jueves, 6 de junio de 2013

EL DILEMA DE ISLA CALERO Y LA FANTASÍA PACIFISTA DE COSTA RICA






El simpático presidente de Nicaragua Daniel Ortega se encontraba pensando (o algo así) en alguna inteligente estrategia para lograr su reelección por medios democráticos en las venideras votaciones, y la tenía difícil. Evidentemente no podía relucir logros en su gestión, un manejo adecuado de los fondos públicos y muchos menos podía apostar a una imagen carismática o a la belleza y simpatía de su esposa, Rosario Murillo pues nada de esto existe. ¿Qué hacer? ¿Qué hacer? Entonces en algún momento se dio cuenta que uno de los mejores mecanismos de manipulación que han usado los gobernantes ineptos y populistas a lo largo de la historia (como Bush, Chávez y Aznar, por mencionar solo a algunos) es la creación de un gobierno extranjero enemigo que amenace la integridad territorial de su país y se convierta en la encarnación de los temores de la gente, distrayendo así la atención de la corruptela paquidérmica interna, unificando a buena parte de la población con este chivo expiatorio en una cruzada patriotera y logrando así su cometido. Debe recordarse (como lo hacía Bush frecuentemente) “cambiar a un presidente en tiempos de guerra es peligroso”. De esta manera los opositores serían fácilmente acallados como topos del enemigo, como infiltrados, traidores vendepatrias que pueden ser vilipendiados y perseguidos por las fuerzas de seguridad en el supuesto de que no se autocensuren por temor. En el caso de los Estados Unidos bajo Bush (y sus perros falderos de Aznar y Blair) su enemigo era Irak, para Venezuela era Estados Unidos, para Israel era Irán y luego el Hamás en Gaza.

Irak era, según Bush y sus lacayos, presidido por un dictador como Saddam Hussein aliado de Osama Bin Laden y Al Qaeda (a pesar de que Hussein era socialista y ateo y Bin Laden era fundamentalista islámico) y contaba con una poderosas armas de destrucción masiva que habrían hecho polvo a EEUU si no se actuaba a tiempo (y que, aparentemente, desaparecieron por arte de magia) y la Gaza gobernada por el Hamás clamaba por la destrucción de Israel y borrarlo del mapa y podía hacerlo, sin duda, lanzando piedras y unos fuegos de morteros destartalados que ni siquiera hacían cráteres al golpear el suelo, ni herirían a una mosca, lo cierto es que las grandes potencias debían intervenir de inmediato. Las masacres de iraquíes y palestinos fueron la consecuencia; verdaderos holocausto con miles de muertos y un drama humano espantoso.

Ortega no pretendía (que se sepa) llegar tan lejos. Pero sí necesitaba un enemigo extranjero que fuera la amenaza que necesitaba para acallar oponentes y unificar al pueblo nicaragüense como su rebaño y bajo su autoridad a enfrentar al enemigo común. Nicaragua tenía disputas territoriales con varios países, entre ellos Honduras, Colombia y Costa Rica. Todos buenos candidatos; aliados de Estados Unidos, con gobiernos de derecha que serían el ejemplo de los burgueses antisandinistas al servicio de la oligarquía centroamericana. El problema es que Honduras y Colombia tenían ejércitos y, al menos en el caso de Colombia, no tendría reparos en usarlo… Y mejor no arriesgarse con Honduras, ¡claro! La solución era Costa Rica; el enemigo tradicional que ya le había quitado Guanacaste a Nicaragua hace muchos años.

Así, Ortega envía al traidor de Edén Pastora, el “comandante Cero (sesos)” quien alguna vez se refugió en Costa Rica para salvar su vida y el generoso pueblo costarricense le dio albergue de manera honrada y humanitaria. Casi parece un chiste, pero al ver que en Google Earth los mapas mostraban que Isla Calero pertenecía a Nicaragua, el gobierno sandinista decide que Google Earth y no los mapas oficiales de Nicaragua, tiene razón, al fin y al cabo, los gringos saben más. Así que envía fuerzas armadas a la región y reclama la isla. Google Earth alertado modifica los mapas y aclara que “un producto dirigido a empresas y consumidores no debe ser usado para la toma de decisiones militares” buena advertencia. ¿Qué pasará la próxima? ¿Si algún vándalo en Wikipedia pone que Costa Rica le declaró la guerra a Nicaragua don Daniel Ortega se dispondrá a realizar el contraataque defensivo?

