domingo, 13 de noviembre de 2011

300: GLORIOSA PELÍCULA NACIONALSOCIALISTA




Resulta asombroso, maravilloso y hasta increíble, que en tiempos modernos pueda surgir una película con contenido tan Nacionalsocialista y tan difundida, como 300. La película es una obra NS de pies a cabeza, en todo sentido. Es una adaptación de un comic de Frank Miller y representa todos los ideales y valores NS.
 La historia trata sobre la valiente lucha de 300 soldados espartanos, sujetos de piel blanca y aspecto ario puro, que combaten las hordas de esclavos del Imperio Persa, un Imperio multirracial y multicultural, conformado por cientos de naciones al servicio de un tirano (suena familiar, ¿no?, como la lucha de unos cuantos NS contra el tiránico sistema multiétnico que nos oprime).
SIMBOLISMO
La película comienza en la antigua Esparta, donde los espartanos aplican la eugenesia (principio genético NS) en sus bebés, despachando al que nace defectuoso. Cuando adulto, el Rey Leónidas, de Esparta, recibe la visita de un negro, emisario del Imperio Persa, quien desdeña de forma machista a las mujeres, lo que le merece la muerte (ojo, el emisario del Imperio Persa es un negro africano).
Leónidas consulta a los sacerdotes, repulsivos, podridos, corruptos, ponzoñosos, lascivos y ambiciosos, quienes abusan de muchachas adolescentes y traicionan a los espartanos a cambio de dinero y sexo que le ofrecen los persas. (Simbolizan la decadencia del sacerdocio).
Así, por culpa de los sacerdotes, el Senado no apoya la ofensiva militar que propone el Rey Leónidas, así que éste y sus 300 guerreros arios viajan a confrontar solos a los persas. Logran detenerlos en un acantilado por el cual no pueden pasar las legiones de miles de persas, sino que tiene que pasar en pequeños números, siendo presa fácil de la disciplina guerrera espartana. 300 hombres libres (y algunos colaboradores griegos), son mucho más valiosos que un millón de esclavos del Imperio Persa.
Tras varias derrotas, Jerjes, el emperador persa, decide reunirse con Leónidas. Jerjes es un afeminado con rasgos negroides. Viaja en una gigantesca carroza empujada por sus esclavos y viste repleto de oro y joyas. Contrasta con el sencillo y austero Leónidas, que no usa lujosas joyas ni alhajas. Jerjes se considera a sí mismo un dios, y le ofrece a Leónidas ser el gobernante de toda Grecia. Leónidas rechaza la tentadora oferta, pues prefiere morir siendo leal y libre, que vivir como un esclavo traidor.
“Mataría a todo mi ejército por la victoria” le dice Jerjes. “Y yo daría mi vida por cualquier de mis hombres” le responde Leónidas. Aquí vemos reflejados los valores NS, mientras que los gobernantes sionistas estarían dispuestos a sacrificar a sus esbirros sin dudarlo, el líder NS aplica la más leal camaradería.
Así vemos reflejada la lucha entre un régimen teocrático (pues Jerjes se considera un dios), supersticioso y esclavista (similar a la Iglesia Católica, al judaísmo ó al Islam), contra la cultura superior griega que prescinde de la religiosidad. Una lucha entre un sistema tiránico contra la monarquía constitucional y parcialmente democrática de Esparta. Una lucha entre esclavos monstruosos contra valerosos hombres libres (una lucha entre el Sistema y los Nacionalsocialistas).
Leónidas se topa con un jorobado, espartano de nacimiento que hubiera sido asesinado desde bebé de no ser por el amor y la lástima de sus padres que escaparon y vivieron exiliados. El jorobado buscaba redimirse, luchar como espartano y morir como tal, pero Leónidas, quien se apiada de él, le dice que su deformidad le hace imposible ser soldado y pondría en riesgo las tropas. El jorobado se convertiría en lo Leónidas se negó a ser; un esclavo traidor, pues a cambio de sexo y dinero que le ofrece Jerjes, traiciona a su propia pueblo.
Contrastan tanto Leónidas y Jerjes pues, Leónidas es un rey honorable, un hombre de familia con una esposa (que es violada por un político espartano corrupto y traidor), y con un hijo a los que ama, un rey justo, querido por su pueblo, austero y sin lujos, compasivo (incluso perdona al jorobado). Mientras que Jerjes es afeminado, vicioso, su tienda está repleta de prostitutas, ambicioso y despilfarrador, temido por sus esclavos a quienes menosprecia.
La batalla final es, definitivamente, un evento conmovedor.

