lunes, 23 de enero de 2012

Costa Rica, un pueblo de valientes.


Por: Msc. Geóg. Homer Dávila G*


Muchos nicaragüenses siempre han creído que los hombres costarricenses son faltos de valor, además de afeminados y acérrimos amantes de las golpizas que les profieren las ticas. Ellos en cambio se creen sumamente valientes.
Pero cuidado, no existe nada más alejado de la realidad y para ello veamos la historia.
En abril de 1666, siendo la provincia de Nueva Cartago y Costarrica la más pobre del Reino de Guatimala[1], se presenta la primera amenaza al joven pueblo de Costa Rica.
Los ladrones, violadores, cuatreros y asesinos, Edward Mansfelt y Henry Morgan , con un descomunal frente armado de más de mil hombres ingresan a la provincia por la boca del río Matina a la media noche del 9 de abril de 1666 y marchan hacia Cartago, dispuestos a saquear la ciudad y todo lo que se encuentren a su paso.
El noble gobernador Don Juan López de la Flor, español de enorme gallardía no se amedranta fácilmente por la amenaza que está a punto de destruir toda la provincia.  Resuelto en tomar su arcabuz y espada e ir a luchar contra los mismos filibusteros,  envía al capitán  Alonso de Bonilla para que se adelante a manera de vigía. Éste valiéndose de su aplomo e  inteligencia y con tan solo una treintena de hombres, logra arrinconar y hacer que los mil pillos emprendan la huida de Turrialba; sitio donde ya se encontraban disfrutando de las mujeres y del licor. En su huída le prenden fuego a la ciudad, y asesinan unos cuantos pobladores.
Ya el 16 de abril, don Juan López de la Flor junto con 120 hombres inspeccionan el sitio desde donde habían huido, y solamente logran coger a dos filibusteros que se habían rezagado; mientras que el grueso de los invasores corría despavorido hacia Matina y luego hacia Portete para embarcarse y largarse a la isla de Jamaica.
Todo ello con tan solo doscientos valientes hombres, dispuestos a dar su vida por defender lo que ya amaban tanto como su España. Doscientos hombres pudieron acabar con los planes  de robo y barbarie de mil forajidos, los cuales  ya daban por un hecho consumado el triunfo y el despojo que realizarían en Cartago.
 A tanto había llegado la osadía de estos filibusteros, que afirmaban que cuando llegasen y tomasen la ciudad de Cartago, beberían chocolate con el gobernador. Su algarabía se acrecentaba aún más cuando el soplón informante, Roque Jacinto  de la Fuente alias el “Hermoso”  les respondía afirmativamente a la pregunta de si las mujeres y cortesanas de Cartago eran bellas.
 Éste hecho histórico fue el que dio celebridad a la imagen de Nuestra Señora de la Concepción de Ujarrás, pues muchos pobladores de Cartago y del resto de la provincia, no podían creer que con tan solo una treintena de hombres, se hubiese podido ganar tal empresa contra aquellos despiadados ladrones que se hacían llamar piratas, los cuales ya habían saqueado otras grandes ciudades en Panamá, y en la Española. Razón por la cual se le dieron parte de los créditos a la virgen de Ujarrás. Para mala fortuna de la historia, la imagen blanca de la virgen de Ujarrás fue tirada al olvido por una nueva imagen tallada en una piedra negra, la cual llamarían años después; la Patrona de Costa Rica.
Imagen 1. Ruinas de la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción de Ujarrás aún hoy día en pie, datan de principios del siglo XVII. Fotografía. Homer Dávila para Geografía de Costa Rica.
Imagen 2. Sir Henry Morgan (Llanrumney, Gales, Reino de Inglaterra, c. 1635 – Lawrencefield, Jamaica, 25 de agosto de 1688). Nombrado caballero por la corona inglesa, gracias a sus actividades delictivas en favor del imperio británico.

En 1684, nuevamente los delincuentes John Cook, John Eaton, Edward Davis, Ambrosius Cowley, William Dampier y Lionel Wafer intentan invadir la Alcaldía Mayor de Nicoya y son repelidos y apaleados por Don Diego de Pantoja, alcalde mayor de Nicoya, quién logró juntar un improvisado cuerpo de defensa, compuesto por civiles españoles, criollos, indios chorotegas y esclavos negros; quienes sin tener formación alguna en técnicas militares, acaban con los planes de éstos forajidos ingleses.
La historia y los hombres que la escriben así como aquellos que toman las decisiones, no serían justos con éstos y otros gallardos españoles y costarricenses.  Para premiar a los filibusteros, se bautizan distintos lugares de Costa Rica con los nombres y apellidos de éstos maleantes.  Bahía Wafer, bahía Chatan, cabo Dampier,  cabo Lionel y península de Colnett en la isla del Coco.  Bahía Drake en la península de Osa.
Imagen 3. Croquis de la isla del Coco. La mayor parte de los topónimos de la isla son en "honor" a los piratas ingleses.


