domingo, 8 de abril de 2012

EL GUGGENHEIM: CABALLO DE TROYA DEL LOBBY JUDIO EN EUSKALHERRIA




A finales de diciembre de 1996 se completó el organigrama del consorcio Guggenheim Bilbao que gestiona la pinacoteca del mismo nombre, auténtico «caballo de Troya» del lobby judío en el País Vasco, interesado en el desman­telamiento de las industrias pesadas sobre la ría de la capital vizcaína, en cuyos terrenos -que ya no son de uso portuario, y que fueron sometidos a un proceso de reordenación urbanística-, comenzaron a construirse zonas residenciales, comerciales y de servicios y ocio, a fin de com­pensar la cada vez más intensa actividad empresarial de los parques de investigación tecnológi­cos, que iniciaron su andadura en la década de los ochenta, en época de expansión, como el de Zamudio (Vizcaya) a tan sólo doce kilómetros de Bilbao, el cual ha exportado su modelo espe­cializado en tecnologías de la información, especialmente en el sector de telecomunicacio­nes, además de la industria militar, a los parques tecnológicos de Miramón (Guipúzcoa) y Miñano (Alava). El Museo de Bilbao debe su nombre, Guggenheim, a una de las grandes familias judí­as que, junto a otras mucho más conocidas (Rockefeller o Rothschild), fijaron durante los primeros años de este siglo, la base para los oli­gopolios que controlan hoy el mercado mundial de la industria de los minerales. El método del lobby judío para alcanzar sus objetivos es -como suele ser habitual en estos casos- utilizar la vía cultural, a través de simposios, conferencias o campañas turísticas, así como a través de otras actividades auxiliares propias del Museo, en cuyo patronato -presidi­do por Josu Bergara, diputado general de Guipúzcoa- se encuentra el financiero judío Jacques Hachuel, encausado actualmente por el caso Carburos de Banesto en la época de Mario Conde.
Aunque la dirección general y la geren­cia de este Museo de arte moderno y contempo­ráneo, diseñado por el arquitecto judío Franz O. Gerhy (nacido Goldberg, premio Pritzker de Arquitectura en 1996), recayó en un español, Juan Ignacio Vidarte (un economista formado en la Universidad de Deusto -feudo jesuita- y en el Massachusetts Institute of Technology-MIT), el modelo de gestión que se impuso lleva la marca de Thomas Krens, el director de la Fundación Solomon R. Guggenheim de Nueva York, cada vez más próxima al procedimiento de los bro­kers (comisionistas) de Wall Street. Un Thomas Krens que -como le decía al profesor Joseba Zulaika, autor de Crónica de una seducción: el Museo Guggenheim Bilbao- se define a sí mismo como “un seductor profesional”, alguien que seduce «a la gente para que haga donaciones de 20 millones de dólares», porque «la seduc­ción consiste en hacer que la gente desee lo que tú deseas sin que se lo hayas pedido. Se trata de una transferencia del deseo»; en consecuencia: «soy en cierta forma la mayor puta del mundo». De hecho, la estrategia de Krens ha sido de lo más galante, algo así: «El País Vasco paga todo para siempre y el Guggenheim de Nueva York presta algo por un tiempo», porque, lejos de invertir, el Guggenheim lo que ha hecho -como dice Luis Fernández-Galiano- ha sido «cobrar una franquicia, disponer gratuitamente de un edificio y recibir una subvención anual que cubra la diferencia entre sus ingresos y sus gas­tos: alquila su nombre y lo explota comercial­mente, beneficiándose de la extrema debilidad negociadora de los vascos, dañados tanto por la decadencia industrial y la erosión de la violencia», hasta el extremo de conseguir que el lehendakari de entonces, José Antonio Ardanza, fuera a la sede neoyorkina del banco judío de inversiones Merrill Lynch (cuyo máximo ejecu­tivo es David Komansky, siendo Moisés Israel el director de Investment Banking de Merrill Lynch en España) a firmar el acuerdo que vinculaba a las administraciones vascas. A partir de ese momento el gobierno vasco se anunció en The Economist para captar capitales extranjeros.
El acuerdo final fue firmado el 13 de diciembre de 1991 por Gianni de Michelis , miembro del patronato del Guggenheim, y por parte vasca, José Alberto Pradera , diputado general de Vizcaya, y Joseba Arregui , consejero de Cultura del gobierno vasco. De Michelis (ex ministro italiano de Asuntos Exteriores y presidente del Instituto Aspen, en la órbita de la Comisión Trilateral) fue la «baza secreta» que Thomas Krens jugó para desbloquear el proyecto. «Su papel consistió en, desde la sombra, "dar cober­tura política a los nacionalistas vascos" ante las objeciones de los socialistas», aplicándose «la política secreta de los hechos consumados», que resultó ser una increíble escenificación-chanta­je. Hoy, De Michelis se encuentra atrapado en Italia en una maraña de procesos judiciales acu­sado de corrupción. El museo se inauguró el 19 de octubre de 1997, haciéndolo coincidir con la fecha elegida para celebrar un sorteo extraordinario de la Lotería Nacional destinado a recompensar eco­nómicamente a las víctimas del terrorismo ante­riores a 1981, brindando así -en palabras del ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja- «una buena ocasión para que recordemos a las vícti­mas», indicando indirectamente la intención holocáustica del Museo. Pero aún hay más. Para sentar definitiva­mente las bases de un museo holocáustico, al uso se reclama la presencia del Guernica, el cuadro de Picasso que representa la tragedia del bombardeo de la Legión Cóndor de los nazis a la ciudad vasca de Guernika el día 26 de abril de 1937. De hecho, esa era la intención de Thomas Krens, dicha de forma críptica en 1991: hacer « museo heroico para un cuadro heroico» o, lo que es lo mismo -en palabras de Joseba Zulaik- «el grito más aclamado de la resisten­cia antifascista, reducido a reclamo publicitario de su proyecto-franquicia (Guggenheim)». Opinión compartida -¿cómo no?- por el histo­riador judío Robert Rosenblum, experto en Picasso y conservador del Guggenheim de Nueva York. Thomas Krens, como era de espe­rar, se puso del lado del gobierno vasco, adu­ciendo que «los vascos pagaron de un modo simbólico» por dicha obra. Artes de seductor.
