sábado, 24 de diciembre de 2011

EL HOMBRE DE KENNEWICK Y LA TEORÍA SOLUTENSE




Los restos de un misterioso hombre momificado por la nieve fueron encontrados en Washington, Estados Unidos, en la localidad de Kennewick en 1996, dicho hallazgo llegó a confirmar no solo la presencia en América de hombres blancos caucasoides desde hace miles de años (los restos datan de unos diez mil años en el pasado) sino también el parentesco de los nativos japoneses ainu con los blancos europeos.

El cuerpo fue reclamado por diversas tribus indígenas americanas que, de acuerdo con la ley, tendrían derecho a enterrar la momia de acuerdo a sus creencias religiosas tradicionales. Sin embargo, la custodia de los restos fue apelada en las cortes por un grupo de científicos y una asociación pagana Asatru (esta última argumentaba que el hombre tenía mucho más en común con un antiguo europeo nórdico, y por ende, pagano, que con los nativos americanos) la ciencia y la corte les dio la razón.

Pero dicha hallazgo demuestra que América, al igual que Japón, fue originalmente colonizada por blancos europeos y que el término “nativo americano” podría también aplicarse a los blancos y no solo a los indígenas.

El etnólogo estadounidense Madison Grant, que también fue filántropo, abogado, ambientalista y político, asegura en su hipótesis de la “teoría nórdica” que las duras condiciones meteorológicas donde se desarrolló la Raza Nórdica (es decir, los escandinavos y germanos) produjeron un efecto de adaptación natural que los convirtió en una raza viril, valiente, poderosa y de exploradores, conquistadores, aristócratas, guerreros y caballeros[1].

Los indoeuropeos se extendieron por todo el mundo conquistando muchas tierras y otras razas. Llegaron a la India, y aquí doblegaron a los drávidas de piel oscura y otros pueblos más primitivos. Donde quiera que haya una gran civilización, hay una huella aria. Los tocarios indoeuropeos de credo budista del Asia central se introdujeron en la civilización china primitiva influyéndola mediante la espiritualidad, el comercio y la alianza militar y política que en aquella época se sellaba con matrimonios arreglados, por lo que gran parte de la grandiosidad china deriva de los arios tocarios. Tíbet fue colonizado por indoarios que se mezclaron con algunas de las etnias locales como los monpos seguidores del chamanismo Bon, sin embargo hasta la fecha las regiones del norte de India en los Himalayas como Cachemira y Ladakh están étnica y culturalmente emparentadas con los tibetanos y butaneses, aún cuando la llegada de invasores islámicos generó cierto mestizaje en tiempos más recientes. Los mongoles tienen su influencia aria en los tártaros y los japoneses en los ainus. Se comprende entonces porque el budismo, una religión de origen aria fundada por un nepalés blanco llamado Siddhart Gautama Buda, caló tan profundamente entre estos pueblos.

En Medio Oriente diferentes tribus arias se extenderían por el territorio creando grandes imperios, además de los ya mencionados sumerios, los hititas, los iranios, los harritas y los mitanis (ancestros de los kurdos). Los hititas y otros pueblos arios de la zona conquistaban con la finalidad de colonizar y construir, y rara vez realizaban masacres innecesarias, torturas o violaciones, como si lo hacían asirios, israelitas, fenicios y otros pueblos de estirpe semítica.

Los egipcios serían también de origen ario como puede verse en su simbología cultural, en las imágenes que nos han sobrevivido y en las momias más antiguas. La decadencia de Egipto comenzó cuando estos se mezclaron con pueblos africanos de Nubia, en el actual Sudán. La civilización egipcia rendía veneración a la misteriosa tierra de Punt de donde decían provenía su ascendencia (probablemente una tierra indoeuropea al norte), y los estudios científicos demuestran que diferentes miembros de la familia real egipcia eran pelirrojos, de ojos claros y piel blanca, emparentados con los libios antiguos de raza blanca. Análisis genéticos también han demostrado una relación sanguínea entre los beréberes del norte de África y el área de Libia y pueblos europeos como los británicos.

Pero si Oriente les debe a los arios de India sus religiones, Occidente les debe a los arios de Europa su filosofía y su sistema legal. Fueron los arios griegos los padres del método científico aristotélico, de las matemáticas pitagóricas y euclidianas y de la filosofía griega socrática y platónica. Todas de profundo contenido espiritual pues, al igual que en India, la filosofía y la espiritualidad estaban vinculadas. El platonismo, el pitagorismo y el socratismo todos tienen un importante trasfondo espiritual gnóstico. Los romanos arios le darían a la humanidad el Derecho Romano que es, junto con el Derecho Germánico, uno de los dos mejores sistemas legales conocidos por la civilización. Su Imperio, además de que colonizaría desde Bretaña hasta Arabia, es decir, casi todo el mundo conocido para la época, legaría una excelente administración política y militar y los fundamentos de una gran civilización.

