miércoles, 9 de noviembre de 2011

Adrián Salbuchi - 60 años de Israel aniversario de una gran injusticia


 

 

Violaciones, genocidios, torturas

por Adrian Salbuchi del Movimiento por la Segunda República Argentina.
El 14 de mayo de 2008 se cumplen sesenta años desde que las fuerzas militares sionistas impusieron la creación del "Estado de Israel" usurpando el milenario territorio histórico y geográfico de Palestina, al tiempo que desplazaron violentamente a millones de palestinos. Lo pudieron hacer gracias a la perfidia británica que entonces tenía un "mandato" colonial sobre Palestina, y al apoyo incondicional que desde siempre les da Estados Unidos, la gran superpotencia cuyos principales ejes geopolíticos han quedado copados por ideólogos militantes sionistas, tanto judíos como no-judíos.
Desde entonces los palestinos y sus vecinos, particularmente los libaneses, sufren toda clase de violaciones, genocidios, torturas, invasiones, humillaciones, ataques, muerte y derramamientos de sangre a manos de las fuerzas militares y de seguridad israelíes, que utilizan las peores tácticas de terrorismo de Estado. El ex-presidente norteamericano Jimmy Carter no pudo más que calificar esta deplorable ocupación israelí como un verdadero Apartheid racista, peor que el sufrido por la población negra de Sudáfrica a manos de la elite blanca anglo-holandesa en el siglo XX.
Las técnicas y políticas impuestas sobre Palestina por la dirigencia sionista israelí se asemejan a los peores excesos del nazismo en Europa en los años cuarenta. Hoy Gaza, martirizada a diario, se ha convertido en una suerte de giganstesco campo de concentración - un verdadero "Auschwitz" en en seno del Medio Oriente, administrado por Israel.
La humanidad va tomando conciencia de estas monstruosidades, pero en el terrible mundo en el que vivimos, ni la justicia, ni la democracia, ni los derechos humanos parecen tener importancia. Lo que cuenta es el PODER del más fuerte. Así, Israel - que cuenta con el apoyo incondicional de Estados Unidos y sus aliados, y del gigantesco poder del dinero supranacional - se impone a sangre y fuego.
Como decimos en el ensayo "Acerca del Antisemitismo" (disponible en el Sitio de Salbuchi, o solicitarlo por correo electrónico) y en el libro "Bienvenidos a la Jungla: dominio y supervivencia en el Nuevo Orden Mundial" (Salbuchi, Editorial Anábasis, Córdoba, Argentina, 2005), señalemos que el sionismo es una IDEOLOGIA política que tiene claros intereses y objetivos geopolíticos en Medio Oriento. Por eso, es un grave error confundir al sionismo (que es una ideología política que apoya al Estado de Israel), con la religión judía ni, mucho menos, con todo el pueblo judío. Se trata de categorías claramente diferentes entre sí.
"No todo judío es sionista; no todo sionista es judío", decimos quienes señalamos la urgente necesidad de abrir una amplio debate público, equilibrado y honesto, respecto de esta compleja problemática de trascendente importancia para el mundo entero.

Apoyo estadounidense

De hecho, buena parte de la actual dirigencia política estadounidense - desde George W. Bush, Dick Cheney, Condoleeza Rice y Robert Gates para abajo - no practican la religión judía (son todos nominalmente "cristianos"), ni tampoco son miembros de la comunidad judía, y sin embargo se alinean en forma total y militante detrás de los intereses y objetivos sionistas.
Idéntico fenómeno comprobamos en los actuales tres candidatos a presidente, John McCain, Hillary Clinton y Barack Obama. Todos son nominalmente "cristianos" y, sin embargo, los tres apoyan incondicionalmente al Estado de Israel y al sionismo. Pareciera que en este tema no se tolera ninguna tibieza entre los políticos exitosos en la gran "democracia" del norte...
La clara diferenciación que marcamos entre la IDEOLOGIA POLITICA del sionismo y el Estado de Israel, por un lado, y el PUEBLO y RELIGION judías por el otro, queda elocuentemente definida en un libro de reciente publicación en la Argentina, "Contra el Estado de Israel: historia de la oposición judía al sionismo", del investigador judío Yakov Rabkin (Editorial Martínez Roca, Buenos Aires, 2008, 1er ed. en castellano -Nombre original: "Au nom de la Torah: une histoire de l'opposition juive au sionisme").
Entre otros conceptos, dice el profesor Rabkin:
"La trágica explosión en la mutual judía AMIA de Buenos Aires en 1994 parece ser el eco de un conflicto lejano, la confrontación en Tierra Santa que sigue enconándose desde hace un siglo. Pero, ¿por qué esos ataques contra un blanco de la diáspora judía? ¿En qué son responsables los judíos de Buenos Aires, víctimas del ataque terrorista, de los actos de soldados israelíes en Gaza?
La asociación de los judíos con el Estado de Israel resulta facil, casi natural. Hay quienes ven a los judíos de la Diáspora como extranjeros, o incluso, como ciudadanos israelíes con una estancia prolongada en Francia o en otras partes del mundo. Esta interpretación es particularmente grata a los antisemitas, para quienes la existencia de un complot judío mundial es una evidencia. La asociación automática de los judíos al Estado de Israel tampoco es extraña a los sionistas, quienes, desde los orígenes de ese movimiento político hace más de un siglo, se presentan como la vanguardia del pueblo judío. Algunos han llegado a decretar que cualquier amenaza a la supervivencia del Estado de Israel es una amenaza a la supervivencia de los judíos, no importa dónde estos se encuentren. Israel sería así, a la vez, garante y estandarte del judaísmo mundial. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja.

