viernes, 11 de noviembre de 2011

SIMBOLISMO ESOTÉRICO DEL TEMPLO DE JERUSALÉN





Desde el punto de vista místico y geomántico, la ciudad de Jerusalén, hoy ocupada por los sionistas, es un lugar sagarado de gran resonancia mágica. Jerusalén fue fundado originalmente por pueblos arios que llamaron a la ciudad Salem, en honor al dios solar del mismo nombre. Antes de la conquista judía de la ciudad esta era llamada Jebús y era habita por hurritas, un pueblo ario, también llamados harritas (que significa literalmente arios), uno de los más importantes pueblos arios del Medio Oriente. Aunque también parecía ser que los hititas, otro valeroso pueblo ario de la región, tenían fuerte influencia en la ciudad de Salem ó Jebús (Jebús-Salem; Jerusalén), y quizás conformaron su aristocracia. Los jebuseos perdieron la guerra contra los judíos liderados por David y su ciudad pasó a manos de los invasores israelitas que la convirtieron en su capital, pero originalmente fue esta una ciudad creada por arios.
El Medio Oriente fue vértice de unión entre pueblos arios y semíticos. Entre los arios que dominaron la zona se cuenta a los sumerios (la primera civilización moderna según la arqueología) iranios, hititas, egipcios, hurritas y mitanios (estos últimos según algunos eruditos son los ancestros de los modernos kurdos) y que convivieron con los pueblos semitas como caldeos, babilonios, asirios, fenicios, filisteos, cananeos, arameos, nabateos y árabes.
Arios ó indoeuropeos y semitas son dos grandes ramas de la Raza Blanca[1]; los arios representan el arquetipo solar, ígneo, activo, boreal y el elemento del Fuego, el Muspellhiem de la mitología nórdica. Los semitas son lo opuesto, representan el arquetipo lunar, telúrico, pasivo, austral y el elemento de la Tierra, el Niflheim de los nórdicos. Recordemos que el choque entre el hielo del Niflheim y el fuego del Muspellhiem es el origen del Cosmos según la filosofía nórdica y por ende, son opuestos complementarios como el Yin y el Yang.
Esta oposición es evidente en las manifestaciones culturales de las dos etnias. Los arios rinden culto al Sol; como la adoración al dios Amón-Ra entre los egipcios, tan devotamente predicada por los reyes Akenatón y Nefertiti, el mito de Apolo en la cultura helénica y su par, el mito de Balder entre los nórdicos y de Mitra entre los iranios, la sacralización del fuego por parte de los persas zoroastrianos, etc. Incluso civilizaciones con influencia aria también rinden culto al Sol, como la adoración a la diosa Amaterasu en Japón y el culto solar entre los incas probablemente importado por los colonizadores vikingos precolombinos. De  este culto solar proviene el símbolo de la Cruz, tan usada por los pueblos arios como la cruz céltica, el ankh egipcio y por supuesto la Cruz Gamada germana, conocida como esvástica en India, poderoso símbolo solar y de la raza boreal aria que ha sido encontrada en América del Norte –probablemente llevada por los vikingos que visitaron estas tierras en tiempos muy remotos- pasando por prácticamente todos los pueblos indoeuropeos hasta India, y llegando a los países amarillos de Asia, como Tíbet y Japón, probablemente como una exportación del budismo de origen indoario.
Muchos cristianos podrán negar que la Navidad sea una cristianización de la celebración pagana del Solsticio de Invierno, la cual era celebrada por todos los pueblos arios de Europa, y no tiene sentido discutirlo, sin embargo, dicha argumentación carece de evidencias. Es demasiada coincidencia que el Solsticio de Invierno pagano celebrado muchos miles de años antes del nacimiento de Jesús, sea el 21 de diciembre y la Navidad sea el 25 de diciembre y que el Solsticio se festeja como el renacimiento del Dios Sol mientras la Navidad celebra el nacimiento de Cristo. Para aquellos que niegan que la Navidad sea una cristianización de esta festividad pagana cabría preguntarles; ¿Por qué la Biblia aduce que había una gran celebración en Belén cuando José y María llegaron allí, razón por la cual no encontraron habitación en ningún hotel y Jesús debió nacer en un pesebre si el 21 de diciembre en aquella época los judíos no celebraban absolutamente nada y por ende no había razón para que la ciudad y sus hoteles estuvieran llenos?
El símbolo original del cristianismo era el pez, la adopción de la Cruz como símbolo del cristianismo fue posterior y como otro esfuerzo por cristianizar el símbolo ario de la Cruz Solar. De hecho, Jesús no fue crucificado en una cruz literalmente, pues en esa época se utilizaba un madero recto para crucificar a las personas. Vemos entonces como el alma aria de tendencia solar e ígnea seguía manifestándose por sobre el culto cristiano de origen judío.
Por el contrario, los semitas tienen en su cultura constantes referencias a su propia tradición lunar. Los dioses principales de los pueblos semíticos eran deidades lunares como Sin y Astarté, y aún hoy el símbolo del Islam es una luna creciente y el del judaísmo es una estrella. Los filisteos adoraban al dios-pez Dagón, de simbología lunar y acuática también, y que quizás sea el origen del símbolo del pez del cristianismo primitivo. En síntesis, mientras los nórdicos, germanos y celtas en las heladas tierras del norte de Europa rendían culto al Sol, los semitas de los candentes territorios desérticos del Medio Oriente rendían culto a la Luna, cada uno en adoración a lo que más alivio les producía.

