martes, 5 de junio de 2012

HISTORIA DEL FASCISMO EN COSTA RICA





A diferencia de otras naciones hispanoamericanas, el fascismo costarricense fue menos visible, quizás por la cultura tradicional del tico de ser discreto, pero al mismo tiempo y paradójicamente, tal parece que fue uno de los movimientos más numerosos y activos de Latinoamérica junto con Argentina. La historiografía oficial nos ha querido invisibilizar la existencia de una nutrida comunidad de costarricenses nacionales, alemanes e italianos, simpatizantes activos del Nacionalsocialismo, del fascismo y del falangismo, pero estos dejaron tras de si una serie de evidencias para la posteridad incluyendo un misterio y enigmático monumento Aguilar.

La nutrida comunidad alemana de Costa Rica se mantuvo en su gran mayoría fieles a la causa patriótica librada por el Tercer Reich. Los alemanes costarricenses respaldaban a su patria y al líder de la misma, Adolf Hitler, en sus causas bélicas e irredentistas. Estos simpatizantes del fascismo solían reunirse en el Club Alemán y la llamada de la sangre y de la tradición, el sentimiento de pertenencia cuasi-metafísica a una gran identidad germana que trascendía las fronteras físicas los hacía sentir un fuerte apoyo por el Nacionalsocialismo. Por supuesto que también hubo simpatizantes del fascismo y del nazismo entre los propios costarricenses criollos de origen español, muchos de ellos admiradores de Primo de Rivera y de Franco. El Partido Nazi de Costa Rica se fundó en 1936 y fue presidido por Max Effinger, futuro asesor de León Cortés en asuntos migratorios. En 1939 se construyó un espacio para reuniones y actividades fascistas en un terreno o finca prestada por un partidario italiano, situada en un enclave de inmigrantes italo-alemán en el Alto del Fierro de Ochomogo, en San Rafael, cantón de la Unión, en una salida de la actual carretera San Jose-Cartago, donde se construyó el ya famoso monumento con forma de águila sobre una fuente acuífera de profundo simbolismo esotérico. El águila, símbolo solar y guerrero propio de las grandes naciones arias, junto a la fuente, símbolo de la sabiduría (como la Fuente de Mimir de la que bebe Odín o la fuente de la “Eterna Juventud” de simbología alquímica e iniciática que buscaba Ponce de León), el significado del mensaje es claro.

El gobierno de Estados Unidos emitió informes donde manifestó su preocupación de que los dos países con mayor cantidad de simpatizantes del Nacionalsocialismo eran Costa Rica y Argentina[1]. Los fascistas criollos se encontraban entusiasmados con sus preparativos de festejo pues se decía que al culminar la guerra victoriosa para el bando del Eje, el mismo Hitler visitaría Costa Rica (en representación de Centroamérica) para celebrar su triunfo mundial y luego Argentina (en representación de Sudamérica), esto sin embargo puede ser más leyenda que otra cosa, aunque claro está, no lo sabremos debido al resultado de la guerra.

La afinidad de los costarricenses hacia el fascismo y el nazismo se encontraba directamente relacionada con la identidad étnica, pues como señala el historiador Iván Molina Jiménez[2], el costarricense siempre se ha considerado ante todo europeo y blanco. Su etnicidad se vincula más fuertemente con España y con Europa en general que con lo indígena, lo mestizo y, especialmente, lo centroamericano. Esta pureza racial que aún se mantiene mayormente, ya había sido descrita por visitantes de estirpe europea que se encontraban sorprendidos por la pureza racial tica frente a sus vecinos. Dice el escocés Robert Glasgow Dunlop en 1844;

los habitantes del Estado de Costa Rica son casi todos blancos, no habiéndose mezclado con los indios como en otras partes de la América española, y los pocos de color han venido sin duda de los Estados vecinos.

