sábado, 9 de junio de 2012

Según un prestigioso investigador israelí, grupos radicales judíos bebían sangre de niños católicos en la Edad Media





El catedrático israelí Ariel Toaff, autor del libro Pasque di Sangue (Pascua de sangre), declaró que, según sostiene en esa obra sobre comunidades judías del Medioevo, tienen fundamento algunos libelos de esa época que acusaban a los hebreos de emplear sangre de niños cristianos en sus rituales.

El libro, recientemente aparecido en Italia, ha levantado ampollas en Israel, y la Universidad de Bar Ilán, de la que es profesor, expresó ayer sus "más enérgica reserva" en relación con la investigación de Toaff.

"Yo no renunciaré a mi devoción por la verdad ni a la libertad académica aunque el mundo me crucifique", dijo el investigador en declaraciones recogidas por el diario israelí Haaretz.  En su libro, Toaff sostiene que en la Edad Media extremistas judíos de las comunidades de Europa oriental (ashkenazíes) se habrían valido de la sangre, según acusaciones cristianas de la época, incluso reducida a polvo y empleada como medicina.
 
El libelo más conocido de aquella época, precisamente, es el de al llegar la semana de Pésaj (Pascua), los judíos mataban a un niño cristiano y bebían su sangre como si fuese el vino con el cual celebran la liberación de la esclavitud en el Egipto faraónico.

Toaff, hijo del ex Gran Rabino de Roma, Elio Toaff, dijo que "traté de mostrar que el mundo judío del Medioevo fue también violento, entre otros motivos en reacción a la violencia de los cristianos" que los perseguían por ser "el pueblo deicida".
El mundo judío del Medioevo fue también violento, entre otros motivos en reacción a la violencia de los cristianos
"No quiero decir con ello que el judaísmo permita el asesinato, pero entre los ashkenazíes hubo grupos radicales que pudieron haber cometido tales actos", agregó.

Estudio de documentos históricos

El investigador declaró que llegó a esa conclusión después de estudiar testimonios de un juicio del año 1475 por el asesinato de un niño cristiano, Simón de Trento, documentos que fueron considerados falsos durante mucho tiempo.
"Encontré declaraciones y parte de testimonios que no correspondían a la cultura cristiana de los jueces, y estos no hubieran podido inventar o agregar a lo que eran textos que aparecen en plegarias conocidas del libro judío de oraciones", indicó.  "A lo largo de decenas de páginas probé el papel central de la sangre en Pascua", dijo Toaff.

Basado en "muchos sermones, concluí que esa sangre era empleada, especialmente por judíos ashkenazíes, y que existía la creencias en los poderes curativos de la sangre de los niños", manifestó el investigador.

El judaísmo no permite el asesinato, pero hubo grupos radicales que pudieron haberlos cometido

En uno de los testimonios del juicio de Trento, "se menciona a un buhonero, Asher, que comerciaba con azúcar y sangre, procedente de Venecia", relató Toaff.  "Fui a los archivos de Venecia y encontré que hubo un buhonero que comerciaba con azúcar y sangre, productos básicos de la farmacia en aquel período", añadió. Aunque los judíos tienen prohibido consumir sangre humana o de animales, Toaff sostiene que encontró pruebas de un permiso rabínico para el uso de sangre, incluso de origen humano.  "Los rabinos lo permitieron pues se trataba de sangre ya seca", precisó.
Con todo, señaló, no existen pruebas de asesinatos pero sí de odio y de oraciones contra los cristianos incitando a una cruel venganza contra ellos por las persecuciones.  Toaff, que tiene previsto regresar a Israel desde Italia, protestó por ser acusado de "llevar agua a los molinos de los antisemitas" con sus revelaciones.


El hijo del Gran Rabino de Roma Elio Toaff, que se abrazara con Juan Pablo II y lo invitara a la sinagoga reconoce en un libro la matanza ritual de cristianos por parte de los judios para confeccionar pan ácimo.
Se trata de la primera vez que judios reconocen la existencia de estos rituales. En ellos murieron muchos niños católicos. La iglesia lo condenó siempre. Es tan grave el tema que inmediatamente y temiendo represalias (no se de quien) la universidad Israeli de Bar Ilan rechazaba las apreciaciones de Ariel Toaff.


Hasta ahora este tipo de historias formaban parte de la literatura antisemita, y ningún investigador judío se había atrevisdo a respaldadas como ciertas. "El profesor Ariel Toaff es uno de los investigadores más importantes de Israel y del mundo en el tema de judaísmo medieval y judaísmo italiano [...] la Universidad Bar Ilán defiende la libertad académica como piedra angular de su actividad investigadora”, dice un comunicado del centro.

“Sin embargo -agrega- la Universidad ha condenado y condenará siempre cualquier intento de justificar cualquier tipo de ‘libelo de sangre’ contra los judíos”. El “libelo de sangre” hace alusión a que los judíos solían matar a niños cristianos para emplear su sangre en rituales religiosos, y el de la Pascua habla de que la sangre era usada para la elaboración del pan ácimo -una suerte de galletas sin levadura- y el vino.

La propia Iglesia Católica, en la década de los sesenta del siglo XX, erradicó de sus creencias estas historias por considerarlas falsas y sin fundamento histórico. Esta es una demostración mas de como actuaron los herejes modernistas y judaizantes con el arma del Concilio Vaticano II.