Los diferentes pueblos arios y semitas convivieron conjuntamente en un estado de frecuentes guerras e intercambios culturales y comerciales. Algunos estudiosos piensan que los arios sumerios fueron los padres de la cultura y la civilización, y que su sistema político (muy avanzado para la época, que incluía una especie de senado primitivo que regulaba al Rey y un sistema legal que establecía derechos para los ciudadanos) así como sus avances científicos, matemáticos, astronómicos y astrológicos influyeron enormemente a casi todas las culturas de la región de forma similar a como lo hicieron los griegos en Europa. Los hititas también fueron una influencia poderosa y una de las potencias de la zona. Un basto imperio guerrero pero reconocido por su integridad y entereza. Los hititas eran una cultura muy sofisticada similar a la egipcia, que por lo general cuando ganaban una guerra no cometían las atrocidades de sus vecinos semitas como los asirios (torturas de prisioneros, asesinatos de mujeres y niños, etc.). Pero fueron los egipcios y los iranios los pueblos arios que quizás tuvieron mayor preponderancia en el lugar como aún resuenan sus logros en la historia.
Pero en todo caso ¿Qué son los judíos y que intervención tienen en el Medio Oriente? Contrario a la creencia popular los judíos no son semitas realmente. La primera noticia genuinamente histórica de los judíos es una mención por parte de antiguos historiadores como Apión y Manetón que un sacerdote egipcio rebelde llamado Osarsef que después cambió su nombre a Moisés lideró a unos 80.000 “leprosos” fuera de Egipto que se robaron todo a su paso. El término leproso debe entenderse como “enfermo” moral ó espiritualmente y no literalmente como quien padece el mal de Hansen. Estos egipcios ladrones y renegados llegaron finalmente a Canaán donde invadieron el territorio masacrando a gran parte de la población; hombres, mujeres y niños, dejando vivas solo a las niñas y mujeres vírgenes para violarlas, robaron todo lo de valor de los madianitas a quienes derrotaron y quemaron sus ciudades (ver capítulo 31 de Números). Por lo tanto, hasta ahora, los judíos son una pandilla de criminales expulsados de Egipto que continuaron su carrera delictiva y vandálica hasta Madián. Tras la captura y violación de las mujeres madianitas se convierten en mestizos egipcio-cananeos.
Los judíos formarían un reino siendo su segundo, pero más importante rey, David. Un adúltero que tendría relaciones que una mujer casada, Betsabé, cuyo esposo mandaría a matar, que tenía presuntas relaciones homosexuales con su amigo Jonatán y cuyos hijos eran otra pandilla de delincuentes; su hijo Ammón violó a su hermana Tammar y luego la despachó como prostituta, razón por la cual el otro hijo Absalón mató a Ammón y un largo etc.
Pero el reino de Israel afrontaría innumerables conquistas por parte de diferentes pueblos; babilonios, asirios, persas, griegos y romanos con la consecuente mezcla con ellos. Los samaritanos modernos aún hoy son despreciados por los demás judíos por ser considerados “mestizos” entre judío y babilonio. Pero lo cierto es que todos los judíos del mundo son producto del mestizaje de innumerables pueblos y por ende no son una raza sino una anti-raza. Los askenazi (cuyo nombre significa alemán en hebreo) que son los judíos de los países sajones, germánicos y eslavos, son descendientes de los jázaros, una tribu turcomongoloide convertida al judaísmo en el siglo VIII, los judíos africanos falasha también son producto de la conversión de tribus negras sudanesas al judaísmo, y el Corán menciona el enfrentamiento entre Mahoma y sus seguidores con tribus judías de árabes conversos en Arabia. Algo similar ocurre con los judíos Tiu-Kiu-Koui de China, los Hata de Japón, los Cochin de India, los Misraí, Dajjatum y Dohnme de los países árabes y los Marranos Sefardíes de España y el mundo latino son resultado de la mezcla de inmigrantes judíos con las poblaciones autóctonas de esos países ó bien conversos. Por ende, los judíos son quizás el grupo étnico más mestizo del mundo y el resultado de un espantoso experimento genético del Demiurgo.
Es por esto que los judíos modernos no tienen derecho sobre Palestina, más del que tendrían sobre este país árabe los holandeses, los chinos ó los zulúes, pues ni siquiera los judíos nativos de Palestina (como los samaritanos) son descendientes puros de los antiguos israelitas. Son los palestinos árabes y a su vez descendientes de los cananeos que habitaron la zona antes de la llegada de los antiguos israelitas los legítimos dueños del país.
El pacto con las deidades se da en dos aspectos; el cultural y el sanguíneo. Un converso ó al judaísmo (ó descendiente de conversos) ó de alguna religión demiúrgica es un seguidor del Demiurgo indiferentemente de su raza aunque sea blanco, negro, amarillo ó rojo. No obstante siempre existirá un pacto de sangre aún más poderoso. Por ello, un judío de sangre siempre estará predispuesto a las labores siniestras comandadas por el demonio Demiurgo aunque sea ateo como Karl Marx, católico como Torquemada, un marrano como Cristóbal Colón ó musulmán como Maimónides.
Así como los judíos son racialmente un grupo informe, bastardo y mutado, su cultura también ha robado mucho a otras culturas. La Cábala Judía por ejemplo fue un plagio de la Cábala Egipcia de misticismo ario.
Y así como le robaron su tierra a los cananeos/palestinos, los judíos robaron la capital espiritual de los arios hurritas; Salem y la convirtieron en su Jerusalén.

