No somos gays, de verdad, lo juro.

Trebor reflexionó cuidadosamente antes de responder:

--Lo primero, se dice marica, no 'gay'. Gay significa feliz. Marica significa un hombre homosexual. En Kinsland ningún marica se atrevería a dejar que se supiera. Y lo segundo, que entre las mujeres arias hay realmente poquísimas lesbianas de verdad. Estábais dándole un espectáculo al hombre que os poseía. No dudo que pudiérais disfrutar del asunto, pero el causante de todo era un hombre. Y por último, que no hay ningún motivo para que nadie de Kinsland sepa de vuestro pasado más que lo que vosotras mismas queráis contar. En Kinsland muchas de nuestras mujeres han sido capturadas en territorio del Sistema, y tienen historias sexuales tan interesantes como las vuestras.

--Gracias --dijeron ambas mujeres.

--¿Y qué pasa con Eric? --preguntó luego Candy.

Trebor les aseguró que su camarada no era ningún cotilla. Pero luego, sintiendo que sus cautivas se estaban poniendo un poco demasiado cómodas, dado lo temprano de su situación, añadió con tono severo:

--Sin embargo, por vuestro propio bien, más os vale tener presente de que soy vuestro propietario, y que si me disgustáis sois mías para castigaros o disponer de vosotras. Si os entran ideas de escapar, flirtear con otros hombres, o poneros insolentes, no necesitáis más que pensar en el destino de Sid Cohen. ¿Lo he dejado claro?

Ambas cautivas se las arreglaron para disimular sus estremecimientos de aprensión, mientras expresaban profusamente su buena voluntad.

Eric volvió e hicieron el último tramo del viaje. En el asiento trasero, Heather susurraba al oído de Candy:

--¿Sabes lo que significa la frase «follar como si te fuera la vida»? [«**** for your life»].

--Ahora sí que lo sé --respondió Candy también en susurros.


(Mathewsville)

Mathewsville nunca llegó a «estar a la vista» en el sentido tradicional de la expresión. Simplemente Trebor paró de pronto el coche, debajo de un enorme pino Ponderosa, y apagó el motor.

Hábilmente oculta en el espeso bosque, Candy descubrió una cabaña. Heather descubrió otra, y luego otra. Según averiguarían, en unas pocos cientos de yardas a la redonda había dos docenas de rústicos hogares, cabañas y antiguas caravanas, y muchas docenas más en unas cuantas millas cuadradas.

Desde todas las direcciones iba acercándose gente. Sus captores parecían ser extremadamente populares, y por todo el claro reverberaban gritos de «Hailsa Kinsmen».

Candy y Heather se quedaron de pie a un lado del coche, vacilantes y sintiendo que llamaban demasiado la atención con unos atuendos tan poco prácticos. Todas las mujeres que veían llevaban jerseys o chaquetas, como protección ante el rápidamente refrescante aire de montaña.. A esta altitud la temperatura caía bruscamente en cuanto el sol desaparecía tras los picos montañosos. A ellas dos ya se les estaba poniendo carne de gallina en los brazos desnudos.

Las mujeres que veían eran inusualmente bonitas, y muchas estaban embarazadas. Y lo más llamativo era el tropel de niños blancos. Fuera de Kinsland nunca habían visto juntos más que a un puñado de niños blancos, a no ser que estuviesen superados muchas veces en número por los chavales de color.

--¿Quién son vuestras amigas? --preguntó alguien.

Trebor hizo un gesto a sus cautivas de que se le acercaran, y las presentó por su nombre.

--Probablemente se quedarán conmigo --informó Trebor a la multitud, y luego añadió:-- Confío en que las hagáis sentirse bienvenidas.

Todos los adultos entendieron exactamente lo que significaban las palabras de Trebor. En primer lugar, puesto que las chicas iban a quedarse con él, que ninguna pertenecía a Eric. Y al decir 'probablemente', quería decir que aún no habían pasado el chequeo médico. La tecnología del siglo 21 había producido kits de pruebas médicas a domicilio para comprobar la existencia de enfermedades incurables, especialmente de las enfermedades venéreas. La comunidad tenía el equipo, y teniendo en cuenta el alto riesgo de infección, a las mujeres capturadas se les hacían los tests de inmediato. Conocer el resultado solo llevaba unos minutos, y en consecuencia el destino de una cautiva se decidía rápidamente. A las incurables se les daba una inyección letal como si fuera una medicina, y se iban silenciosamente a la tumba.