A partir de ese momento, el cuadro del Guernica fue «cuestión de Estado» para los nacionalistas vascos. Sin embargo, el Museo fue inaugurado sin la presencia del Guernica de Picasso, sino con más de trescientas obras de la colección de la Fundación Solomon R. Guggenheim de Nueva York, y la muestra Un siglo de escultura, procedente del fondo del coleccionista judío Nasher, a la que sucedió unos meses después la colección de arte forma­da por dos médicos judíos neoyorquinos, Melvin Blake y Frank Purnell, éste ya fallecido, apasionados por el realismo y la representación artística de la figura humana. En este contexto, comenzaron a finan­ciarse conferencias, exposiciones, etc., donde intelectuales y artistas (judíos en su mayoría) presentaron híbridos sentimientos contrapuestos de culpabilidad y de memoria nacional, a fin de no extirpar ningún sentimiento de nostalgia. Métodos: recordatorios constantes del horror y del crimen, según el canon del Holocausto. Y si ello se impone con toda clase de perversas capa­cidades de ironía, mejor que mejor, porque ello produce la reacción reivindicativa contra el ago­bio de la propaganda de la autoinculpación. Estos fueron, por ejemplo, los presupuestos del artista judío-alemán Anselm Kiefer, elegido sig­nificativamente como el primero en instalar sus obras en el Museo, seguido a continuación de numerosos artistas judíos norteamericanos, como Roy Lichtenstein, Claes Oldenburg, Mark Rothko, los clásicos vanguardistas Alberto Giacometti, Vassily Kandisnky, Jackson Pollock, y los actuales Jeff Koons, Jenny Holzer, Magdalena Abakamowicz, Daniel Buren, Boltansky, Sol Lewitt, Julian Schnabel, James Rosenquist, etc. En el entorno del Museo se ins­taló un estanque y una fuente de fuego del artis­ta judío-francés Yves Klein. El resto ya se puede prever. Incluso se programó para noviembre de 1998 una retrospectiva de otro artista judío, Robert Rauschenberg, considerado uno de los pioneros del arte multimedia.
El Museo Guggenheim, por tanto, es el nuevo santuario del lobby judío en España, a modo de caja de Pandora que encierra muchas sorpresas, a modo de «exorcismo económico» -según acertada expresión de Luis Fernández ­Galiano-, si se tiene en cuenta las técnicas importadas de los mercados de valores y la inge­niería financiera con las que se gestiona dicha institución. Una caja de Pandora capaz de atraer todo tipo de eventos culturales y políticos que reafirmen el poder del capitalismo judío. Podemos decir judío-cristiano porque son evi­dentes en el País Vasco los «vasos comumcan­tes» que hay entre el judaísmo y la influencia del jesuitismo y el puritanismo jansenista, propios de la oligarquía empresarial vasco-navarra, tan proclive a percibir la relación entre finanzas y desarrollo industrial. Las conexiones de la élite económica vasca con los judíos tiene una historia de más de ciento cincuenta años, cuando a partir de 1840 varios emprendedores judíos de la comunidad de Bayona, al sur de Francia, se trasladan a Vizcaya, Guipúzcoa y Navarra para montar allí sus negocios. Por otro lado, la cúpula del nacionalismo vasco estuvo ligada desde sus orígenes a la Universidad de Deusto, uno de los centros de máximo prestigio regentados por la Compañía de Jesús, la orden de los jesuitas originaria de Euskadi. La lista es inagotable: los hermanos Arana, fundadores del PNV; José Antonio Aguirre, primer presidente Vasco; Xavier Arzallus, actual patriarca del PNV; José Antonio Ardanza, ex presidente de la autonomía vasca, etc. ¡Y qué no decir también de la Escuela Superior de Administración y Dirección de Empresas (ESADE), uno de los centros de for­mación empresarial más importante de España, con técnicas norteamericanas, y controlada tam­bién por los jesuitas!
Si a esto añadimos los contactos de nacionalistas vascos con Israel -que viene de antiguo-, el cuadro se completa. Así, por ejem­plo, en 1989 -según refiere José Antonio Lisbona, autor de Retorno a Sefarad (La políti­ca de España hacia sus judíos en el siglo XX)- se conocieron las primeras noticias sobre la soli­citud y posterior formación paramilitar a unos gudaris (combatientes vascos), entre enero de 1974 y mayo de 1977, por parte de militares per­tenecientes a una unidad de élite de las fuerzas armadas de Israel. Los contactos fueron llevados por Primitivo Abad Gorostiza, comandante vasco con larga trayectoria militar en la guerra civil y en la II Guerra Mundial, el cual tomó contactos en Tel Aviv con algunos militares israelíes que estuvieran dispuestos a entrenar comandos paramilitares de jóvenes vascos que, bajo la garantía del gobierno de Euskadi, fueran enviados a Israel. En abril y noviembre de 1976, Juan Ajuriaguerra y sus dos hombres de confianza, Luis María Retolaza y Xavier Arzallus -que conocía todos los detalles de la operación-, jun­tos a otros dirigente del PNV; estudian la posibi­lidad «de estrechar lazos comerciales y de her­mandad con Israel», idea ya considerada en 1974 por el lehendakari en el exilio, José María Leizaola. Se piensa abrir una especie de oficina comercial del gobierno de Euskadi, que, además de servir de tapadera para las siguientes opera­ciones y viajes, funcionará como empresa de importación-exportación entre Euskadi e Israel. Y todo ello diez años antes que España estable­ciera relaciones diplomáticas oficiales con Israel.
A primeros de 1977, tres jefes de coman­dos vascos viajan a Israel, a saber: Primitivo Abad, José Luis Irureta y Joseba Emeldi. Este último vinculado a los residuos de los servicios de información vasco-norteamericanos que fun­cionaron en la posguerra, primero adscritos a la OSS y a partir de 1947 a la CIA. Su inclusión fue forzada por Ajuriaguerra y Retolaza, que veían en él un posible jefe futuro de la Ertzaintza (policía vasca). La operación fue un fracaso. Pero el 15 de junio de 1977, en las pri­meras elecciones generales, el PNV conseguía ocho escaños. Juan Ajuriaguerra y Xavier Arzalluz se convertían por tanto en diputados en el Congreso. Finalmente, cabe reseñar que la mayoría de los siete grandes Bancos privados españoles se fundaron con capital principalmente vasco: el Banco de Bilbao y el Banco de Vizcaya (cuyo último presidente, antes de fusionarse con aquel, fue Pedro Toledo, de origen judío), el HispanoAmericano, e incluso el Banesto, cuyos podero­sos vínculos vascos se remontan a la evolución que tuvo a partir de la compañía original de los hermanos judíos sefardíes Pereire, Crédito Mobiliario Español, la principal empresa de cré­dito y finanzas que había entonces a finales del siglo pasado en España, donde competía con la Sociedad Española Mercantil e Industrial, cuyos fondos principales provenían de la familia Rothschild.
Pero prosigamos. El Museo Guggenheim llegó a ser el escenario para la entrega del pre­mio Pritzker de Arquitectura (equiparado al Nobel, y que convoca la Fundación Hyatt) al español Rafael Moneo. La entrega del premio fue preparada por el judío Philip Bloch, director del famoso hotel Villamagna de Madrid, perte­neciente a la cadena de hoteles Hyatt, propiedad del magnate judío Jay Pritzker de Chicago (fallecido el 23 de enero de 1999), descendiente de Abe Pritzker, uno de los asesores y expertos en finanzas del gran capo mafioso Capone. Los Pritzker centran sus negocios, además de la cadena hotelera Hyatt, cuya fundación preside Thomas J. Pritzker (hijo mayor de Jay), en un conglomerado muy reservado con ramificacio­nes en más de sesenta empresas. Igualmente, el 31 de mayo de 1997 se celebró en el Guggenkeim, a puerta cerrada, la concesión de otro premio Pritzker al arquitecto noruego Sverre Fehn, en cuyo acto estuvieron destacados miembros de la plataforma judía española, como Alicia Klopowitz, copropietaria entonces junto a su hermana Esther de Fomento de Construcciones y Contratas (FCC), buque insignia de un holding multinacional de podero­sa influencia económica. Había que promocionar el País Vasco para la captación de inversiones extranjeras, una vez que los vascos han adquirido una atractiva auto­nomía tributaria. Por tanto, el Museo Guggenheim, con el pretex­to del arte y la política, no esconde más que inte­reses financieros y urbanísticos. Pronto apare­cen los intereses de algunos inversionistas judí­os norteamericanos como Samuel LeFrak y Ronald O. Perelman (calificado como «pirata de las finanzas»), al socaire de los privilegios fisca­les que han otorgado oxígeno a las grandes operaciones urbanísticas y arquitectónicas, no sólo de Bilbao, sino de todo el País Vasco. LeFrak es conocido por su extraordinario nego­cio inmobiliario de Nueva York, y Perelman es el director general de MacAndrews & Forbes Holdings, que controla -entre otras empresas-Revlon, Marvel Entertainment y First Nationwide Bank.