Según el Génesis el Rey y Sumo Sacerdote de Salem en tiempos de Abraham era Melchizedek cuyo nombre en hebreo significa “Rey de Justicia” ó “Señor de Justicia”. Aquí encontramos un simbolismo ario fundamental: el Rey de Salem era a la vez el sumo sacerdote. La Tradición Aria siempre ha insistido en la unión entre lo político y lo espiritual. En el sistema de castas ario el gobernante y el jerarca espiritual debían ser siempre el mismo. Jerarquía significa etimológicamente gobierno de lo sagrado y el ario lo entendía literalmente. De allí que la mayor de las castas hindúes sea la casta religiosa; los brahmanes, de allí que Platón, en La República, aboga por un estado dividido en castas siendo gobernantes los filósofos (el equivalente griego a los sabios ó sacerdotes), así como el sistema de castas celtas con los druidas a la cabeza como sacerdotes, jueces y consejeros del Rey, y los sikhs, un pueblo ario de India seguidor de una religión guerrera y solar crearon una serie de reinos teocráticos conocidos como el Imperio Sikh en el norte del Indostán. En Roma también hubo un culto al emperador como dios-viviente aunque en momentos de decadencia se tornó abusivo y ridículo. El Faraón de Egipto, el Emperador de China y el de Japón, el Inca de Perú y el Dalai Lama de Tíbet todos son ó eran considerados la encarnación de una deidad y por ende un rey-dios encarnado, y Egipto, el Imperio Inca, China, Japón y Tíbet son civilizaciones que conformaron poderosos imperios fuertemente influenciados por pueblos arios aún cuando tuvieron posteriores mezclas con otras etnias.
Por supuesto que esto también ocurría entre los arios del Medio Oriente como los hititas, sumerios y hurritas y por ende, los habitantes arios de Jebús-Salem tenían esta misma monarquía sagrada manifiesta en el sabio Melchizedek. El libro de Crónicas del Antiguo Testamento menciona a otro rey jebusita como Araunah que significa “señor” en hitita y por ende podría confirmar el origen hitita de la aristocracia jebusea.
Así, Salem ó Jebús-Salem es una ciudad sagrada aria, donde la propia Biblia aduce que Melchizedek tenía un santuario que luego se convertiría en el lugar de creación del Templo de Jerusalén (la Sinagoga de Satanás) el lugar más sagrado para todos los judíos del mundo. Algo similar ocurrió con La Meca en Arabia. Alguna vez Arabia fue conocida como Arvastán y era una provincia del Imperio Indio bajo el gobierno del Rey Vikramaditya, gran devoto de Shiva que propagó su culto en Arabia, colocando un santuario a este dios en la Kaaba, el altar de La Meca, que luego se volvería el centro de culto de las religiones paganas preislámicas en Arabia, y finalmente, serían destruidos todos los ídolos paganos por Mahoma y convertida en el corazón de la fe mahomética. Así, un santuario sagrado ario situado en Arabia es transformado en lugar de culto del Demiurgo, como sucedió con Jebús-Salem, hoy Jerusalén, ciudad sagrada para judíos, cristianos y musulmanes, y aún peor, capital del sangriento y asesino estado de Israel.