Una mujer alta y atractiva de más o menos la edad de Trebor se acercó a las chicas.

--Si venís conmigo os conseguiremos alguna ropa de abrigo --ofreció.

Ellas miraron a Trebor buscando su aprobación.

--Buena idea, y Greta, ¿podrías luego enseñarles el camino a mi cabaña?

Greta, las chicas y otra media docena de mujeres se alejaron, mientras asaeteaban a Candy y Heather con preguntas sobre el mundo del Sistema, especialmente sobre las modas y la moralidad.

Una de las cabañas era un almacén comunal, principalmente de ropa de vestir, pero también de ropa de cama, herramientas, y enseres domésticos. Enseguida las chicas tenían un práctico ropero, acorde con el del resto de la comunidad.

Entretanto, en el exterior los hombres no dejaban de hacer preguntas a Eric y Trebor. Los señales de unidades militares del Sistema, los nuevos avances en tecnología policial, e información sobre simpatizantes del KD, eran temas de vital interés para los Kinslanders, por no hablar de la emoción que les hacían sentir las inigualables y bromistas descripciones que Trebor hacía de sus correrías.


(En la cabaña de Trebor)

Mientras el incursionador seguía ocupado en alguna otra parte,, Candy y Heather llegaron a la cabaña de Trebor, guiadas por Greta, y cargadas de artículos de primera necesidad.

Greta les mostró un quinqué de queroseno, diciéndoles:

--El queroseno lo usamos con cuidado, porque es difícil de conseguir.

Deseándoles buena suerte, Greta se marchó, dejando que las dos chicas investigaran su nuevo hogar.

La cabaña estaba hecha de troncos y tenía un fogón de leña para cocinar y calentar. Junto a la pared trasera había una anticuada cama doble con cabecero de metal. Un alambre cruzado en un rincón de la despejada estancia hacía las veces de colgador ropero, del que colgaban algunas prendas y toallas. El mobiliario, entre el que había una mecedora, estaba casi todo sin acabar.

--Bueno, bienvenida al infierno --dijo Candy dejando que sus sentimientos fluyeran libremente ahora que estaban solas.

--Sí, ya lo sé, pero más nos vale ponernos en marcha como harían dos buenas esclavitas, porque podría venir en cualquier momento.

--Tienes razón --suspiró Candy.

Colgaron la ropa junto a la de Trebor y comenzaron a colocar sus nuevas pertenencias lo mejor que pudieron, dado el escaso número de estantes y armarios.



--¿Crees que le apetecerá tener sexo esta noche? --especuló Candy.

--Quien sabe, y qué mas da. Esperemos que sí, si sirve para tenerlo contento.

--Maldita sea, ni siquiera hay una ducha o una bañera. ¿Cómo va una a echar un polvo sin poder ducharse luego? --se lamentó Candy.

--Y yo tengo que mear --añadió Heather.

Cogiendo el quinqué salieron a explorar por un sendero trasero de la cabaña, y encontraron un retrete exterior. Al volver Heather señaló la cama, preguntando:

--¿Crees que tendremos que dormir todos juntos en esa cama?

--Supongo, es la única que hay...


(Con Trebor)

Oyeron pisadas, y transformando milagrosamente su hosca actitud en falsa y alegre solicitud, se apresuraron a levantarse para recibir a Trebor en la puerta.

--Hola, estábamos esperándote --saludó Heather.

Se dió cuenta de que sus palabras sonaban fingidas, pero no se le ocurría nada más alegre. La actitud de Trebor era cortés, pero escasamente cordial. Traía en brazos unas cuantas mantas más, y un saco de dormir.

