jueves, 3 de noviembre de 2011

Cultura popular y tradiciones a la luz del Nacionalsocialismo



 Creemos importante definir en las siguientes líneas cual es, a nuestro criterio, la relación entre cultura popular y religión, desde nuestra óptica nacional socialista .
 Es importante decir que tal postura se haya en concordancia con la visión tradicional-conservadora que ostenta el nacional socialismo en su versión original; aunque adaptándose, por supuesto, a la herencia grecolatina y judeocristiana occidental del cual nuestro país, Costa Rica, forma parte.
La cultura de un pueblo esta permeada por la visión religiosa que haya tenido a lo largo de su historia. No es posible separar un aspecto del otro sin destruir la identidad de una nación. Al definir a un país como Costa Rica culturalmente como judeocristiano,  estamos reafirmando la medula de su identidad, para bien o para mal. De lo que se trata aquí, en todo caso, es de demarcar los parámetros exactos de esa coyuntura, para no caer en el ridículo absurdo, (en el que caen muchos camaradas), al hablar de identidad, y a su vez, apedrear procesiones. Esta es una flagrante ignorancia. Tampoco significa, por supuesto, transigir con los aspectos corrosivos obvios que el judeocristianismo representa para la identidad y la salud de la nación. Se trata pues de separar el arroz de los frijoles, sustrayendo de dicha cultura aquellos aspectos positivos que son, en estos momentos, fundamentales para mantener un hilo con nuestro pasado. Dicho de otra manera, seria como si nos hallásemos en un poso profundo y todas la cuerdas hubiesen desaparecido, quedando únicamente para escapar, una única cuerda infectada de excremento. 

Sin embargo es posible que a muchos camaradas el concepto de judeocristianismo le resulte incomodo, incompatible, así  como contradictorio y difícil de entender en un documento como este. Pero, como veremos mas adelante, esto no es así en modo alguno. Por otra parte, también nos podría resultar posible hablar de un cierto nacional catolicismo para acercar, aun mas, nuestra realidad histórica a los ideales que en materia de fe popular son valiosos para nuestro movimiento. Sin embargo, tal concepto, ha sido, fue y es prerrogativa de la madre patria y es allí en donde debe ser dimensionado. De manera que en lo sucesivo hablaremos de iglesia católica costarricense, cuando nos refiramos a la mayor fuerza cultural identitaria que sobrevive y es predominante en Costa Rica. Eso es básico cuando se plantea la importancia que podría tener este culto a la hora de reivindicar nuestra deteriorada identidad nacional.
Costa Rica es, por definición, un país católico, esta es su mas grande fortaleza identitaria, si lo vemos desde el punto de vista de tradición vernácula y no solo en cuanto a la fe. Es el mas valioso legado que junto a la, cada vez mas, disminuida herencia sanguínea, conforman la piedra angular de nuestra nación.