Según otra descripción del filósofo salvadoreño Alberto Masferrer al visitar Costa Rica:

...apenas hay indios... En cambio la negra sangre de Africa corre abundante y pura en la costa del Atlántico... un diez por ciento entre indios, negros, mestizos y mulatos; lo demás pura raza española, de Galicia. Así, entre ellos y nosotros hay la diferencia sustancial de la raza. No se marca bastante esa diferencia mientras se va de Puntarenas hasta Alajuela. Salvo las modalidades características en un pueblo pacífico, ésas y las demás del tránsito son poblaciones centroamericanas. Pero cuando llegáis a la verdadera Costa Rica, es decir, á Heredia, á Cartago, á San José, ya estáis en un pueblo que ni por el clima, ni por la raza, ni por las tendencias es nuestro. Aquella es la Tiquicia pura...[3]

Y, nuevamente, según Molina:
El Secretario de la Corte de Justicia Centroamericana, Ernesto Martin, expresó claramente en noviembre de 1911 la vinculación oficial establecida entre etnia y democracia, al señalar que el avance experimentado por esta última en Costa Rica obedecía a dos factores principales, la expansión escolar (la cual colocaba en segundo lugar) y, en primer término, a "…la raza especial que habita nuestros campos, de cuasi pura estirpe vasca y castellana en su más grande parte
Por supuesto que no puede dejar de mencionarse la cita del brillante científico Clorito Picado Twight, uno de los científicos más importantes del mundo, muy admirado y respetado en Costa Rica por su prestigio intelectual y académico al punto de que uno de los premios nacionales lleva su nombre. Picado estaba indignado por la afluencia de sangre y cultura negra que pudiera (a criterio de él) contaminar la blancura étnica tradicional del costarricense europeo.
En carta pública al historiador Ricardo Fernández Guardia, la cual circuló en el Diario de Costa Rica del 20 de mayo de 1939, Picado advierte:
"¡NUESTRA SANGRE SE ENNEGRECE!, y de seguir así, del crisol no saldrá un grano de oro sino un pedazo de carbón. Puede que aún sea tiempo de rescatar nuestro patrimonio sanguíneo europeo que es lo que posiblemente nos ha salvado hasta ahora de caer en sistemas de africana catadura, ya sea en lo político o, ya en aficiones que remedan el arte o la distinción, en tristes formas ridículas Quizás Ud. cuya voz prestigiada es oída por los humanistas de valer que aun quedan en estas regiones, logre ayudar a señalar el precipicio hacia el cual nos encaminamos."
Pero así como Argentina tuvo su Perón, se dice que el presidente León Cortés y su administración de clara influencia alemana apodada “el gobierno del cemento y la varilla” por su denotado esfuerzo urbanístico y de reconstrucción nacional, era simpatizante del Nacionalsocialismo. Durante su gobierno se tomaron medidas duras para apartar a judíos y comunistas del poder y diversos costarricenses partidarios del fascismo tuvieron altos cargos públicos. Max Effinger, presidente del Partido Nazi de Costa Rica, fue seleccionado por Cortés para encargarse de la inmigración. Effinger, de origen alemán, se encargó de detener el ingreso de judíos polacos que habían empezado a llegar en oleadas impactando la economía de los comerciantes costarricenses que se quejaron. Effinger argumentaba que la inmigración debía ser aria.

Otros destacados ciudadanos que realizaron declaraciones abiertamente antisemitas fueron el periodista Otilio Ulate (futuro presidente) y el educador Luis Dobles Segreda (un colegio público lleva su nombre), quienes señalaban a los judíos como artífices y promotores del comunismo, maleantes, indeseables y personajes oscuros que realizaban ritos satánicos[4] [5].