Sionismo y Judaísmo

Así, al margen de una enorme manifestación de apoyo a Israel, con motivo de su Día de la Independencia que se desarrolla en pleno centro de Montreal, judíos jaredís (tradicionalistas), con levita y sombrero negro, agitan carteles cuanto menos controvertidos:
"¡Detengan la aventura sanguinaria del sionismo!",
"¡El sueño sionista se ha convertido en una pesadilla!",
"Sionismo es lo contrario de judaísmo".
En los volantes que ellos distribuyen, se lee:
"Peor que el sufrimiento, la explotación, la muerte y la profanación de la Torá ha sido la putrefacción interior que el sionismo inyectó en el alma judía. Ella ha lastimado profundamente la identidad judía. Él (el sionismo) ha ofrecido una definición laica de la identidad judía, como un reemplazo de la fe unánime de nuestro pueblo en la Torá (recibida) del cielo. Ha llevado a los judíos a ver el exilio como el resultado de una debilidad militar; y también ha destruido el concepto religioso del exilio como un castigo por nuestras transgresiones. Ha sembrado la confusión entre los judíos, tanto en Israel como en los Estados Unidos, haciendo de nosotros un Goliat opresor. Ha hecho de la crueldad y la corrupción la norma de sus adeptos.
Es por eso que el quinto día del mes de Iyar (la fecha de la proclamación del Estado de Israel según el calendario judío) es un día de pena extraordinaria para el pueblo judío y para toda la humanidad. Los círculos ortodoxos lo marcaron con un ayuno y un duelo, haciendo penitencia con el sayal y la ceniza. ¡Quizás nos merezcamos poder ver el desmantelamiento pacífico del Estado y el arribo de la paz entre los musulmanes y los judíos de todo el mundo! (Israel)."
Los manifestantes pro-israelíes los acusan de ser traidores y algunos exclaman que "ellos no son verdaderos judíos". Otros intentan arrancarles sus pancartas. Finalmente, la policía antimotines es llamada a fin de interponerse entre los dos grupos judíos. Las mismas escenas se desarrollan simultáneamente en Nueva York, en Londres y en Jerusalén.