--Hola a vosotras también. Supongo que ésto está lo más alejado que se pueda estar del lujo al que estáis acostumbradas, pero vamos a hacer que sea bastante más habitable. Hasta que construya algunos tabiques, voy a atar unos alambres y colgaremos sábanas o mantas para que tengáis un poco de intimidad cuando haga falta. Y mañana traeré una bañera. Tendremos que llenarla a la vieja usanza, calentando agua en el fogón. Ahora, si hiciérais fuego en el fogón y calentáis una lata de estofado, podríamos comer un bocado de cualquier cosa antes de acostarnos. Mañana os enseñaré donde está la bomba, pero esta noche ya traigo yo el agua. Ese barreño grande --señaló un gran barreño de lavandería, de hierro galvanizado-- es donde pongo el agua para lavar y limpiar. El agua de beber la tengo en un cubo con tapa. Estamos trabajando en un sistema de distribución de agua corriente, así que en el futuro las cosas serán más fáciles.

Cogió un cubo y salió al exterior. Mientras las chicas hacían fuego, cosa que ahora ya sabían hacer, pudieron oír el chirrido de una anticuada bomba de mano.

--Dios todopoderoso --refunfuñó Candy--, es como en la época de los pioneros.

--Maldita sea, Candy, a mí me gusta tan poco como a tí, pero andar quejándose no nos sirve de nada a ninguna.

--Oh, ¿entonces qué eres tú?, ¿la esclavita de Trebor? --Candy escupía las palabras como amargo veneno.

--¡Si hace falta! --la desafió Heather.

Candy reflexionó unos instantes y su hostilidad se desvaneció.

--Está bien, lo siento, supongo que es que todo ésto me está afectando. Ayer mismo teníamos a la vida agarrada por el culo, y ahora mira.

--Ya lo sé, pero tenemos que ayudarnos mutuamente a sobrellevarlo.

Heather era de momento la más fuerte, o la más serena, de la pareja.


Más tarde, mientras cenaban, Trebor les dijo que la enfermera de la comunidad se pasaría mañana a primera hora para hacerles un chequeo médico. Cuando acabaron, y mientras ellas fregaban los platos, instaló una sábana a modo de cortina en un extremo de la cabaña, de forma que todos pudieran darse un baño con esponja en relativa intimidad. Les mandó compartir la cama, que él tenía un saco de dormir y que estaba bien en el suelo. Por compromiso, ellas hicieron unas simbólica protesta aduciendo que era 'su cama'.

--Un ario no trata a sus mujeres peor que a sí mismo --sentenció Trebor

Ésto tuvo un gran efecto en sus mujeres.


En la cama, en medio de la habitación más oscura en que nunca habían estado -y la más silenciosa, también- Heather susurró:

--¿Sabes?, en otras circunstancias, este tipo hasta podría gustarme.

--Pues para ser sincera, a mí también podría --admitió Candy--, pero tenemos que salir de aquí. Yo no puedo vivir así.

--Yo tampoco.

Absortas en sus pensamientos, el menor de los cuales no era sus ansias de cocaína, fueron quedándose dormidas.


Dentro de su saco, Trebor tenía la cabeza ocupadísima. Este asunto de 'tomar compañeras' era un proyecto importante, mayor de lo que se había pensado. Era reacio a consolidar una relación real con las chicas hasta que los exámenes médicos confirmaran que eran 'conservables'. No se hacía ninguna ilusión acerca de la conciliatoria actitud de las chicas. Sus sonrisas eran forzadas, motivadas por el miedo y el propio interés. Y había faena de construcción y agrandamiento de la cabaña, y de reeducación de sus cautivas. Pero se recordó a sí mismo que otros comandos del KD habían pasado por los mismos problemas, así que no era una tarea imposible.

Siempre brutalmente sincero consigo mismo, admitía que tenía sus recompensas. El sexo con estas beldades era algo especial a tomar en cuenta. El filósofo que había en Trebor nunca había dejado de asombrarse de lo que los hombres son capaces de pasar con tal de lograr meterse entre las piernas de una mujer bonita. Y ahora tenía que incluirse a sí mismo.

Oh, bueno, se dijo, la suerte estaba echada, ahora ya era demasiado tarde para cambiar el curso de los acontecimientos. Como siempre, su fatalista aceptación de lo que los Norns decidieran fue el catalizador que le permitió hundirse en un pacífico sueño.