Cuando el cristianismo hecho raíces en España, este fue interpretado racialmente por los pueblos iberos, e inmediatamente y de forma paralela, surgió lo que hoy conocemos como tradición cristiana católica y sus mil manifestaciones populares: fiestas, santorales, ceremonias, modismos, lenguaje sacro y profano, costumbres, y cientos de etcéteras mas. Se perfilo así una identidad Española amalgamada, fortalecida y única por la gracia de la nueva fe cristina católica. Ahora bien, parte de ese bagaje cultural  paso a América y a nuestro país. Se adoptaron entonces las  viejas costumbres, en la medida de lo posible, a la geografía y a las condiciones ambientales existentes en el nuevo mundo. El campesino español, ahora trasplantado al suelo americano, se fagotizo con el medio. Este embrión de nacionalidad fue posible gracias a  varias cosas: la ausencia de población indígena, (hablo de la antigua Costa Rica), la conciencia racial de saberse europeo en otro sitio, el consabido aislamiento, pero sobre todo el vinculo religioso  y las exigencias formales del culto católico.
Vamos entonces ha intentar aclarar una serie de aparentes contradicciones que enturbian el razonamiento de muchos camaradas, porque en realidad las cosas no siempre son lo que parecen.
Es mas que sabido que el enemigo de las naciones prácticamente ha hecho desaparecer las identidades y las costumbres de los pueblos, sobre todo de los pueblos con herencia europea. Para ello ha usado todo tipo de armas, desde las físicas hasta psicológicas y espirituales. Una de estas armas es despojar de todo pasado y herencia a las naciones dejándolas inermes ante el embate del mercado y las modas de los cuales es amo absoluto.  Gracias a la  conspiración eterna, pocas cosas escapan al deterioro y al fugas brillo de esta época decadente que vivimos.
Por tal razón nuestra búsqueda debe orientarse hacia la exaltación del pasado, sus costumbres y logros, la ética,  la estética y la moral del ayer, hoy casi desaparecidos, deben rescatarse del olvido y la apatía. Por esto es que nos llamamos así mismos tradicionalistas y conservadores, pero estos términos hay que analizarlos muy detenidamente para no caer en errores de interpretación que puedan, en su defecto, fortalecer al enemigo.
En primer lugar, se deben rescatar solo aquellos conceptos que impliquen una virtud perdida. No porque se trate de una costumbre que se practicó en el pasado significa que es positiva, hay cientos de mañas heredadas que no deberían existir en este momento. Porque pasa que, en un mundo en caída, suelen sobrevivir al tiempo lo peor y no lo mejor. De esto era mas que conciente el mismo Hitler cuando descarto los cultos paganos. El sabia que el paganismo tuvo su momento, pero no fue lo bastante fuerte como para detener el avance cristiano. Mucho menos lo iba a tener ahora. Incluso Hitler estaba claro de la importancia de no desmantelar la iglesia católica Alemana, pues sabia lo mucho que su nexo con el pasado significaba para la restauración de la patria. Ahora bien, en lo personal e intimo,  un nacional socialista puede discrepar y de hecho es lógico que  lo  haga, con los postulados esenciales y nefastos del cristianismo, pero su afán debe estar dirigido a fortalecer y exaltar aquellas manifestaciones populares, tradicionales y rituales que se hayan aun adheridas al cristianismo católico: Hay demasiado paganismo en los ritos romano católicos, demasiado de los pagus premedievales en la semana santa y sus fiestas como para ponernos ahora a inventar supuestos paganismos espurios que ni siquiera en la Alemania de Hitler tuvieron acogida.
 Otra cosa muy diferente es la búsqueda de respuestas esotéricas o metafísicas, por parte de algunos grupos, (caso de la sociedad de la Lanza Hiperbórea),  para encontrar un asidero místico mítico espiritual propio de una arianidad. pero esto es un departamento investigativo de ese grupo en particular, que no necesariamente es extensivo a  todos los cultores del pensamiento nacional socialista.

Es mas bien analizando lo que ha sobrevivido en las tradiciones populares y los ritos, como podremos llegar  a  descubrir nuevamente nuestro propio legado. Como identitarios y tradicional conservadores debemos volvernos caballeros custodios de las mejores virtudes y valores, tanto físicos como intangibles que nuestros mayores nos han legado. Una forma lograrlo es haciendo la guerra a las falsas y nefastas manifestaciones,  que el sistema denomina cultura popular, para nosotros: simple basura de ultima generación. Se trata pues de eliminar estos inmundos arremedos sin sentido histórico y  patrimonial que el sistema fomenta para suplantar a las verdaderas tradiciones heredadas. La quema de judas en Costa Rica, por ejemplo, es un denigrante escándalo, que la ralea delincuencial protagoniza en los barrios mas bajos de Costa  Rica. Es llanamente vandalismo criminal: quema de vehículos, robos, riñas, licor y droga, cuyo resultado es muertos y heridos. Este tipo de chanfaina, así como otras de igual monta, deben ser erradicadas simplemente porque no tiene su sustento en el pasado. Escarbar dentro del alubión de desecho que el sistema ha vertido sobre las tradiciones mas sanas y volver reactualizar las viejas, nobles y sanas costumbres es obligación de todo nacional socialista.
En conclusión: la ética nacional socialista, en estos momentos exige que el militante ponga su grano de arena en la lucha política contra el sistema,  (independientemente si es aficionado a las diatribas míticas y búsquedas esotéricas). Es una completa irresponsabilidad refugiarse solamente en románticas teorías metafísicas y descuidar la lucha política y la confrontación con el medio.
También va siendo hora de madurar y olvidarnos de la infantil idea de un Reich al estilo Alemania de los años treintas en la Costa Rica actual. Pertenecemos al orbe cultural grecolatino y judeocristiano del cual solamente el conglomerado blanco de América latina es heredero. Descubrir con espíritu realista y adulto, que tenemos, por ejemplo, un idioma castellano inmensamente rico y poderoso que no conocemos. Tenemos unas tradiciones populares, tanto laicas como religiosas, que interpretamos muy mal y hasta nos chocan. Que tenemos también un arte y unos modismos propios que hemos olvidado en el intento de ser otra cosa. Y que por lo tanto lo que deberíamos hacer es rescatar lo poco que nos queda y, a  partir de allí, avanzar en una búsqueda de lo perdido .
Yo diaria comenzar por cribar lo valioso y nuestro, de lo asimilado y negativo. Menos libros y mas observación de nuestro entorno pero con una actitud mas critica, mas histórica y menos arrogantemente tonta, en otras palabras… mas culta y objetiva . Es este, en todo caso, el camino correcto en la recuperación de nuestra identidad…que es de lo que se trata ¿no?.
  