Divergencias

Estos episodios de carácter local ilustran un fenómeno mas general que, sin embargo, es poco conocido por el público, tanto judío como no judío, el rechazo al sionismo en el nombre de la Torá, en el nombre de la tradición judía. Este rechazo es tanto más significativo ya que en ningún caso puede ser calificado de antisemitismo, contrariamente a los intentos de asimilar cualquier expresión de antisionismo al antisemitismo.
El fenómeno puede resultar paradójico. Después de todo, la asociación que el público hace entre Israel y los judíos es casi automática: la prensa se refiere regularmente al "Estado judío" o al "Estado hebreo" mientras que los políticos israelíes hablan a menudo "en nombre del pueblo judío". Sin embargo, el movimiento sionista y más tarde la proclamación del Estado de Israel provocaron uno de los mayores desgarramientos de la historia judía. Una mayoría indiscutible de los que mantienen e interpretan la tradición del judaísmo se oponen desde el inicio al nuevo proyecto de sociedad, al nuevo concepto del judío, a la inmigración masiva en Tierra Santa y al uso de la fuerza para establecer ahí su hegemonía política.
De hecho, tanto los intelectuales sionistas como los rabinos ortodoxos que se oponen a ello, coinciden en decir que el sionismo representa una negación de la tradición judía. Según Josef Salmon, experto israelí en la historia del sionismo: "el sionismo ha planteado la más grave amenaza ya que buscaría despojar a la comunidad tradicional de todo su patrimonio, tanto en la Diáspora como en Erets Yisrael (Tierra de Israel), quitarles el sentido a sus esperanzas mesiánicas. El sionismo desafiaría todos los aspectos del judaísmo tradicional: en su propuesta de una identidad judía moderna y nacional, en la subordinación de la sociedad tradicional a estilos de vida nuevos, en su actitud hacia los conceptos religiosos de diáspora y de redención. La amenaza sionista ha alcanzado a cada comunidad judía. Ella sería implacable y frontal y solo quedaría oponerle un rechazo sin concesiones. (Salmon, 1998....)...."
....La tradición judía preconiza que la única manera de corregir el comportamiento del otro es adoptar una posición de amor y de respeto, no obstante, el rechazo al sionismo es a menudo interpretado como un acto de traición en relación con el pueblo judío. Los rabinos de la Liberal Jewish Synagogue en Londres formulan claramente ese dilema: nosotros debemos elegir entre la lealtad a nuestro pueblo y la lealtad a nuestro dios." (Pags. 13 a 15). "...Al intentar 'normalizar al pueblo judío', el nacionalismo desafía la continuidad histórica que se define en términos dicotómicos de recompensa y de castigo, de exilio y de redención. A fin de poder contrarrestar la tradición judía que favorece la introspección antes que una reconquista, los sionistas son obligados a disponer de la historia para sus propios fines. Así los alumnos de las escuelas públicas en Israel aprenden los mitos fundadores del nuevo Estado, y leen las biografías de los grandes sionistas, actores intrépidos de la historia judía..." (pag. 34)
Yakov Rabkin, autor de estas palabras, es catedrático en Historia en la Universidad de Montreal; profesor invitado en las universidades de Yale y Johns Hopkins en los Estados Unidos, Louis Pasteur y Paris-Dauphine en Francia, y Bar-Ilan y Hebraica en Israel. Al margen de su carrera académica, estudió judaísmo con varios rabinos en Canadá, Francia e Israel. Ha escrito sobre el sionismo y los acontecimiento de Israel para diversos diarios, como el Baltimore Sun, Suddeutsche Zeitung (Munich), Jewish Chronicle (Londres), Ha'aretz (Tel Aviv) y The Jerusalem Post.
En síntesis, por más que los poderosos de este mundo hoy se congratulen por los "sesenta años de Israel", la realidad demuestra que esta usurpación territorial y ocupación militar ha costado millones de vidas en Medio Oriente, y hoy amenaza con arrastrar a la región a una guerra generalizada, e incluso al planeta entero a una potencial guerra mundial. Una verdadera Paz con el Estado de Israel en una ilusión en la que sólo pueden creer quienes no conocen la verdadera naturaleza del Estado israelí.

Invasión violenta

Para entender por qué no hay paz en Medio Oriente, basta con repasar otros ejemplos históricos por demás elocuentes. Siempre que ha habido alguna invasión violenta o colonialismo rapaz, la pacificación se logró recien cuando el invasor o colonialista es expulsado o, de una forma u otra, se retira de dónde no debiera estar:
  • Sudáfrica, ocupada durante más de un siglo por una elite blanca anglo-holandesa, finalmente fue devuelta a sus milenarios habitantes negros con un gobierno presidido por Nelson Mandela, y hubo Paz.
  • Argelia, se quita el yugo colonialista francés logrando su independencia bajo el movimiento de liberación nacional liderado por Ahmed Ben Bella, y hubo Paz.
  • Zimbabwe, la ex-Rhodesia colonial dominada por los ingleses, fue restituida a sus milenarios habitantes negros y con Robert Mugabe, hubo Paz.
  • Francia - la Gran Francia! - invadida en 1940, se quita de encima al invasor alemán gracias a la tenaz lucha de la Resistance (grupo de liberación nacional que era el "Hamas" y Hezbollah" de la época) y, con Charles de Gaulle, hubo Paz.
  • Vietnam - logró expulsar a sucesivos invasores coloniales - franceses, estadounidenses y chinos - y, con Ho Chi Minh, finalmente hubo Paz.
  • Europa del Este y Central, tras la caída del Muro de Berlín, se sacudió el feroz yugo soviético... y entonces hubo Paz...
¿Queda claro por donde pasa la verdadera posibilidad de Paz en Medio Oriente y cómo se puede lograr?
¿Hasta cuándo deberá el mundo tolerar esta terrible mancha en la conciencia de la humanidad que es la usurpación y ocupación militar de Palestina por las fuerzas armadas sionistas?
¿Hasta cuándo tendrán que doblegarse los pueblos del mundo ante la Ley del más Fuerte y Violento?
¿Hasta cuándo tendremos que sorportar que una minoría ínfima pero ilegítimamente poderosa, domine y arrastre a todo el mundo al borde de una probable guerra de proporciones mundiales?

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