El Templo de Jerusalén fue creado, según la leyenda, por el arquitecto Hiram Abiff, el hijo de la viuda y rey de la ciudad fenicia de Tiro. Los fenicios aunque semitas tenían una fuerte influencia cultural aria como se demuestra en su culto al Adonis griego, que era uno de los dioses principales fenicios, y su adoración al Fénix, un Ave de Fuego que renace, siendo un evidente paralelismo con el culto al fuego y al renacimiento del sol (en el Solsticio) de los pueblos arios. Adonis era la versión griega del mito del dios solar que muere y renace como el Balder nórdico, el Osiris egipcio, el Cernunus celta y el Apolo romano y resulta una evidencia irrefutable de la influencia aria en la cultura fenicia. Fue casualmente la colonia fenicia de Cartago en África del Norte una de las pocas fuerzas guerreras lideradas por Haníbal que logró causarle dolores de cabeza a Roma, logrando los cartagineses triunfos militares que ningún otro pueblo semita nunca igualó frente al poderío romano.
Así, Hiram Abiff, Rey de Tiro, era un rey-sacerdote de la Tradición Aria, según la leyenda, descendiente de Tubalcaín, hijo de Henoc el creador de la primera ciudad humana e hijo a su vez de Caín que fuera engendrado por Lucifer y Eva en la sombra del Árbol del Conocimiento.  Hiram de Tiro representa entonces al maestro espiritual esotérico de la tradición luciferina entendiendo a Lucifer como el dios solar de la sabiduría de los arios; el Prometeo dador del Fuego, el Ángel de la Luz, Wotan, Thot, Vishnú, etc., opuesto a Jehová, al Demiurgo telúrico y dios de la ignorancia y las mentiras. La figura de Hiram de Tiro es vista como la fundadora de la Masonería (de origen ario) que posteriormente fuera infiltrada y luego controlada por los judíos a partir del momento en que se volvió “especulativa”.
El Primer Templo de Jerusalén fue destruido por los babilonios y reconstruido por los persas. El Segundo Templo fue destruido por los romanos tras la revuelta macabea y actualmente los israelíes aspiran con reconstruir un Tercer Templo, la Sinagoga de Satanás, que será fundamental para la cimentación final del Reino del Anticristo; el gobierno mundial judío.
¿Qué bases hay para aducir que el Anticristo será judío?
Según la Biblia en Segunda Tesalonicense capítulo 2, versículos 2 y 3:

2:3 Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, (el Anticristo)
2:4 el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios. 