Perelman quien entonces era el presi­dente del consejo de administración de la Fundación Solomon R. Guggenheirn, siendo Peter Lawson-Johnston (nieto de Solomon R. Guggenheim) su presidente honorario-, junto a sus colegas judíos Carl Icahn, Henry Kravis, Samuel Heyman y Rupert Murdoch, son consi­derados, por sus imperios económicos, «los nue­vos Rockefellers» o, lo que es lo mismo, los nuevos robber barons (nobles ladrones), según aquella expresión con la que se denominó a la nobleza industrial de América, después de la guerra de Secesión, a saber; los Morgan, Rockefeller, Vanderbilt, Carnegie, Harriman, etc., por la mezcla de nobleza y pícara astucia con que desarrollaron sus negocios. Otro de los judíos donantes de la Fundación Guggenheim es Peter B. Lewis, pro­pietario de la Progressevie Corporation, compa­ñía del sector de los seguros de Ohio, y que fue elegido en noviembre de 1998 nuevo presidente de la Fundación. En este orden de ideas, el País Vasco ha tenido que cambiar la imagen de sus principales ciudades, en un proceso de regeneración y reconversión industrial, en el que destaca Bilbao, volcándolas hacia los servicios. De este modo, el que fuera el cinturón industrial más importante de España se convirtió en tierra de avance de las líneas mercantil-usureras, apoya­das por los empresarios vascos y por el consor­cio Bilbao Metrópoli-30, una asociación que reúne a más de un centenar de empresas privadas, instituciones públicas y grupos sociales, y que tiene como fin -en palabras del miembro de la Comisión Trilateral, Antxón Sarasqueta- «Un proceso de revitalización de la capital vizcaína en un espacio que agrupa a un millón de habi­tantes (...), teniendo como idea original el cam­bio protagonizado en la misma dirección por la ciudad norteamericana de Pittsburgh. ¿Cómo hacer de Bilbao una metrópoli internacional del futuro?».
Un consorcio, por cierto, que está presi­dido por José Antonio Garrido, vicepresidente de Iberdrola y vicepresidente de la Fundación Cotec para la Innovación Tecnológica, y miem­bro -junto a Alfonso Cortina, presidente de Repsol y miembro del consejo de administra­ción del Banco Bilbao Vizcaya (BBV)- de la European Roundatable of Industrialists (ERT), fundada en 1983, con sede en Bruselas y presi­dida actualmente por Helmut O. Maucher, patrón de la Nestlé, y que cuenta con 45 presidentes de multinacionales europeas, auténtica quinta columna que inspira la política de la Unión Europea. Esta fiebre revitalizadora en Bilbao ha traído consigo la mejora de los accesos a la ciu­dad, con la ampliación del aeropuerto, que se convierte en uno de los más avanzados de Europa; una nueva red de metro, ideada por el arquitecto británico Norman Foster; y la cons­trucción de un superpuerto, auténtica arteria de la nueva economía de servicios de una ciudad que se promueve en el exterior como centro arti­culador del eje atlántico; así como la construc­ción de espectaculares edificios y puentes, como el Palacio de Música y Congresos, el puente Euskalduna o el centro comercial y de negocios, diseñado por el arquitecto César Pelli al más puro estilo neoyorquino.
Nada más inaugurarse el Museo Guggenheim algunas empresas se comprometie­ron a invertir en el sector de los inmuebles pró­ximos, tal la sociedad promotora Filo, controlada por el Banco de negocios norteamericano Bankers Trust Company y por el Grupo Mondragón Corporation Cooperativa (MCC), que va a construir un nuevo centro comercial Max Center, en un solar que compró a la socie­dad Ría 2000, la agencia inter-institucional cre­ada para fomentar el desarrollo de Bilbao. Los empresarios vascos están contentos. Se están eliminando las incertidumbres para abrir la puerta a la inversión extranjera. La sobe­ranía fiscal que disfrutan las diputaciones fora­les ha llevado a rebajar el tipo general del Impuesto de Sociedades, lo cual ha servido para captar empresas multinacionales como Unilever, Pepsico y Chase Manhattan, entre otras. Cualquier aproximación a la estructura del poder en el País Vasco nos conduciría inevi­tablemente a la investigación de las corporacio­nes, lo cual resaltaría, sin lugar a dudas, el papel de los servicios secretos españoles (el CESID, con ayuda de otras inteligencias, entre las que cabe citar indudablemente al Mossad israelí), como protectores y promotores de la expansión del capital de las empresas multinacionales loca­lizadas en los centros estratégicos vascos, de la misma manera que la CIA, por ejemplo, ha teni­do un protagonismo especial en este mismo sen­tido en los países hispanoamericanos. Hay muchos indicios para analizar a fondo este tema.

Revista de historia y pensamiento HANSCHAR nº1
16- HISTORIA DE UNAS RELACIONES SECRETAS: PAIS VASCO VERSUS ESTADO DE ISRAEL
 
ETA y el PNV buscan apoyo militar en el estado judio
Claves y conexiones del poder judio y el Sionismo Internacional como creadores del terrorismo etarra y el “Estado Nacional Vasco”
 
Las relaciones y contactos entre Euskadi e Israel son antiguas. El nacionalismo vasco siempre ha teni­do una gran admiración por el pueblo judío y los logros alcan­zados por el Estado de Israel. Se considera que existen muchas similitudes: tienen una lengua propia, un carácter étnico, unos símbolos, una historia y, ante todo, una profunda identidad nacional. Durante la ocupación nazi de Francia la resistencia vasca, a través de sus enlaces, los jefes de cadena de pasos fronterizos y en relación con los aliados, consigue pasar por la muga (fronte­ra) a muchos judíos. Incluso se realizan operaciones de rescate, por ejemplo en el campo de concentración de Gurs, que permi­ten la liberación de algunos hebreos detenidos a través de un túnel subterráneo que excavan vascos desde el exterior. Más tarde, entre 1947 y 1953 un gran número de marineros vascos, más de un centenar, son contratados por la Haganah y la Agencia Judía, en Marsella y París, para participar en la aliyah beth (inmigración clandestina judía) a Palestina.