Menelvagor
Sociedad Costa Rica de la Lanza Hiperbórea

Respuesta a Cultura popular y tradiciones a la luz del Nacionalsocialismo

Me permito comentar sobre el artículo citado ad supra que es autoría de mi estimado camarada Menelvagor (uso este pseudónimo que es el que le conozco, aunque creo que ha firmado otros artículos con otro), miembro al igual que yo de la Sociedad Costa Rica de la Lanza Hiperbórea. Membresía que me llena de orgullo por ser, además, el miembro más joven alguna vez admitido en la misma. Disfruto mucho leyendo los artículos del camarada, como disfruto mucho conversando con él. Como los artículos publicados en Nuevo Orden fuera del área de Colaboraciones, por lo general no aparecen firmados se preguntarán ¿Cómo se la autoría? Pues en principio porque el camarada Menelvagor tiene una forma muy particular de redacción, que es notoria para los que leemos con gran gusto sus escritos, y porque además lo confirmé haciéndole una consulta directa a él y otros miembros sobre de quien era la autoría exclusiva (y no como colectivo) del artículo.

Aclaro que no estoy del todo en desacuerdo con lo que el camarada Menelvagor menciona. Coincido en que todo movimiento nacionalista costarricense deberá ser respetuoso de la Iglesia Católica (y de las demás religiones) y deberá salvaguardar las tradiciones y costumbre positivas y virtuosas del catolicismo y de la cultura costarricense en general. Sin embargo quisiera aportar, eso sí, lo que me parece es un enfoque equivocado respecto a las tradiciones y costumbres costarricenses y, especialmente, a la supuesta catolicidad del tico que yo, particularmente, pongo en duda.

Aduce el camarada: Costa Rica es, por definición, un país católico, esta es su mas grande fortaleza identitaria, si lo vemos desde el punto de vista de tradición vernácula y no solo en cuanto a la fe. Es el mas valioso legado que junto a la, cada vez mas, disminuida herencia sanguínea, conforman la piedra angular de nuestra nación.

Acá tenemos la primera divergencia. Nadie duda del origen hispánico blanco de la cultura costarricense que tanto nos ha diferenciado en prácticamente todo sentido de algunos vecinos y que es realmente motivo de orgullo, aún cuando este legado sea no solo vinculado al catolicismo, sino también a la lengua, cultura, arte, literatura, sistema legal y cosmovisión hispánica. Lo que puede dudarse es que Costa Rica sea, efectivamente, un país católico. De acuerdo a las más recientes estadísticas, los católicos son el 69% de la población, es posible que menos pues el dato es del 2007, siendo el 75% unos pocos años antes es posible que el porcentaje sea aún menor actualmente. De ese porcentaje y según la misma encuesta de la Universidad Nacional, el 44.9% de los católicos son practicantes y el 25.6% no lo son. En síntesis, el número de católicos practicantes es, redondeado, más o menos el 45% de la población. Coincido plenamente cuando se dice que el nacionalcatolicismo español es un fenómeno de nuestra Madre Patria y que difícilmente podrá importarse a Costa Rica, esto es muy cierto, pues resulta algo osado considerar como “país católico” a un lugar donde menos de la mitad de la población asiste con regularidad a misa.

En primer lugar, se deben rescatar solo aquellos conceptos que impliquen una virtud perdida. No porque se trate de una costumbre que se practicó en el pasado significa que es positiva, hay cientos de mañas heredadas que no deberían existir en este momento. Porque pasa que, en un mundo en caída, suelen sobrevivir al tiempo lo peor y no lo mejor. De esto era mas que conciente el mismo Hitler cuando descarto los cultos paganos. El sabia que el paganismo tuvo su momento, pero no fue lo bastante fuerte como para detener el avance cristiano. Mucho menos lo iba a tener ahora.