Pues bien, el señor Edén Pastora cuyo apodo recuerda su coeficiente intelectual “comandante Cero” inicia el dragado en la ribera del Río San Juan con un terrible daño ambiental y costarricenses de la zona fronteriza avisan al Organismo de Investigación Judicial que soldados nicaragüenses han penetrado en sus fincas que son propiedad privada. Costa Rica envía a su Fuerza Pública, Nicaragua a sus soldados, el asunto se zanja sin una sola bala porque Costa Rica no puede, aunque quiera, defender su territorio. Se remite el asunto a la Corte Internacional que presente una serie de disposiciones cautelares mientras se da una sentencia, disposiciones que Ortega descaradamente ignora (como el retiro de militares y la finalización del dragado) y Costa Rica no puede hacer nada, salvo esperar.

Isla Calero es una isla desabitada que no tiene ningún valor importante en la práctica pero si es muy simbólica. Representa la cobardía y la pasividad del gobierno de Costa Rica y nos hace ver como un país débil, al que se le puede pasar por encima (lo cual es cierto, al menos en el sentido militar) y sobre todo, indefenso. Jamás hubiera pensado Ortega en enviar tropas militares a Isla San Andrés porque sabe bien que la respuesta colombiana será contundente, pero Costa Rica es vista como un país de hippies pacifistas abraza-árboles que evitan la confrontación, como una gigantesca comuna de ecologistas pacíficos que juegan mejengas y beben Imperial.

¿Cómo llegó una potencia económica y política como Costa Rica a ser irrespetada de esta manera? ¿Cómo es que un poder regional y el país más rico (por mucho) de la región se convirtió en un mamarracho y en el hazme-reír de la comunidad internacional?

Todo comienza en gran parte con la finalización de la Guerra Civil de 1948, “gesta patriótica” que solo duró poco más de un mes pero cuyas consecuencias repercutieron para toda la historia costarricense. Rafael Ángel Calderón Guardia, médico y masón aliado al Partido Comunista del abogado stalinista Manuel Mora es derrotado y en su lugar toma el poder el caudillo del bando rebelde (amalgama de conservadores y socialdemócratas) el analfabeto y socialista de Pepe Figueres. Figueres tuvo tiempo entre el dinero que malversó de fondos públicos y su amistad con capos internacionales como Robert Vesco para, entre otras cosas, abolir el ejército.

El ejército es el corazón de toda nación. Es la fuerza vivificadora, el músculo de la patria que la defiende, el símbolo de un país orgulloso. No debe extrañar, entonces, que Pepe Figueres haya confesado que era agente de la CIA. La abolición del Ejército costarricense por obra de Figueres solo beneficiaba a las potencias extranjeras como EE.UU. en aquella época, y en efecto, el gobierno de Costa Rica fue por muchos años una simple marioneta al servicio de los intereses yanquis.

Sin Ejército, Costa Rica se convirtió en un país “pelele” imposibilitado de defenderse y de hacer valer sus derechos. Sin embargo, esta situación no era tan grave en el pasado. Todavía hasta los años noventas la riqueza de Costa Rica que, aunque seguía siendo un país del Tercer Mundo, era por mucho el país más rico y económicamente estable de Centroamérica, y el hecho de que EE.UU. “compensara” a su aliado armándolo fuertemente con la excusa del combate antidrogas durante los gobiernos totalmente alineados a Washington de Monge y Arias, permitió que las fuerzas policiales costarricenses fueran mucho más poderosas en términos tecnológicos y militares que todo el Ejército de Nicaragua, conformado por verdaderas chatarras y sobras soviéticas y desperdicios desgastados de las interminables guerras del país del norte.

Pero los tiempos cambian. El triunfo del sandinismo en Nicaragua le abriría las puertas a nuevos y poderosos aliados como Venezuela y Rusia (que ya no es comunista pero sigue siendo rival de EE.UU.) quienes amablemente rearmarían a Nicaragua.

A la inversa, la desidia gubernamental costarricense y su espíritu pacifista, su corrupta política migratoria de puertas abiertas con la cual prácticamente cualquier persona ingresa al país lo que generó una verdadera marea humana de nicaragüenses pobres, el combate casi perdido a la delincuencia (bien armada con misteriosas AK-47 que quien sabe de donde las sacan) y el que EE.UU. perdiera interés en Costa Rica conforme otras regiones del mundo se hicieron más volátiles y peligrosas a sus intereses (bien cuidados en Costa Rica por los amarres del TLC y la política económica sumisa en general) dejó a la otrora Fuerza Pública (que alguna vez fue casi paramilitar) en un estado lastimero. Sin medios para defenderse del armamento pesado ruso y venezolano que ostentaba la Nicaragua sandinista.

Así, la presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, y su administración no tuvieron más remedio que bajar la cabeza (o bajarse los pantalones quizás sea una analogía más apropiada) y en un acto de casi traición a la patria, renunciaron a la integridad territorial y soberana costarricense entregando Isla Calero a los nicaragüenses. Mal ejemplo para los jóvenes costarricenses pero peor aún, un terrible precedente para futuros invasores.