Estas contrata­ciones tienen el visto bueno de la delegación del Gobierno vasco en París, por medio de Javier de Gortázar. Se realizan a través de la Sociedad Ginesta, que en plena Guerra Civil había servido como tapadera a la red de apoyo a la República española y que ahora se ha convertido en un telón para la actividad del Mossad. Una de las operaciones más espectaculares es la ejecutada por Víctor Gangoitia, delegado del Gobierno de Euskadi para asun­tos de refugiados en el período 1947-1953 (es uno de los hom­bres clave en la repatriación de judíos a Israel en 1949), el capi­tán Esteban Zubiaga Hernandorena de Portugalete, Rafael Inda y Mariano de Lekeito —que ya habían transportado anterior­mente judíos a Palestina—, un tal Txomin de Bermeo y otros treinta vascos de Erandio, Algorta, Lekeito, Bermeo y Somorrostro. Todos ellos constituyen las tripulaciones de los barcos geme­los Pan York y Pan Crescent, que transportan más de mil judíos desde Bulgaria.
Después vendrían más operaciones para Gangoitia, entre otras en el llamado Exodus II. En 1948 decide quedarse definitivamen­te a vivir en Israel. Desde esa fecha y hasta 1959 forma parte de la ZIM, la compañía israelí de navegación. Allí conocería a su espo­sa y nacería una de sus dos hijas. Por su parte el capitán Esteban Hernandorena, más conocido en Israel por capitán Steve Gate, se instala en 1948 en Haifa con su esposa y sus cuatro hijos, obteniendo toda la familia la ciudadanía israelí. Amigo de Walter Eytán, el capitán Steve llega a ser uno de los más importantes de la ZIM. Tras su fallecimiento en 1965, hoy queda una placa en su recuerdo y homenaje en la pared de la casa de los marineros de Haifa que dice: «1905-1965, nacido en Vizcaya; capitán de mar, activo en la flota "ilegal"; uno de los fun­dadores de la Israel Merchant Marine, residente en Haifa.»
Entre mayo de 1946 y 1948, la Haganah también solicita los ser­vicios de vascos para la adquisición de armamento en los bajos fon­dos marselleses. Dirigentes nacionalistas como Javier de Landáburu, José Mit-xelena, Julio Jáuregui, Leizaola, Ajuriaguerra y el propio lehenda-kari Aguirre reciben con alegría la creación del naciente Estado de Israel. Les llaman la atención el kibutz, el resurgimiento del hebreo y los grupos armados como el Irgun y el Stern. Jesús de Galíndez, delegado del Gobierno de Euskadi en Nue­va York, mantiene bastantes reuniones e incluso amistad con embajadores israelíes ante las Naciones Unidas como Abba Eban, Moshe Tov y Golda Meir. En mayo de 1949 los vascos felicitan al Gobierno de Israel por haber votado en contra de España en la ONU y no reconocer su régimen.
Para muchos jóvenes de Euzko Gastedi (Resistencia Vasca), la proclamación de independencia de Israel es su ideal de sobera­nía para el futuro Estado de Euskadi. La lucha armada de los grupos judíos, especialmente el Irgún, es un reflejo a quien mirar y de quien aprender. Por ello, el libro La Revuelta, redactado por Menahem Beguin, se convierte en la obra de referencia de las juventudes del PNV (EGI). Otro manual que también influye en Euzko Gastedi es un texto sobre la oposición judía en el gueto de Varsovia. De este libro, la resistencia vasca del interior extrae estrategias y métodos para colapsar la administración franquista. En una ocasión se remiten gran número de cartas con direcciones falsas y otras sin fran­queo para obstruir los servicios postales.
El 5 de junio de 1967, al poco de iniciarse la Guerra de los Seis Días, el presidente del Gobierno de Euskadi en el exilio, Jesús María de Leizaola, visita al embajador israelí en París para manifestarle la adhesión del pueblo vasco hacia el pueblo de Israel en su lucha por la subsistencia y la libertad, ofreciéndole el concurso de las colonias vascas esparcidas por el mundo. La Sociedad de Amigos del País de Pamplona traslada al embajador de Israel en París «el ofrecimiento de un donativo de sangre de la juventud vasca destinado al socorro de los heridos en la actual guerra y formulado por esta Asociación Cultural, representativa de los sentimientos del Pueblo Vasco hacia su admirable y heroi­ca Nación judía». En 1975, el 22 de noviembre, el poderoso Centro Vasco de Caracas protesta públicamente contra la resolución de la ONU que condena al sionismo «como una forma de racismo» y mani­fiesta su solidaridad con Israel y el pueblo judío.

EL IRGÚN: UN EJEMPLO PARA ETA
Para los primeros dirigentes fundadores de ETA, al igual que para las juventudes del PNV, Israel es su imagen ideal, un ejempío a seguir; un pueblo que ha logrado su liberación nacional a base de la lucha armada. El grupo terrorista clandestino judío Irgún se convierte en su espejo; Menahem Beguin, en su máxi­mo líder, en su ideólogo militar; y su obra La Revuelta, en su libro de cabecera, convirtiéndolo en la Biblia de su lucha arma­da. Las normas internas de seguridad que ETA establece desde los primeros años son, esencialmente, adaptación y adecuación de las experiencias del movimiento de liberación nacional judío Irgún. El Irgún Zvaí Leumí (Organización Militar Nacional) había sido la principal formación armada judía contra la ocupación británica de Palestina.
Su operación más espectacular fue la vola­dura del hotel Rey David de Jerusalén, cuartel general de las fuerzas británicas. Pero ETA no disponía de los recursos necesarios, entrena­miento y armas para siquiera iniciar la «insurrección en Euskadi» que planteaba Julen Madariaga, uno de sus fundadores y res­ponsable desde su inicio de la sexta rama —la militar—, en un «cuaderno de formación» que aparece a finales de 1963 con el sig­nificativo título de La guerra revolucionaria. Sus tesis en favor de las acciones de lucha armada son adoptadas como política de ETA en su III Asamblea entre marzo y mayo de 1964.
Madariaga plantea la necesidad de que se inicie de modo inme­diato la lucha violenta y la puesta en práctica de un plan de acción de guerrilla urbana o «comandos de asfalto». En su opi­nión no había que dejarse engañar por el curso que había segui­do la guerra revolucionaria en países como Indochina, China, Túnez, Cuba, Argelia y otros. En todos los casos citados la gue­rra revolucionaria había tomado la forma de «guerra de guerri­llas esencialmente, es decir, en el campo, monte y zonas despo­bladas». Pero aplicar lo mismo a Euskadi era un gran error, ya que la inmensa mayoría de la población era de clase industrial y por tanto concentrada en grandes complejos urbanos. Por ello, Madariaga señala como caso moderno más parecido al de Euskadi, «sin duda», el de Israel, «donde el comando urbano primó sobre la guerrilla de monte».