SIMILITUDES CON EL SEÑOR DE LOS ANILLOS
La película se asemeja en mucho a la obra de Tolkien. Muchos de los soldados persas son seres deformes y monstruosos, semejantes a orcos. Jerjes recuerda un poco a Sauron, pues Sauron es un dios, y originalmente era alto e intimidante, con extensas hordas de esclavos a su servicio, así como Jerjes mide unos dos metros, se considera un dios y comanda legiones de esclavos. La lucha de Leónidas contra un persa gigante recuerda la lucha entre Aragorn y un throll en “El Retorno del Rey”, así como la desigualdad entre las tropas humanas contra las miríadas de orcos y esclavos de Mordor en “El Señor de los Anillos” y entre los espartanos y los persas.
Por supuesto que las películas épicas en general se asemejan, pero las batallas, e incluso los animales utilizados (como los elefantes) en ambas películas son bastante similares. Además, el jorobado en 300 recuerda mucho a Gollum, no sólo en deformidad, sino en su actitud. Su deseo de redención que, finalmente, fracasa al sucumbir ante la tentación material simbolizada por el Anillo en el caso de Gollum, y por las prostitutas de Jerjes en el caso del jorobado.

CONCLUSIÓN
 Los NS podemos atesorar a 300 como una de las más gloriosas películas de simbolismo hitleriano de los últimos tiempos. Una joya, un diamante que brota en medio de kilómetros interminables de basura y estiércol. Pero, lo más maravilloso de todo, es que es una historia basada en hechos reales.

 
Respuesta a “Sobre la película 300”

Me gustaría comentar sobre las declaraciones de éste artículo anónimo, sin ánimo de incurrir en debate ó diálogo innecesarios.

El autor anónimo asegura que en mi artículo original titulado "300: gloriosa película nacionalsocialista" se incurre en ciertas falsedades, y aduce  que “Para empezar basta decir que el imperio persa no era una raza africana, todo lo contrario era en gran parte una civilización aria” de eso estoy totalmente consciente, y jamás aduzco en mi artículo que fuera una sociedad africana. Aún más, he escrito muchos artículos donde menciono la gloria de la civilización aria persa, así que le pido al estimado anónimo no adjudique a mi persona declaraciones falsas.

Sobre las irregularidades históricas que me adjudica, le recuerdo que mi artículo es sobre la película (no sobre la historia en que se basa) pues se bien que la película en sí mismo es históricamente inexacta. Pero ya que mi interés no fue un artículo histórico, sino cinematográfico, no vi la necesidad de tocar tal tema.

El simbolismo mismo de la película es profundamente NS y racista, indistintamente de las inexactitudes históricas, donde los buenos y héroes son arios y blancos, y los malos y villanos son de piel oscura, de rasgos negroides ó negros, y son un vergel político de naciones y razas diferentes (como el sistema). Además, los buenos son pocos que luchan valientemente contra muchos (como los NS). Resulta muy difícil encontrar obras de cine, ó de cualquier otro medio, mundialmente publicadas que remitan a simbolismos tan claros de la lucha racial y la causa NS. Si disminuimos tales consideraciones gloriosas, es decir, una película que muestra a valientes guerreros racialmente uniformes contra un ejército de millones de seres de “diversidad cultural” y racialmente mezclados liderados por un negroide afeminado, por la inexactitud histórica, sería tanto como disminuir la gloriosa obra de El Señor de los Anillos (muy similar en su simbología) porque los elfos, los orcos y los hobbitts no existen.

Finalmente, lo último de su discurso pacifista y melodramático pareciera más apropiado en algún foro progre de llorones trostkos y tristes hippies manifestantes, que el apropiado de una página Nacionalsocialista, pues los valientes soldados del Tercer Reich, como muchos de sus antecesores (caballeros templarios, teutónicos, vikingos, espartanos, etc.) observaban la gloria de la guerra por causas justas y legítimas.

Gracias.


Matt Marshall.

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