Los sandinistas al descaro se anexionaron una parte de nuestro territorio ¿Dónde terminaría? Muchos sandinistas incluyendo al mismo Ortega han afirmado que les gustaría recuperar todo Guanacaste de nuevo. Esto, claro está, demuestra una gran ignorancia pues, para empezar, no todo el territorio del moderno Guanacaste fue de Nicaragua, solo los territorios que conformaban el Partido de Nicoya, y además, esta unidad política del Partido de Nicoya se anexionó voluntariamente a Costa Rica sin el uso de la violencia o la fuerza militar.

Conocí muchos jóvenes que estaban realmente indignados y frustrados por esta situación tan dolorosa. Costa Rica misma estaba siendo violada y su territorio soberano estaba siendo robado. Se nos enseña a ser patriotas, celebramos el día de la independencia y la anexión de Guanacaste, se nos enseña a admirar a Juanito Mora y Juan Santamaría como luchadores de la libertad costarricense que se enfrentaron a los invasores filibusteros en una gesta heroica, pero al mismo tiempo el gobierno vendido y traidor de Costa Rica claudica en una lucha nacional de reivindicación soberana territorial. Parece que a la presidenta Chinchilla se le olvidó la letra del Himno Nacional: Cuando alguno pretenda tu gloria manchar, verás a tu pueblo valiente y viril.

Antes este deshonor, ante esta renuncia al derecho soberano y patriótico costarricense de proteger al país, surgen voces nacionalistas. Muchachos jóvenes que se sienten abandonados por un gobierno que no reacciona en defensa del honor y de la patria, pero que no tienen muchas opciones. Aunque quisieran, no pueden ir solos a la frontera norte a defender su país. El Movimiento Costa Rica Libre emite un comunicado donde cuestiona la desidia cobarde del gobierno y la respuesta de Laura Chinchilla y reagrupa a los jóvenes patriotas que estaban huérfanos dándole un sentido del honor. Ningún partido político hizo eso. Todos, desde la izquierda bolivariana de José Merino hasta la derecha capitalista de Otto Guevara se aliaron en torno al gobierno y apoyaron la respuesta de Laura Chinchilla porque, claro, todos los partidos políticos costarricenses responden a los mismos amos. A oscuros intereses extranjeros. Sus diferencias ideológicas son cosméticas, en el fondo tienen una misma meta y no es en interés del país.

Al menos un grupo nacional tuvo dignidad. Tuvo PANTALONES para decirles la verdad a Chinchilla y su gobierno títere. ¡Bien por el Movimiento Costa Rica Libre! Que ya tiene su experiencia en repeler sandinistas invasores en el norte cuando bajo el gobierno del izquierdista Carazo a estos se les permitió ingresar al país, y que nos defendieron valientemente del enemigo marxista externo que se filtraba por el norte pero, especialmente del más peligroso, del gusano, del enemigo marxista interno y traidor que milita en la dinosáurica izquierda tica anquilosada en las posturas fósiles de los Soviets y que gravita en torno a la UCR, el Frente Amplio, el PAC y los sindicatos filomarxistas.

Ortega se encuentra realmente desesperado por la reelección. Quizás hubiera deseado que la respuesta de Costa Rica hubiera sido más bélica. Nada mejor que un combate militar para poder declarar la ley marcial, arrestar opositor y amañar las elecciones. Así como un eventual desfile triunfal de la victoria tras haber ganado una cobarde escaramuza contra un país indefenso. Pero Ortega no pudo hacer nada de esto, aunque la actitud pasiva de Chinchilla y su administración sí le valieron de algo. Los medios manipulados por los sandinistas declararon que el dictamen de la CIJ fue un triunfo para Nicaragua y su hidalgo gobernante, lo cual fue una vulgar mentira. Aún así, para su desgracia, el escandalillo patriotero no duró suficiente y ahora tiene que buscar algún otro mecanismo para que él o su esperpéntica esposa logren preservar la presidencia de Nicaragua. Rosario Murillo, la Primera “Dama” con su particular aspecto antiestético salió con la diatriba religiosa. Ella misma, una fanática cristiana, cambió la historia para que los otrora ateos marxistas de la guerrilla sandinista fueran devotos católicos muy rezadores, y aseguró que los vulgares mítines políticos del FSLN eran como misas. Así, la señora Murillo quien no apoyó a su propia hija Zoilamérica cuando acusó a su padrastro Daniel Ortega de abuso sexual y violación, ahora confecciona una repulsiva nueva pseudo-religión cristiano-sandinista con Ortega de Mesías, el FSLN de iglesia, ella de Papisa y Costa Rica de ¿Filistea?

Matt Marshall
Sociedad Costa Rica de la Lanza Hiperbórea.

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