Durante los meses que está recluso en la prisión de Carabanchel de Madrid, en el otoño-invierno de 1961, Madariaga devora la edición francesa del libro La Revuelta de Beguin, que le ha facilitado el peneuvista Luis María Retolaza, otro entusiasta de Is­rael que en 1980 es nombrado consejero del Interior del Gobier­no vasco. Pocos meses antes de su detención, el responsable de la rama militar de ETA había propuesto volar el Gobierno Civil de Bilbao, al igual que habían hecho los activistas del Irgún con el cuartel general británico instalado en el hotel Rey David de Jerusalén. Sin embargo, finalmente la acción no se ejecuta. La esposa de Julen Madariaga había visitado Israel. Pero las ideas expuestas por Madariaga en defensa de la lucha violenta guardaban escasa relación con la agitación que entonces constituían las pobres acciones de ETA. Ante tal realidad Julen Madariaga se propone un paso sin precedentes: pedir ayuda mili­tar a Menahem Beguin, más tarde primer ministro israelí entre 1977 y 1983.
En el otoño de 1963 Julen Madariaga, acompañado por otro miembro de la rama militar y uno de los pocos activistas libera­dos que tiene ETA, Juan Luis Irusta, Jaime (ingeniero que poste­riormente se integrará en el PNV) se traslada a París. Allí, a tra­vés del conocido canónigo nacionalista Alberto de Onaindía (funcionario en la sede de la Unesco) y gracias a la mediación de un hombre de misterios, amigo personal del dirigente del PNV Juan Ajuriaguerra, Elie Meissi —destacado periodista, corres­ponsal en Francia del semanario norteamericano Newsweek y del diario israelí Ha'aretz—, los dos responsables etarras logran su objetivo. Consiguen contactar con el representante del Irgún, un hombre de unos cincuenta años con pelo blanco y que se hace llamar Shlomo Steinberg. A pesar de que el Irgún formalmente se disuelve poco después de la guerra de liberación de 1948-1949 y de la constitución del nuevo Estado de Israel, durante cerca de quince años después mantuvo una estructura fiel, paralela aunque integrada en el partido Herut, liderado por Beguin.
Steinberg les recibe en su oficina, una extraña empresa de exportación e importación, situada en la zona parisina de la Ópera. Durante más de hora y media les escucha con atención. Madaria­ga lleva el peso del encuentro. Le relata la falta de libertad en la dictatorial España, la ocupación de Euskadi, la dura represión franquista de todas aquellas señas nacionales de identidad vascas, le habla de la «comunidad étnica nacional vasca» y le explica que ETA es un «Movimiento Revolucionario Vasco de Liberación Nacional» a semejanza del Irgún, nacido para lograr la expulsión del «invasor» y la independencia de Euskadi. Sin embargo para ello se necesita ayuda y apoyo y Julen Madariaga solicita que transmi­ta a Menahem Beguin una petición para que se suministre a ETA la instrucción necesaria para llevar adelante la «lucha armada de liberación nacional de Euskadi»: entrenamiento de comandos, formación de guerrillas urbanas, adiestramiento paramilitar en general y armas.
En esos momentos ETA tenía unos 300 militan­tes y otros 110 se encontraban en las cárceles franquistas. A una pregunta del israelí sobre el territorio, Madariaga le manifiesta que Euskadi está bajo la ocupación de los estados opresores de España y Francia, que es una colonia de ambos paí­ses y añade que Euskadi se halla en estado de guerra contra Madrid y París. Antes de concluir el encuentro, Steinberg les adelanta que transmitirá a Beguin de inmediato sus peticiones pero, en el caso de que éste le solicite su parecer, comunicará su opinión contraria pues en esos momentos y desde hace algunos años se mantienen unas estrechas relaciones con Francia, un país que «ha ayudado y ayuda mucho a Israel». Como ya les había adelantado, tres semanas después el repre­sentante del Irgún en París informa al responsable de la rama mili­tar de ETA que Beguin, aun a pesar de estar a favor de su causa, no puede suministrarles ninguna ayuda que pueda ir en contra de la Francia de De Gaulle.
Pero Madariaga no es el único dirigente de ETA admirador de Israel. José María Benito del Valle, José Manuel Aguirre y José Luis Álvarez Emparanza, Txillardegi, miembros también del gru­po fundador de ETA, además de la lucha del Irgún, valoran en gran medida un logro israelí muy importante: la recuperación y resurgimiento del hebreo como ejemplo para establecer y con­vertir el euskera en «la esencia de la etnia vasca. Su pérdida supon­dría la desaparición de la nación vasca». Sobre todo Txillardegi, que es experto en materia lingüística, escribe artículos e imparte «char­las de formación» donde manifiesta que la prioridad más urgente del futuro Gobierno de una Euskadi independiente es el fortalecimiento de la lengua vasca al igual que han hecho los israelíes con la hebrea. Sin embargo Benito del Valle, Zabala, es junto a Madariaga el más interesado por Israel. Incluso visita en la primavera de 1967 la embajada de Israel en París en busca de documentación que sir­va para alguno de los artículos que escribe en Zutik y Branka, órganos de expresión de ETA.
Así, en 1968 Zabala escribe un largo artículo en Branka, de unas veinte páginas, en el que se refie­re al hebreo, al logro de la independencia israelí, a los kibutzs y al moshav (pueblos cooperativos) y da una visión general de Is­rael. Entre sus conclusiones señala que hay que hacer renacer el idioma vasco antes que el movimiento de liberación. El interés de José María Benito del Valle es tal por conocer las experien­cias israelíes que, a principios de los años setenta, se integra varios meses en un kibutz de Israel. Al mismo tiempo, en febrero de 1972 ETA suscribe su primer comunicado de solidaridad con la organización palestina Fatah. Tres años después de la solicitud al israelí Beguin, Julen Mada­riaga tiene una nueva ocasión para pedir ayuda militar, pero en este caso al Gobierno de Argelia.
En marzo de 1966 el dirigente etarra, exiliado en Argel desde marzo de 1965 tras ser expulsado de Francia por las autoridades de París, pide a los dirigentes del FLN que suministren a ETA armas, ayuda financiera, entrena­miento paramilitar y una emisora de radio —al igual que más tarde tendría el MPAIC canario—. La respuesta del coronel Huari Bumedián, jefe del Estado argelino, también es negativa, sin embargo la razón es singular e inesperada: España va a venderle cerca de medio millón de corderos, imprescindibles para cele­brar el día de Ait Lakbir, la fiesta islámica del Sacrificio, y Argel no puede renunciar a ellos.

COMANDOS DEL PNV EN ISRAEL
Pocos saben que entre enero de 1974 y mayo de 1977, es decir, un mes antes de las primeras elecciones democráticas, el Gobierno de Euskadi en el exilio y el Partido Nacionalista Vasco, que por aquellas fechas son lo mismo, solicitan y obtienen formación paramilitar de dos capitanes israelíes pertenecientes a unidades de élite. Los contactos son realizados por Primitivo Abad Gorostiza, con larga trayectoria militar. Había sido comandante de gudaris (soldados vascos) en la Guerra Civil y durante la Segunda Gue­rra Mundial estuvo integrado en la Brigada Vasca junto a las tro­pas norteamericanas. En 1943, al organizarse Eusko Naya (Volun­tad Vasca), una especie de ejército con vistas a una inminente victoria aliada, él es el jefe de la zona de Vizcaya, que contaba con 19 compañías con 103 gudaris cada una.
