jueves, 17 de noviembre de 2011

KRAV MAGA; EL ODIO, EL DESHONOR Y LA COBARDÍA HECHOS UN “ARTE MARCIAL” JUDÍO



La historia nos enseña que mientras el ario construye, el judío destruye.
Barón von Sebottendorff.

Recientemente se ha popularizado en Occidente el “sistema de combate” o “arte marcial” según algunos del Krav Magá, arte marcial de origen judío y utilizado por las Fuerzas Armadas Israelíes, el Mossad y la policía de Israel, entre otros. Pero ¿Qué es realmente este “sistema de combate”? El Krav Magá refleja a la perfección la cultura judía, la psicología judía y el espíritu judaico. Representa una monstruosa bastardización plagiaria de los verdaderos Artes Marciales, una horrenda glorificación del más descarado matonismo cobarde y deshonroso y, sobre todo, representa la ira, el odio y el temor albergados en el alma judía y extrapolados a la sociedad.

El Krav Magá es además contrainiciático, representativo de lo opuesto diametralmente al espíritu de las artes marciales orientales y del espíritu caballeresco del duelo europeo pues carece de honor, valentía y dignidad. Basta con ver una de las reglas (designada como, de hecho, la más importantes) de esta grotesca farsa:

Vale todo: morder o dar cabezazos o una patada en los genitales, como en una pelea callejera.
Óscar Ocurro, presidente de la Asociación Española de Krav Magá.

Acá vemos el primer aspecto chocante de una parodia de arte marcial. Mientras los tradicionales duelos entre caballeros de las culturas europeas y las enseñanzas marciales del oriente instan a ser siempre honorable y ético en su combate, ha ser respetable con el adversario y emiten una gran nobleza de carácter y de espíritu, que enseña a detener al contrincante, pero de una manera decente y proporcionada, el Krav Magá hebreo enseña que todo es válido, que no debe existir contemplaciones éticas u honorables en un combate y reduce al practicante a un simple bravucón callejero. Mientras la imagen del honorable duelista europeo nos puede evocar a un caballero heroico medieval y el artista marcial oriental puede llamar la imagen de un venerable maestro, el practicante del Krav Magá solo evoca a un delincuente común o a un borracho peleón pasado de copas enfrentándose con otro en el callejón de una cantina.

La agresividad del alumno, por poca y escondida que esté, para que se encienda cuando la situación lo exija.
Ídem.

El opuesto directo al Arte Marcial oriental que busca la templanza, la disciplina y el autocontrol. Como dice Zun Tsu en El Arte de la Guerra: El hombre que domina a los demás es fuerte, pero el que se domina a si mismo es poderoso.

Y prosigue la cobardía en el Krav Magá:

Un bolígrafo, un puñado de monedas, unas llaves, un teléfono móvil o un vaso. Cualquier cosa vale, llegado el momento. "[…] El practicante de Krav Maga no está limitado por normas y empleará para la defensa cualquier recurso, incluso gritar, escupir o fingir pánico"[1]

¿Gritar? ¿Escupir? ¿Fingir pánico? Difícilmente podríamos imaginar a un guerrero vikingo haciendo tales cosas. Jamás un samurai nipón o un soldado espartano se rebajarían cometiendo tales bajezas. Sin duda el sistema de valores de los judíos dista mucho que el de otros pueblos y naciones. Engañar al adversario con tales acciones son totalmente impropias de un guerrero tradicional y viril, y son más propias de cualquier malviviente de la calle.

Último principio, pero seguramente el más realista : no hay ninguna "ley" (regla), no hay ninguna limitación sobre la ejecución de las técnicas, ninguna prohibición, todos los golpes están permitidos. [2]

La anarquía propia y simple del cobarde e indisciplinado, del sucio malhechor, del matón sin tapujos. No es de extrañar que este método de “combate” sea el utilizado por los israelíes para la tortura y el maltrato de los palestinos. Este sistema parece reflejar la ideología militar sionista que le aplican al infortunado pueblo palestino: todo se vale, no hay reglas, cualquier cosa puede ser usada como arma y el engaño es permitido. De ahí quizás que el gobierno israelí ha usado toda clase de tácticas de guerra sucia contra los palestinos como demostró la más reciente y sangrienta masacre de Gaza.

El Krav Magá se originó en Hungría mediante el judío Imi Lichtenfeld, un simple matón callejero que organizó a otros pandilleros judíos para enfrentarse violentamente a los ataques antisemitas de sus conciudadanos. Posteriormente Lichtenfeld escaparía de Europa hacia Palestina donde pertenecería al Haganá, una de las diversas organizaciones terroristas judías que atacaban objetivos árabes y británicos. Luego formaría parte de las fuerzas armadas sionistas a quienes inculcaría su aberración “marcial” y lo pondría al servicio del nacionalismo hebreo. Ahora se nos vende a Occidente y se ha hecho popular en muchos países como una nueva moda, pero es un clavo más en el ataúd de la Tradición y un símbolo más de decadencia.

Además, el Krav Magá no es original sino un plagio, robando sistemas esenciales del Kung Fu, el Wing Chum, el Karate y el Judo.

Puede entonces destacarse sobre el Krav Magá que:

Se basa en el odio, el resentimiento, la ira y la violencia. Surge fruto de estos sentimientos emanados y gestados por los judíos húngaros como Lichtenfeld y el sentimiento de rencor que este y su camarilla sentían hacia el trato que le daban los blancos.

Es un robo que toma de Artes Marciales milenarios de Oriente, pero solo sus partes vacías, estructurales y lesivas, sin el contenido ético, filosófico, espiritual y contemplativo de ellos.

Responde a una cosmovisión muy diferente a la europea, basada en el respeto, el honor, la lealtad, la decencia y la conducta de altura, pues su basa en el matonismo, la bravuconería, el gandulismo, la bajeza, la cobardía y la mentira.

Es una extrapolación simbólica de la metafísica en el comportamiento del mismo Israel, el cual, como país, pareciera ser uno de estos matones violentos practicantes del Krav Magá en su enfrentamiento con sus vecinos y, especialmente, con la indefensa Palestina.

En síntesis, el Krav Magá es una fuente de antivalores contrainiciáticos y antiviriles. Es un verdadero despojo del sistema, un aborto de Arte Marcial que rebaja a su practicante al opuesto exacto del Arquetipo del Guerrero valiente, honorable y caballeresco que preservaba su dignidad y nobleza aún en combate, convirtiéndolo en una rata callejera no mejor que un delincuente común y vulgar. Según dicen, las cosas se parecen a sus dueños.

Cabría preguntarse como los judíos no se avergüenzan de recordarle al mundo que algo tan horrible es creación de ellos. Lejos de eso, lo muestran con orgullo y lo estimulan entre los suyos y entre los otros pueblos.


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