Queda claro según esta profecía que el Anticristo se sentará en el trono del Templo de Jerusalén y se proclamará Dios. Esto sólo será posible si es reconocido como el Mesías Judío pues de ninguna otra forma los judíos permitirían que alguien se sentara en el trono de su Templo. Y sólo un judío puede ser admitido como Mesías por ellos. Así, queda claro que el Anticristo; quien presidirá el gobierno mundial y establecerá una dictadura socialista orwelliana donde se controlará ferozmente la forma de pensar de las personas y se practicará una única religión de culto a la personalidad enfocado en él (como en la novela 1984) será judío. Pero existen otras evidencias de la identidad judía del Anticristo.
La marca de la Bestia es el 666, recordemos que el 6 es el número sagrado de la Cábala Judía; mismo que usan para referirse a los días que tardó su dios en crear al mundo, mismo que atañen fanáticamente a las supuestas seis millones de víctimas judías del Holocausto, mismo que usan para referirse a la Guerra de los Seis Días con la que conquistaron Jerusalén, etc.
El Corán menciona al Anticristo y le asigna el nombre de Dajjal, que suena muy similar a Dajjatum, nombre que designa a los judíos árabes ¿otra coincidencia?
También se hace referencia en el Apocalipsis al Dragón como simbolismo del Diablo ó del Anticristo, este Dragón coincide con la Serpiente Gokcibir del mito zoroastriano (que es la encarnación de Ahrimán, el dios del mal persa), la Serpiente Jormundgander que destruye al mundo en el Crepúsculo de los Dioses; el Ragnarok ó Apocalipsis nórdico. En la mitología griega también aparecen muchas referencias a la serpiente como símbolo del mal tales como la Hydra que mata el héroe ario Hércules, la Medusa, etc.
El símbolo gnóstico del Demiurgo es la serpiente que se muerde su propia cola, el Oroboro. Los antiguos gnósticos creían que el Demiurgo era el Jehová bíblico y el Saturno romano, cuyo planeta estaba rodeado por la serpiente (los anillos) de donde surge el símbolo del oroboro. Set, el dios egipcio del mal era representado en ocasiones como serpiente, aunque más frecuentemente como asno ó como serpiente con cabeza de asno. Así, la serpiente es reconocida como símbolo del mal por casi todas las culturas arias; nórdicos, persas, egipcios, griegos, etc. Por el contrario, la Serpiente es adorada por los seguidores del Vudú y la Santería, asquerosos cultos del Demiurgo practicados por los negros africanos que realizan sangrientos sacrificios de animales y personas a su dios-demonio, de forma similar a los rituales de sangre realizados por los aztecas en honor a su dios-serpiente Quetzalcoatle y similar a los sacrificios de animales (y también según algunos de personas) realizados por los judíos[2], especialmente por los rabinos cabalistas que, según crónicas de la Edad Media, secuestraban niños para libeles horrorosos. La serpiente también es la deidad principal de los aborígenes australianos una raza negroide.
El propio Jesús llamaba a los judíos serpientes:

Al ver que muchos de los fariseos y de los saduceos venían al bautismo, les decía: ¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Mateo 3:7.