No soy como otros paganos NS que despotrican contra el cristianismo, lo cual me parece realmente espurio, inapropiado y destructivo. Existió en la Alemania del Tercer Reich un movimiento por un cristianismo positivo patrocinado por el gobierno que buscaba purgar de influencias judías el cristianismo tanto católico como protestante. Esto no es descabellado. Jesús no era judío, como se ha demostrado hasta la saciedad por pensadores como Joaquín Bochaca y Pablo López Meza, por una lógica tan simple como el hecho de que el término judío es el gentilicio del nativo de Judea, y Jesús no nació en Judea sino en Galilea, territorio política y culturalmente separado. Es perfectamente compatible ser cristiano y, al mismo tiempo, no ser filosemita o judaizante, es decir, no estar a favor de las manifestaciones culturales judías y semíticas que conllevan ciertas ideologías, ejemplo de ellos serían el Ku Klux Klan, Identidad Cristiana, la Fraternidad Católica San Pio X, el viejo nacionalcatolicismo español, etc.

Pero, mientras el fascismo en la España de Franco y la Grecia de Metaxas promovía las religiones tradicionales (católica y ortodoxa respectivamente) como símbolos de unidad nacional, la Alemania de Hitler se vio ante un grave dilema: nunca hubo uniformidad religiosa en Alemania. El número de católicos y de luteranos era casi empatado, así como había otras iglesias evangélicas. Esta característica de diversidad se mantuvo incluso entre los alemanes en tierras eslavas como en Rusia, Polonia y Hungría donde fue símbolo de identidad étnica. Además, quizás por ser algo cosmopolitas y personas sumamente cultas (pues el alemán promedio era muy educado e instruido) también había muchos alemanes interesados en religiones extraeuropeas no tradicionales, ya desde los tiempos en que Schopenhauer y Nietzsche se interesaron por el budismo y otras religiones orientales. Había una nutrida comunidad budista en Alemania que nunca fue perseguida, al contrario, pudieron hacer un congreso budista europeo en Berlín durante el gobierno del Tercer Reich, en 1938, según el erudito budista Alexander Berzin. Los grupos neopaganos y esotéricos pululaban por todo lado, si eran vistos o no como excéntricos, pues eso habría que investigarlo más a fondo, pero muchos de estos pertenecían a la aristocracia alemana y diferentes figuras importantes dentro del despertar nacional alemán como Guido von List, Larz von Liebenfelds, Rudolf Steiner, Dietrich Eckart, el barón von Sebotendorff, Ezra Pound, C. G. Jung, Otto Rahn, Alfred Rosenberg y Heinrich Himmler (y según algunos el propio Hitler) fueron ocultistas y/o neopaganos, aún cuando en algunos casos dicho paganismo fuera más cultural y nacionalista que religioso, a como tendemos a ver el neopaganismo moderno.

Nadie puede negar que Hitler era católico, y que lo fue toda su vida, pero el Nacionalsocialismo acercó a personas de diferentes religiones como la hindú (de origen griego conversa al hinduismo) Savitri Devi, su esposo Sri Asit Krishna Mukherji y Shubra Chandra Bose, musulmanes como el Gran Mufti Muhammad Amín al Husseini y cristianos como el mismo Papa Pío XII, apodado el “Papa de Hitler” como reclamo del Sistema pero que, en realidad, responde a probados vínculos de amistad y mutuo aprecio entre ambos, sellados con el Concordato imperial en que el Vaticano reconoce al Tercer Reich como gobierno legítimo y donde, Pío XII, ve a Hitler como la salvación de Europa contra el marxismo ateo de la URSS.

Incluso Hitler estaba claro de la importancia de no desmantelar la iglesia católica Alemana, pues sabia lo mucho que su nexo con el pasado significaba para la restauración de la patria.

