miércoles, 9 de noviembre de 2011

Jaques Sagot - Otra vez Zapote




Jacques Sagot
 Embajador de Costa Rica ante la Unesco
Existe, en el mundo político, algo que se llama “sistema”. Es indisociable de la noción de Estado. El sistema tiene aparatos represivos (en el caso extremo, la Armada), e ideológicos (mandatos, adoctrinamientos, control de los medios de expresión, censura, prohibición tabú de ciertos conceptos, sacralización de otros'). Pero, eso que llamamos “sistema” se define, sobre todo, por lo que quiere y no quiere que hagamos.
El ideal del sistema es:
1- Un hombre y una mujer que no piensen (el pensamiento le es peligroso).
2 - Que carezcan de espíritu crítico.
3 - Que no tengan tiempo para el ocio creativo.
4 - Que hagan lo que tienen que hacer, amen o no su trabajo (la alienación laboral).
5 - Que produzcan incesantemente para la generación de capital. Que se comporten con el automatismo de una polea o una tuerca, como Chaplin molido por el engranaje en Los tiempos modernos.
6 - Que se traguen los lugares comunes de una mitología patriótica en la que funda su “legitimidad”.
7 - Que sean unos idiotas.
8 - Que consuman, consuman, consuman.
9 - Que se integren a la cultura de masas y lleguen a considerarla como un orden natural, la única forma en que las cosas podrían haber sido.
Fuga momentánea. Pero el sistema sabe que tiene que darnos momentos de respiro. Entonces crea, calculadamente, espacios para el “esparcimiento”: son espacios monitoreados, acotados, contenidos, pautados, medidos, supervisados. Para que, por unas cuantas semanas nos sintamos libres –lo que debería de ser nuestro estado natural para que nos volvamos “locos”, para que hagamos el tontito, una válvula psicológica y colectiva para que no reventemos en la neurosis, la depresión, el estrés, la sensación de enajenación (tornarnos ajenos a nosotros mismos). Y en nuestro país, (Costa Rica) el espacio de la locura “de mentirillas” por excelencia, es el mes de diciembre, en la tristemente degradante plaza de toros de Zapote. Ya he hablado de esto antes, y pienso seguirlo haciendo todos los años que me queden de vida. Mis detractores (porque enemigos no tengo) desearán que estos sean pocos, pero yo haré lo posible por contrariarlos.
¡Ave, Caesar, morituri te salutant! Una doncella a la que amarran a un poste para que veinte garridos paladines intenten liberarla de un furioso minotauro; una horda de pachucos ( guarros, gañanes) corriendo en un lodazal, haciéndose embestir, quedando desnudos en media plaza, las nalgas descubiertas, los genitales colgando, tropezándose y rodando entre el fango; otro infeliz lanzado tres veces de cabeza contra la barrera hasta perder el conocimiento; los infaltables “hembrones” (mujeres guapas) que vienen a entrevistar a los lesionados: “¿Y qué sintió al ser encumbrado por el toro? ¿Que nada más le quebraron el fémur? ¡Ah, que dicha, eso no es grave!”
Entretenimiento degradante. Entendámoslo: esto no es “entretenimiento popular”, es una manera de degradar al pueblo, de estupidizarlo, de hacerlo cada vez más vulgar, más zafio y descerebrado.
No estoy desdeñando la “cultura popular” por el mero hecho de ser pianista, escritor, embajador, y por el mero hecho de llevar un nombre francés. Mi familia es oriunda de Palmares, e igualmente pude haberme llamado Greivin Churchill Pérez Otárola. (Para quienes viven fuera de Costa Rica, Palmares es una zona rural. El articulista además, hace referencia a la costumbre vulgar y de mal gusto de la chusma de poner nombres anglosajones a sus hijos)
Es que los populistas y yo diferimos radicalmente. Lo que ellos consideran “cultura popular”, a mí me parece veneno ideológico, manipulación, mecanismos para acallar el pensamiento crítico: es una cultura que le ha sido impuesta al pueblo para mejor sojuzgarlo.
¡Un pobre diablo corriendo desnudo en un boñiguero, captado por las cámaras del país, aplaudido y visto por toda la familia, que ríe a mandíbula batiente viendo sus blancas nalgas enfangadas, sus harapos desgarrados, sus trompicones y panzazos en el barrial, mezcla de excremento, lodo, escupitajos' el corrompido lenguaje que se escucha' el régimen totalitario del pachuco, que ya no es cultura marginal, sino cultura hegemónica. Lo primero que esto me hace sentir es tristeza, profunda tristeza. Luego vergüenza. Finalmente, la urgencia de hacer algo al respecto.
Cuando hace un año recomendé la lectura del Quijote para respirar aires más puros e invertir el mes de diciembre en las alturas del pensamiento, recibí, conmovido, varios mensajes: “Don Jacques: tal vez usted pueda orientarnos: qué libros deberíamos leer para ser menos ignorantes”.
Les tengo varias magníficas propuestas, pero una, en particular, les va a encantar porque, a pesar de haber sido escrita en 1857, es de una actualidad tan vigente y pasmosa, que retrata la vida contemporánea mejor que muchas novelas modernas. De ello hablaremos en nuestro próximo artículo.

Este artículo fue escrito por un funcionario, representante de las artes y alta personalidad del gobierno de Costa Rica. Sin embargo nos pareció este tema bastante en línea con la visión que tenemos los NS, sobre estas sociedades nuestras tan viciadas y decadentes.
 Menelvagor
 Sociedad Costa Rica de la Lanza Hiperbórea NS

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