Del 9 de enero al 6 de febrero de 1974 Primitivo Abad permanece cerca de Tel Aviv para realizar, como responsable de la organización sindical Solidaridad de Trabajadores Vascos (STV), un curso sobre temas laborales y cooperativistas, impartido por la Confederación General de los Trabajadores de Israel (Histadrut). Pero su misión es muy distinta. Según las indicaciones del todo­poderoso dirigente del PNV Juan Ajuriaguerra, debe tomar con­tacto con militares israelíes que estén dispuestos a entrenar coman­dos paramilitares de jóvenes vascos que, bajo la garantía del Gobierno de Euskadi, fueran enviados a Israel. A través de Josu de Arenaza, miembro del Buru Batzar (Con­sejo Nacional) del PNV de Vizcaya y director del semanario en euskera Agur, Abad obtiene la dirección y entra en contacto con el capitán Yair Dori Yussif, perteneciente a una unidad de élite de paracaidistas del Tsahal (fuerzas armadas de Israel).
Dori es un prestigioso héroe de guerra. Capturado dos años antes en el Sinaí por el ejército de Egipto, es el único superviviente de un comando especial compuesto por quince miembros. A los once meses de su apresamiento, y por mediación de la Cruz Roja, pue­de ser canjeado por varios egipcios heridos. El emisario vasco comunica a Dori el propósito de su misión, indicándole incluso que, además de adiestrar comandos en el mismo Israel, existe la posibilidad de que él y el resto de mandos militares israelíes seleccionados para la formación se trasladen al País Vasco francés para impartir también allí sus técnicas. Abad asegura «no emplear los conocimientos adquiridos para otras causas que la libertad nacional de Euskadi».
De regreso a Francia el 6 de febrero, Primitivo Abad se entre­vista en París con el presidente del Gobierno vasco, Jesús María de Leizaola. Le informa del contenido de la entrevista transmi­tiéndole la aceptación del capitán Yair Dori para efectuar la misión solicitada. El lehendakari aprueba el contacto e incluso va más lejos al afirmar que en breve plazo efectuará «gestiones para esta­blecer, si no oficiales sí oficiosas relaciones con el Estado de Israel». Ocho días después, Abad informa a Juan Ajuriaguerra, Joseba Rezóla y Luis María Retolaza, brazo derecho del primero, que se muestran sumamente complacidos con la respuesta israelí y soli­citan, antes de poner en marcha tal operación, tener una reu­nión con el capitán en París a la que asista el propio lehendakari. El encuentro se establece en la capital francesa el 8 de abril de 1974. En él están presentes Yair Dori —llegado desde Tel Aviv—, Leizaola y, procedentes del sur de Francia, Abad y Mikel Isasi. Este último había sido enlace entre las juventudes del PNV y EKIN, el grupo incipiente de ETA, y tiene algunos conocimientos de ins­trucción militar, ya que en los primeros años sesenta había partici­pado en un curso organizado por el IRA en Irlanda del Norte.
Los dirigentes vascos exponen al militar israelí que se desconoce cómo se va a salir del túnel de la clandestinidad, que ellos estiman que aparecerá un estado de violencia, y ante esa posibi­lidad se desea adiestrar a una serie de comandos que a su debi­do tiempo protejan el orden público. Dori debe seleccionar a otros oficiales israelíes y preparar las materias a enseñar. En un principio contacta con tres mandos, per­tenecientes también a unidades de élite, principalmente de paracaidismo, «con mucha experiencia y capacidad» y de su comple­ta confianza. Conjuntamente preparan un programa para un curso de dos semanas de duración. En contactos posteriores, tanto epistolares como telefónicos, Abad informa de que la mejor fecha para efectuar la primera instrucción será en el mes de agosto, y que el grupo a adiestrar estará compuesto por entre quince y veinte personas.
El lugar del entrenamiento es la casa del partido (PNV) en Bayona. Al ser un grupo reducido, Yair Dori Yussif decide trasladarse con sólo dos militares, también capitanes. Se les propone viajar desde Tel Aviv a París en avión y allí tomar el tren hasta Bayona. Sin embargo, a última hora, a finales de julio de 1974, a petición de los nacionalistas vascos, se aplaza el viaje. La súbita enferme­dad de Franco les hace «ser cautos antes de lanzarse» a una ope­ración semejante. Además, la asamblea general del PNV que debía celebrarse el 6 de julio es postergada hasta septiembre u octu­bre. De todos modos, se informa al capitán Dori que su concur­so es «imprescindible» y que se pondrán de nuevo en contacto para darle otras fechas. También se le sondea sobre la posibili­dad de poder hacerse cargo de la reconversión de la policía y las fuerzas armadas franquistas, en el caso que se hicieran con el auto­gobierno. Esta última petición nunca fue entendida por los israelíes.
La aparición de la crisis económica se añade a las causas del retraso. La tesorería del PNV y la del Gobierno de Euskadi no pue­den permitirse la contratación de los militares israelíes. Hay que esperar una coyuntura favorable. Después de varios contactos por carta y pasado más de un año, en septiembre de 1975, Abad comunica a Dori que todos los mecanismos se han puesto de nuevo en marcha para llevar a cabo la misión aplazada. A lo largo de octubre, el PNV, concre­tamente Ajuriaguerra, Retolaza, Isasi y el propio Abad, inician con sumo cuidado la selección del «personal» que participará en el cursillo. El 7 de diciembre, diecisiete días después de la muerte de Fran­co, Ajuriaguerra solicita a Abad que se ponga en contacto con Dori y que éste acelere su traslado a Bayona para la instrucción prevista. Añade que se le consulte sobre la posibilidad de realizar una corta visita al País Vasco español para conocer el terreno y sus peculiaridades.
Parece ser que, desde los primeros contactos, la resistencia vasca del interior ha manifestado su deseo de que Dori y sus hombres se trasladen allí como un ejemplo muy valio­so para su moral. El 17 de diciembre el capitán israelí contesta estar dispuesto a trasladarse en cualquier fecha, que participará otro mando de igual graduación, un tal Marcos G. —hispanohablante, igual que él—, y que no tienen inconveniente en pasar al País Vasco español. Por fin el 15 de febrero de 1976 se le da luz verde. Al mismo tiempo se les transmite una petición más concreta sobre la clase de estudios que se quiere recibir:
«El objeto del curso es formar monitores que puedan trans­mitir las enseñanzas a otros grupos. Teniendo en cuenta que de este primer grupo solamente tres han conocido y han tomado parte en la guerra, habiendo tenido mandos de unidades como batallones —de 450 a 500 hombres— y dos que han efectuado los cursos de comandos con los Aliados en la última guerra, que hoy pueden estar, tal vez, anticuados, se puede considerar que nuestro comienzo par­te de cero. Por todo ello, desearíamos unos conocimientos extensos que suponemos habrán experimentado: formas de recluta; compromisos que debemos aceptar; número más pequeño o célula de las unidades, escuadra, sección, compañía, etc.; dis­tribución geográfica de estas unidades en poblaciones de 300.000 habitantes y más y en pueblos de 10.000 o menos; materiales a utilizar y medios de adquirirlos, etc., etc. Llegado el día H. Cómo provocarlo para adelantar o retra­sar, grupos extremistas que habría que controlar y dominar. Ocupación de poblaciones, asaltos de casas y cuarteles y medios a emplear, psicológicos y militares, control de los servicios de suministro eléctrico, agua, transporte y comunicaciones, cen­trales, puertos, etc. Sabotajes de barcos, trenes, centrales eléc­tricas, refinería de petróleos, etc. POLICIA.- Formación de sus cuadros, militar y civil. Enla­ces motorizados y radioteléfono, etc., etc.»