Pero Toaff escribe en su libro, aparecido en Italia hace unos días, que un grupúsculo de judíos fanáticos sí llevaron a cabo ese ritual, a pesar de los insistentes desmentidos de las autoridades religiosas judías, que recuerdan que el consumo de sangre está terminantemente prohibido, y no sólo de humanos, sino también de animales.

La delgada línea roja


Ariel Toaff retiró de circulación su libro ''Pascua de sangre'' ante las acusaciones de antisemitismo. La construcción del relato histórico. Y los límites de la libertad de expresión.

La historia ha sido siempre un material volátil, altamente explosivo. La investigación del pasado implica un alto riesgo cuando se abordan ciertas cuestiones relativas a los avatares y tragedias de los judíos, y no sólo las ocurridas en tiempos recientes. Ariel Toaff, profesor universitario en Tel Aviv, publicó en Italia a principios de mes un ensayo titulado Pascua de sangre, en el que aventuraba la hipótesis de que algunas comunidades judías podían haber realizado, en el medioevo, crímenes rituales con víctimas cristianas. Esa hipótesis daba fundamento a una de las principales fuentes del antisemitismo. Una furibunda reacción contra Pascua de sangre ha obligado a Toaff a retirar el libro del mercado, convirtiéndolo en una pieza buscadísima.

El caso de Toaff plantea, por enésima vez, un viejo dilema, ya muy debatido en lo que concierne al negacionismo, es decir, a la tesis de que el pueblo judío no sufrió un genocidio planificado durante la Segunda Guerra Mundial. ¿Hay que poner límites a la libertad de investigación y de expresión cuando existe peligro de fomentar el antisemitismo? Entre censura y difusión de ideas aberrantes, ¿cuál de los dos males es menor? Lo ocurrido con Pascua de sangre contiene matices específicos, ya que se trataba de un ensayo académico dirigido a otros académicos y publicado por una editorial, Mulino, nada sospechosa de sensacionalismo. La tirada inicial fue de 3.000 ejemplares. El director editorial, Ugo Berti, contaba con que las tesis formuladas por Toaff "dispararan" las ventas hasta 10.000. Cifras modestas, limitadas a un público especializado.

En la presentación de la obra, Ariel Toaff, hijo de un rabino italiano y profesor en la Universidad Bar Ilan de Tel Aviv, reconoció que algunos pasajes eran delicados y potencialmente polémicos, y se declaró dispuesto a asumir cualquier crítica dentro del círculo al que se dirigía, el académico. Para entonces, una prepublicación en el Corriere della Sera había hecho estallar ya un escándalo que desbordaba los límites universitarios.

El antisemitismo medieval tenía un origen religioso, fomentado desde los púlpitos católicos: los judíos eran reos de asesinar a Jesús y merecían todos los castigos. Pero se robusteció y se imbricó en el tronco de la cultura europea gracias al mito de los "sacrificios rituales". Circulaban con abundancia las historias sobre judíos que raptaban niños cristianos para asesinarles y beber su sangre, en una parodia perversa de la eucaristía. Miles de judíos fueron ejecutados, tras un proceso ante tribunales escasamente garantistas, o asesinados en pogromos a raíz de esos mitos. ¿Qué hizo Toaff? Examinó numerosas actas procesuales de juicios del medioevo y cruzó su contenido con ciertas tradiciones judías sobre el poder salvífico de la sangre. Concluyó, apoyándose en la reiteración de coincidencias, que algunas comunidades judías askenazis podían haber cometido, entre los siglos XII y XV, alguno de los crímenes rituales de los que eran acusadas. Esos casos, pocos, se habrían amplificado hasta cuajar en paranoia social y en un antisemitismo extendido e invencible.

La mayoría de los medievalistas italianos (y el propio padre de Toaff) rechazaron las conclusiones de Pascua de sangre y condenaron el método utilizado por el historiador. Especialistas como Anna Esposito y Diego Quaglioni, en un artículo en el Corriere della Sera, y Paolo Pezzino, en un debate de la Sociedad Italiana de Historia Contemporánea, acusaron a Toaff de utilizar una lectura "precrítica" de las actas judiciales, tomándolas al pie de la letra, sin contar con los prejuicios de sus redactores. Otro especialista, Adriano Prosperi, se mostró escandalizado en un artículo en La Repubblica, refiriéndose a "la increíble minusvaloración de la tortura, un método capaz de hacer confesar cualquier cosa a cualquier persona". Al final, todas las críticas confluían en un mismo punto: Ariel Toaff había leído los documentos de los juicios como lo habría hecho un cura rural del siglo XVI, sin tener en cuenta que no necesariamente reflejaban la verdad, sino lo que los tribunales religiosos querían que reflejaran.

El pasado día 13, Ariel Toaff pidió a la editorial Mulino que interrumpiera la distribución y retirara el libro de las pocas librerías que lo habían recibido, para repasar algunos pasajes y reescribirlos. Pascuas de sangre, que no llegó siquiera a las bibliotecas públicas, se ha convertido en una joya para bibliófilos, curiosos y, obviamente, grupos antisemitas. En e-Bay, firma de subastas por internet, se vendió un ejemplar por 300 euros. La cotización sube diariamente
 

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