Naturalmente que Hitler nunca pensó en desmantelar la Iglesia Católica ni combatir ninguna otra religión, todas la cuales; católicos, luteranos, budistas, neopaganos, etc., fueron respetadas. La idea de que Hitler persiguió religiones es una invención del Sistema (que roza con ciertos mitos fantasiosos como el supuesto Holocausto). El Nacionalsocialismo es un movimiento laico, aunque no ateo. En su Programa de 25 puntos del NSDAP se lee:
24. Exigimos la libertad para todas las denominaciones religiosas dentro del Estado mientras no representen un peligro para éste y no militen contra los sentimientos morales de la raza alemana. El Partido defiende, en su carácter de tal, la idea del cristianismo positivo, más no se compromete, en materia de credo, con ninguna confesión en particular. Combate el materialismo judío filtrado entre nosotros y está convencido de que nuestra nación no logrará la salud permanente sino dentro de sí misma y gracias a la aplicación de este principio: El Interés común antes que el Propio.
Queda claro que el NSDAP y el Tercer Reich no persiguieron ninguna religión, pues en su propio ideario estaba claramente la laicidad. Solo algunos grupos que pudieran atentar contra la estabilidad del estado y que incumplían el principio de no anteponer “el interés común antes que el propio” como en el caso de los judíos y los testigos de Jehová, que no se consideraban parte del estado alemán, sino una nación aparte y separada que no debía lealtad a Alemania, tuvieron que ser recluidos por un asunto de seguridad nacional. Dice el artículo 4 del mismo documento: Nadie, fuera de los miembros de la nación, podrá ser ciudadano del Estado. Nadie, fuera de aquellos por cuyas venas circule sangre alemana, sea cual fuere su credo religioso, podrá ser miembro de la Nación. Queda claro que un alemán, de padres alemanes y abuelos alemanes, que se hubiera convertido al judaísmo, pero fuera, para todo efecto, alemán, sería considerado parte del Estado y se le permitiría practicar su religión, no obstante estos casos fueron virtualmente inexistentes por razones propias de la idiosincrasia judía que no le agradan las conversiones.

Pero en todo caso, Costa Rica como país se asemeja más a Alemania que a España o a Grecia, para el caso, y no existe una uniformidad religiosa. Al contrario, la diversidad religiosa (y no racial) costarricense se asemeja mucho a la alemana. Aunque el 90% de los costarricenses sean blancos con un nivel de mestizaje muy bajo y que, aunque existente, prácticamente no tiene ningún peso cultural pues no puede verse casi nada indígena en la cultura tradicional costarricense, lo cierto es que esa homogeneidad étnica no es acompañada de una homogeneidad religiosa como sucede en otros países. ¿Alguna vez fue así? Quizás, pero la diversidad religiosa y la coexistencia de diferentes confesiones en suelo tico aparte de la católica es algo tan común desde hace más de cien años, que ya resulta muy difícil imaginar que alguna vez hubo una Costa Rica católica (al 100% al menos) y si la hubo, sin duda debe haber sido en tiempos muy remotos de la colonia y de la independencia reciente.

¿Entonces? Sin duda en el hipotético caso de que un gobierno nacionalista llegara al poder en Costa Rica debería ser un estado laico (no ateo) con posturas similares a las del NSDAP en los artículos 4 y 24 de su programa.

Hay demasiado paganismo en los ritos romano católicos, demasiado de los pagus premedievales en la semana santa y sus fiestas como para ponernos ahora a inventar supuestos paganismos espurios que ni siquiera en la Alemania de Hitler tuvieron acogida.

Realmente duele escuchar un término como “paganismos espurios”. Podría debatirse si dichos “paganismo espurios” realmente no tuvieron acogida en la Alemania de Hitler, algo que puede ponerse en duda pues, aunque talvez no fueron masivos si fueron culturalmente influyentes en el arte, la música, la literatura y la filosofía, es decir, entre las capas cultas de nuevo, quizás más desde el aspecto nacionalista que el religioso.  Aquí hay que saber diferenciar el paganismo cultural del espiritual o religioso. La Paganidad no necesariamente se manifiesta como religión, a veces lo hace como arte, cultura, filosofía, misticismo, etc., y desde esa óptica de paganismo cultural (no religioso) es notoria su influencia en el Tercer Reich en muchos aspectos culturales, artísticos, sociales, organizativos e iconográficos siendo quizás su símbolo más evidente la Esvástica y las runas Sieg, ambas de origen pagano.