Su sucesor, el reconocido masón Rafael Ángel Calderón Guardia, sería totalmente opuesto, pactaría una alianza con el Partido Comunista cuyo líder, el terrorista Manuel Mora Valverde, fiel perro de la Unión Soviética y de Stalin, sería el verdadero gobernante del país. Los horrores cometidos por los comunistas provocarían la indignación del pueblo y en 1941 Calderón (bajo la influencia de Manuel Mora) le declara la guerra a Alemania, encarcela a los ciudadanos alemanes e italianos cuyas propiedades confisca.  
Fundado en 1910 como CLUB ALEMAN. Entre sus fundadores destacan miembros de las familias alemanas de ese entonces (Steinvorth, Peters, Sauter, Fabian, Lehmann, Knoehr, Reimers, Koberg, Siebe, etc.).
La mayoría de los socios vienen de familias que llegaron a Costa Rica entre 1920 y 1940. Muchos de ellos heredaron sus acciones a hijos o familiares, tales como los Miller, Hempel, Spoerl, Hueckmann, Lorenzen, Stradtmann y muchos más. En 1935 el club compra una propiedad en Guadalupe (1.52 hectáreas) con diversas construcciones que se adaptaron a las necesidades del club, tales como un Restaurant/Bar y un amplio salón de baile y recepciones. Se construyó una piscina para natación de 20 m de largo, 2 canchas de tenis y un campo de deportes. Esta propiedad fue confiscada por el gobierno de Costa Rica a raíz de la 2da. Guerra Mundial a fines de 1941. Ahí estuvieron luego internadas las familias de los alemanes y recluidos en un campo de concentración que se improvisó en avenida 10 cerca del Cementerio General. Posteriormente en el curso de los años 1942 y 1943 todos fueron deportados a los EEUU junto con las familias a campos de internamiento en Texas y Dakota del Norte.
La propiedad del club en Guadalupe se usó luego por el Gobierno de Costa Rica como cuartel de policía y luego se construyó en ella el actual Colegio Napoleón Quesada. En Febrero 1960, por gestión de don Frank Marshall (Steinvorth), quien era diputado, se obtuvo una indemnización de Col. 815.574 en “Bonos Conversión Vales de Expropiación”. En Noviembre 1965, con parte de esos bonos y dinero efectivo aportado por socios, se compró una propiedad en Moravia, donde gratuitamente el club cedió su uso al COLEGIO HUMBOLDT. Dicha propiedad medía 5260 m2 y tenía una serie de edificios en los cuales operó el colegio hasta la construcción del edificio nuevo en Barrio Rohrmoser[6].
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, mediante la cooperación internacional de gobiernos y comunidades aliadas, y con el apoyo del Vaticano, cientos de altos jerarcas del Tercer Reich, miembros de la SS, militares de todas las jerarquías, gobernantes locales aliados o colaboradores, y sus familias, etc., escaparon de los crímenes espantosos cometidos por los Aliados, de las crudas venganzas y represalias y del circo político de Nuremberg. Su destino natural era Iberoamérica, una región que no estuvo tan directamente involucrada en la guerra, que no se encontraba bajo control de imperios aliados (como el caso de muchos países de Asia) y que, además, tenía en muchos de sus países, una nutrida población blanca tanto de origen español como de más recientes inmigración alemana, italiana, etc. Así, muchos de estos que escapaban fueron a dar a España, Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Brasil y también a Costa Rica. Algunos fueron atrapados por operativos ilegales y revanchistas de los criminales del Mossad, como el caso de Adolfo Eichman, pero otros también pudieron tener largas y prósperas vidas que, si bien debieron vivir como fugitivos acechados por los sicarios del Mossad, al menos lograron escaparse de la furia del odio que le promulgaba Israel y los sionistas. Este fue el caso de Harry Mannil en que vivió por cincuenta años en Costa Rica, del ucraniano Bohdan Koziy quien también falleció en Costa Rica en el 2003 aún cuando ya el gobierno polaco había logrado aprobar su extradición por “crímenes de guerra”, de Josef Mengele que estuvo en Argentina, Paraguay y finalmente, falleció en Brasil, de Walter Rauff que vivió en Ecuador, Argentina y finalmente en Chile, quizás también el directivo de la Gestapo, Heinrich Muller y, según algunos historiadores, el mismo Adolf Hitler en Argentina.