Quizás por mezquindad, o por resentimiento hacia todo lo que sea español, es que cosas como ésas se hayan dado en Costa Rica. Si sumamos el elemento de la “ignorancia” premeditada, es posible comprender el por qué de las cosas.
El caso de la Virgen de Nuestra Señora de la Concepción de Ujarrás es probablemente el ejemplo más claro; pues fue desplazada por una imagen negra que reemplazaba el valor de lo blanco y de lo español. Otra razón más que hacer ver que no es tan cierto aquella afirmación de que a lo largo de la historia, los costarricenses hayamos querido obviar la mezcla y la riqueza indigenoide. El sentimiento anti español es un hecho gestado desde hace siglos y que vino a ser consumado en libros de ficción como la historieta Asalto al paraíso de la costarricense Tatiana Lobo o bien en el panfleto Las venas abiertas de América Latina del uruguayo Eduardo Galeano.
Otro episodio más acaece en 1856 y 1857, los costarricenses marchan a Nicaragua con el objetivo principal de expulsar a los ejércitos filibusteros comandados por el estadounidense William Walker, quien ya ha sido declarado presidente de Nicaragua.
El pueblo costarricense responde al llamado de guerra que hace el prócer Juan Rafael Mora Porras. Con una instrucción básica en el arte de la guerra, el ejército nacional de Costa Rica obtiene sendas victorias, lo cual les permite controlar extensos territorios que habían caído en poder de Walker: Rivas, Granada, lago de Nicaragua, San Juan del Norte, San Juan del Sur, Río San Juan.
Como consta en las fuentes documentarles, desde 1857 Costa Rica pudo haber anexado todos esos territorios a placer, pues los había ganado en batalla. Sin embargo no lo hace, pues bajo amenazas de entrar en guerra contra los EE.UU, se decide devolver aquellos territorios y se da el retorno de los valientes soldados que han logrado sobrevivir.
Es así como nos vimos forzados a firmar un tratado que lesionaba nuestra ánimo pacifista, pues contrario a lo que dicta la costumbre y la ciencia, donde la línea fronteriza la marca el punto medio del talweg del río;  se le otorga a Nicaragua el sumo imperio de un río que tiene vida, gracias a que el 78% de las aguas provienen de Costa Rica.
Para enero de 1955, una vez más se gesta una agresión armada desde Nicaragua contra Costa Rica. La mañana del 11 de enero de 1955, Teodoro Picado Lara (hijo del ex presidente calderonista Teodoro Picado Mischalsky) junto con un grupo armado de mercenarios nicaragüenses, costarricenses, cubanos, guatemaltecos, dominicanos y venezolanos; invaden Costa Rica. El apoyo militar lo reciben de Nicaragua, Cuba y Venezuela. El apoyo ideológico lo brinda el resentimiento por la derrota de 1948 a la que fue sometido el Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia. Es por tanto, más una guerra fratricida que una guerra ideológica.
Aún sin ejército, nuestro presidente, aquel que llaman el «Sin miedo a nada» José Figueres Ferrer, logra repeler y aplastar a los invasores. Duro golpe para quienes habían pensado en derrocar a un gobierno democrático e instaurar títeres políticos para perpetuarse en el poder. Una vez más los invasores caen rendidos ante un pueblo que parece dormido, pero que es fiero cuando la situación lo amerita.
Otro duro episodio vuelve a suceder durante la Revolución Sandinista, donde cientos de costarricenses luchan en el frente de batalla, hombro a hombro contra la Guardia Nacional del dictador nica Somoza de Debayle y apoyada por la Contra patrocinada por la CIA. Muchos ticos han de ofrendar su vida por un ideal. ¿Quién recuerda éste otro sacrificio para la liberación de un pueblo  como el de Nicaragua?
Imagen 4. La casona de la Hacienda Santa Rosa es testigo, de como los costarricenses son capaces de tanta valentía hasta el punto de alcanzar la gloria. Fotografía: J. Salazar para Geografía de Costa Rica. 2011.


Imagen 5. Enero de 1955. Ejército improvisado con voluntarios costarricenses quienes responden al llamado del presidente José Figueres Ferrer y marchan al frente de batalla. Fotografía de Rodolfo Carrillo Arias.

Ante todo esto ¿será cierto que los hombres costarricenses son cobardes? Los hechos nos muestran la verdad.
Los costarricenses nunca han sido un pueblo de cobardes, sino un pueblo mesurado, que es capaz de controlar el ánimo; y sí un pueblo valiente que ha sabido cuándo es el momento justo de mostrar toda su gallardía.
Quizás se ha de pensar que los datos históricos que se presentan en éste artículo son una diatriba del autor, que buscando exacerbar la xenofobia ha concatenado la historia de forma tal, que éstos lleven al lector a una sola conclusión y es la del nacionalismo descabellado. La verdad recae en otros regazos.
Sería injusto dejar pasar lo que ha escrito el costarricense Miguel Acuña en su obra El 55 te mataron hermano:
«…la amistad en el sentido que pueda entenderse esta palabra entre los seres humanos, no existe entre las naciones. A lo sumo puede hablarse de corrientes de simpatía; pero estas corrientes cambian de rumbo cuando aparece la conveniencia.»

Es evidente por tanto, que a la luz de los hechos históricos, es una falacia la creencia de que el pueblo costarricense es una nación de cobardes aglutinados bajo la falda de la patria. Sin embargo, una mentira repetida cien veces, termina siendo verdad. Razón por la cual me he tomado el tiempo de exponer éstos hechos históricos que son la prueba fehaciente de un pueblo valiente y gallardo, pero mesurado.

Muy bien lo ha expresado Billo Zeledón cuando escribió:
«En la lucha tenaz de fecunda labor
que enrojece del hombre la faz,
conquistaron tus hijos -labriegos sencillos-
eterno prestigio, estima y honor.
¡Salve, oh tierra gentil!
¡Salve, oh madre de amor!.
Cuando alguno pretenda tu gloria manchar,
verás a tu pueblo, valiente y viril,
la tosca herramienta en arma trocar.»


* Geógrafo y máster en geología. Geo Group Resources & Projects S.A. e-mail: hdavila@geogroupcr.com


[1] Término utilizado durante el período colonial.

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