Sin embargo serían los germanos los que quizás extenderían con mayor intensidad y ha más alejados puntos del globo la estirpe racial aria. No solo se extenderían por toda Escandinavia y Germania, y nunca serían conquistados por los también arios romanos. La sociedad germana apoyaba a la familia, el padre era genuinamente el patriarca del núcleo familiar, su guía y líder, aunque la mujer gozaba de los mismos derechos que el hombre y podía ser guerrera y reina, aunque era en la espiritualidad donde tenía monopolio pues, si existió alguna discriminación de género entre vikingos, fue a favor de la mujer que controlaba el sacerdocio (lo opuesto a la moderna sociedad judeocristiana, donde el sacerdocio lo domina rabinos, curas y pastores). En dicha sociedad de “bárbaros” el hijo de la esclava tenía los mismos derechos legítimos que el de la esposa, los hombres y mujeres libres votaban para elegir al rey y regular sus elecciones en el Althing (parlamento) y los juicios con jurado eran la regla. Estos eran los “bárbaros” vikingos.

Por medio de los vikingos la civilización aria se extendería por todo el mundo. Rusia fue fundada por los varegos, grupo de vikingos que doblegó a los primitivos eslavos, con quienes se unió dando nacimiento al pueblo ruso. América fue descubierta por los vikingos siglos antes del judío marrano Colón, habiendo creado colonias en Groelandia y Canadá, e incluso, según algunos estudiosos, habiendo bajado muy al sur y formado grandes colonias que fueron eventualmente exterminadas en un genocidio por los nativos de piel roja[2]. La denominada hipótesis Solutrense o Hipótesis del poblamiento atlántico de América postula mediante estudios científicos de ADN y de restos arqueológicos que América pudo haber sido colonizada durante la Edad de Hielo por europeos llegados a través del Atlántico y no (o al menos no solo) por asiáticos a través del Estrecho de Bering como es la hipótesis oficial, aún cuando muchos de estos europeos fueron luego absorbidos o aniquilados mediante la guerra.

Esta sangre blanca que pudo haber quedado remanente entre los indígenas americanos podría explicar la grandiosidad de algunas civilizaciones y el culto solar (típico de las razas arias) que las acompañaba como el caso de aztecas, mayas, incas y los indios zuñi y pueblo de América del Norte, sin necesidad de ahondar en las hipótesis bastante creíbles de que una aristocracia blanca de origen vikingo gobernó el Imperio Inca y otras civilizaciones precolombinas hasta la llegada de los españoles. El dios azteca Quetzalcoatle, descrito como un hombre de piel blanca y rostro barbado, tan similar al dios maya Votan (cuyo nombre nos recuerda a Wotan, el dios germano) o al inca Viracocha, todos con la misma descripción de rasgos fenotípicamente blancos y ajenos a los pueblos indígenas americanos de tipo mongoloide, denota una clara alusión a que conquistadores blancos precolombinos llegaron a América y fueron vistos como dioses, lo que le ayudó a los conquistadores como Cortés y Pizarro a dominar a los pueblos aborígenes de piel roja y de grandes imperios poderosos y numerosos con relativa facilidad. Recientes momias incas encontradas en Sudamérica de piel blanca y cabellos rubios o rojos también confirman esta teoría[3].

Por supuesto que la llegada de los españoles a América representó un nuevo triunfo de la civilización y la cultura, un triunfo de la Luz de la Hispanidad contra las tinieblas del indigenismo primitivo, salvaje y retrasado. La Madre Patria con su colonización de América le hizo un favor al mundo exportando los valores, glorias y la grandiosidad de la civilización blanca europea a estas tierras salvajes, y sembrándolas de la sangre blanca española que muchos latinoamericanos llevamos con tanto orgullo. La celebración del 12 de Octubre como Día de la Raza (Blanca) o Día de la Hispanidad celebrado en casi toda América, y recordado en España en la Fiesta Nacional Española donde la familia real, los altos poderes del estado y el pueblo entero disfrutan de desfiles y fiestas es una fecha realmente simbólica de un triunfo más del espíritu explorador blanco al llevar luminosidad civilizadora a partes remotas del globo. Podría parecer extraño que los hermanos españoles celebren una fecha en la que descubrieron América, cuando es perfectamente lógico que nosotros los latinos celebremos la fecha en que nuestros ancestros llegaron a estos países, pero los españoles celebran dicha fecha con toda lógica, pues celebran así la gloria de su pueblo que se extendió por América, buen motivo de orgullo, extender la sangre hispánica, gótica y latina. Sangre que contiene en su ascendencia la grandeza de los romanos, los godos, los iberos y otros muchos pueblos valientes, honorables, guerreros, exploradores y conquistadores.

Resulta blasfema, por no decir tragicómica, pero también indignante, la forma en que el dictador comunista Hugo Chávez prohíbe en Venezuela la celebración del Día de la Raza cambiándolo por “El día de la resistencia indígena” por considerar que la anterior efeméride conmemoraba el colonialismo español. Típico indigenismo de izquierda que oscurece más y más nuestra identidad hispánica hundiéndola en la detestable Leyenda Negra, tan progre como mentirosa, y que nos quita nuestra memoria de la sangre hispánica y de la historia genuina de nuestra América que tanto le debe a España; civilización, cultura, la lengua de Cervantes, el derecho romano, la filosofía griega (y su democracia) y, sobre todo, LA SANGRE. Un legado hispánico del cual sentirnos orgullosos.

En cualquier caso, ciertamente que el espíritu explorador, conquistador y colonizador del Ario nos permite a aquellos de nosotros que provenimos de esa noble estirpe sentir un profundo orgullo por nuestro legado; civilizaciones y culturas que son recordadas miles de años después por su grandiosidad inigualable, que salvo escasa excepciones, ningún otro grupo étnico ha logrado imitar.

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