En 1944 el candidato apoyado por calderonistas y comunistas, Teodoro Picado Michalsky (hijo de la judía polaca Jadwisia Michalska Wodziwoska y, por ende, judío) gana las elecciones en medio de acusaciones de fraude electoral. En 1948 el candidato sería, nuevamente, Calderón Guardia que buscaba la reelección (que en Costa Rica no es consecutiva) contaba con el apoyo del bloque caldero-comunista el cual resultó derrotado frente al candidato conservador Otilio Ulate. El judío Teodoro Picado y el masón Rafael Ángel Calderón no aceptan el resultado y convenientemente anulan las elecciones presidenciales (pero no así las elecciones legislativas votadas simultáneamente y donde comunistas y calderonistas resultaron vencedores) por lo que estalla la Revolución o Guerra del 48.

El caudillo de la Oposición, el analfabeto y socialista, Pepe Figueres, toma el poder tras el triunfo de los revolucionarios, pacta con los comunistas y entre otras cosas, declara la abolición de la segregación racial establecida hasta entonces que separaba a la población negra (localizada en el Caribe) de la blanca en el resto del país (la pesadilla de Clorito Picado).

Claro está que las Garantías Sociales promulgadas por Calderón y preservadas por Figueres como el Código de Trabajo, el Seguro Social y la Educación Pública fueron una gran obra, que ayudó a diferenciar a Costa Rica del resto de Centroamérica, mejoró enormemente la calidad de vida del pueblo costarricense y ayudó, precisamente, a que este fuera cultural, intelectual e incluso racialmente superior a otros, aunque se quiera decir lo contrario. El nivel educativo y de alfabetización en Costa Rica, los bajísimos niveles de mortandad infantil incluso menores a los de algunos países desarrollados, los muy bajos casos de desnutrición, epidemias y enfermedades crónicas, las condiciones laborales a favor del trabajador, etc., todo esto contribuyó a la grandeza de Costa Rica y, aunque le duela a los troskos, es más similar a las reformas sociales realizadas por la Alemania Nacionalsocialista que por cualquier gobierno comunistoide. Esto, se aplaude, pero no limpia las acciones criminales realizadas por Calderón, Manuel Mora y Figueres hoy “beneméritos de la patria” cuando eran vulgares ladrones y asesinos. Los logros de las Garantías Sociales responden más al espíritu racial eurocostarricense y su natural evolución política (que puede verse en muchos países de estirpe europea) que a la labor de individuos particulares hoy idealizados por sus seguidores.

Si bien hubo posteriores organizaciones de tinte nacionalista, fascista y anticomunista, como lo sería el Movimiento Costa Rica Libre de 1961, la Era Dorada del fascismo costarricense terminó en 1941 con la represión realizada por Calderón y sus aliados comunistas en el gobierno. Los fascistas ticos, como es típico de nuestro pueblo, no fueron tan vistosos como los de otras naciones, no tuvieron camisas de un color que los identificara, ni saludos, ni uniformes, ni insignias, al menos no públicamente o que se puedan recordar de momento, pero si dejaron un gran legado histórico y una tradición realmente maravillosa que enorgullece a los costarricenses que creen en el nacionalismo criollo, hispanista y paneuropeísta.

Y aún hoy nos enaltece la brillante Águila Dorada que simbólicamente sobrevuela una fuente acuífera inagotable de aguas cristalinas. La semilla que germina cíclicamente y que algún día volverá a florecer.

Matt Marshall
Sociedad Costa Rica de la Lanza Hiperbórea

1 comentario:

  1. Hello My name is Jonothon and im in London. I represent the Vril Society which has a big network.
    Is their any email i can contact Matt Marshall.?
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    Regards

    Jonothon.

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