Todas estas peticiones no se podían atender en tan sólo un curso de dos semanas y se concreta ya un posible viaje de dos personas (los máximos responsables de la organización vasca de comandos) a Israel para proseguir allí la formación técnica, espe­cialmente la policial. Yair Dori y Marcos G. permanecen en Bayona entre el 15 de febrero y el 6 de marzo de 1976. Aquí entrenan a un grupo de 18 personas —la mayoría de unos 30 años—, entre los que se encuentran: Primitivo Abad, Mikel Isasi, Antón Ormaza (presi­dente del Buru Batzar del PNV de Vizcaya) y José Luis Irurita, tam­bién miembro de ese mismo Buru Batzar. A dos sesiones de entre­namiento asisten personalmente Juan Ajuriaguerra y Luis María Retolaza. Los días 16 y 17 de marzo los dos capitanes israelíes visitan el País Vasco español, aunque después de muchas negativas por su parte, ya que temen una posible detención en un Estado que no mantiene relaciones diplomáticas con Israel. Además, lo delica­do de su misión les hace ser más recelosos ante el viaje.
A los dos militares se les suministró visados de entrada obte­nidos en el consulado español en Hendaya a través de un her­mano de Joseba Rezóla. Hasta Irún pasan la frontera en taxi. Aquí les recoge Abad en coche y junto a Irurita inician un reco­rrido por Guipúzcoa y Vizcaya. Por la noche se celebra una cena en Landachueta a la que asisten también Luis María Retolaza y él histórico José Elorrieta. Esa noche los israelíes duermen en casa de Antón Ormaza en Bilbao. Al día siguiente completan el trayecto e incluso visitan Navarra. La instrucción efectuada en Bayona es táctica y física, de comandos, con arrastre por el suelo, asaltos, orientación, manejo de armas, etc. En el ámbito técnico, se estudia la mayor parte de los supuestos previstos «llegado el día H», según el documento enviado a Dori. La operación le supone al PNV un desembolso de 6.600 dólares, más gastos ocasionados por la estancia.
Yair Dori y Marcos G. encuentran muchos inconvenientes por­que varias personas integrantes del comando no reúnen las con­diciones físicas adecuadas, pero los dirigentes del PNV se muestran satisfechos con el resultado final. En abril y noviembre de 1976 Ajuriaguerra y sus dos hombres de máxima confianza, Luis María Retolaza y Xabier Arzalluz —que conoce todos los detalles de la operación—, junto a otros diri­gentes, estudian la posibilidad de «estrechar lazos comerciales y de hermandad con Israel», idea ya considerada en 1974 por el lehendakari Leizaola. Se piensa abrir una especie de oficina comer­cial del Gobierno de Euskadi que, además de servir como tapa­dera para las siguientes operaciones y viajes, funcionaría como empresa de importación-exportación entre Euskadi e Israel.
Seis meses después Primitivo Abad informa a Yair Dori que serán tres los jefes de comandos que se trasladarán próxima­mente a Israel para «perfilar posibles puestas a punto de ciertas técnicas estudiadas» en Bayona y, «en función de éstas, montar los servicios necesarios de Euskadi en Israel». Se. solicitan fechas adecuadas para realizar el viaje después de Navidad y fin de año. El capitán contesta afirmativamente y anuncia que durante su estancia allí podrán «visitar y apreciar de cerca» los campos de entrenamiento de las fuerzas armadas de Israel. Las tres personas seleccionadas a principios de 1977 para tras­ladarse son: Primitivo Abad, el doctor José Luis Irurita y Joseba Emeldi, alias El Indio. Este último es un personaje singular, según lo publicado sobre él, vinculado a los residuos de los servicios de información vasco-norteamericanos que funcionaron en la pos­guerra, primero adscritos a la OSS y a partir de 1947 a la CÍA. Emeldi había residido en Venezuela, donde participó en movimientos guerrilleros.
En la escuela estadounidense de Panamá se especializó en ejercicios militares. En 1968 ya realizó un cursillo de instrucción armada a un grupo de Euzko Gaztedi (EGI), las juventudes del PNV, en Beyris, en el País Vasco francés. Allí estu­vieron presentes varias personas, como Múgica Arregui, más tar­de dirigente de la organización armada ETA. La inclusión de Joseba Emeldi en el grupo es forzada por Juan Ajuriaguerra y Luis María Retolaza, que ven en él un posible jefe futuro de la Ertzaintza. Los tres expertos en asuntos militares del PNV llegan a Tel Aviv el 9 de mayo de 1977 en el vuelo 324 de la compañía El Al, procedentes de París. En el aeropuerto les esperan los dos capi­tanes israelíes, que intervienen ante la policía para pasarlos fue­ra de la aduana. Su regreso está previsto, una vez concluidos los cursos, para el 19 del mismo mes de mayo. Este viaje se organiza en el más absoluto secreto en el seno del Partido Nacionalista Vasco, máxime en vísperas de las primeras elecciones democráticas, a celebrarse el 15 de junio. Muy pocas personas, aparte de los interesados, lo conocen: sólo Juan Ajuriaguerra, L. M. Retolaza y Xabier Arzalluz.
Sin embargo, la operación no resulta como estaba previsto. Una vez en Israel, nunca antes, los dos capitanes israelíes se echan atrás. Estos exponen claramente a los invitados vascos que los acontecimientos se han desarrollado de manera diferente y negativa a lo convenido. Sus gestiones cerca de los mandos supre­mos del Tsahal no son satisfactorias. Es más, alarmados por la noti­cia, les recomiendan dirigirse al Ministerio de Asuntos Exteriores para explicar la presencia y la misión de los tres nacionalistas vascos. Puestos en contacto con representantes diplomáticos, se les comunica que esa misma tarde se pondría el asunto en conoci­miento del ministro Yigal Allon.
De todos modos Yair Dori soli­cita a Abad que el presidente del Gobierno de Euskadi en el exi­lio contacte con Israel para oficializar las relaciones. Desde Jerusalén Abad efectúa dos gestiones telefónicas con Jesús María de Leizaola solicitándole urgentemente que se pre­sente en la embajada israelí en París para «garantizar la persona­lidad» de los tres y «el motivo del viaje». El lehendakari visita dos veces la delegación diplomática, pero él mismo se da cuenta el viernes 13 de mayo de que toda la ope­ración se ha cortocircuitado. El día anterior ha sido una fecha especialmente sangrienta en Euskadi, en la cual se producen cin­co muertos por atentado. La operación es un fracaso. Abad, 1rarita y Emeldi salen de Israel el 19 de mayo. Menos de un mes después, el 15 de junio de 1977, en las primeras elecciones gene­rales, el Partido Nacionalista Vasco obtiene ocho escaños. Juan Ajuriaguerra y Xabier Arzalluz se convertirán en diputados del Congreso en las Cortes Constituyentes.