Queda claro entonces que el Anticristo es judío, tanto por las referencias a su número y su identidad serpentina, como por el hecho de que se sentará en el trono del Templo de Jerusalén ó Sinagoga de Satanás y será reconocido como Rey de los Judíos y su Mesías.
Pero, para la reconstrucción del Tercer Templo pretendida por los rabinos del mundo hay un inconveniente, el hecho de que actualmente ocupa su espacio físico la Mezquita de la Roca, el tercer lugar más sagrado para los mahometanos después de La Meca y Medina por ser el lugar donde supuestamente esta la Roca donde Abraham iba a sacrificar a su hijo ante su dios y donde Mahoma subió al cielo a hablar con su dios y bajó de nuevo. Para reconstruir el templo del cual sólo queda como vestigio el Muro de los Lamentos sería necesario destruir la tan sagrada mezquita lo cual generaría un conflicto con los musulmanes a nivel internacional que, al menos aún, no podría afrontar Israel. Pero a pesar de esto, el dios de judíos, cristianos y musulmanes es el mismo, cuando el Apocalipsis menciona la reconstrucción del Templo de Jerusalén aduce; 11:2 Pero el patio que está fuera del templo déjalo aparte, y no lo midas, porque ha sido entregado a los gentiles; y ellos hollarán la ciudad santa cuarenta y dos meses. Esto parece indicar que el templo será reconstruido tras una violenta guerra contra los árabes pero una parte de él será entregada a los musulmanes, que son considerados gentiles ó paganos por los propios judíos. Quizás el nuevo templo sea un lugar de encuentro ecuménico donde se reúnan judíos, cristianos y mahometanos.
El Apocalipsis también vaticina que el Tercer Templo de Jerusalén ó Sinagoga de Satanás será un lugar donde se realizarán orgías abominables y ritos de sangre propios de los judíos (similares a los sacrificios humanos y ritos fálicos de los judíos jázaros), por lo que el lugar más sagrado de los judíos, el Templo de Jerusalén, será también un prostíbulo judío y sede de ritos satánico-cabalísticos: Tes; 2:3 Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, 
Por todo lo anterior, Jerusalén es una pieza clave en la guerra del Armagedón entre arios y judíos, pues Jerusalén está construida sobre una antigua ciudad mágica y sagrada de los arios; Jebús-Salem, y el Templo de Jerusalén se creó sobre el santuario santo del Rey-Sacerdote ario Melchizedek, y su profanación por los judíos y el Demiurgo es estratégica y les permite tener acceso al poder místico geomántico del lugar, de forma similar a como se han adueñado de otros lugares sagrados de gran poder metafísico como La Meca en Arabia y el Tíbet invadido por fuerzas judeomarxistas chinas. Los judíos jamás renunciarán a la tenencia de Jerusalén y no permitirán que los palestinos, legítimos dueños de la ciudad y de todo el territorio que invadieron, tengan en Jerusalén su capital como estos aspiran.
Sin embargo, todas las profecías coinciden en que el Mal, representado por el Dragón, la Serpiente, el Anticristo y, consecuentemente, las huestes judías del Demiurgo-Jehová, serán algún día derrotadas y erradicadas en una conflagración mística purificadora que la consumirá con el fuego (el símbolo de la raza aria); sea el río de metal fundido vaticinado por los persas zoroástricos, el martillo de Thor que simboliza al relámpago (que también es símbolo de Lucifer y su sabiduría) según el Ragnarok, ó el Lago de Fuego al que se envía al Dragón y a sus siervos (los judíos) en el Apocalipsis, en todo caso algún día, el Bien triunfará sobre el Mal y la Raza Aria triunfará sobre los judíos.
Ante esta perspectiva toma un significado especial la profecía de la Nueva Jerusalén. La Nueva Jerusalén ó mejor dicho, la Nueva Jebús-Salem será una restauración del origen sacro ario de la antigua ciudad fundada por los harritas y sus señores hititos antes de que fuera profanada por los judíos.


[1] Otra rama de la Raza Blanca podrían ser los pueblos ugrofineses; finlandeses, turcos, magiares, turanios, bosnios, albaneses, tibeto-mongoles y japoneses, aunque algunos estudiosos creen que los ugrofineses son descendientes de los arios/indoeuropeos mezclados con otras razas inferiores.
[2] Ver las evidencias de rituales de sacrificio humano practicado por judíos en http://members.libreopinion.com/ve/welserland/erahitleriana.htm

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