Respecto a la postura de la juventud, pues ciertamente que en tiempos modernos nos vemos en la dicotomía paganismo/catolicismo a una encrucijada similar a la de la música. Probablemente los miembros de la Sociedad Costa Rica de la Lanza Hiperbórea preferirán infinitamente escuchar música clásica de Mozart, Wagner, Beethoven y Hayden, realmente música maravillosa, profunda y podríamos decir que gloriosa, antes que cualquier género de Rock aunque sea RAC, Black Metal Nacional Socialista o metal étnico como el Vikingo. Pero los jóvenes NS/NR de nuevas generaciones no. Todo tiene su edad, y la música clásica se aprecia, salvo algunas excepciones, cuando el individuo llega a una edad madura superior a los cuarenta años. Para los jóvenes de mi generación y menores es mucho más significativa la sinergía de la música rock con sus características energizantes que parecen evocar sagas guerreras y una gran fuerza viril (no que la música clásica no lo haga también, pero de manera diferente que no suele impactar igual al joven) y, por más que se intente, sería una batalla perdida (además de innecesaria y tonta) tratar de cambiar eso. Al joven costarricense nacionalista le gusta el Rock, y punto, ahí no hay nada que discutir, aún cuando el Rock no sea “tradicional”.

De forma similar resulta muy difícil imaginar a los jóvenes costarricenses nacionalistas asistiendo a misas y procesiones, golpeándose el pecho y recibiendo la hostia de un sacerdote. Esta también es una batalla perdida. Si bien entiendo y comparto la postura de que no se debe atacar a la Iglesia ni a su feligresía, eso es absurdo y contraproducente. Pero es evidente hasta para el más obtuso de los tradicionalistas que los jóvenes NS/NR van a preferir mil veces ser paganos que ser católicos, que encontrarán mucho más satisfactorio practicar el Wotanismo, el Hitlerismo Esotérico y cualquier otra forma de espiritualidad pagana y que no tendrán ningún agrado en ser católicos o mostrarse respetuosos hacia dicha Iglesia. Esto no solo es lógico, sino deseable. No se le puede pedir a ningún joven NS/NR o persona en general que tenga un vínculo con una iglesia como la Iglesia Católica costarricense con escándalos de abuso sexual en los que se han visto involucrados tantos sacerdotes como Minor Calvo, Enrique Delgado y Ángel San Casimiro (este último como encubridor cómplice no como perpetrador, aclaro), malversaciones de fondos y vínculos políticos oscuros con la mafia corrupta del Partido Liberación Nacional y su líder Óscar Arias mediante inversiones en el Grupo SAMA. De ahí que, resulta absurdo que el catolicismo sea la religión oficial en Costa Rica, uno de los pocos países latinoamericanos con esta característica y de los menos católicos para más ironía.

Finalmente agrego;

En conclusión: la ética nacional socialista, en estos momentos exige que el militante ponga su grano de arena en la lucha política contra el sistema,  (independientemente si es aficionado a las diatribas míticas y búsquedas esotéricas). Es una completa irresponsabilidad refugiarse solamente en románticas teorías metafísicas y descuidar la lucha política y la confrontación con el medio.

Me parece que nuevamente estamos poniendo la carreta frente a los bueyes. Si bien entiendo por qué el camarada recalca la palabra “solamente” es decir, que no deben ser excluyentes la lucha política de la búsqueda espiritual, ciertamente que estamos haciendo todo al revés. Las revoluciones se logran mediante un componente espiritual y metafísico previamente sembrado, cuidado, cultivado, bien regado y germinado. Toda revolución política empieza por la revolución interna, espiritual. Ese semillero metafísico que se inicia con alimentar el espíritu y lograr una alquimia para que los líderes de la revolución sean genuinos Superhombres y para que haya una resonancia espiritual en el entorno, un despertar en la sociedad de dicho espíritu como una virtud contagiosa, que termina en una consonancia espíritu-sociedad. Las revoluciones nacionalistas se han perdido precisamente porque los revolucionarios en muchos casos no eran verdaderos Iniciados, personas que hubieran trabajado en una revolución interna que los puliera y volviera verdaderos diamantes humanos y, por ende, no pudieron sostener la revolución en la sociedad y esta se perdió, a diferencia de la Revolución Nacionalsocialista y muchas revoluciones fascistas que iniciaron como movimientos filosóficos y espirituales, y no políticos. No podemos tratar de curar a la sociedad si estamos nosotros enfermos. No podemos pretender guiar un país si no podemos siquiera guiarnos nosotros mismos. Y no podemos pretender que haya un movimiento exitoso si antes no hubo un componente filosófico, psicológico, cultural y espiritual que lo moldeó. Antes que todo lo demás, se debe haber promovido la revolución interna en términos místicos y esotéricos.

Antes de cambiar al medio debemos cambiarnos nosotros mismos. Como dice Zun Tsu; el hombre que se vence a si mismo es invencible.

Matt Marshall
Sociedad Costa Rica de la Lanza Hiperbórea.



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