ADMIRACIÓN Y CONTACTOS EN DEMOCRACIA
Un «Hogar Nacional», así llamado por el Congreso Fundacio­nal del Sionismo, en Basilea, y después por la Declaración Balfour (1917), es lo que desea el nacionalismo vasco para Euskadi. Durante largos períodos del franquismo, en algunas reuniones del Buru Batzar del Partido Nacionalista Vasco, burukides (dirigen­tes) como José Luis García de Falces, comprenden «las legítimas razones de los sionistas». Para el nacionalismo vasco la lectura de Theodor Herzl —el Sabino Arana del sionismo— y su diseño de un Estado nacional judío son enriquecedores y muy útiles. Pero uno de los elementos clave para aprender del sionismo es la len­gua, «el euskera es la quintaesencia de Euskadi, mientras el euskera viva, vivirá Euskadi». Se desea aplicar la experiencia israelí en la recuperación del hebreo .
Así, entre 1978 y 1979 se inician contactos con la Uni­versidad Hebrea de Jerusalén. Más tarde, a mediados de los años 80, será el propio consejero de Educación y portavoz del Gobier­no vasco, Pedro Miguel Etxenike, perteneciente al PNV, quien viaje a Israel junto a su viceconsejero y catedrático de Lingüísti­ca, Koldo Mitxelena, para estudiar y conocer las técnicas israelíes con el objeto de su posible aplicación al euskera. Como resulta­do de esta visita, especialistas israelíes en educación viajan al País Vasco para establecer un convenio de colaboración con el Gobier­no vasco en el marco de un programa de innovación tecnológi­ca de la educación. Pero Etxenike, además de sus contactos con Israel durante los años en que ocupa la Consejería de Educación y Cultura, entablará otro tipo de vinculaciones en un área que conoce perfectamente al ser un reconocido catedrático de Física, la energía nuclear.
También el consejero del Interior, el histórico Luis María Retolaza, tiene una estrecha amistad con el catedrático israelí de Física Nuclear, Avivi. Mientras Etxenike viaja a Israel, Avivi frecuenta Euskadi durante 1981 con visados y autorización expresa de Juan José Rosón, ministro del Interior. En junio de 1981 una impor­tante delegación de expertos de la Comisión de Energía Atómica de Israel y funcionarios de la central nuclear de Dimona, en el Neguev, se trasladan al País Vasco para aconsejar en temas de interés para la central nuclear de Lemoniz. Uno de los asuntos que más interesan es el de la seguridad. Mientras los dirigentes del Gobierno vasco trataban de reducir la importancia de estos con­tactos «nucleares», a las autoridades de Madrid no le gustaba nada desconocer lo que sucedía en Euskadi en un tema tan sensible como la energía atómica.
En una ocasión, asustados por el gran número de visados que solicitan ciudadanos israelíes con destino al País Vasco, el Ministerio español de Asuntos Exteriores solicita autorización a la Presidencia del Gobierno, con Calvo Sotelo como presidente, para dar instrucciones a su consulado de Jerusalén para reducir esta riada de viajes «científicos». Las relaciones en materia de seguridad entre el PNV e Israel continuaron después del episodio del envío a Israel y del entre­namiento de comandos nacionalistas vascos en Francia. Una vez al frente del Gobierno vasco los contactos secretos continúan. En 1980 la Consejería del Interior, con Retolaza a su frente, pre­fiere a británicos y a alemanes para adiestrar a los futuros miem­bros de la Ertzaintza, los hombres de Berroci. Sin embargo, a Retolaza sí le interesa utilizar en Euskadi el sistema de transmisiones de las Fuerzas Armadas de Israel.
Los israelíes son poco utilizados para entrenar a la futura poli­cía vasca (Ertzaintza) en Berroci, pero en cambio sí se solicitan los servicios del Mossad y de militares israelíes para formar al grupo Ekintza, un cuerpo de élite de la Erizantza creado en 1983 y, sobre todo, para la creación de una especie de servicio vasco de inteligencia a partir de abril de 1986. Algunos agentes vascos de la Ekintza estuvieron alojados en un kibutz durante su instruc­ción. Toda la cúpula de la Consejería de Interior del Gobierno vas­co es una gran admiradora de Israel: Luis María Retolaza, consejero; Eli Caldos, viceconsejero de Interior; Juan José Arrizabalaga, viceconsejero de Seguridad; Sabino Arrieta, viceconsejero de Administración y Planificación; y Genaro García de Andoain, dele­gado de Asuntos del Interior. Algunos de ellos viajan en varias ocasiones a Israel, unas veces en secreto y otras no.
Otro de los temas que siempre ha interesado a los nacionalis­tas vascos en el seno del Gobierno es el de la sanidad. Las orga­nizaciones sanitarias de Israel destacan en todo el mundo. Uno de los viajes más «jugosos» es el que realiza Andoni Monforte a mediados de 1980 como consejero de Sanidad. El motivo oficial de la visita es «conocer los diversos estudios que se llevaban a cabo en relación a la fuerte incidencia de las enfermedades cardio-vasculares, especialmente el alto porcentaje de infartos y su relación con el origen de las comunidades». Pero realmente el viaje tiene dos motivos secretos. El primero conocer cómo los cien­tíficos israelies podrían ayudar en los estudios sobre el alto por­centaje en la población vasca del factor Rh negativo. La siguien­te razón fue entrar en contacto con los servicios de seguridad de Israel para buscar puntos convergentes en la futura colaboración policial entre Israel y Euskadi. Algunas de las solicitudes de los vascos son rechazadas por los israelies. No olvidemos que el Mossad también colabora estrechamente con el CESID.
El 16 de julio de 1994, el presidente del Partido Nacionalista Vasco, Xabier Arzalluz, se traslada a Israel encabezando una dele­gación compuesta también por Aguirre Arizmendi, el senador Caballero Laskibar y el diputado Ollora Ochoa de Aspuru. El moti­vo es explorar las posibilidades de llegar a un acuerdo con la organización terrorista ETA mediante un proceso que, en esos momentos preliminares se asemeja al que utilizaron Israel y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en las sema­nas previas al acuerdo alcanzado en Oslo en agosto de 1993.
A Arzalluz también le interesa conocer el procedimiento utilizado para iniciar las negociaciones directas, así como el largo proceso de toma de decisiones seguido por el Gobierno de Israel. El pre­sidente del PNV llega a reunirse con el primer ministro, Isaac Rabin, y con uno de sus principales hombres de confianza, el artífice de los acuerdos de Oslo, Yosi Beilin. Un libro sobre el pueblo judío, El Compromiso, condiciona a Xavier Arzalluz sobre la concepción del mundo hacia el naciona­lismo vasco. Desde entonces siempre ha confesado que cuenta con buenos amigos en Israel...
 
Extraido del libro “ESPAÑA-ISRAEL: HISTORIA DE UNAS RELACIONES SECRETAS” de Jose Antonio Lisbona
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